P. JUAN CARLOS CERIANI: EL REINO MILENARIO Y LA DOBLE RESURRECCIÓN – 3º PARTE

EL REINO MILENARIO

Y

LA DOBLE RESURRECCIÓN

Tercera Entrega

 

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https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/01/14/p-juan-carlos-ceriani-el-reino-milenario-y-la-doble-resurreccion-1o-parte/

 

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/01/15/p-juan-carlos-ceriani-el-reino-milenario-y-la-doble-resurreccion-2o-parte/

 

Continuamos en esta entrega con la argumentación exegética que nos proporciona el Padre Van Rixtel.

Debemos estudiar ahora el texto de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, capítulo XV, versículos 51 a 53 (versión española a partir del texto griego):

He aquí que os digo un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; porque sonará la trompeta y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Pues es necesario que esto corruptible se vista de incorruptibilidad, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Nota:

Como se verá al leer los comentarios hay diferencias entre las versiones griega y latina:

* allí donde el griego dice: no todos moriremos, pero todos seremos transformados”,

* el latín dice: todos ciertamente resucitaremos, pero no todos seremos transformados

He aquí, en primer lugar, el comentario a este texto hecho por Santo Tomás:

Lección VIII: versículos 50-53

Muestra el orden de la resurrección y afirma la futura resurrección.

Aquí, después de resolver la cuestión del modo de ser de los resucitados, resuelve la cuestión subsecuente del modo y del orden de la resurrección.

Y acerca de esto hace dos cosas. Primeramente muestra el modo y el orden de la resurrección; en segundo lugar lo confirma mediante autoridad: Cuando esto corruptible se haya vestido de incorruptibilidad, etc. (I Cor. 15, 54).

Y para lo primero hace dos cosas. En efecto, en primer término propone el asunto; luego, muestra el orden en que se efectuará la resurrección: En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, etc.

Así es que empieza por llamarles la atención, haciendo ver que lo que quiere enseñar es arduo y oculto, diciendo: He aquí que un misterio, o sea, algo oculto, os digo a vosotros, esto es, os descubro a vosotros, hermanos, un misterio que se os debe descubrir, lo mismo que a todos los creyentes. Os he dado a vosotros conocer el misterio, etc. (Lc. 8, 10). Y arriba dijo: Hablamos de sabiduría entre los perfectos (I Co 2, 6). Y luego: Pero hablamos de una sabiduría de Dios que está escondida, etc.

Y luego dice en qué consiste ese misterio: Todos ciertamente resucitaremos, etc.

Acerca de lo primero se debe saber que, como San Jerónimo dice en una epístola a los monjes Minervio y Alejandro, esto que aquí se dice: Todos ciertamente resucitaremos no está en ningún manuscrito de los griegos, sino que en algunos se lee: Ciertamente todos dormiremos, esto es, todos moriremos. Y a la muerte se le llama sueno por la esperanza de la resurrección. De aquí que es lo mismo que si dijera: Todos ciertamente resucitaremos, porque nadie resucita si no muere.

Pero no todos seremos transformados. Esto no cambia en los libros de les griegos, y esto es la verdad, porque la transformación de la que aquí se habla no se verificara sino en los cuerpos de los bienaventurados, porque serán transformados en las cuatro cosas arriba explicadas, las cuales se llaman dotes de los cuerpos gloriosos, y esto deseaba ardientemente Job (14, 14): Todos los días de mi milicia espero hasta que venga mi mudanza.

Ahora bien, en algunos manuscritos se lee: Ciertamente no todos dormiremos, esto es, moriremos, pero todos seremos transformados. Y esto se entiende de dos maneras.

Primeramente a la letra [literalmente], porque fue opinión de algunos que no todos los hombres morirán, sino que algunos en el adviento de Cristo se presentarán vivos al juicio y que éstos no morirán, sino que serán transformados al estado de incorrupción, y por esto dicen: Ciertamente no todos dormiremos, o sea, moriremos, pero todos seremos transformados, tanto los buenos como los malos, y tanto los vivos como los muertos.

Y según esto la transformación no se entiende que sea del estado de animalidad al estado de espiritualidad, porque de esta manera solamente los buenos serán transformados, sino del estado de corrupción a estado de incorrupción.

De otro modo, místicamente se explica esto por Orígenes, quien dice que esto no se dice del sueño de la muerte, porque todos morirán (¿Qué hombre hay que haya de vivir sin ver jamás la muerte?, Salmo 88, 49); sino del sueño del pecado, del cual habla el Salmo 12, 4: Alumbra mis ojos, a fin de que no duerma yo jamás el sueño de la muerte, para significar lo siguiente: No todos moriremos, esto es, no todos pecaremos mortalmente, pero todos seremos transformados, como arriba, del estado de corrupción al estado de incorrupción.

Y aunque este texto, no todos moriremos, etc., no sea contra la fe, sin embargo la Iglesia más bien acepta el primero, esto es, que todos moriremos y todos resucitaremos, etc., porque todos morirán aun cuando algunos estén entonces vivos.

El orden y el modo de la resurrección los explica el Apóstol en seguida diciendo: En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, etc. Y esto en cuanto a tres cosas.

En efecto, primeramente muestra el orden en cuanto al tiempo; luego en cuanto a la causa de la resurrección: a la trompeta final; en tercer lugar, en cuanto a la sucesión del efecto por la causa: porque sonará la trompeta, etc.

Dice, pues, que todos resucitaremos; pero ¿de qué modo? En un momento. Con esto excluye el error de los que dicen que la futura resurrección no será de todos al mismo tiempo. Pues dicen que los mártires resucitarán mil años antes que los demás, y que entonces Cristo descenderá con ellos y poseerá el reino material de Jerusalén durante mil años con ellos.

Así opinó Lactancio. Pero es claro que esto es falso, porque todos resucitaremos en un momento y en un abrir y cerrar de ojos.

Con esto se excluye también otro error, según el cual el juicio durará por espacio de mil años. Lo cual es falso, porque no habrá entonces un tiempo perceptible, sino que en un momento, etc.

Mas debe saberse que el momento se puede tomar o por el mismo instante de tiempo, que se expresa con la palabra ahora; o por cierto tiempo imperceptible: sin embargo, esto se puede tomar de uno u otro modo, refiriéndolo a diversas cosas, porque si lo referimos a la reunión de los polvos (que se hará por el ministerio de los ángeles), entonces el momento se toma por un tiempo imperceptible. En efecto, como en la reunión de los dichos polvos haya cambio de lugar a lugar, es necesario que transcurra en ello cierto tiempo. Mas si nos referimos a la reunión de los cuerpos y a la unión del alma, cosas todas que se harán por Dios, entonces la palabra momento se toma por instante de tiempo, porque en un instante une Dios el alma al cuerpo y vivifica el cuerpo.

El en un abrir y cerrar de ojos se puede también referir a una y otra cosa, de modo que si por en un abrir y cerrar de ojos se entiende tan solo el abrir de los párpados (lo cual se verifica en un tiempo imperceptible), entonces se refiere a la reunión de los polvos. Mas si por en un abrir y cerrar de ojos se entiende la misma súbita ojeada del ojo, la cual es cosa también de un instante, entonces se refiere a la unión del alma con el cuerpo.

Así es que cuando dice: a la trompeta final, muestra el orden de la resurrección en cuanto a la causa inmediata. Y tal trompeta es la voz de Cristo de la cual dice San Mateo (25, 6): Mas llegada la medianoche se oyó una voz que gritaba, etc. Y Juan 5, 28: oirán la voz del Hijo de Dios. O la misma presencia de Cristo patente al mundo, según lo que dice San Gregorio: la trompeta no designa otra cosa que la presencia de Cristo patente al mundo, y se le llama trompeta por su manifestación, porque a todos será manifiesta. Y de esta manera se toma la palabra trompeta en Mateo 6, 2: Cuando das limosna no quieras publicarla a son de trompeta. También se dice trompeta por el uso de la trompeta, que era para cuatro cosas, como se dice en Num. 10, 1-10, esto es, para llamar a consejo, y esto se hará en la resurrección, porque entonces se convocará a consejo, esto es, a juicio. El Señor entrará en juicio con los ancianos de su pueblo y con sus príncipes (Is. 3, 14). Para solemnizar las fiestas. Sonad la trompeta en la neomenia (Psl. 30). Así será también en la resurrección. Vuelve la vista a Sión, la ciudad de nuestras solemnidades (Is. 33, 20). Para la pelea, y esto también en la resurrección: Y todo el universo peleará con él contra los insensatos (Sap. 5, 21). Y hará el Señor que la vara descargue sobre él al son de panderos y de cítaras (Is. 30, 32). Para trasladar el campamento; y así también en la resurrección, algunos yendo al paraíso, otros yendo al infierno. Y éstos irán al suplicio eterno; mas los justos, a la vida eterna (Mt. 25, 46).

Así es que cuando dice: porque sonará la trompeta, etc., pone el efecto que ha resultado de la causa predicha. Y acerca de esto hace dos cosas.

En efecto, primeramente pone el efecto obtenido; y luego señala su necesidad: En efecto, es necesario que este ser mortal se revista de inmortalidad (I Cor. 15, 53).

El resultado producido es que instantáneamente al sonido de la trompeta seguirá el efecto. Porque los muertos, etc. (Hará que su voz sea una voz todopoderosa, Salmo 67, 34).

Y pone doble efecto. El uno es común, porque los muertos serán resucitados incorruptibles, o sea íntegros, sin ninguna disminución de miembros. Lo cual ciertamente será común a todos, porque en la resurrección será común todo lo que pertenece a la reconstitución de la naturaleza, porque todos están en comunión con Cristo en cuanto a la naturaleza.

Y aunque Agustín deje en duda si las deformidades permanecerán en los condenados, yo sin embargo creo que cuanto pertenece a la reconstitución de la naturaleza íntegramente se les dará; mas lo que corresponde a la gracia, solamente a los elegidos. Y por eso todos resucitarán incorruptibles, esto es, íntegros, aun los condenados.

Mas para San Jerónimo incorruptibles quiere decir en estado de incorrupción, esto es, que después de la resurrección no se corromperán, porque unos irán a la bienaventuranza eterna, y los malos a la pena eterna. Muchos despertarán del polvo de la tierra (Dan 12, 2).

El otro efecto es peculiar, es decir de los Apóstoles tan sólo, porque nosotros seremos transformados, esto es, los Apóstoles, y no sólo seremos incorruptibles, sino que también seremos transformados, del estado de miseria al estado de gloria porque se siembra animal, mas surge espiritual.

Y conforme a esta explicación se ve que es mejor el texto que dice: Todos ciertamente resucitaremos, mas no todos seremos transformados, que el otro que dice: Todos seremos transformados, porque aun cuando todos resucitarán, sin embargo solamente los santos y elegidos serán transformados.

Sin embargo, también se podría, conforme a los textos que dicen: No todos ciertamente moriremos, pero todos seremos transformados, leer de esta manera: Los muertos resucitarán incorruptibles, esto es, para un estado de incorrupción, y los que vivamos, aun cuando no resucitemos porque no moriremos, sin embargo seremos transformados del estado de corrupción al estado de incorrupción. Lo cual parece cuadrar con estas palabras que el mismo Apóstol dice: Después, nosotros los vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos, sobre nubes, al encuentro de Cristo (I Thess 4, 17); de modo que allí y aquí se agregue a los vivos.

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Monseñor Juan Straubinger:

No todos moriremos, pero todos seremos transformados: esta verdad expresa San Pablo también en la Primera Carta a los Tesalonicenses (4, 17).

San Agustín y San Jerónimo siguen esta interpretación, según la cual se librarán de la muerte los amigos de Cristo que vivan en el día de su segunda venida (cf. v. 23 y 53).

Así lo indica Santo Tomás (I-II, q. 81, a. 3, ad 1) y muchos teólogos modernos.

El P. Bover dice al respecto: “Existen varios textos del Apóstol que parecen afirmar que los fieles de la última generación serán gloriosamente transformados, sin pasar por la muerte… Tratándose de textos suficientemente claros, y de una interpretación hoy día corrientemente admitida por exégetas y teólogos, bastará citarlos”. Y cita a continuación el presente pasaje con I Tess. 4, 15-17 y II Cor. 5, 1-4.

Cf. La expresión “vivos y muertos” en el Credo, en Hechos 10, 42; Romanos 14, 9 y I Pedro 4, 5. Cf. también Marcos 13, 27.

Pues es necesario que esto corruptible se vista de incorruptibilidad, y esto mortal se vista de inmortalidad. O sea la resurrección gloriosa de los muertos y la transformación de los vivos.

Nota mía: Texto de la Suma al que se refiere Monseñor Straubinger, I-II, q. 81, a. 3, ad 1

  1. La muerte es el castigo consiguiente al pecado original. Mas no todos los que proceden de Adán seminalmente morirán; pues aquellos que estén vivos a la venida del Señor no morirán jamás, como parece por I Tess. 4,15: Nosotros, los que vivimos, no nos adelantaremos en la venida del Señor a aquellos que murieron. Luego ésos no contraen el pecado original.

Ad 1. Lo más probable y más común es sostener que todos aquellos que vivan a la venida del Señor morirán y resucitarán en seguida, como explicaremos más ampliamente en la tercera parte (Suppl. q.78, a.1, ad.3). Sin embargo, si es verdad eso que dicen algunos: que no morirán nunca, según cuenta Jerónimo en cierta epístola Ad Minervium, de resurrectione carnis, refiriéndose a las opiniones de diversos autores, hay que decir a dicha objeción que, aunque no mueran, sin embargo, existe en ellos el reato de la muerte, si bien les libre de la pena Dios, el cual puede condonar también las penas de los pecados actuales.

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El Canónigo Crampon traduce de este modo: Voici un mystère que je vous révèle: Nous ne nous endormirons pas tous, mais tous nous serons changés (no todos moriremos, pero todos seremos transformados).

Y dice en nota al pié de página: muchos estarán vivos en el momento del segundo advenimiento de Jesucristo; pero ellos no entrarán por eso en el reino de Dios con sus cuerpos naturales: estos serán también cambiados; sin pasar por la muerte, ellos se verán transfigurados y entrarán con Jesús en la gloria, lo cual es, sin duda, un gran misterio. Cf I Tess 4, 15 ss; II Cor. 5, 4 ss.

Vulgata: todos ciertamente resucitaremos, pero no todos seremos transformados; los malos no tendrán un cuerpo espiritual y glorioso. La lección del texto griego, recomendada por la autoridad de los manuscritos, concuerda mejor con el contexto. En efecto, es este capítulo se trata solamente de la resurrección de los fieles justificados.

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Padre Louis-Claude Fillion:

51-53: Esta primera parte de la presentación, que está en estrecha relación con el versículo 50, se refiere al destino de los hombres que el fin del mundo encontrará todavía con vida aquí, y anuncia que ellos también sufrirán en su cuerpo una transformación similar a la disolución operada por la muerte.

Ecce mysterium… Introducción aún más majestuosa que aquella del versículo 50. La enseñanza que sigue se llama un misterio, ya que no podemos conocerla sino en virtud de una revelación especial.

Omnes quiden… El texto griego presenta en este lugar tres lecciones muy diferentes:

1ª) La que ha seguido la Vulgata, y tiene por ella un solo manuscrito griego de algún valor: todos ciertamente resucitaremos, pero no todos seremos transformados.

2ª) Esta variante, que se encuentra en muchos manuscritos griegos muy antiguos, en la versión armenia, etc.: todos dormiremos (morimos), pero no todos seremos transformados.

3ª) La siguiente, que es, con mucho, la más común entre los manuscritos griegos y a la cual se han conformado las versiones siríaca, copta, gótica, etc., todos los Padres griegos, San Jerónimo (el sabio doctor afirma haberla encontrado en muchos manuscritos en latín), etc.: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados.

Las dos primeras lecciones dan, en el fondo, el mismo sentido, puesto que su diversidad es más aparente que real. Según ellas, todos los hombres van a morir y resucitarán, pero no todos serán transformados.

Esto quiere decir que la resurrección será general y sin distinción entre buenos y malos, sino que todos no tendrán parte en la transfiguración gloriosa que se ha descrito anteriormente (cf. Los versículos 42 y ss.), que se espera será reservada sólo para los justos.

La tercer lección testimonia, por el contrario, que no todos los hombres morirán, y, por lo tanto, no resucitarán de manera propiamente dicha, sino que todos sufrirán una transformación en su ser físico.

Si se examina estas lecciones en cuanto a sus garantes externos, lo cierto es que la tercera es de lejos la más probable.

Es lo mismo desde el punto de vista del sentido, tal como está determinado por el contexto.

En efecto, por una parte, en toda la demostración que precede, San Pablo ha hablado directamente sólo de la resurrección de los justos, y de ninguna manera de la de los pecadores; ¿cómo, pues, la traería súbitamente a la escena? ¿Cómo podría, en una sucesión tan rápida, en los dos versículos que siguen (5I y 52), encuadrarse entre los que serán transformados y entre los que no lo serán?

Además, ¿qué misterio hay en el hecho de la resurrección, tan claramente anunciada por el mismo Jesucristo (cf. Joan, V, 28-29, etc.)?

Todo es claro y simple, por el contrario, de acuerdo con la tercera lección. El apóstol se ubica por el pensamiento en el fin del mundo. El advenimiento de Cristo será tan repentino, que un número considerable de justos todavía vivirán en ese momento.

¿Qué pasará con ellos, ya que no es posible entrar en la vida gloriosa con un cuerpo corruptible?

San Pablo predijo aquí, como una cosa muy misteriosa en efecto, como ya lo había escrito, I Tess. IV, 14 y ss.: Estos justos no morirán de una manera propiamente dicha (No todos moriremos), pero habrá para ellos una transformación muy rápida, que será igual a la resurrección (Todos seremos transformados).

Es obvio que esta interpretación se armoniza con el contexto, tanto como las otras se desvían del mismo.

Comparar también II Cor. V, 1 ss.

Así que es con razón que Tertuliano, San Juan Crisóstomo, San Jerónimo, Santo Tomás de Aquino, etc., y la mayoría de los exégetas contemporáneos la han adoptado.

Es cierto que, según el versículo 22, Rom. V, 12 y Hebreos. IX, 27, todos los hombres deben pasar por la muerte; pero el hecho que señalamos será una sencilla excepción a la regla general.

Además, no olvidemos que San Pablo indica que se trata de un misterio. Este fenómeno maravilloso tendrá lugar de tal modo, dice San Jerónimo “ut corpus ab anima non deseratur, sed anima habitante in corpore, fiat inclytum quod antea inglorium fuit” (que el alma no abandonará al cuerpo, sino que el alma, habitante en el cuerpo, hará ínclito lo que antes era innoble).

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Finalmente, el Padre Van Rixtel dice lo siguiente:

Después de haber confirmado la doctrina de la resurrección como la piedra angular de nuestra le, San Pablo afirma:

1) “He aquí os digo un misterio”. Va a revelar, pues, no la resurrección general, sino un misterio especial en ordena la resurrección de los justos.

2) Este misterio que revela a los fieles es: “No todos dormiremos, mas todos seremos transformados” (la Vulgata sigue otra versión; pero todos los críticos modernos la rechazan, diciendo que el texto que presentamos es el original).

3) Este misterio se refiere a los fieles, y no a la resurrección general; de otro modo no sería una revelación especial.

Los milenaristas anotan aquí, que los dos textos citados se complementan maravillosamente, enseñándonos:

  1. a)Los que murieron en Cristo (no los demás) resucitarán.
  1. b)Los que estén en vida esperándole no morirán, sino que serán arrebatados con los resucitados al encuentro de Cristo.
  1. c)No sólo los resucitados, sino también los vivientes arrebatados serán transformados, antes de ir al encuentro de Cristo.

¿Y qué sucederá con los muertos no creyentes cuando los muertos en Cristo resuciten? “Los demás muertos no volvieron a vivir, hasta cumplirse los mil años” (Apoc.20, 5).

¿Y qué sucederá con los vivos no creyentes cuando los creyentes sean transformados y arrebatados? Jesús dice: “Os digo que en aquella noche dos estarán reclinados a una misma mesa: el uno será tomado, y el otro dejado” (Luc. 17, 34; Mat. 24, 40).

Mirad bien: Jesús no dice “serán condenados”, sino “dejados”. “Porque Cristo… por segunda vez aparecerá para salvación de los que le aguardan (Heb. 9, 28).Ya que sólo para estos Jesús es: “el Libertador de la Ira venidera” (I Tess. 1, 9-10). Por eso: “Bienaventurados aquellos siervos a quienes el Señor, cuando venga, halle velando” (Luc. 12, 35-37).

¿Entonces habrá hombres que no morirán? Así es: “No todos dormiremos, mas todos seremos cambiados”, afirman los milenaristas, citando a San Pablo (I Cor. 15, 51).

Los milenaristas dicen que el mismo Jesús confirma directamente esta enseñanza de San Pablo.

Como primera prueba citan: “Aquel que cree en mí, aunque hubiere muerto, revivirá; y aquel que vive y cree en mí no morirá jamás”. (Juan 11, 25; Trad. de Joüon S.J.).

En este texto Jesús, hablando de la resurrección afirma con claridad, que cuando venga Él, los muertos que creen en Él resucitaran, y los vivos, que creen en Él, no morirán jamás. Porque los unos y los otros serán arrebatados al encuentro de Él. Los no creyentes muertos no revivirán, los no creyentes vivos serán dejados.

Una segunda prueba de que la enseñanza de San Pablo era la de Jesús mismo se halla, según los milenaristas, en las siguientes palabras: “De cierto, de cierto os digo: La hora viene y ya es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren revivirán” (Juan 5, 25).

Aquí se trata de la resurrección, no de todos, sino de aquellos que por su fe en el Padre han recibido la gracia, pasando de muerte a vida (vers. 24), y por esto no vienen al juicio que se realizará sobre la tierra cuando venga Jesús a destruir al Anticristo y sus secuaces. Cumpliendo con el consejo de Jesús, “velad pues”, merecieron evitar todos estos males venideros, y comparecer ante el Hijo del hombre (Luc. 21, 36 y contexto).

¿Cuándo será esto? En el último día de la presente edad, en la consumación del siglo (época) presente. Por eso dice Jesús: “Viene, la hora ya es”. Porque en la consumación de la hora presente, cuando hubiere preparado el lugar, Jesús volverá otra vez para tomar a sí mismo a todos los suyos (Juan 14, 3).

Esta resurrección es, pues, bien distinta de la resurrección de que habla Jesús enseguida (Juan 5, 28):”Vendrá la hora (una hora futura distinta de la hora que ya es), en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y todos (con excepción de los que ya salieron) saldrán los que hicieron buenas obras, a resucitar para la vida; pero los que las hicieron malas, resucitarán para ser condenados”. Esto acontecerá en la resurrección general.

Sera, pues, en la consumación de la presente edad cuando, por el arrebato, Jesús tomara a sí mismo a “todos los que comen su carne y beben su sangre”, es decir, en el último día de esta hora (época) en la cual estamos ya (Cf. Juan 6, 32).

Y esto confirma Jesús diciendo: Que vendrán “tribulaciones terribles”; que caerán como un juicio y una ira venidera sobre la tierra. Cuando “aparezca en el cielo la señal del Hijo del hombre, todos los pueblos de la tierra prorrumpirán en lamentos; y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. El cual enviará sus ángeles, que a voz de trompeta sonora congregarán (no a todos, sino) a sus escogidos de las cuatro partes del mundo, desde un horizonte hasta el otro” (Mat. 24, 21-31).

Será la hora de la siega: “Los segadores son los ángeles. De manera que como es recogida la cizaña y quemada con fuego, así será en la consumación del siglo (la hora, la edad en que estamos). El Hijo del hombre enviará a sus ángeles y recogerán de su reino todo lo que sirva de tropiezo y a los que cometen iniquidad, y los echarán en el homo de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mat. 13, 40).

Los ángeles harán pues dos cosas:

1º Congregarán a los elegidos que brillarán como el sol en el reino de su Padre.

2º Congregarán a los malignos que sirvieron de tropiezo y cometieron iniquidad.

Porque “Bienaventurado el tal siervo, a quien cuando venga el Señor le hallare velando. En verdad os digo, que le encomendará el gobierno de toda su hacienda”.

“Pero si este siervo fuere malo, y dijere en su corazón: ‘Mi amo no viene tan pronto’, y empezare a maltratar a sus consiervos, y a comer y beber con los borrachos, vendrá el amo del tal siervo en el día que no espera y a la hora que no piensa, le cortará en dos y le dará la misma pena que a los hipócritas; allí será el llorar y rechinar de dientes” (Mat. 24, 46- 51).

Por eso, dicen los milenaristas, nosotros defendemos esta doctrina, a pesar de que por ello seamos objeto de muchas burlas y persecuciones.

Tiene que ser así, porque el mismo San Pedro nos avisa: “que tengamos presente las palabras de los santos profetas…” y “que estemos ciertos ante todas las cosas, de que vendrán en los últimos tiempos (de la presente edad, como enseña el contexto) burladores con sus burlas, andando según sus propias pasiones, diciendo: ¿Dónde está la promesa de su Venida?, porque desde la muerte de nuestros padres, todas las cosas permanecen del mismo modo como al principio fueron creadas” (II Ped. 3, 3 sgs.).

Continuará…

 

Padre Juan Carlos Ceriani