EL CLAN ROCKEFELLER Y LAS VACUNAS ESTERILIZANTES…

Vacunas contra la Fertilidad: La Segunda revolución contraceptiva de los Rockefeller
Por Suzanne M. Rini

Interesante también, porque ratifica la “sociedad” compartida con el padre-fabricante de la misma, el indio Gursaran P. Talwar. Las piezas del rompecabezas van armando el mapa completo

Suzanne M. Rini,

LA SEGUNDA REVOLUCIÓN CONTRACEPTIVA Aborto, contracepción y la era venidera de la coerción sofisticadaPreparado para American Life League
Editado para Internet por el PhilFam Committee (25 Febrero de 1996EL FURGÓN EUGÉNESICO DE ROCKEFELLER
Durante casi un siglo, los descendientes de Rockefeller y la Rockefeller Foundation han sido los patrones y agentes más visibles y consistentes del orden social anti-cristiano, cuya religión, tal como Sir Julian Huxley prometió hace mucho, es la eugenesia –la sistemática intervención social y científica, en orden a mejorar el linaje racial humano a través de la ingeniería social y genética. El Informe anual 1994 de la Fundación anunció una “segunda revolución contraceptive”. La Fundación ayudó a gestionar la primera revolución contraceptiva mediante el financiamiento de Planned Parenthood of America [Paternidad Planificada de América] de Margaret Sanger, como también a apoyar la investigación, desarrollo y distribución de muchos productos contraceptivos o abortifacientes

LA CAMPAÑA DE PROPAGANDA «LAS MEJORES INTENCIONES». El anuncio de la Fundación denota un aparato multifacético ya operante. En abril de 1995 the Institute of Medicine, un organismo subordinado al National Research Council [Consejo de Investigación Nacional] fundado por los Rockefeller, publicó un estudio, The Best Intentions: Unintended Pregnancy and the Well-Being of Children and Families[1],[2], financiado por diversos eslabones eugenésicos de larga data -el U.S. Public Health Service [Servicio de Salud Pública de Estados Unidos], la Carnegie Corporation, la Robert Wood Johnson Foundation- y un nuevo protagonista, la Annie E. Casey Foundation.

The Best Intentions es una campaña de propaganda cuidadosamente forjada para inducir a los estadounidenses a elegir la “contracepción a largo plazo”, lo cual incluye el Norplant, el Depo-Provera, new anillos de dispositivos intratuterinos (DIU), vacunas abortifacientes que causan “esterilización inmunológica”[3] y algún día, contraceptivos bizarros masculinos y femeninos, lo cual incluye un “contraceptivo” masculino que “detiene la producción de esperma”, pero cuyos efectos colaterales tendrán que ser contrarrestados con la “progesterona esteroide femenina”[4].
EL FALSO ANTI-ABORTISMO DE LA CONTRACEPCIÓN A LARGO PLAZO.

La premisa de The Best Intentions es que un 60% de embarazos en Estados Unidos son “no deseados” -el resultado de una contracepción fallida o de ausencia de contracepción. El estudio advierte que una focalización equivocada sobre el embarazo adolescente impide comprender cuán ampliamente extendido es el “embarazo no deseado”. También remite el índice del 60% de “embarazo no deseado” a 800.000 abortos por año, y hace hincapié en que la “contracepción a largo plazo”, mucha de la cual es abortifaciente, prevendría muchos abortos

De este modo, los agentes del aborto descriminalizado se están oponiendo ahora aparentemente al trágico número de bebés abortados anualmente en los Estados Unidos. Inclusive en 1973, el Dr. John Knowles, entonces presidente de la Rockefeller Foundation, pidió por un aparato para facilitar el camino para 1.400.000 abortos por año –un contador de cuerpos pavorosamente preciso en 1995[5]. The Best Intentions reclama a todos los niveles de gobierno, e inclusive a familias y educadores, que promuevan esta mutación hacia la “contracepción a largo plazo”, y pide a “fundaciones filantrópicas”, como si fuesen extrañas, “que afronten este desafío”[6]

The Best Intentions es la presentación suave de la “segunda revolución contraceptiva”. La presentación áspera provino de un think tank eugenésico fundado (y financiado) por los Rockefeller, el Hastings Center. El Informe de enero-febrero de 1995 del Hastings Center fue un suplemento especial titulado Long-Acting Contraception: Moral Choices, Policy Dilemmas [Contracepción de acción prolongada: Opciones morales, Dilemas de política]. Surgió de un “proyecto de dos años sobre la ética de los contraceptivos de acción prolongada”[7]. Las “opciones morales” y los “dilemas de política” son pantallas de humo verbales: la política ya ha sido elaborada detrás de puertas cerradas, y las «opciones morales» serán las que el sindicato Rockefeller define y divulgue

LA COERCIÓN ENMASCARADA COMO BENEVOLENCIA

Los sumos sacerdotes del Hastings Center parecen estar preguntándose cómo superar el fantasma que los “contraceptivos” a largo plazo sean “descartados por algunos como instrumentos de los prejuicios de clase y de la coerción social eugenésica”[8]. Quizás simplemente la correcta firma de relaciones públicas le dará a la coerción un rostro feliz. El propagandista eugenésico Garrett Hardin consideró este problema y ofreció sus recomendaciones: Ahora la coerción es una palabra sucia para los liberales, pero no deberá ser así por siempre. Al igual que con las palabras de cuatro letras, su suciedad puede ser limpiada y extraída mediante la exposición a la luz, al pronunciarla una y otra vez sin defenderla o criticarla. Para muchos, la palabra coerción implica decisiones arbitrarias de burócratas distantes e irresponsables, pero ésta no es una parte necesaria de su definición. La única clase de coerción que yo recomiendo es la coerción mutua, acordada mutuamente por la mayoría de las personas afectadas[9
Otra de sus meditaciones a favor de la coerción afirma que: La libertad para engendrar es también contraproductiva… más allá de un cierto nivel de población o del índice de crecimiento poblacional… Si queremos ser equitativos en la asignación del derecho a engendrar, debemos decir que un individuo tiene tal derecho hasta que ella tiene n hijos, pero no más. Más allá de n ella ha quebrantado la ley[10]

MÁS ALLÁ DE LA PLANIFICACIÓN FAMILIAR
Así, la “contracepción a largo plazo” es una forma de lo que Bernard Berelson llamó “más allá de la planificación familiar”. Este enfoque ya en ejecución en los países en desarrollo proporciona incentives a los que limitan el número de sus hijos de acuerdo con la evaluación de los controladores de población respecto a lo que es compatible con el “desarrollo sustentable”[11]
El aborto a petición era una medida de relleno, si bien una letal y despiadada. La carencia era el medio de prevenir a las personas que tuviesen niños. El aborto quirúrgico tenía que ser el respaldo hasta que los contraceptivos preferidos, los métodos abortifacientes y de esterilización se desarrollasen. Cuando estos métodos lleguen al mercado, la disminución del aborto quirúrgico formará parte de la campaña de relaciones públicas para alcanzar una mutación voluntaria en la conducta que algún día detonará en la coerción directa
Durante mucho tiempo las vacunas anti-fertilidad han estado vinculadas a una política social reproductiva coercitiva. En 1971, en The Case for Compulsory Birth Control, Edgar R. Chasteen, en ese entonces miembro del consejo nacional del Zero Population Growth and miembro del consejo de Planned Parenthood de Greater Kansas City, predijo que: Al asumir que pronto podríamos tener una vacuna para inmunizar contra la fertilidad, entonces sería posible inocular a todos los niños. A diferencia de la vacuna antivariólica, que prove protección para toda la vida, la vacuna anti-fertilidad tendrá que ser reversible. Al casarse, la fertilidad podrá ser temporalmente restaurada por otra inyección. Luego del número permitido de nacimientos, la inmunidad permanente respecto a la fertilidad podría ser reestablecida[12].

LOS CONSPIRADORES DE LA “SEGUNDA REVOLUCIÓN CONTRACEPTIVA” nunca se conservaron en secreto. En un encuentro en 1978 en la Rockefeller University se sugirieron vacunas como una estrategia “más allá de la píldora”[13]. Eventualmente, esta solución se habría basado en la frase pronunciada en 1973 por el Dr. Allan C. Barnes (cuando él era uno de los responsables de la Rockefeller Foundation): “El control de la muerte sin el control de la natalidad es pura tontería”[14]

En la década de 1970 se formó un consorcio para desarrollar las vacunas y otros conceptivos de larga duración que ayudasen a reducir a la mitad el índice de nacimientos vivos (la declamada meta de la maquinaria de control mundial de la población). Este consorcio incluía a:

* La Organización Mundial de la Salud, el Population Council (financiado por partidarios de la eugenesia como la Andrew Mellon Foundation, la Dodge y la Rockefeller Foundations, la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID) y los Institutos Nacionales de Salud)[15].

* El National Institute of Immunology in New Delhi, [Instituto Nacional de Inmunología en Nueva Delhi], India, financiado en parte por la Rockefeller Foundation[16].

* El Programa CONRAD (Contraceptive Research and Development / Investigación y Desarrollo Contraceptivo) en la Eastern Virginia Medical School, en Norfolk. Se ha orientado fundamentalmente a los contraceptivos “anti-esperma” diseñados para prevenir la fertilización[17].

* El National Institute of Child Health and Development [Instituto Nacional de la Salud y el Desarrollo del Niño], financiado por los contribuyentes, especialmente su Contraceptive Development Branch [Rama del Desarrollo Contraceptivo] en el Center for Population Research [Centro para la Investigación de la Población][18],[19]

LAS VACUNAS ANTI-FERTILIDAD

Las vacunas que ellos desarrollaron son abortifacientes. Más todavía, el sistema auto-inmunológico de la mujer debe ser suprimido para que los anticuerpos destructivos se desplacen e impidan la fertilización o la implantación. Algunos científicos han dicho que inmunizar a las mujeres contra sus propios bebés podría desencadenar nuevas enfermedades auto-inmunológicas[20]. Estas «vacunas anti-fertilidad» están en las pruebas de Fase III en Filipinas y en México, donde han sido combinadas con inmunizaciones de tétanos aplicadas a mujeres y a niñas pre-púberes, sin que ellas comprendiesen qué estaba aconteciendo con ellas.

El poder asesino de estas vacunas está bien disimulado. El investigador en contracepción, el indio Dr. Gursaran Pran Talwar defendió a la Organización Mundial de la Salud cuando ésta fue acusada de causar abortos a través de la administración de la vacuna anti-fertilidad en Filipinas y México. Talwar consideró al embrión un producto “pre-fetal” no humano, por lo cual no se puede decir que ha sido ultimado un ser humano que es asesinado desde el momento de la fertilización hasta las ocho semanas de vida, sea por aplicación de una vacuna o por un aborto quirúrgico. Él ha dicho que la vacuna no es abortifaciente, sino que “intercepta la implantación del embrión en el endometrio”[21]. La mujer vacunada contra el embarazo nunca sabrá que ella estaba embarazada

[1] El National Research Council [Consejo de Investigación Nacional] financió la investigación sexual fraudulenta de Alfred Kinsey. Ver Foundations, Their Power and Influence, por Rene Wormser (Devan-Adair: New York, 1958; segunda impresión 1977 por Angriff Press, Hollywood, CA). Ver también Kinsey, Sex and Fraud, por la Dra. Judith A. Reisman et alii, (Lochinvar, 1990; distribuido por Huntington House, Lafayette, LA).
[2] The Best Intentions: Unintended Pregnancy and the Well-Being of Children and Families, Institute of Medicine, 1995 (National Academy Press, Washington, DC).
[3]«Abortion Vaccine Technology: Technological Overview and Pro-Life Appraisal, por Lawrence F. Roberge, M.S., Catholic Family News, July 1995.
[4] Future Contraceptives, por Nancy J. Alexander, en Scientific American, Septiembre de 1995, p. 137.
[5] The Health System and the Supreme Court Decision: An Affirmative Response, por John H. Knowles, M.D., en Hospital Practice, Vol. 5, Nº 2, Spring 1973, pp. 113-116.
[6] Institute of Medicine, News Release, April 27 1995.
[7] Long-Acting Contraceptives: Moral Choices, Policy Dilemmas. Hastings Center Report, Supplement, Jan-Feb 1995, p. 51.
[8] Long Acting Contraceptives: Ethical Guidelines for Policy makers and Health Care Providers, by Ellen H. Moskowitz, et alii, Hastings Center Report, Supplement, Jan-Feb 1995, pp. 51-53.
[9] Exploring New Ethics for Survival: The Voyage of the Spaceship Beagle, by Garrett Hardin (Viking Press: New York, 1972), p.261.
[10] Ibidem, p. 201
[11] The Present State of Family Planning, por Bernard Berelson, Studies in Family Planning, The Population Council, Nº 57, Sept 1970, pp. 1-11.
[12] The Case for Compulsory Birth Control, por Edgar R. Chasteen (Prentice Hall: Englewood Cliffs, NJ), 1971, p. 109.
[13] Beyond the Pill, por Ira Mothner, RF Illustrated, September 1978, pp. 12-13.
[14] Population and the Social Sciences, por el Dr. Allan C. Barnes, RF Illustrated, June 1973, p. 6.
[15] Vaccination Against Pregnancy: Miracle or Menace, por Judith Richter, Health Action International, August 1993, p. 14.
[16] Ibidem, p. 15.
[17] Ibidem.
[18] Ibidem.
[19] Alexander, op. cit., p. 141.
[20] Ibidem, p. 37.
[21] Entrevista telefónica-radial con el Dr. G. P. Talwar, en el programa radial de Mel Acuña, en ZNN Radio Veritas Asia, el 13 de julio de 1995. También en Vaccine Not Causing Abortion –Expert, por Diana Mendoza, en el programa Today, 9 de julio de 1995.

Un envío de José Arturo Quarracino
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4 comentarios sobre “EL CLAN ROCKEFELLER Y LAS VACUNAS ESTERILIZANTES…

  1. Lo único que puedo decir , es que me asusta y no sé que es lo que se puede hacer!!! es una batalla que sólo se puede ganar con la intervención Divina!! Pienso en mis nietos, y me aterrorizo!!Dios tenga misericordia de este mundo!!! Recemos mucho!!! Saluda en Jesús y María

  2. Desearía artículos redactados por los investigadores del grupo de Pran Talwar sobre la vacuna antiembarazo usando la hormona GCH
    Gracias

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