DE LA “HUMILDITIS” Y LA “POBRITIS” A LA “FARISEITIS”

DE LA “HUMILDITIS” Y LA “POBRITIS” A LA “FARISEITIS”

Visto en Catapulta

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Como la Iglesia está padeciendo los virus de la “humilditis” y de la “pobritis” no viene mal repasar lo que enseña Santo Tomás en la cuestión 113 de la II-IIae, al interrogarse si la ironía es pecado, y si tiene alguna relación con la jactancia. Va un pequeñísimo resumen de la respuesta tomasiana:

“…dice San Agustín…: Cuando mientes por humildad, si no lo eras antes de mentir, tu mentira te convierte en pecador.

El que uno se rebaje a sí mismo puede suceder de dos modos. Primero, respetando la verdad: por ejemplo, cuando se callan cualidades importantes que hay en uno y se descubren y manifiestan pequeños defectos cuya existencia se admite. El silenciar o rebajar las propias cualidades no implica ironía ni es en sí pecado, a no ser por la corrupción de alguna otra circunstancia.

Segundo, cuando se falsea la verdad: por ejemplo, cuando se afirma la existencia de un defecto que no se posee, o cuando se niega una cualidad sabiendo que se tiene. Entonces sí aparece la ironía, y siempre es pecado.

No se debe cometer un pecado para evitar otro. Y por eso no se debe mentir de ningún modo para evitar la soberbia. En tal sentido dice San Agustín en el comentario Super Io.: No debemos evitar la soberbia hasta el punto de abandonar la verdad. Y también San Gregorio dice: Son imprudentes los que tratando de ser humildes se exponen a la mentira.

Leemos en Prov 26,25: Cuando su voz se hace afable, no confíes en él, pues siete abominaciones hay en su corazón. Pero bajar la voz afablemente es propio de la ironía. Luego en ella hay múltiple maldad.

la ironía y la jactancia mienten sobre la misma materia, ya sea de palabra o por cualquier signo exterior; es decir, no dicen la verdad sobre uno mismo. Por eso, desde este punto de vista, tienen la misma gravedad. Pero en la mayoría de los casos la jactancia procede de un motivo más innoble, como es el deseo del lucro o del honor; mientras que la ironía intenta evitar ser molesto a los demás por la exaltación de uno mismo. En este sentido dice el Filósofo que la jactancia es un pecado más grave que la ironía. Sin embargo, sucede a veces que uno finge ser menos de lo que es por otro motivo: por ejemplo, para engañar y sacar provecho del engaño. Entonces la ironía es más grave que la jactancia.

Hay una doble excelencia: en lo temporal y en lo espiritual. A veces sucede que uno, mediante signos externos o de palabra, pretende ser miserable en lo exterior, por ejemplo, llevando un vestido raído o cosas por el estilo, con lo cual intenta hacer ostentación de alguna excelencia espiritual: así dice el Señor (Mt 6,16) de algunos que demudan su rostro para que los hombres vean que ayunan. Por lo cual éstos incurren al mismo tiempo en el vicio de ironía y de jactancia (aunque por distinta razón), y por lo mismo pecan más gravemente.

hay quien va encorvado y enlutado, pero en su interior está lleno de engaño. En este sentido habla Salomón del que baja la voz por una falsa humildad”.

Y me parece que de la “humilditis” y de la “pobritis” hay corto trecho hacia la “fariseitis”.

(Dedico este pequeño apunte a San Leonardo Castellani, insigne e incansable luchador contra el catolicismo “mistongo” y el fariseísmo)