PADRE CERIANI: A PROPÓSITO DEL ELEISON 445

REFUTACIÓN PERTINENTE

En su obstinación diabólica, el Obispo de Kent retoma el tema de su triste respuesta dada luego de una conferencia en agosto de 2015.

Sobre esa respuesta y sus graves implicancias, he publicado seis artículos, cuyos enlaces son los siguientes:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/07/30/la-tristemente-famosa-y-escandalosa-respuesta-del-obispo-de-kent/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/07/31/38766/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/08/03/para-los-que-aun-dudan/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/08/04/para-los-que-aun-dudan-iia-parte/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/08/06/para-los-que-aun-dudan-iiia-parte/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/08/07/para-los-que-aun-dudan-iva-parte/

Ayer, sábado 23 de enero de 2016, el Obispo que nunca se retracta —antes bien se obstina—, publicó su Comentario Eleison 445, Parasito y Huésped – I, cuyo texto se puede leer aquí:

http://stmarcelinitiative.com/eleison-comments/?lang=es

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De dicho escrito extraigo las tres citas siguientes:

1ª: El rito del NOM es, en sí mismo, el acto central del culto de la falsa religión, centrada en el hombre, del Vaticano II.

2ª: De hecho, aún hoy, el rito del NOM incluye opciones para el celebrante que hacen posible para él celebrar el NOM sea como una ceremonia de pura raza de la nueva religión humanista, sea como una ceremonia parecida a la verdadera Misa en forma tan suficientemente cercana como para engañar a muchos Católicos de que no hay diferencias significativas entre el rito antiguo y el nuevo.

3ª: Dependiendo en cómo un celebrante usa las opciones en el NOM, no todos los elementos que pueden nutrir la fe son necesariamente eliminados de él, especialmente si la Consagración es válida, una posibilidad que nadie que conozca su teología sacramental puede negar.

A pesar de lo que dice la cita 1ª), es sobre los otras dos que el señor Obispo fundamenta sus dos principales afirmaciones:

1ª: Un sacerdote no está obligado en cada caso a prohibir a un Católico asistir a la Nueva Misa.

2ª: Para prevenir lo que está viniendo en ser llamado “ecclesiavacantismo”, a saber la idea que la Neo-Iglesia no tiene nada de católico que quede en ella de ninguna manera.

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Breve refutación: El Derecho Canónico condena al Obispo de Kent:

Canon 985:

“Son irregulares por delito:

… 2º: Los que, fuera del caso de extrema necesidad, consintieron en ser bautizados de cualquier modo por acatólicos”.

Canon 2319:

“Caen en excomunión latae sententiae reservada al Ordinario los católicos que:

… 2º: tienen la osadía de presentar a sabiendas sus hijos a ministros acatólicos para que estos los bauticen…

Son, además, sospechosos de herejía”.

Notemos que para el Obispo de Kent ese bautismo administrado por acatólicos:

– es considerado, a priori, como válido.

– incluye opciones para el celebrante que hacen posible para él celebrarlo como una ceremonia parecida al verdadero Bautismo en forma tan suficientemente cercana como para engañar a muchos católicos de que no hay diferencias significativas entre el rito católico y el rito no católico.

– y no todos los elementos que pueden nutrir la fe son necesariamente eliminados de él.

Y, sin embargo…, está penado por la Iglesia Católica…

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Un poco más in extenso:

Sabemos que la communicatio in sacris es la participación con no-católicos en la oración y el culto, en forma privada o pública.

El precepto natural y divino que prohíbe la communicatio in sacris con los no-católicos obliga a los fieles católicos, porque tiene por objeto preservar la fe de los hijos de la Iglesia.

La prohibición de tal participación obliga:

a) ex praecepto fidei: pues los que participan con los no-católicos en sus ritos, o bien admiten interiormente sus errores (al menos de una manera general); y son entonces ellos mismos herejes y cismáticos; o bien, repudiando interiormente el cisma y la herejía, participan“in sacris” por temor o por algún otro motivo, simulando exteriormente una falsa doctrina, lo cual está expresamente prohibido; o se exponen voluntariamente al peligro de perversión.

b) ex praecepto charitatis: obliga a evitar lo que pueda escandalizar a los católicos; y la obligación es tanto más grande cuanto que se trata de algo delicadísimo, tal como es la integridad de la fe, que cada católico debe estimar más que cualquier otra cosa.

Sólo la Iglesia de Cristo honra a Dios con el culto público querido por Él mismo. El culto rendido por otras comunidades (aunque en ellas sobrevivan algunos elementos de los que constituyen la verdadera Iglesia) no es bueno, ni es el querido por Dios, dado que esas comunidades se han separado de la Iglesia fundada por Cristo.

 

La prohibición de la communicatio in sacris ha sido constantemente mantenida por el Magisterio:

Juan XXII, en una carta del 11 de octubre de 1322, al Patriarca latino de Constantinopla, condenó la práctica de los católicos de Acaya (Grecia): asistir a la Misa de los cismáticos, recibir de ellos los sacramentos, y a la vez, admitir a los no-católicos a los oficios religiosos en las iglesias católicas. Tal práctica fue estrictamente prohibida pues implicaba peligro para las almas, una ofensa a la Divina Majestad y un considerable daño para la religión cristiana.

Urbano V exigió al Arzobispo de Chipre, bajo amenaza de excomunión, que eliminara tales abusos.

La enseñanza definitiva (mantenida en la práctica hasta el Concilio Vaticano II) fue la dada por la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe (Propaganda Fidei), en su Instrucción del 5 de julio de 1729:

“Desde hace tiempo y con frecuencia, los misioneros y los Obispos de Oriente han solicitado la regla a seguir para las participaciones “in sacris” de los católicos con los herejes y cismáticos, en caso de utilidad, necesidad, peligros, vejaciones, incluso persecuciones a sufrir por los fieles.

La Sagrada Congregación ha respondido siempre de modo uniforme: NO ES LÍCITO.

También espera que los misioneros comprendan fácilmente que, si bien se pueden imaginar especulativamente algunos casos en que se podría tolerar esta “communicatio in divinis”, es totalmente distinto en la práctica; cuando se consideran atentamente todas las circunstancias (…) la “communicatio in divinis” con los cismáticos y herejes debe ser regularmente considerada como ILÍCITA EN LA PRÁCTICA, ya sea por el peligro de perversión de la fe católica, o por el peligro de participación en un rito herético o cismático, o igualmente por el peligro y ocasión de escándalo. Ahora bien, como estos peligros se encuentran regularmente en la práctica en la “communicatio in divinis” con los cismáticos y herejes, y está prohibido exponerse de un modo universal por el derecho natural y el derecho divino, de los cuales ningún poder puede dispensar, y que no hay además ninguna razón que pueda excusar, no se puede, de ahora en adelante, plantear ninguna nueva duda (…)”

Algunos teólogos han ensenado que los católicos podrían participar “in sacris” con los no-católicos, e incluso recibir los sacramentos de sus manos, sin cometer falta, si se presentasen TODAS las circunstancias siguientes:

a) de parte de los católicos: una causa gravísima y muy urgente;

b) de parte de los ministros heréticos o cismáticos: una ordenación válida y la administración del sacramento según el rito de la Iglesia Católica;

c) que esta“communicatio” no sea considerada como la profesión de un culto falso;

d) que no se cause escándalo a nadie.

Como todas estas condiciones son imposibles de reunir a la vez, Benedicto XIV ha expresado claramente que EN LA PRÁCTICA, LOS CATÓLICOS DEBEN CONSIDERAR SIEMPRE PROHÍBIDA LA “COMMUNICATIO IN SACRIS” CON LOS NO-CATOLICOS.

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No faltará quien piense que el Obispo de Kent escapa a estas condenas al decir:

En teoría, la Neo-Iglesia es pura pudrición, pero en la práctica esa pudrición no podría existir sin algo allí todavía no podrido para ser podrido. Cada parásito necesita un huésped.

Pero el mismo Obispo se encarga de responderse cuando afirma que “El rito del NOM es, en sí mismo, el acto central del culto de la falsa religión, centrada en el hombre, del Vaticano II.”

Podemos preguntar, entonces: los miembros de esa falsa religión, la iglesia conciliar, enquistados en la Iglesia verdadera, ¿terminarán por salir de Ella para constituir su “iglesia” separada, como lo hicieron los “cismáticos griegos”, los “reformadores luteranos”, los “viejos católicos” y los “galicanos”?

¡Qué fácil sería todo!…

Sin embargo, San Pío X nos responde, en su Encíclica Pascendi:

“Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo.

Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio.

Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.

Hablamos, Venerables Hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.

Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar.  Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores.

Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia.

Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper.

Y mientras persiguen por mil caminos su nefasto designio, su táctica es la más insidiosa y pérfida. Amalgamando en sus personas al racionalista y al católico, lo hacen con habilidad tan refinada, que fácilmente sorprenden a los incautos”.

Y es bien conocido que San Pío X, por el Motu proprio Praestantia scripturae sacrae, del 18 de noviembre de 1907, castiga con la pena de excomunión a todos los modernistas.

El problema para el Obispo que no se retracta es que hace mucho tiempo que abandonó lo firmado por los Superiores de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en julio de 1988… si es que alguna vez adhirió a ello:

Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.”

Padre Juan Carlos Ceriani