PARA SANTIFICAR EL DOMINGO

PARA AQUELLOS QUE NO TIENEN LA POSIBILIDAD DE ASISTIR A LA SANTA MISA

Recordamos a nuestros queridos lectores la posibilidad santificar el día Domingo a través de Nuestro Blog.

En la parte superior del mismo se encuentra una pestaña o página donde están los diferentes medios para realizar la Santificación del Día Domingo o Fiestas de Precepto, además de contar con los Sermones de los Queridos Padres: Juan Carlos Ceriani y  Basilio Méramo.

A continuación, los propios del:

DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA

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Introito

Me cercaron dolores de muerte; me rodearon dolores de infierno. Mas en medio de mi tribulación, invoqué al Señor, el cual desde su santo templo escuchó benigno mis voces. Salmo: Te amaré a Ti, Señor, mi fortaleza. El Señor es mi firme apoyo, mi asilo y mi libertador. Gloria al Padre… Me cercaron…

Colecta

Te rogamos, Señor, escuches clemente las preces de tu pueblo; para que cuantos somos justamente afligidos por nuestros pecados, seamos libres misericordiosamente por la gloria de tu nombre. Por Nuestro Señor…

Epístola.

(Tomada de la Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios) Hermanos: ¿No saben que los que corren en el estadio, si bien todos corren, uno solo lleva el premio? Corran, pues, hermanos míos, de tal manera que lo ganen. Ello es que todos los que han de luchar en la palestra, guardan en todo una exacta continencia y no es sino para alcanzar una corona perecedera; al paso que nosotros la esperamos eterna. Así que, yo voy corriendo, no como quien corre a la ventura; peleo, no como quien azota el aire sin tocar a su enemigo, sino que castigo mi cuerpo rebelde y lo reduzco a servidumbre; no sea que habiendo predicado a los otros, venga a ser reprobado. Porque no deben ignorar, hermanos míos, que nuestros padres estuvieron todos, a la sombra de aquella misteriosa nube; que todos pasaron el mar; y que todos bajo la dirección de Moisés, fueron en cierto modo bautizados en la nube y en el mar; que todos comieron el mismo manjar espiritual y todos bebieron el agua que salía de la misteriosa piedra, que los iba siguiendo, y la piedra era figura de Cristo. Pero a pesar de eso muchos de ellos no agradaron a Dios.

Gradual.

Señor, oportunamente socórreme en la tribulación. Confíen, pues, en Ti, oh Dios mío, los que conocen y adoran tu Nombre, porque jamás has desangrado, Señor, a los que a Ti recurren. Porque el pobre no será perpetuamente olvidado; ni se verá siempre frustrada la esperanza de los afligidos: levántate, Señor, no prevalezca el hombre.

Tracto

Desde lo más profundo clamé a Ti, oh Señor. Oye, Señor benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la oración de tu siervo. Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor? Mas en Ti se halla el perdón: por tu ley he confiado en Ti, oh Señor.

Evangelio

(San Mateo XX, 1-16)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos se parece a un padre de familia, que salió muy de mañana a alquilar jornaleros para su viña, y ajustándose con ellos en un denario por día, los envió a su viña. Saliendo después cerca de la hora de tercia, se encontró con otros que estaban mano sobre mano en la plaza, y les dijo: Andad también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo. Otras dos veces salió a eso de la hora de sexta y de la hora de nona, e hizo lo mismo. Finalmente, salió cerca de la hora undécima, y vio a otros que estaban todavía sin hacer nada, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí ociosos todo el día? Le respondieron: es que nadie nos ha alquilado. Les dijo: pues id también vosotros a mi viña. Puesto el sol, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: llama a los trabajadores, y págales el jornal, empezando desde los postreros y acabando en los primeros. Venidos, pues, los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron un denario cada uno. Cuando al fin llegaron los primeros se imaginaron que les darían más. Pero no obstante, éstos recibieron igualmente cada uno un denario. Y al recibirlo murmuraron contra el padre de familia, diciendo: Estos últimos no han trabajado más que una hora, y los han igualado con nosotros que hemos soportado el peso del día y del calor. Mas él por respuesta dijo a uno de ellos: Amigo, yo no te hago agravio. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Toma, pues, lo que es tuyo, y vete: yo quiero dar a éste, bien que sea el último, tanto como a ti. ¿Acaso no puedo yo hacer de lo mío lo que quiero? ¿O ha de ser tu ojo malo o envidioso porque yo soy bueno? Así que los últimos en este mundo serán los primeros en el reino de los cielos y los primeros serán últimos. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

Ofertorio

Bueno es tributar alabanzas al Señor; y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo.

Secreta.

Te suplicamos, Señor, que luego de recibidas nuestras preces y ofrendas, nos purifiques con los celestiales misterios y nos oigas con clemencia. Por Nuestro Señor…

Comunión.

Derrama sobre tu siervo la luz de tu rostro: sálvame por tu misericordia. Señor, no quede confuso al invocarte.

Poscomunión.

Nuestros fieles, oh Dios, sean fortificados mediante tus dones: para que recibiéndolos los busquen más y más, y buscándolos los alcancen sin fin. Por Nuestro Señor…

Introito

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Gradual

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Tracto 

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Ofertorio

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Comunión

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