Santa Teresita del Niño Jesús- Poesía

LA REINA DEL CIELO A SU HIJA QUERIDA MARÍA DE LA SANTA FAZ

Fecha: 25 de diciembre de 1894. – Compuesta para: Celina, postulante con el nombre de María de la Santa Faz; composición espontánea.

La frescura de una canción de Navidad, pero también una poesía estructurada, meticulosa, de palabras escogidas, un pequeño tratado sobre la infancia y la omnipotencia. Teresa compone esta poesía para consolar a su hermana, cuyas cualidades no parecían reconocerse demasiado en el Carmelo; el éxito será completo (cf los seis relatos de Celina, especialmente CSG, pp. 50 y 151). En realidad, Teresa apunta mucho más alto: después de María de la Trinidad, quiere arrastrar a «María de la Santa Faz» por el camino de la infancia. Este canto de Navidad es también un canto de Nazaret, de la vida escondida. La presencia de María es un elemento primordial para la iniciación en la sencillez, en el silencio del amor, en el parecido (1,1) con «el único cordero», con el Verbo hecho niño.

El velo -o el manto- de la Santísima Virgen, bajo el que podemos cubrirnos , o escondernos , o descansar, o dormirse  es el símbolo de la completa seguridad para el niño, el lugar del perfecto abandono. Pero después de una gracia como la que Teresa recibió en el verano de 1889 , este velo pasa a tener un sentido místico. Al igual que el manto, también el velo «virginiza», sitúa a la persona en un «silencio profundo de todos los cuidados de la tierra» . Bajo este velo, el alma encuentra solo a Jesús, lo mira, se une a él. Teresa está en perfecta armonía con la tradición de la Orden: la vida escondida del Carmelo es algo así como un desierto mariano. La estrofa 6 hablará de grandes virtudes, pero de unas virtudes que son las de la infancia. El vocabulario no debe llamarnos a engaño: estas «virtudes infantiles» exigen un abandono total de sí mismo. Las estrofas 9-14 presentan un entramado de temas bastante sutil y una prosecución de ideas polifónicas que, tras las imágenes de la infancia, anuncian ya el futuro trágico de Jesús.


10-03teresita

 Yo buscando estoy a un niño

que a mi Jesús se parezca,

a mi único Cordero

  para esconder a los dos

en una misma cunita.

  Los ángeles de la patria

envidiarían tal suerte;

  mas yo te la doy a ti:

María, este niño Dios

tu Dios y esposo será.

Te escojo para que seas

de mi Jesús hermanita.

¿Deseas acompañarle?

¡Posarás en mi regazo!

 Te esconderá bajo el manto

que cubre al Rey de los cielos.

Para tus ojos, mi Hijo

será ya brillante estrella.

Para que mi manto pueda

cubrirte junto a Jesús,

tienes que ser pequeñita,

con virtudes infantiles

Quiero que en tu frente brillen

la dulzura y la pureza.

Mas sobre todo te doy

por virtud la sencillez.

 El Dios Uno en Tres personas,

que el ángel temblando adora,

quiere que sólo le des

por nombre «Flor de los campos».

  Como blanca margarita

que vive mirando al cielo,

tú has de ser la flor sencilla

del Niño de navidad.

El mundo desconocía

 los encantos de este Rey

que se desterró del cielo.

 Muchas veces tú verás

cómo en sus dulces ojitos

las lágrimas brillan ya.

 Tendrás que olvidar tus penas

para alegrar a mi Niño,

bendecir con alegría

los nobles lazos que te atan

y cantar muy suavemente…

El Dios todopoderoso

que calma a al mar rugiente,

tomando rasgos de niño

se ha hecho débil y pequeño.

El Verbo, que es la palabra,

Palabra eterna del Padre,

que por ti aquí se destierra,

mi dulce Cordero, que es

también tu pequeño hermano,

¡oh, niña, no te hablará!

 El silencio es la primera

prenda del amor callado.

Comprendiendo su lenguaje,

deberás siempre imitarle.

 Y si alguna vez se duerme,

cerca de él descansarás.

Su corazón vela siempre

y te servirá de apoyo

para poder descansar.

  No te inquiete la labor

que has de cumplir cada día;

tu solo quehacer, María,

en la vida es el amor.

Puedes decir a quien diga

que tus obras no se ven:

«amo mucho, y en la vida

el amor es mi quehacer».

  Jesús hará tu corona

  si sólo buscas su amor.

Un día te hará reinar

si le das tu corazón.

Tras la noche de esta vida

verás su dulce mirada,

y a aquella cumbre de arriba

volará tu alma veloz…