PARA SANTIFICAR EL DOMINGO

PARA AQUELLOS QUE NO TIENEN LA POSIBILIDAD DE ASISTIR A LA SANTA MISA

Recordamos a nuestros queridos lectores la posibilidad santificar el día Domingo a través de Nuestro Blog.

En la parte superior del mismo se encuentra una pestaña o página donde están los diferentes medios para realizar la Santificación del Día Domingo o Fiestas de Precepto, además de contar con los Sermones de los Queridos Padres: Juan Carlos Ceriani y  Basilio Méramo.

A continuación, los propios del:

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA

sexagésimaIntroito

Levántate, oh Señor, ¿por qué haces como que duermes? Levántate, y no nos deseches para siempre. ¿Cómo es que retiras de nosotros tu rostro, y te olvidas de nuestra tribulación? Estamos pegados con nuestro pecho al suelo. Levántate, oh Señor, socórrenos y líbranos. Oh Dios, por nuestros oídos hemos oído; nuestros padres nos han contado tus maravillas.

Colecta

Oh Dios, que ves que no confiamos en ninguna de nuestras propias obras: concede propicio que, con la protección del Doctor de las naciones, seamos fortalecidos contra toda adversidad. Por Nuestro Señor…

Epístola.

(IIª a los Corintios XI, 19-33; XII, 1-9) Hermanos: Siendo como son sensatos, toleran con gusto a los fatuos. Vosotros, en efecto, soportan si alguno los reduce a servidumbre, si los devora, si los defrauda, si se engríe, si los hiere en el rostro. Para deshonra mía digo esto como si nosotros hubiéramos sido débiles. Sin embargo, en cualquier cosa en que alguien alardee —hablo con fatuidad— alardeo también yo. ¿Son hebreos? También yo. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son linaje de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? —¡hablo como un loco!— yo más; en trabajos más que ellos, en prisiones más que ellos, en heridas muchísimo más, en peligros de muerte muchas veces más: Recibí de los judíos cinco veces cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado, tres veces naufragué, una noche y un día pasé en el mar; en viajes muchas veces; con peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de parte de mis compatriotas, peligros de parte de los gentiles, peligros en poblado, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajos y fatigas, en vigilias muchas veces, en hambre y sed, en ayunos muchas veces, en frío y desnudez. Y aparte de esas exteriores, lo que cada día me persigue: la solicitud por todas las Iglesias. ¿Quién desfallece sin que desfallezca yo? ¿Quién padece escándalo, sin que yo arda? Si es menester gloriarse, me gloriaré de lo que es propio de mi flaqueza. El Dios y Padre del Señor Jesús, el eternamente Bendito, sabe que no miento. En Damasco, el etnarca del rey Artas tenía custodiada la ciudad de los damascenos para prenderme; y por una ventana fui descolgado del muro en un canasto, y escapé a sus manos. Teniendo que gloriarme, aunque no sea cosa conveniente, vendré ahora a las visiones y revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que catorce años ha —si en cuerpo, no lo sé, si fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que el tal hombre —si en cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe— fue arrebatado al Paraíso y oyó palabras inefables que no es dado al hombre expresar. De ese tal me gloriaré, pero de mí no me gloriaré sino en mis flaquezas. Si yo quisiera gloriarme, no sería fatuo, pues diría la verdad; mas me abstengo, para que nadie me considere superior a lo que ve en mí u oye de mi boca. Y a fin de que por la grandeza de las revelaciones, no me levante sobre lo que soy, me ha sido clavado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás que me abofetee, para que no me engría. Tres veces rogué sobre esto al Señor para que se apartase de mí. Mas Él me dijo: “Mi gracia te basta, pues en la flaqueza se perfecciona la fuerza”. Por tanto con sumo gusto me gloriaré de preferencia en mis flaquezas, para que la fuerza de Cristo habite en mí.

Gradual.

Sepan los hombres que tu nombre es Dios, y que Tú eres el Altísimo sobre la tierra. Agítalos, oh Dios mío, como un torbellino o como la hojarasca al soplo del viento.

Tracto

Conmoviste, Señor, nuestro país, y lo quebrantaste. Repara sus hendiduras, porque se bambolea. Para que huyan de los tiros del arco: y se libren tus elegidos.

Evangelio

(San Lucas VIII, 4-15)

En aquel tiempo: Como se juntase una gran multitud, y además los que venían a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: “El sembrador salió a sembrar su simiente. Y al sembrar, una semilla cayó a lo largo del camino; y fue pisada y la comieron las aves del cielo. Otra cayó en la piedra y, nacida, se secó por no tener humedad. Otra cayó en medio de abrojos, y los abrojos, que nacieron juntamente con ella, la sofocaron. Y otra cayó en buena tierra, y brotando dio fruto centuplicado”. Diciendo esto, clamó: “¡Quien tiene oídos para oír, oiga!” Sus discípulos le preguntaron lo que significaba esta parábola. Les dijo: “A vosotros ha sido dado conocer los misterios del reino de Dios, en cuanto a los demás se les habla en parábolas, para que «mirando, no vean; y oyendo, no entiendan». La parábola es ésta: «La simiente es la palabra de Dios. Los de junto al camino, son los que han oído; mas luego viene el diablo, y saca afuera del corazón la palabra para que no crean y se salven. Los de sobre la piedra, son aquellos que al oír la palabra la reciben con gozo, pero carecen de raíz; creen por un tiempo, y a la hora de la prueba, apostatan. Lo caído entre los abrojos, son los que oyen, mas siguiendo su camino son sofocados por los afanes de la riqueza y los placeres de la vida, y no llegan a madurar. Y lo caído en la buena tierra, son aquellos que oyen con el corazón recto y bien dispuesto y guardan consigo la palabra y dan fruto en la perseverancia»”.

Ofertorio

Asegura constantemente mis pasos por tus senderos, a fin de que mis pies no resbalen; inclina hacia mí tus oídos, y escucha mis palabras. Haz brillar de un modo maravilloso tus misericordias, oh Salvador de los que en Ti esperan.

Secreta.

Haz, Señor, que el Sacrificio que te ofrecemos nos vivifique siempre y fortalezca. Por Nuestro Señor…

Comunión.

. Entraré al altar de Dios, al Dios que es la alegría de mi juventud.

Poscomunión.

Te suplicamos humildemente, Dios Todopoderoso, concedas te sirvan con una conducta a Ti agradable los que alimentas con tus Sacramentos. Por Nuestro Señor Jesucristo…

Introito

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Gradual

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Tracto

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Ofertorio

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Comunión

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