Mons. Williamson – Eleison 104

Monseñor Williamson,

Comentario Eleison Nº 104,

4 de Julio de 2009

Gladiadoras de Wimbledon

Desde la ventana de mi actual morada, por la que se aprecia a la distancia Wimbledon Park, he estado viendo durante la última semana, o algo así, a multitudes de amantes del deporte que suelen acampar durante toda la noche para obtener buenos asientos para uno de los máximos  torneos de tenis, que cada año se celebra en las cercanías. El ejemplo tira; un atardecer fui yo mismo durante unas horas.

Entrada la noche no se consiguen los mejores asientos, ni se asiste a los mejores juegos —como una vez me dijo una azafata, algo que nunca olvido: “Usted no puede conseguir champaña contando con dinero para una cerveza”—; así, no he visto ninguno de los partidos individuales, que son el mayor espectáculo en el noble deporte del tenis: una mente, una voluntad y una fuerza enfrentadas en combate singular contra las de otro, en una contienda de excelsa habilidad, como dos gladiadores, sólo que sin el derramamiento de sangre. Sin embargo, pude ver parte de varios partidos de dobles mixtos; hombres y mujeres, dos contra dos.

Todos los hombres que vi jugar estaban vestidos, para mi sorpresa, con pantalones cortos hasta la rodilla, lo que uno supone que no puede obstaculizar a un jugador de tenis. Sin embargo, el vestido de las jugadoras mujeres, en su mayoría, sólo llegaba hasta la mitad del muslo. Por supuesto, nada parece más normal; de hecho varias de las espectadoras vestían aún más brevemente. El tiempo era caluroso, ¿pero no hay hombres que se decidan a decirles a sus hijas, hermanas, esposas —¡o madres!— que tal vestimenta es sólo apropiada para los ojos de su esposo?

Pero hay otro problema, aún más grave, que suele pasar desapercibido. El tenis es un deporte de gladiadores, en el que un impetuoso servicio, poderosos golpes a la línea de base y enérgicos remates, encaminan al triunfo, haciendo de la energía psíquica, la resistencia física, el espíritu de lucha y la voluntad de dominar, lo más importante. Estas son prerrogativas masculinas; las mujeres, naturalmente, hacen todo lo posible por imitar a los hombres, lo que puede halagar el orgullo machista, pero ¿nos detenemos los varones a pensar cómo vamos desnaturalizando nuestra admiración por las mujeres, alentándolas a esta clase de lucha? ¡Cualquier gladiadora que podría haber resultado agraciada a la vista la otra noche, perdió esa gracia al momento en que se preparó para lanzar o recibir tremendos pelotazos!

Así que aquí hay una cuestión práctica: cuando una mujer se entrega a un campeonato de tenis o a cualquier otro deporte apto para el desarrollo varonil, ¿se puede considerar como algo más que una molestia de la que deshacerse, ese a veces agobiante recordatorio mensual de Dios, que le hace presente que ella fue conformada para la perpetuación de la raza humana? Despreciar o bloquear su fecundidad, ¿cómo puede fomentar su maternidad? ¿Pueden entonces los habitantes de Wimbledon, Roland Garros, Flushing Meadows, etc., sorprenderse si su tasa de natalidad local se está desmoronando? ¿Tienen algún derecho a reclamar, si sus países parecen encaminarse a ser ocupados por los inmigrantes en un futuro no muy lejano?

Kyrie eleison.

3 comentarios sobre “Mons. Williamson – Eleison 104

  1. A MONSEÑOR WILLIAMSON CON EL MAYOR RESPETO FILIAL: ! ALABADO SEA NUESTRO REDENTOR Y SEÑOR !. No es que tenga razón en cuanto dice,Monseñor, es que le sobra razon por encima del pelo. Envenenadas por un falso feminismo,(vivimos en la era de las falsificaciones,adulteraciones y manipulaciones de todo género y pelaje), las mujeres de esta malhadada generación creen que cuánto más se masculinicen, más se parezcan a los hombres y más rudas y ásperas se vuelvan, más libres y “realizadas” estarán.Le confieso que me siento avergonzada de la caricatura de mujer que exiben sin el menor pudor ante el mundo. Muchas, demasiadas por desgracia,se han convertido en auténticos viragos.Han decidido enarbolar la bandera del NON SERVIAM y prefieren llevar en la mano y en la frentela señal de la Bestia. !!Qué pena, Señor!!. !!Dios mío, no nos castigues como merecen nuestras rebeliones y soberbias,nuestra arrogancia,nuestro orgullo infame!! QUE EL SEÑOR LE BENDIGA Y LE COLME DE SU GRACIA ,DE SU SANTIDAD,DE SU PAZ Y DE SU AMOR.Carmen Barrenechea. España.

  2. PARA ANDY-BARR A PROPÓSITO DEL COMENTARIO QUE MUY ACERTADAMENTE HACE MONSEÑOR WILLIAMSON SOBRE LA MUJER,O LO QUE QUEDA DE ELLA POR PROPIA DECISIÓN: Algunas creen ingenuamente, que ser mujer consiste en ser lo que no se es (y afortunadamente nunca será), y dejar de ser lo que se es. O lo que es lo mismo:Cambiar los ojos por el rabo,como dice la fábula. Le he dejado un mensaje en ¿Se liberó la Misa Tridentina?. Mi saludo más afectuoso.

  3. Acertado como siempre monseñor Williamson. Y nada demagógico en sus apreciaciones. Es la contracara del populachero J…. Bergoglio, inventor de la famosa frase “dejate misericordear”. Cada vez que le habla a los jóvenes con su lenguaje ramplón uno siente que una profunda náusea lo penetra.

    J…. tiene un nuevo fans, no quiero identificarlo, solo diré que su nombre es Marcelo y su apellido Gónzalez.

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