P. CERIANI: ¡CÓMO CAMBIÓ LA SITUACIÓN!

¡CÓMO CAMBIO LA SITUACIÓN!

Primera escena

Después de haber salido de la trampa que le tendiera el Cardenal Ratzinger tras la firma del Protocolo de Acuerdo del 5 de mayo de 1988, Monseñor Marcel Lefebvre dejó bien en claro que sólo reanudaría conversaciones cuando los hombres romanos cumpliesen con algunas condiciones previas:

No puedo hablar mucho del futuro, ya que el mío está detrás de mí. Pero si vivo un poco aún y suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones. No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios. Esto se terminó.

Plantearía la cuestión a nivel doctrinal:

¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII?

¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones?

¿Aceptan aún el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?

Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar.

Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio considerando la doctrina de estos papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil.

Las posiciones quedarían así más claras.

No es una pequeña cosa la que nos opone. No basta que se nos diga: pueden rezar la misa antigua, pero es necesario aceptar esto. No, no es solamente eso lo que nos opone, es la doctrina. Queda claro. (Entrevista concedida a Fideliter, Nº 66, noviembre-diciembre de 1988)

Segunda escena

Al reanudar el contacto con la Roma conciliar, sin la imposición de estos requisitos, Monseñor Fellay cayó en la misma trampa que Ratzinger había preparado para Monseñor Lefebvre en mayo de 1988.

Ahora es la Roma conciliar la que impone condiciones a la FSSPX:

La Congregación para la Doctrina de la Fe toma por base fundamental de la plena reconciliación con la Sede Apostólica la aceptación del Preámbulo doctrinal entregado en la sesión del 14 de septiembre de 2011. Dicho preámbulo enuncia algunos principios doctrinales y criterios de interpretación de la doctrina católica, necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y el “sentire cum Ecclesia”. (Comunicado oficial común de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, 14 de septiembre de 2011).

Resulta, pues, que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que en otro tiempo
adhería de todo corazón, con toda el alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad, hoy se ve exigida a aceptar o rechazar
“principios doctrinales” propuestos por la Roma conciliar, corrompida por el modernismo y desposada con el Nuevo Orden Mundial; principios planteados por esa misma Roma conciliar que en otro tiempo la Fraternidad se negaba a seguir; esa Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron

Hoy sabemos, además, que los
“principios doctrinales” propuestos por la Iglesia Conciliar que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se ve exigida a aceptar o rechazar se basan sobre el Protocolo de Acuerdo del 5 de mayo de 1988, aunque de forma más restrictiva. Son estos:

Reconocer a la luz de Tradición católica al Vaticano II y a las enseñanzas posteriores de los Papas hasta el día de hoy.

El Catecismo de la Iglesia Católica, que constituye un compendio de la doctrina conciliar

El Código de Derecho Canónico publicado en 1983, con una aplicación adaptada a la disciplina particular otorgada a la FSSPX.

La legitimidad del Novus Ordo.

Una profesión de fe.

Un juramento de fidelidad.

Nos encontramos, pues, ante el hecho de que las actuales autoridades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X han pervertido la voluntad de Monseñor Marcel Lefebvre, quien había decidido cortar las conversaciones con la Roma conciliar en tanto y en cuanto las autoridades romanas no abjurasen de los errores modernistas y aceptasen todas las enseñanzas de los Sumos Pontífices, desde Pío VI hasta Pío XII, que condenaron los errores emanados de la Revolución, en particular el naturalismo, el liberalismo, el modernismo y el ecumenismo…

Como castigo a su infidelidad, hoy se ven constreñidas a aceptar o rechazar esos errores…

¡Qué cambio de situación entre una y otra escena!

Padre Juan Carlos Ceriani