INSTRUCCIÓN RELIGIOSA – MATRIMONIO

Propium1

EL CRISTIANISMO

SUS DOGMAS, ORACIONES,

MANDAMIENTOS Y SACRAMENTOS

CUARTA PARTE

LO QUE SE HA DE RECIBIR

Séptimo Sacramento: Matrimonio

Matrimon

   Es de suma importancia que todos conozcan la doctrina católica sobre el Matrimonio.

   Del Matrimonio bien hecho depende el bienestar de los individuos, de las familias, y de la sociedad.

   Matrimonio es el Sacramento que une al hombre y a la mujer indisolublemente: les confiere la gracia de formar juntos santamente una familia, y dar educación cristiana a sus hijos.

   Dios instituyó el Matrimonio al principio del mundo, cuando crió a Adán y Eva.

   Luego que el Señor hubo criado a Adán, dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él”.

   Hizo, pues, caer a Adán en un profundo sueño y estando así dormido, le sacó una costilla, de la cual formó a la mujer y se la dio por consorte.

   Bendíjolos Dios, diciendo: “Creced, y multiplicaos, y llenad la tierra”.

   El fin primario del Matrimonio es la procreación y educación de la prole; el secundario es la ayuda mutua y el remedio a la concupiscencia.

   El Sacramento del Matrimonio significa la indisoluble unión de Jesucristo con la santa Iglesia, su Esposa y Madre nuestra amantísima.

   Ministros del Matrimonio son los esposos que lo contraen.

   Los novios, al contraer Matrimonio, deben estar en gracia de Dios.

   Se les recomienda muy encarecidamente que se preparen para este acto de tanta importancia, confesando y comulgando con las debidas disposiciones.

 

   El Matrimonio se contrae expresando el consentimiento mutuo delante del Párroco, o del Ordinario del lugar, o de un sacerdote delegado por uno de los dos, y de dos testigos.

   El párroco debe ser el de la parroquia en donde se efectúa el Matrimonio.

   En cuanto sea posible, el Matrimonio debe efectuarse por la mañana con la Misa especial que hay para los esposos.

   La fiesta de familia, debe realizarse de modo que a ella puedan asistir Jesús y María, como en las bodas de Caná en Galilea.

   Jesús y María deben presidir dicha fiesta; lejos, pues, las diversiones y conversaciones que desdigan de la presencia de tan augustas personas.

   Antes de casarse es necesario pensarlo mucho; pues del Matrimonio bien o mal hecho depende casi siempre la felicidad o desgracia en esta vida y en la otra.

   Los novios, para no equivocarse en cosa de tanta importancia y para recibir con fruto el sacramento del Matrimonio, deben:

   1º Encomendarse de corazón a Dios para conocer su voluntad y alcanzar de Él las gracias necesarias a tal estado.

   2º Consultar a sus respectivos padres antes de hacer ninguna promesa, como lo exige la obediencia y el respeto que se les debe.

   3º Apartarse de toda familiaridad peligrosa en el trato mutuo, tanto de palabra como de obra.

   Quien contrae Matrimonio ha de tener intención:

   1º De hacer la voluntad de Dios, que le llama a tal estado.

   2º De procurarse en él la santificación del alma.

CUÁNDO SE PUEDE CELEBRAR EL MATRIMONIO

   La celebración del Matrimonio está permitida en cualquier día del año; pero no se puede celebrar con solemnidad cuando están cerradas las velaciones, a saber:

   Desde el primer domingo de Adviento hasta el día de Navidad, y desde el primer día de Cuaresma hasta el domingo de Pascua.

   Esta solemnidad prohibida consiste en la Misa especial en que se da la bendición nupcial a los desposados y en la pompa extraordinaria de las bodas.

   Las demostraciones de pompa no dicen bien con el Adviento y la Cuaresma; porque éstos son tiempos especialmente consagrados a la penitencia y oración.

DEBERES DE LOS CASADOS

   Las personas unidas en matrimonio:

   1º Han de guardarse inviolablemente fidelidad conyugal, y portarse siempre en todo cristianamente.

   2º Han de amarse, llevarse bien y tenerse paciencia mutuamente, viviendo en paz y concordia.

   3º Si tienen hijos, han de pensar seriamente en proveerles de todo lo necesario, en darles cristiana educación y dejarles en libertad de elegir el estado a que Dios los llama.

   4º No traspasar los límites de lo lícito.

   Las palabras dichas por Dios a Adán y Eva: “Creced y multiplicaos” manifiestan claramente que el fin primario del matrimonio es la propagación del género humano.

   Faltan, pues, muy gravemente los que maliciosamente impiden este fin.

   Este pecado atrae sobre los culpables grandes castigos del cielo: enfermedades, muertes prematuras y desgracias sin número son sus funestas consecuencias en esta vida, y el tormento eterno del infierno en la otra.

   Dios castigó con muerte repentina y condenó a perpetua deshonra a un nieto del Patriarca Jacob, porque cometió esta iniquidad.

   Las uniones voluntaria y criminalmente estériles, dice Bossuet, merecen la maldición de Dios y de los hombres: son un verdadero peligro social.

   No hay nada que justifique y excuse semejante abominación; ni aun la falta de salud, ni la pobreza.

   Todo casado, buen cristiano, debe decir: Gustoso acepto todos los hijos que Dios quiera darme, y en Él pongo toda mi confianza.

   Los padres de familia numerosa merecen las bendiciones de Dios y de la sociedad.

   Muchas veces Dios les premia ya en esta vida, dándoles hijos que los sustenten en la vejez, y sean su consuelo, honor y gloria.

   Pero, principalmente en el Cielo Dios recompensa muy abundantemente todos los trabajos y desvelos ocasionados por el cuidado de la vida, manutención y educación de los hijos.

   Todo lo que los padres hacen a favor de sus hijos, Dios lo tiene como hecho a Sí mismo.

BENDICIÓN DE LA MADRE

   Es muy laudable y piadosa la costumbre de que la mujer, cuando ha tenido familia de legítimo matrimonio, al salir de casa por primera vez, vaya a la Iglesia para recibir la Bendición.

   Aunque esto no sea obligatorio, se practica desde muy antiguo, a ejemplo de la Santísima Virgen, que fue al Templo a cumplir la ley de la Purificación.

PROPIEDADES DEL MATRIMONIO

   Las propiedades del matrimonio desde su principio son: Unidad e Indisolubilidad.

   Unidad: un solo hombre con una sola mujer.

   Indisolubilidad: unión indisoluble hasta la muerte.

   Sólo cuando ha muerto uno de los cónyuges, el otro puede contraer nuevas nupcias.

   Nuestro Señor Jesucristo, al elevar el matrimonio a la dignidad de Sacramento, dio peculiar firmeza a sus dos propiedades esenciales; unidad e indisolubilidad.

La separación permitida y la no permitida según la ley cristiana.

 

   La ley cristiana permite la separación sólo en cuanto a la cohabitación, no el divorcio en cuando al vínculo.

   Cuando las circunstancias de los cónyuges son tales, que hacen necesaria la separación para evitar mayores males, entonces la Iglesia permite la separación simplemente; pero no permite que ninguno de los dos cónyuges contraiga nuevo matrimonio, mientras viva el otro.

   La separación de los cónyuges puede producirse también por mutuo acuerdo, para mejor servir a Dios, o por otra causa justa.

   La autoridad civil no puede desatar el vínculo del matrimonio cristiano, porque no tiene poder en materia de Sacramentos ni tampoco puede separar lo que Dios unió.

   Aun cuando la ley civil autorizara el divorcio absoluto, esto es, declarara roto el vínculo conyugal y permitiera a los divorciados contraer nuevas nupcias, la ley cristiana no lo permitirá jamás.

   Recordemos lo que San Jerónimo decía a Océano: “No según las leyes civiles te ha de juzgar Dios en el gran día de la cuenta, sino según las leyes que Él mismo ha dado”.

  1. S. Jesucristo dijo: “El hombre que deja a su mujer y toma otra, comete adulterio. Lo que Dios unió, no lo separe el hombre”.

 

   El divorcio absoluto conduce a la ruina entera del matrimonio y es causa de innumerables males individuales y sociales.

   ¿Qué debe hacer, pues, quien se ve obligado a separarse de su consorte?

   Tener paciencia y recordar que esta vida es muy breve, y que será premiado eternamente el que sepa sufrir y vencer pasiones.

IMPEDIMENTOS PARA CONTRAER MATRIMONIO

   El que contrae matrimonio debe estar libre de todo impedimento.

   Hay impedimentos impedientes y dirimentes.

   Los impedientes hacen ilícito el matrimonio, pero no inválido; los dirimentes lo hacen ilícito e inválido.

IMPEDIMENTOS IMPEDIENTES

   Los impedimentos impedientes son tres:

   1º El voto simple de virginidad, de castidad perfecta, de no casarse, de recibir las Órdenes sagradas, y de abrazar el estado religioso.

   2º El parentesco legal, nacido de la adopción, es impedimento impediente en aquellas regiones en que lo es por ley civil.

   3º Religión mixta: La Iglesia prohíbe el matrimonio entre dos personas bautizadas, de las cuales una es católica y otra está adherida a una secta herética y cismática.

   Está prohibido aún por derecho divino, si hay peligro de perversión del cónyuge católico y de la prole.

   Se puede obtener la dispensa de los impedimentos de derecho eclesiástico, existiendo una causa justa.

   Para la dispensa del impedimento de religión mixta se requiere:

   1º Que urjan causas justas graves.

   2º Que la parte no católica dé promesa formal de evitar todo peligro de que el cónyuge católico abandone la religión católica, o de que no la practique; y que los dos cónyuges prometan que harán bautizar y educar católicamente a todos los hijos de ambos sexos.

   Ni antes ni después del matrimonio pueden presentarse al ministro no católico, en su carácter de tal, para prestar o renovar el consentimiento matrimonial.

   Guárdense los fieles de contraer matrimonio con personas que han dejado notoriamente la fe católica, aunque no hayan pasado a una secta herética o cismática, o que pertenecen a sociedades condenadas por la Iglesia, como los Masones, Socialistas, Anarquistas, etc.

   Para que el matrimonio se pueda efectuar con tales personas, deben existir cusas graves y tomarse las mismas precauciones exigidas en el caso de la religión mixta.

   ¿Qué debe hacer la novia si el novio le dice que después de casados no le permitirá ir a Misa o cumplir con cualquier otro deber religioso?

   En este caso, ella debe manifestarle resueltamente que desiste de contraer matrimonio, si él no le da formal promesa de que la dejará en completa libertad, para cumplir con todo lo que prescribe la santa religión.

IMPEDIMENTOS DIRIMENTES

   1º Error acerca de la persona, no de sus cualidades.

   2º Condición servil (ser esclavo), ignorándolo la otra parte.

   3º El voto solemne de castidad, emitido en una Orden religiosa; el simple, cuando por prescripción pontificia tiene fuerza de anular el matrimonio.

   4º Parentesco, Es triple: natural, espiritual y legal.

   El parentesco natural o consanguinidad es impedimento: en línea recta, siempre; en línea colateral hasta el 3er. grado (inclusive).

   En línea colateral, el 1er. grado es entre hermanos, el 2º es entre primos-hermanos, y el 3º entre primos segundos.

   El parentesco espiritual es impedimento sólo por el Bautismo.

   Lo contrae el bautizado con el que bautiza y los padrinos.

   Parentesco legal.   Nace de la adopción hecha en forma legal, esto es, con intervención de juez competente.

   Es impedimento dirimente sólo en las regiones donde lo es por ley civil.

   5º Crimen.   Contraen este impedimento:

  1. Los que cometieren adulterio entre sí con mutua promesa de matrimonio, o atentaron contraerlo aún por el solo acto civil, si el adulterio y la mutua promesa de matrimonio han tenido lugar durante el mismo legítimo matrimonio.
  2. Los que, durante el mismo legítimo matrimonio, cometieron adulterio entre sí, y uno de los dos mató al cónyuge.
  3. Aun sin adulterio, los que por mutua ayuda física o moral dieron muerte al cónyuge.

6º  Disparidad de culto.   Entre una persona no bautizada y otra bautizada en la Iglesia Católica, o convertida a la misma del cisma o herejía.

   8º  El orden.   Sólo las Órdenes mayores.

9º  Estar ligado en matrimonio.

10º Pública honestidad.   Nace de todo matrimonio inválido y del concubinato público y notorio.

Hace nulo el matrimonio en 1º y 2º grado en línea recta entre el varón y las consanguíneas de la mujer, y entre la mujer y los consanguíneos del varón.

11º No tener la edad debida.   Deben tener cumplidos, la mujer catorce años y el varón dieciséis.

12º Afinidad.   El parentesco que tiene un cónyuge con los consanguíneos del otro.    La afinidad nace de todo matrimonio válido.

 Hace nulo el matrimonio, en línea recta, en cualquier grado; en línea colateral, hasta el 2º inclusive.

13º Clandestinidad.   Para que el matrimonio sea válido debe efectuarse en presencia del Párroco o del Ordinario del lugar, o de un sacerdote delegado por uno de los dos, y de dos testigos.

Cuando no puede obtenerse la presencia del Párroco, Ordinario, o Sacerdote delegado, sin grave incomodidad (como la mucha distancia u otra causa), el matrimonio es válido y lícito delante de sólo dos testigos.

    1º Si alguno de los contrayentes se halla en peligro de muerte.

    2º Aun fuera de este peligro, cuando se prevé prudentemente que ese estado de cosas ha de durar un mes.

   Si encuentra fácilmente otro sacerdote no autorizado que pueda estar presente, debe ser llamado y asistir al matrimonio, junto con los testigos, pero el matrimonio será válido con los testigos solamente, aunque dicho sacerdote no asista, ni se le invite.

   El sacerdote, o de lo contrario los testigos junto con los contrayentes, están obligados a procurar que el matrimonio efectuado se registre cuando antes en los libros prescriptos.

   14º Impotencia para cumplir con el deber conyugal.   Para que sea impedimento debe preceder al matrimonio y no existir esperanza de que cese.

   15º  Rapto.   Es impedimento entre el raptor y la mujer que ha sufrido el rapto violento con el fin del matrimonio.

   Cesa el impedimento, si la mujer ha sido separada del raptor y puesta en lugar seguro y libre.

   Hay también impedimento cuando el hombre, con la mira del matrimonio, detiene violentamente a la mujer en el domicilio de ella, o en un lugar al cual ella misma fue libremente.

DISPENSA DE LOS IMPEDIMENTOS

   Los impedimentos tienen su origen, unos en el derecho natural, otros en el divino y otros en el eclesiástico.

   Todos tienen por fin el bien de la familia y de la sociedad.

   Los impedimentos de derecho eclesiástico pueden ser dispensados por el Papa, o por quien ha recibido su delegación.

   Es muy conveniente que, al advertir el impedimento dirimente, se desista de llevar a cabo el matrimonio; y no se acuda a las dispensas, a no ser que causas graves obliguen a ello.

   La Iglesia concede las dispensas sólo mediante causas justas y para evitar mayores males.

   Los fieles están obligados a manifestar a la autoridad eclesiástica los impedimentos del matrimonio que conocen; por esta causa publican los párrocos las amonestaciones o proclamas.

   Sólo la Iglesia tiene la potestad de poner impedimentos, de juzgar de la validez del matrimonio y de dispensar de los impedimentos que ella ha puesto; porque el matrimonio cristiano es Sacramento.

   A la Iglesia solamente confirió Jesucristo el derecho de legislar y decidir en cosas sagradas.

   La autoridad civil puede legislar sólo en cuanto a los efectos civiles del matrimonio, como son las herencias, testamentos, etc.

CONCUBINATO

   Se llama concubinato vivir el hombre y la mujer como casados, sin haber recibido el Sacramento del matrimonio.

   El concubinato es un crimen ante Dios, una abominación ante la Iglesia y un escándalo público ante la sociedad.

EL MATRIMONIO CIVIL

   Por ser el matrimonio un Sacramento, su celebración, entre cristianos, está completamente fuera de la jurisdicción civil.

   En el matrimonio, entre cristianos, el contrato no puede separarse del Sacramento; porque el matrimonio es el mismo contrato natural elevado por Jesucristo a la dignidad de Sacramento.

   No puede haber, pues, verdadero matrimonio que no sea Sacramento.

Para los cristianos es válido solamente el matrimonio religioso, y quien no se casa por la Iglesia no está casado.

Por consiguiente, el llamado matrimonio civil no es matrimonio válido, y es nulo aún considerado como simple contrato.

   El vicario de Jesucristo en la tierra, el Papa Pío IX, en una Alocución lo dijo bien claramente con estas palabras:

   “Toda otra unión del varón y la mujer, fuera del Sacramento, hecha en virtud de cualquier ley civil, no es matrimonio entre cristianos, y está absolutamente condenada”.

   Por tanto, los cristianos que unidos sólo civilmente viven como casados, viven en continuo pecado mortal.

   Deben casarse por la Iglesia o separarse, pues si la muerte los sorprende en ese estado, sus almas serán condenadas al infierno por toda la eternidad.

   Los hijos de los cristianos unidos sólo civilmente, son ilegítimos ante Dios, ante la Iglesia y ante las personas de recta conciencia.

   En donde la ley lo exige, debe hacerse la inscripción del matrimonio en el registro civil, para dar y asegurar los efectos civiles a los casados y a su prole.

   Pero el cristiano instruido en las cosas de religión, al inscribirse en el registro civil, no intenta contraer matrimonio civil, sino cumplir una formalidad impuesta por la ley.

   La ley del matrimonio civil, en la forma establecida en algunas naciones, es contraria y ofensiva a la Religión Católica.

   Es un vejamen para los católicos obligarles a efectuar el matrimonio civil, puesto que no pueden reconocer otro matrimonio que el religioso.

   Sólo un católico ignorante o impío (el impío ya no es católico, sino un renegado) puede reconocer el matrimonio civil como verdadero matrimonio.

   El estado podría, con razón, exigir que celebrado el matrimonio religioso se fuera inmediatamente a inscribirlo en el Registro Civil.

   Pero el estado no puede en manera alguna, sin ofender los sentimientos religiosos de los católicos conscientes, considerar el acto de registro civil como celebración de matrimonio.

   Aun en naciones no católicas, si en ellas se respetara la libertad de conciencia, el estado no debería tener otra exigencia para los católicos que la inscripción del matrimonio en el Registro Civil.

LA ESCUELA

   Es doctrina de la Iglesia Católica, que la escuela para los cristianos debe ser cristiana, esto es, que se ajuste en todo a lo que manda la Santa Religión.

   En toda escuela, particular y del estado, la instrucción religiosa debe considerarse como lo más importante.

   La Santa Madre Iglesia tiene derecho y obligación de procurar que todos sus hijos reciban la debida instrucción religiosa; el medio práctico para conseguirlo es la escuela cristiana.

   Pocos niños recibirán instrucción religiosa suficiente, si ésta no se da en la escuela.

LA ESCUELA LAICA

   La impiedad moderna no quiere que Dios reine en la sociedad, y para impedirlo ha inventado dos medios verdaderamente diabólicos: el matrimonio llamado civil y la escuela laica.

   Para que Dios no reine en la familia, en el hogar, con el matrimonio civil se da patente de verdadero matrimonio a lo que ante la religión es una unión ilícita y detestable.

   Para que Dios no reine en el corazón de los niños, con la escuela laica oficial se destierra a Dios de la escuela.

Para conseguir que todos los niños y jóvenes pasen por el molde del ateísmo oficial, se persigue todo lo que se puede a las escuelas particulares y aun se procura abierta o solapadamente su absoluta extinción.

   La escuela laica se llama así, no porque sean laicos los maestros, sino porque en ella se prescinde completamente de la religión; es la escuela atea o sin Dios.

   La Iglesia Católica condena la escuela laica, sea particular o del estado, por muy justas razones.

   La escuela del estado laica para todos constituye un atentado a la libertad de conciencia y a la justicia.

   En efecto, se obliga a los católicos a costear una escuela condenada por la religión y tienen que mandar a ella sus hijos, y si quieren educarlos en una escuela cristiana, deben costear dos veces la educación, lo cual es una verdadera injusticia.

   Con la escuela laica los niños se forman sin instrucción religiosa y, por consiguiente, sin religión.

   Precisamente eso es lo que pretenden los defensores de la escuela laica, pues, son tales sólo los impíos sectarios que desean destruir la religión, y saben que el gran medio para conseguirlo es la escuela sin religión.

   Las escuelas sin religión son prácticamente escuelas contra la religión; así lo demuestra la experiencia.

   Generalmente los hombres son lo que eran las escuelas que frecuentaron; puesto que la escuela forma al hombre; las escuelas sin religión forman hombres sin religión.

   Los ejemplos y enseñanzas de los maestros sin religión, constituyen siempre un gran peligro para la fe de los niños cristianos.

   Mas; en los textos y explicaciones sobre historia y otros ramos de ciencias naturales fácilmente se dan nociones falsas y contrarias a la religión.

   Aun cuando se prescindiera de atacar directamente a la religión, el excluir a Dios de la escuela constituye ya un crimen gravísimo, un desprecio a la religión y un ejemplo de impiedad sumamente perjudicial.

      Sí, la escuela laica forma una generación de hombres sin religión, y, por consiguiente, sin moral; porque sólo la religión puede hacer al hombre verdaderamente moral.

   Todo católico consciente debe detestar la escuela laica, y hacer todo lo que esté a su alcance para que en todas las escuelas se enseñe a amar y servir a Dios.