P. CERIANI: DECLARACIÓN CONTRA DECLARACIÓN

DECLARACIÓN CONTRA DECLARACIÓN

Hemos leído hoy la Declaración del Capítulo General de la FSSPX, de julio de 2012.

Recordemos la Declaración de Monseñor Marcel Lefebvre, del 21 de noviembre de 1974:

Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.

Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron.

Todas esas reformas, en efecto, contribuyeron y contribuyen todavía a la demolición de la Iglesia, a la ruina del Sacerdocio, al aniquilamiento del Sacrificio y de los Sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, a una enseñanza naturalista y teilhardiana en las universidades, los seminarios, la catequesis, enseñanza nacida del liberalismo y del protestantismo, condenada repetidas veces por el magisterio solemne de la Iglesia.

Ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada en la Jerarquía, puede constreñirnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos.

“Si llegara a suceder, dice san Pablo, que nosotros mismos o un ángel venido del cielo os enseñara otra cosa distinta de lo que yo os he enseñado, que sea anatema” (Gál. 1, 8).

¿No es esto acaso lo que nos repite el Santo Padre hoy?  Y si una cierta contradicción se manifestara en sus palabras y en sus actos así como en los actos de los dicasterios, entonces elegimos lo que siempre ha sido enseñado y hacemos oídos sordos a las novedades destructoras de la Iglesia.

No es posible modificar profundamente la “lex orandi” sin modificar la “lex credendi”. A la misa nueva corresponde catecismo nuevo, sacerdocio nuevo, seminarios nuevos, universidades nuevas, Iglesia carismática, pentecostal, todas cosas opuestas a la ortodoxia y al magisterio de siempre. Habiendo esta Reforma nacido del liberalismo, del modernismo, está totalmente envenenada; sale de la herejía y desemboca en la herejía, incluso si todos sus actos no son formalmente heréticos. Es pues imposible a todo católico consciente y fiel adoptar esta Reforma y someterse a ella de cualquier manera que sea. La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra salvación, es el rechazo categórico a aceptar la Reforma.

Es por ello que sin ninguna rebelión, ninguna amargura, ningún resentimiento, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal bajo la estrella del magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos prestar un servicio más grande a la Santa Iglesia Católica, al Soberano Pontífice y a las generaciones futuras.

Es por ello que nos atenemos firmemente a todo lo que ha sido creído y practicado respecto a la fe, las costumbres, el culto, la enseñanza del catecismo, la formación del sacerdote, la institución de la Iglesia, por la Iglesia de siempre y codificado en los libros aparecidos antes de la influencia modernista del Concilio, esperando que la verdadera luz de la Tradición disipe las tinieblas que oscurecen el cielo de la Roma eterna.

Y haciendo esto, con la gracia de Dios, el auxilio de la Virgen María, de San José, de San Pío X, estamos convencidos de mantenernos fieles a la Iglesia Católica y Romana, a todos los sucesores de Pedro, y de ser los “fideles dispensatores mysteriorum Domini Nostri Jesu Christi in Spiritu Sancto”. Amén.

Comparando ambas Declaraciones, se comprueba que el Capítulo General de la FSSPX de julio de 2012, no sólo se aparta de la Carta Abierta del 6 de julio de 1988 firmada por todos los Superiores Mayores, sino que también reniega la Declaración de su Fundador, al abandonar la distinción entre la Roma católica guardiana de la fe católica, la Roma eterna, y la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante.

Declaración de Monseñor Lefebvre

Declaración del Capítulo General de 2012

Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.

Nos parece oportuno reafirmar nuestra fe en la Iglesia Católica Romana, única Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo, fuera de la cual no hay salvación, ni posibilidad de encontrar los medios que conducen a ésta; en su constitución monárquica, querida por Nuestro Señor, que hace que el poder supremo de gobierno sobre toda la Iglesia recae solo sobre el Papa, Vicario de Cristo en la tierra.

Hasta aquí, no hay mayor distinción

Pero la explicitación tiene su veneno…

Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron.

Ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada en la Jerarquía, puede constreñirnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos.

“Si llegara a suceder, dice san Pablo, que nosotros mismos o un ángel venido del cielo os enseñara otra cosa distinta de lo que yo os he enseñado, que sea anatema” (Gál. 1, 8).

Sobre todas las innovaciones del Concilio Vaticano II que permanecen manchadas de errores y sobre las reformas que de él han salido, la Fraternidad sólo puede continuar adhiriendo a las afirmaciones y enseñanzas del Magisterio constante de la Iglesia


La diferencia es clara

No hay condena ni rechazo

Esto coincide perfectamente con las declaraciones que hiciera en diversas oportunidades el actual Superior General, Monseñor Bernard Fellay:

1º) Conferencia del 11 de diciembre de 2005, en la que narra su entrevista con Benedicto XVI.

En esta Conferencia, con el prurito de afirmar la perpetuidad de la Iglesia visible (lo cual es verdad), Monseñor Fellay llega a decir que la Roma actual es la guardiana de la Fe. Para eso utiliza la Declaración de Monseñor Lefebvre de noviembre de 1974, pero dándole el sentido opuesto:

Un primer principio de adhesión a la fe católica, Monseñor Lefebvre lo expresó de una manera admirable el 21 de noviembre de 1974, y se puede decir que aún hoy es nuestra carta:
“Adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma a Roma Católica, guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esta fe, la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad”.

Adherimos de todo corazón a este texto.

“A la Roma católica” quiere decir algo. Esta Roma católica no es una abstracción. ¡Tengamos mucho cuidado! No es una abstracción, es una realidad.

Cuando Monseñor dice:
“Adherimos a la Roma católica”, eso quiere decir la Roma católica de hoy. No es simplemente la adhesión a la Roma de Miguel Ángel o la Roma de San Pedro. Es la Roma que existe hoy, con las características siguientes: aquella que es católica, la que es guardiana de la fe, la que mantiene esta fe, esta Roma eterna.

¿En qué pensaba y qué quería transmitir Monseñor Fellay al decir: “Cuando Monseñor dice,
“Adherimos a la Roma católica”, eso quiere decir la Roma católica de hoy”?

2º) Recordemos el Comunicado tras la audiencia de agosto de 2005:

La audiencia ha sido la ocasión para la Fraternidad de manifestar que siempre ha estado unida, y siempre lo estará, a la Santa Sede, la Roma eterna.

¡Muy bien! Pero omitió la segunda parte, la distinción respecto de “la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio…”

3º) Comunicado de Prensa y Carta a los Fieles, del 24 de enero de 2009:

Estamos prestos a escribir con nuestra sangre el Credo, a firmar el juramento anti-modernista y la profesión de fe de Pío IV; aceptamos y hacemos nuestros todos los concilios hasta Vaticano II, respecto del cual emitimos reservas.

4º) Lunes 16 de febrero de 2009, Conferencia en el Seminario de Flavigny a más de 60 sacerdotes de la FSSPX:

Algunos, para facilitar las cosas, hacen una identificación entre la Iglesia Oficial y la Iglesia Modernista. Pero es un error, porque hablamos de una realidad concreta.

5º) Carta a los otros tres Obispos de la FSSPX, del 14 de abril de 2012:

Al leerlos, uno se pregunta seriamente si ustedes creen todavía que esta Iglesia visible, cuya sede está en Roma, es realmente la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, una Iglesia por cierto horriblemente desfigurada a planta pedis usque ad verticem capitis, pero una Iglesia que a pesar de ello sigue teniendo por jefe a Nuestro Señor Jesucristo. Da la impresión de que ustedes se hallan tan escandalizados que ya no aceptan la posibilidad de que esto pudiera ser verdad. Para ustedes, ¿Benedicto XVI es aún Papa legítimo? Si lo es, ¿Jesucristo puede todavía hablar por su boca?

Esta falta de distinción lleva a algunos de ustedes a un endurecimiento « absoluto », lo cual resulta grave porque tal caricatura ya no es real y desembocará lógicamente en el futuro en un verdadero cisma. Quizás este hecho es uno de los argumentos que me impulsa a responder sin más dilación a los requerimientos romanos.

Queda claro que nos encontramos ante una nueva Fraternidad Sacerdotal San Pío X…

Padre Juan Carlos Ceriani