Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón del Santísimo Nombre de Jesús

Sermones-Ceriani

EL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS

En torno al nacimiento de un niño, las principales obligaciones mosaicas eran cuatro: la circuncisión, la imposición del nombre, la presentación en el Templo y la purificación de la madre.

El Evangelio de hoy nos narra el hecho histórico de la Circuncisión de Nuestro Señor; y Santo Tomás señala siete razones de conveniencia por las cuales el Salvador se sometió a un rito propio de un pecador:

* Para demostrar la verdad de su carne humana, contra los que se atreverían a decir que tiene un cuerpo fantástico o aparente; contra los que afirmarían la consubstancialidad del Cuerpo de Cristo con la divinidad; y contra los que sostendrían que Cristo trajo su Cuerpo del Cielo.

* Para aprobar la Circuncisión, que en otro tiempo había sido instituida por Dios.

* Para probar que era del linaje de Abrahán, el cual había recibido el precepto de la Circuncisión como signo de su fe en Cristo.

* Para quitar a los judíos el pretexto de rechazarle por incircunciso.

* Para recomendarnos con su ejemplo la virtud de la obediencia, por lo que fue circuncidado al octavo día, según el mandato de la ley.

* Para que quien había venido en carne semejante a la del pecado, según la expresión de San Pablo, no desechase el remedio con que la carne de pecado solía purificarse.

* Para que, tomando sobre sí la carga de la ley, librase a los demás de semejante carga, según las palabras de San Pablo: Dios envió a su Hijo, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley.

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La segunda ceremonia era la de la imposición del nombre. Y el Evangelista San Lucas nos dice que le dieron el Nombre de Jesús, impuesto por el Ángel antes de ser concebido en el seno materno.

¡Grande y admirable misterio!

El Niño es circuncidado y recibe el Nombre de Jesús.

¿Qué significa esta relación?

La circuncisión parece más bien instituida para el que debe ser salvo y no para el que salva…

Reconozcamos aquí al Mediador entre Dios y los hombres.

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Etimológicamente, el Nombre de Jesús significa la salvación de Yahvé, como dijo el Ángel al anunciar a San José el misterio realizado en su virginal esposa: Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados.

Sobre la imposición de este Santísimo Nombre, Santo Tomás nos enseña lo siguiente:

“Los nombres deben responder a las propiedades de las cosas, expresando la definición y dándonos a conocer la naturaleza de las mismas.

Los nombres de los individuos se toman de alguna propiedad de la persona a quien se impone. Ya sea del tiempo, como se imponen los nombres de los Santos a aquellos que nacen en sus fiestas; ya del parentesco, como se impone al hijo el nombre de su padre o de algún pariente; ya de algún suceso, como José llamó a su primogénito Manasés, diciendo: Dios me ha hecho olvidar todas mis penas; ya de alguna cualidad de la persona a quien se impone el nombre, como se llamó Esaú (rubio) al primer hijo de Jacob, que nació con el pelo de ese color.

Ahora bien: los nombres impuestos por Dios a algunos siempre significan algún don gratuito que Dios les concede, como cuando cambió el nombre al patriarca Abraham diciéndole: Ya no te llamarás Abram, sino Abraham, porque yo te haré padre de una muchedumbre de pueblos; y a San Pedro: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro (piedra), porque sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Pues como a Cristohombre le fue otorgada la gracia de ser el Salvador del mundo, con razón se le llamó Jesús, o sea Salvador. Y este nombre fue previamente comunicado por el Ángel, no sólo a la Madre, sino también a San José, que había de ser su padre nutricio”.

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Al mismo tiempo que la circuncisión prueba que verdaderamente asumió la naturaleza humana, el Nombre que recibe es un Nombre que está por sobre todo otro nombre, e indica su gloria y su majestad.

Es circuncidado como verdadero hijo de Abraham, y se le nombra Jesús como verdadero Hijo de Dios.

Si consideramos el aspecto social y público de la salvación por Jesús, una sola frase del Apóstol San Pablo sintetiza toda su obra salvadora: Instaurare omnia in Christo; recapitularlo todo a la unidad de un principio capital, que lo presida, armonice y dirija todo, en los cielos y en la tierra.

Gloriosos y universales han de ser los triunfos logrados por la fuerza del Nombre de Jesús en el orden social.

Los vislumbró el profeta Isaías, cuando describía la gloria del futuro Mesías. Toda ella la reducía a los tres grandes factores de su fuerza social: la verdad, la justicia, el imperio.

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En orden a la Verdad, dice el Profeta: Herirá la tierra con la vara de su boca, es decir conmoverá la tierra con su palabra y con la verdad en ella contenida.

¡La palabra de Jesús! La palabra es la expresión del pensamiento. Brilla la idea en las alturas de la inteligencia y se encarna en una palabra, que se introduce por el oído en el espíritu de quien la oye.

La palabra de Jesús es la Palabra de Dios, porque Jesús es el Verbo de Dios y habla lo que ha oído en el seno del Padre. Viva y eficaz, y más penetrante que una espada de dos filos.

Y habló Jesús… y se transformó la tierra por la fuerza acérrima de su doctrina.

Se predicó el Nombre de Jesús; y la doctrina que en su virtud se enseñaba se propagó como jamás se haya propagado ninguna doctrina, iluminando al mundo y saturando de luz todo lo humano.

¿De dónde tanta y tan súbita luz le ha venido al mundo, sino de la predicación del Nombre de Jesús?

Él se ha metido en todo para iluminarlo todo, para convertirlo todo en luz; la filosofía, las ciencias, la política, las leyes, las costumbres, los grandes problemas de la vida individual, familiar y social…, todo lo ha iluminado el Nombre de Jesús.

Cada nueva etapa de la historia ve brillar el Nombre de Jesús con una luz nueva; para cada momento tiene su matiz; para cada problema un rayo de claridad que consienta descifrarlo y resolverlo.

Tal es la fuerza del Nombre de Jesús en orden a la Verdad.

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Prosigue el Profeta Isaías, indicando otra fuerza del futuro Mesías, la JusticiaY será la justicia el ceñidor de sus lomos.

Siempre sintieron los pueblos ansias de Justicia; pero por una aberración, que es ley constante fuera del Cristianismo, la justicia jamás reinó sobre la tierra hasta que vino Jesús, y reinó en la medida en que fue aceptada su ley por los pueblos.

Y la paz será la obra de la justicia; esta paz que cantaban los Ángeles cuando nació Jesús, el Príncipe de la paz.

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En fin, como tiene Jesús la fuerza de la Verdad y de la Justicia, tiene también la fuerza del Imperio, del poder para salvar al mundo, venciendo a sus enemigos: Y con el aliento de sus labios matará al impío, dice Isaías.

Jesús es el Señor de los tiempos; los hombres más poderosos sucumben, y no se levantan; Jesús muere y resucita, es más poderoso que los más poderosos.

Estos sucumbieron por debilidad, por la traición, por la fuerza contraria de sus enemigos; Jesús sigue con igual fuerza que siempre; la traición de los herejes y malos hijos le ha hecho más fuerte; sus adversarios más poderosos son los grandes derrotados por la fuerza de Jesús.

Ésta es la grandeza de nuestro Salvador Jesús; y con esta triple grandeza, de la Verdad, de la Justicia y del Poder, ¡qué ascensiones ha logrado la humanidad que ha creído en Él y adorado su Santo Nombre!

Su poder de Verdad, de Justicia y de Imperio ha hecho de las sociedades que han querido incorporarse a su redención, las únicas grandes, santas y gloriosas que ha habido en la historia.

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“He aquí, dice el profeta, que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se lo llamará Emmanuel, nombre que se traduce: Dios con nosotros”.

El Nombre del Salvador, “Dios-con-nosotros”, dado por el Profeta, significa las dos naturalezas de su única Persona.

En efecto, el que es Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Él mismo es Emmanuel en la plenitud de los tiempos, es decir, Dios con nosotros.

Comenzó a serlo en el seno de su Madre, porque se dignó aceptar la fragilidad de nuestra naturaleza en la unidad de su Persona, cuando el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Es decir, comenzó de una manera admirable a ser lo que somos, sin dejar de ser lo que era, asumiendo nuestra naturaleza, sin perder lo que era en sí mismo.

El Nombre de Jesús es el del Hijo que, nacido de la Virgen María, significa, según la explicación del Ángel, el que salvará a su pueblo de sus pecados.

En cuanto al Nombre de Cristo, es el título de una dignidad profética, sacerdotal y real. Ya que, bajo la ley antigua, se llamaba a los profetas, a los sacerdotes y a los reyes Cristos, debido a la crismación.

Por el hecho de ser Profeta, Cristo nos enseña toda Verdad…

Por el hecho de ser Salvador, Cristo puede salvarnos de nuestros pecados…

Por el hecho de ser Pontífice, puede reconciliarnos con Dios Padre…

Por el hecho de ser Rey, que se digne darnos el Reino eterno de su Padre…

Jesucristo, Nuestro Señor que, siendo Dios, vive y reine con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. ¡Amén!