30 DE MAYO SANTA JUANA DE ARCO

SANTA JUANA DE ARCO
Vista por Santa Teresita de Lisieux

SANTA JUANA1

Una de las principales devociones de Santa Teresa de Lisieux era Santa Juana de Arco, esto, porque el aspecto guerrero del su alma era un área dominante en su perfil moral. Sin embargo, aún aquellos que la quieren más, tienden a olvidar esta faceta.

“En mi niñez, yo soñaba con combatir en un campo de batalla. Cuando comencé a leer la historia de Francia, quedé encantada con las hazañas de Juana de Arco; y sentí en mi corazón el deseo y el coraje de imitarla“.

Santa Teresa gradualmente fue percibiendo las profundas similitudes entre su vida y la de la Virgen de Domrémy. Así, el 21 de enero de 1894, en el 101 aniversario del martirio del infortunado rey Luis XVI, ella escribió un libreto de teatro llamado “La misión de Juana de Arco“. Al año siguiente, cuando el Papa León XIII la declaró “Venerable”, y Francia celebró a su santa mártir y guerrera, Santa Teresa escribió otro libreto, “Juana de Arco cumple su misión“, que fue representada por la comunidad del Carmelo. Ella interpretó el papel de Juana de Arco.
La obra representaba la conquista de Orleáns, la coronación del rey Carlos VII, pero sobre todo la quema de Santa Juana de Arco en el patíbulo, lo que significaba para Santa Teresa el cumplimiento de la emisión de su heroína.
Santa Teresa firmó su Cántico para obtener la canonización de Santa Juana de Arco como “Un soldado francés, defensor de la Iglesia y admirador de Juana de Arco“.
Santa Juana, la Virgen de Orleáns, y Santa Teresa, la Virgen de Lisieux, son dos modelos de la militancia católica, combatiendo contra los enemigos de la Iglesia y de la Civilización Cristiana. Dos grandes santas, que llevaron vidas tan diferentes – una estrictamente militar y la otra contemplativa- tienen sin embargo profundas afinidades entre sí.
Santa Teresa no vivió para ver la canonización de Santa Juana, y ella estaba muy lejos de imaginar que el 18 de mayo de 1925 el Papa Pío XI la presentaría a ella misma al mundo Católico como “la nueva Juana de Arco“; y que durante la Segunda Guerra Mundial, el Papa Pío XII la declararía, al igual que a la Virgen de Orleáns, “Patrona Secundaria de Francia“.
Presentamos a continuación “La Pastora de Domremi” obra escrita en verso por Santa Teresita de Lisieux en honor de Santa Juana de Arco.

SANTA JUANA 2 (SANTA TERESITA)

TERCERA PARTE

LA PASTORA DE DOMREMY
(Fragmentos)

(Juana de Arco, oyendo voces celestiales)

Yo, pobre pastorcita,
Adoro mi rebaño,
Gusto de hilar en huso,
Y estimo mi cayado.

La soledad del bosque
Es mi mayor encanto;
Me complazco en decirle
Secretos de quien amo.

Allí tejo guirnaldas
Con flores de los campos
Para la Santa Virgen,
Al son de dulces cánticos.

Me encanta la natura.
Las flores y los pájaros
Y al límpido arroyuelo
Con su murmurio blando.

Los valles y campiñas
En verlos me complazco;
Las cumbres de los montes
Me acercan al Dios alto.

Oigo que extrañas voces
Dicen mi nombre claro…
Tal pienso que hablar deben
Los querubines santos.

Mirando hacia los cielos,
Pregunto al vasto espacio;
De seres misteriosos
No veo ningún trazo.
¡Ay de mi! que no puedo
Volar alto, muy alto,
Y flanquear las nubes
Que deben ocultármelos.

SANTA JUANA3

SANTA CATALINA Y SANTA MARGARITA

Tierna niña, nuestra dulces compañera,
Tu voz pura ya los cielos penetró;
Tu Custodio, que es guardia de tus secretos,
Ya tus votos al Eterno presentó.

Descendemos de su augusto y santo imperio,
Do reinamos, porque tal es su bondad,
Descendemos, cual divinas mensajeras,
A decirte su divina voluntad.
Partir debes a salvar a tu noble patria

Partir debes a salvar su fe y su honor;
Jesucristo, con su Madre Inmaculada.
Armar quiere ése tu bravo de valor.

JUANA llora

Pastorcita, secar debes ese llanto;
Hoy el cielo te ilumina con su luz;
Está escrito que el sufrir tiene su encanto,
Y en el cielo cantan todos a la Cruz.

Con canciones semejantes se templaron
Muchas almas volaron a morir;
Sus canciones semejantes hoy prepara
Ese pecho que por Dios va a combatir.

Para el alma santa y fiel, acá en la tierra,
En la cruz está la gloria, amor y luz;
Y en el cielo no habrá cetro tan glorioso
Como el cetro empurpurado de la Cruz.

SANTA JUANA4

SAN MIGUEL

Yo soy Miguel, Custodio de la Francia,
Gran general del reino del Señor,
Mi potestad llegando hasta el Averno
Allí Luzbel por siempre encarceló.
Tiempos atrás, envuelto en alma lumbre,
Quiso poner su trono sobre el sol;
Yo enfrente de él, alcé pendón de guerra
Y exclamé así: “Satán, ¿quién como Dios?”
Entonces ¡ay! las iras vengadoras
Del Inmortal abismos van a abrir,
Y Lucifer cayó allí como piedra,
Y no tendrá jamás perdón allí.
Orgullo vil, le hundió en el negro abismo;
Orgullo fué lo que acabó con él;
Quiso después hacer caer al hombre
De orgullo vil, como él vino a caer.
Y fué Jesús, el Verbo igual al Padre,
Quién se vistió de nuestra humanidad
Y restauró la creación entera
Con el pavés de amor y de humildad.
Este Señor salvar quiere a la Francia,
Mas, no a merced de un gran conquistador;
Pues despreció para esto al orgulloso
Y puso en ti sus ojos el Señor.
Prepárate, pastora de Domrémy,
Y parte ya, por Dios, a combatir;
Deja el frescor del bosque y la pradera
Y el recental y el valle y el redil.
Armate ya, y vuela y salva a Francia:
Peligros mil desprecia con valor,
Pues te daré valor y fortaleza
Para arrojar de aquí al usurpador.
La espada ten, y llévala a la guerra,
Que tiempos ha Dios la guardó para ti.
Toma el pendón -bandera inmaculada-,
Y ve ante el Rey, pues Dios lo manda así.

JUANA, sola

Por Vos solo, Señor mío dejaré a mi pobre padre
Y mi pueblo tan querido con su bello campanario,
Por Vos partiré a la guerra, renunciando mis amores;
Y en lugar de mis corderos, guiaré cuerpos armados.
Yo oso ofrezco mis alegres diez y ocho primaveras;
Sacrifica mis caprichos, mi zurrón y mi cayado;
Y en lugar de coger flores en praderas verdeantes,
Cogeré la aguda espada, recia malla y férreo casco.
Mi voz débil, empañada con el soplo de la brisa,
Por los campos de batalla se oirá luego resonando;
¡Ay! En vez de despertarme la campana de oraciones,
Vendrán choques y estampidos a turbar mi sueño escaso.
Mándame, Señor, las cruces donde yo me sacrifique,
Mándame, Señor, martirios, pronta estoy a tus mandatos;
Pues el cáliz de amargura será siempre las delicias
De quien sufre y de quien muere por amor del Dios amado.

SAN MIGUEL

Tiempo es de marchar, pastora
El Señor te quiere armar.
No temas morir ahora
Que Él te vendrá a coronar.

SANTA MARGARITA

¡Oh, tierna niña,
Tu reinarás!

SANTA CATALINA

Tu al Corderillo
Le seguirás.

LAS DOS SANTAS

Como nosotros
Has de elevar
Al Dios eterno
Dulce cantar.

SANTA JUANA5

SAN MIGUEL

Tu nombre, Juana, escrito está en los cielos
Entre los nombres a Francia libertaron;
Tu brillarás con vivos resplandores
Como Reina feliz entre los santos.

Tú brillaras con vivos resplandores
Como Reina feliz entre los santos.

(Las dos santas, ofreciendo a Juana de Arco la palma y la Corona:)
Con dicha los reflejos contemplamos
Que ya tus sienes orlan
Y del cielo gozosa te traemos.

SANTA CATALINA
La palma del martirio

SANTA MARGARITA
Y la corona.

SAN MIGUEL
La palma y la corona se conquistan,
Oh, pastora, en los campos del honor;
Antes de la victoria está el combate…
¡Escucha el estampido del cañón!

LAS DOS SANTAS
Nosotras volaremos al combate

A entregarte la palma de victoria,
Y allí a tus sienes ceñiremos ambas
La aureola inmarcesible de la gloria.

JUANA, sola

Con nada en la tierra se puede saciar;
Aspira a lo eterno; su dicha completa
Tan solo en el cielo la puede encontrar.

Más antes, Dios mío, de veros, anhelo
Luchar por Vos siempre; luchar y sufrir;
Ganar por Vos almas, llevarlas al cielo;
Con ellas amaros; por ellas morir.

Pasarán estos días de guerra;
El destierro también pasará;
Y, dejando mi cuerpo en la tierra,
El alma a su Esposo, feliz, volará.

SANTA JUANA8

PLEGARIA DE SANTA JUANA DE ARCO EN SU PRISION

La voz me lo predijo y aquí estoy prisionera;

Socorros ya no espero sino de Vos, Señor;

Por vuestro amor tan solo dejé mi azul ribera,

Deje a mis viejos padres; mi mas risueño amor.

Abandonado el valle lancéme a la contienda;

El lábaro di al viento, y al campo fui veloz;

Reuní grandes ejércitos en torno de mi tienda

Y bravos generales sumisos a mi voz.

Y aquí, cual recompensa, una prisión sombría,

Después de dar mi sangre, me viene a entristecer;

Ya no veré mis lares con toda su alegría,

Ni los rientes prados veré mas florecer.

Ni aquella gris montaña tan alta y tan lejana,

Cuyo nevado pico taladra el cielo azul;

No oiré tampoco el eco que deja la campana,

Y va a perderse en nubes de recamado tul.

En este calabozo sombrío, busco en vano

La estrella vespertina que tanto habla de Dios;

Ni aquel árbol, que sombra me diera en el verano

Cuando me adormecía, de mi rebaño en pos.

Aquí, cuando me duermo, después de amargo llanto,

Sueño con los perfumes del fresco alborear;

Y sueño ver mis valles y el bosque de mi encanto,

Y el ruido de mis hierros me viene a despertar.

Señor, ya no rechazo ni el fuego de la muerte;

Acepto el cruel martirio; lo abrazo por tu amor;

Mi corazón suspira y anhela poseerte;

Mi voluntad es tuya; recógela, Señor.

Morir por amor tuyo, déjame ya, te ruego;

Quiero, en pos de tus huellas, seguirte con mi cruz; (I)

Morir quiero abrasada, cual mariposa al fuego;

Morir y consumirme en tu divina luz.

Mateo, XVI, 24; Marcos, VIII, 34; Lucas, IX, 23.

SANTA JUANA9

LAS VOCES QUE OYO SANTA JUANA DE ARCO

DURANTE SU MARTIRIO

De la gloria descendemos

Para llevarte a la gloria;

Aquí tienes la brillante

E inmarcesible corona.

Deja, deja ya el destierro,

Vente luego con nosotras

A tu patria; Dios te invita

A gustar su vida propia.

Abrasadora es tu hoguera;

Pero es más abrasadora

La llama que Dios enciende

En el pecho de su esposa.

Ya corta tus ligaduras

Un ángel con hacha corva;

Ya tu palma se cimbrea;

Ya Jesús por verte asoma.

Un instante falta, y luego,

Mientras tu cuerpo reposa

En la tierra, tu alma el cielo

A salvar a Francia corra.

JUANA, expirando 

Camino voy de la vida;

Cerquita estoy de la gloria;

Y, pues, por mi patria muero,

Espero que Dios me oiga.

Ayúdame, Virgen Santa,

Mi abogada y protectora;

Ayúdame, Jesús mío,

Que te va en ello la honra.

SANTA JUANA10

EL JUICIO DIVINO

Pues que en tu cruel agonía

Me llamas, voz lastimera,

Heme aquí a quemar los lazos

Que al destierro te encadenan.

Ven, que el invierno es pasado;

Vuela a mí, paloma bella;

Que para ti tengo hueco

En el hueco de una peña.

Pues tu ángel te reclama,

Por estar libre de deudas,

Entra, que en amor pagaste

Tu larga y estrecha cuenta.

Ven y serás coronada

De rosas y de azucenas;

Ya que declina la tarde,

Y expira el sol en la tierra

Sobre las altas montañas,

Siguiendo a tus compañeras,

Ven corriendo, ven volando

Hasta la campiña eterna.

Yo también, porque eres mía,

Quiero que a mi lado vengas

A cantarme aquella estrofa

Siempre antigua y siempre nueva.

Y han de responder los ángeles

A tu dulcísima endecha,

Y te dirán alabanzas

Mientras tu canto resuena.

Y eternamente en el cielo

Cantarán ya las proezas

De la tímida pastora,

De la valiente guerrera,

Que es tan divina en el cielo

Como inmortal en la tierra

SANTA JUANA11

EL CANTO DEL TRIUNFO

LOS SANTOS

Tuya es la inmortal corona,

Tuya la celeste palma,

Junto al Rey ocupa el trono

Que ha conquistado tu espada.

Reposa en los altos cielos

Reposa, paloma blanca,

Libre de lazos y redes

Del cazador de las almas.

Vuela, si volar quisieres

Por la región azulada,

Por los astros fulgurantes

Y por las estrellas pálidas.

Lejos de negras prisiones

Y de enemigas espadas,

Los serafines te miran

Como a predilecta hermana.

Jesús te llama su esposa,

Y te ofrece por morada

La abertura de su pecho,

De su corazón la llaga.

JUANA

¿El mismo? Jesús ¡Qué dicha!

SANTA JUANA12

LOS SANTOS

El cielo te ofrece en arras

De este desposorio.

SANTA JUANA13

JUANA

¿El cielo?

¡Oh qué ensueño, Virgen Santa!…

SANTA JUANA14

 SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS

LOS SANTOS

Siglos y siglos pasaron

Desde que goza tu alma

En el cielo, pues mil años

Son como un día en la Patria.

JUANA

¡Oh, dulce Patria! ¡Oh, mi cielo

Sin sombras ni nubes blancas!…

Pasó el mundo y su figura

Y Dios no muere.

LOS SANTOS

¡Ni pasa!

1893

SANTA JUANA15

PLEGARIA DE FRANCIA A SANTA JUANA DE ARCO

Oh, Juana de tu Patria

Acuérdate, y de aquellos

Vallecitos de flores, esmaltados,

Y del prado risueño

Que abandonaste por secar mi llanto,

Oh, Juana, acuérdate que a ti te debo

Mi salvación, y ya que tu supiste,

Cual ángel de los cielos,

Aliviar mis dolores,

Escucha los lamentos

Con que te pide Francia

De la noche en las sombras un recuerdo.

Acuérdate de aquellas,

Tus brillantes victorias,

De los felices días

De Reims y de Orleáns, cuando de gloria

En el Nombre del Dios cubriste el Reino

De los francos; yo ahora,

Apartada de ti, sufro y suspiro.

¡Oh mártir amorosa!

Venme, Juana, a salvar que aún es tiempo.

Ven y tu mano rompa

Estas cadenas y jamás te olvides

De las desgracias que mis ojos lloran.

A tu presencia vengo

Con los brazos cargados de cadenas,

Con la frente velada y con los ojos

En lágrimas bañados: Que las reinas

Ya no me reconocen

Por grande en medio de ellas

Y de dolores sólo

Mis hijos me alimentan

¡Ya no está Dios por ellos,

Pues que a su madre dejan;

Oh, Juana, ten piedad de mi amargura,

Piedad de mi tristeza;

Y vuélvete a mi lado,

Magnánima doncella,

Que en ti mis esperanzas

Ángel libertador, yo tengo puestas!

1894

(Traducción de Fr. Eladio de Santa Teresa, C. D.)

SANTA JUANA16

Las Parábolas de Cristo – P.Leonardo Castellani

BIENAVENTURANZAS

Sermon on the Mount Copenhagen Church Alter Painting

Las ocho bienaventuranzas. Beatitudes o “Dichosidades” no son una parábola sino una serie de bendiciones y maldiciones de Cristo; pero vamos a tratarlas aquí, porque cada una de ellas se desarrolló más tarde en una parábola, como se verá abajo; y porque tomadas en conjunto, forman una especie de “esquema de la felicidad según Cristo” -o mejor dicho, del hombre feliz- que es una contradicción seca a la idea del mundo: en ninguna otra parte ha sido Cristo más cruelmente paradojal. La “camisa del hombre feliz” según el mundo son las sedas y los linones del Rico Epulón; y la del pobre Lázaro es una camisa bañada en azufre y encendida, como la túnica de Neso, o las que ponía Nerón a los mártires para quemarlos vivos. Mas Cristo, lo mismo que la conseja, dice que es al revés: el hombre feliz no tiene camisa.
De hecho, la imagen del Dichoso que Cristo traza es abominable al mundo: Nietzsche ve al cristiano como una cosa endeble, llorona, abyecta, cobarde y merengosa. Que algunos “católicos” (o calvinistas, que son los que observó Nietzsche) hoy día sean así, yo no me emprenderé a negarlo; pero que Cristo y sus discípulos y los mártires y las vírgenes y los Cruzados y los reyes y los cristianos en general, que sean Juan Lanas, es otra cosa. En su libro Ortodoxia, con mucha paciencia y poesía, Chesterton se aplicó a mostrar que ese tipo lamentable (para Nietzsche) que dibujó Cristo, es el hombre más resistente del mundo; y encima uno de los más “peleadores” -o sea, capaz de pelear cuando es necesario y debido. Sansón encontró el panal de miel en la boca del león; y el enigma que se le había propuesto era: “la dulzura está en el fuerte”. El fue dulce y fuerte: león y cordero, como Cristo.
Si se cuentan las palabras “dichoso” que inician los versículos bipartitos (en Mt. V, 1, al principio del Sermón Serrano) son nueve; pero las dos últimas son una misma bienaventuranza. Ellas son ocho, pese a Sto. Tomás y al Lyrano, que ponen 10: “la octava de la Beatitud” -dice Bossuet.
“Ellas resumen todo el Sermón Serrano, como el Sermón Serrano resume toda ladoctrina de Cristo” (Bossuet), es un tanto exagerado. Pero es cierto que dan la tónica de toda la enseñanza mesiánica, proclamando casi con violencia el privilegio espiritual de los desheredados… de aquí en adelante; pues son netamente mesiánicas y aluden a las profecías mesiánicas y a los Salmos. Cristo proclama que aquellos que el mundo tiene por desdichados serán dichosos; y ya no los tenidos vulgarmente por tales: que los “podridos en plata” o “nadando en posibles”, como dicen, no son los veros felices, más bien al contrario; y la paradoja culmina en la Segunda Beatitud (o Tercera en el texto griego), la de los” dulces” que “poseerán la tierra”; pues el ser dulce (o manso o sumiso) no parece condición muy exitosa en política. Los violentos conquistan tierras, diría Nietzsche, los Napoleones y Tamerlanes; y poseen (efímeramente) la tierra.
La traducción literal del texto es la siguiente:

“1 “Dichosos los pobres en su espíritu
porque de ellos es la Malkhutâ (el Reino).
(Parábola de los Dos Señores)

2 Dichosos los dulces
porque heredarán tierras
(Serpiente y Paloma)
3 Dichosos los que sufren
porque serán consolados
(Lázaro)
4 Dichosos los con hambre y sed de justicia
porque serán saciados
(Los Talentos)
5 Dichosos los compasivos
porque serán compadecidos
(El buen Samaritano)
6 Dichosos los puros de corazón
porque ellos verán a Dios
(El Ojo y el Cuerpo)
7 Dichosos los hijos de la paz
pues serán llamados hijos de Dios
(El Deudor Desaforado)
8 Dichosos vosotros los perseguidos
por causa de la justicia
porque vuestro es el Reino de los Cielos
(Cizaña y Trigo)
Dichosos vosotros cuando os desprecien y persigany os calumnien mintiendo por la causa mía; estad consolados y alegres (“saltad de alegría”, dice Lc.VI,24) porque vuestro premio es grande EN EL CIELO.

Estas líneas son sencillas, pero su exégesis no lo es, y ha originado enmarañadas discusiones, que no reseñaré, sino en sus últimos resultados. Los que dicen que todas las venturanzas se refieren a una sola cosa (“un diamante con ocho facetas”, A. Jones, Verbum Dómini) es decir, a los justos, y a su premio en la otra vida, se las toman cómodo; así no hay dificultad, pero eso no es exégesis. Si Cristo quiso decir “los justos tendrán que sufrir pero obtendrán un gran premio en la otra vida, y aun a veces en esta”, eso era un lugar común entre los hebreos desde Job; y Cristo podría haberse ahorrado el recitado. Evidentemente las ochos bendiciones se refieren a virtudes diferentes (aunque todas ellas deban juntarse en el justo) y a recompensas en (por lo menos incoadas) esta vida; menos la última.
Es de notar que la primera y la última venturanza acaban igual, tienen por premio “el Reino de los Cielos”; pero en la primera es el Reino en esta vida y en la última está marcada netamente la otra vida: en los cielos. En efecto, la muerte es el último y el mayor de los males terrenos; y el ser pues perseguido hasta la muerte, como los mártires, no puede ser ni tener aneja ninguna dicha terrena: sólo queda el cielo. Mas Cristo pone un mandato de alegría allí en esa última bienaventuranza: “alegraos y saltad de gozo en aquel día”, obligándonos a convertir la esperanza en gozo, lo invisible venturo en sensible presente. Ahí no queda más consuelo que el cielo; pero la certeza del cielo es más que consuelo, puede dar alegría; y debe darla. Los mártires (en general) fueron gozosos al suplicio; aunque más no fuera, para no dejar mal a Cristo. Notable es lo que pasó en la persecución de Taikosama en el Japón en el siglo XVII: guerreros y labriegos, ancianos, mujeres y niños fueron a las más tétricas torturas como enajenados de alegría. Esto fue en Nagasaki, la ciudad dinamitada dos siglos después por los yanquis.
Que la pobreza sea una dicha, es muy contra nuestra natura; y es una “inversión de la tabla de los valores humanos” -dijo Nietzsche; ¿y por qué y de qué manera ha de ser” el Reino de los Cielos” precisamente de los pobres? – “Pobres en el espíritu” -dijo Cristo-. Pero, si los ricos de hecho pueden ser también pobres en el espíritu ¿qué diferencia hay?… Le oí decir con mis oídos a un alto prelado desde el púlpito: ¿No pueden salvarse los ricos? Sí, ¡y mejor que los pobres! A los ricos solamente les es más difícil la virtud; y por tanto, si un rico es virtuoso, tiene mucho más mérito que un pobre…” Yo, que era el único pobre que había en el auditorio, dije para mí: “Lindo; pero es enteramente lo contrario de lo que dijo Cristo”. Pero como yo no estaba en el púlpito y el otro sí, me callé la boca.
“Pobres en su espíritu” no significa “ignorantes” como dijeron los Ebionistas y repite en son de burla la impiedad de un Anatole France; y otros. Tampoco significa “humildes”, como leyó san Agustín. Tampoco significa exclusivamente una disposición espiritual de “desapego”, sin referencia la pobreza actual: Lucas pone simplemente “pobres”, sin adjetivar, y al final pone cuatro maldiciones a los “ricos”, tampoco adjetivadas. Los que son pobres de hecho, solamente con aceptar su suerte están abiertos a lo evangélico; los que son de hecho ricos pueden llegar a igualarlos haciéndose un alma de pobre; lo cual no es tan fácil. Esto significa este cuestionado versículo.
Oí a un pastor protestante predicar esto: “Cuando Cristo dijo: más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de los Cielos, -quiso decir: de todos los ricos que he conocido hasta ahora, ninguno era apto para el Evangelio”. Es falso manifiestamente, porque Cristo había conocido ya a Nicodemos. Lo que quiso decir es simplemente: los que son “riquezófilos”, los que se dedican a las riquezas, están imposibilitados de practicar el Evangelio. Rothschild dijo que “él no tenía tiempo de oír sermones”. Y menos de meditarlos y practicarlos, probablemente.
“La ventaja que yo le veo, es que la pobreza nos hace hacer ejercicio; y el ejercicio es bueno para la salud” -decía Don Pío Ducadelia; pero el viejo pícaro cuando decía “salud” entendía “salud del alma”; y al decir “ejercicio” pensaba en el ejercicio mental; porque dicen en España: un pobre piensa más que tres abogados. Y que diez también. Pero la ventaja real de la pobreza es que sitúa al hombre en la realidad; mientras la riqueza, medio lo desaparta: la realidad mística o religiosa. Pero de esto, más adelante.
Los “mansos” o dulces, poseerán el corazón propio y el de los demás, se atraerán simpatías y dones, y las felicidades terrenas de la paz familiar, vecinal, convivencial, la buena fama y la estabilidad, lo “solariego”: Cristo según creo alude en esta bendición al mayorazgo heredado por el “dulce” Jacob, en desplazo del áspero Esaú. No son las naciones violentas las que han creado imperios estables. Los primeros Romanos, los creadores de la Gran Roma, eran mansos, nos cuenta el libro de los Macabeos: no eran mercenarios de guerra ni soldados profesionales, sino agricultores que se armaban cuando era necesario, guardaban la fe jurada y ayudaban a sus aliados: “son poderosos y conceden lo que uno les pide;… y dominaron por todas partes gracias a su consejo (o sea prudencia política) y a su paciencia” -o sea, mansedumbre (1 Mac.VIII,l-4).
A los que conocen a los romanos actuales se les hace imposible creer que los romanos antiguos eran (como los pinta Gibbons) duros, tiránicos, crueles; aunque puede lo fueran al final; al disolverse justamente el Imperio. Mas el libro de los Macabeos desmiente a Gibbons.
Los que sufren (“los que lloran”, dice Lucas) son los que soportan males con paciencia. Los “puros de corazón” no son estrictamente los castos, sino los de sentimientos limpios como agua clara; pues en los sentimientos reside la moral, incluida la castidad; y la turbiedad del corazón azotado de pasiones o manchado de vicios, es lo que impide ver a Dios en sus obras. Los pacíficos (los “pacificadores”, dice el texto griego, “eirenopoioi”; “hijos de la paz”, decía probablemente el texto arameo) son los que producen paz, después de tenerla ellos mismos, que parecen hombres divinos; y el primero entre ellos fue Cristo, “pacificador del cielo con la tierra”, como la apodó san Pablo, el cual fue llamado Hijo Único de Dios por Dios mismo: Hijo Primogénito, el primero entre muchos hermanos, si nos cuenta El, como nos contó, entre sus hermanos: “de verdad os digo que aquel que hace la voluntad de mi Padre, ese es mi madre y mi padre y mi hermano”.
La promesa del Reino abre y cierra las Beatitudes, porque el Reino que Cristo anunciaba era a la vez interior y externo, presente y futuro; y es abierto en esta vida y cerrado en el Cielo. Ese era el cómpito del Mesías, como había dicho Iésaiah el Profeta (Is. LXI,l-13): “consolar a los afligidos y poner sobre sus frentes en lugar de cenizas, una diadema”.

ESPECIALES DEL P. JUAN CARLOS CERIANI – 27 MAYO 2015

P.Ceriani---Radio

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UNA RECORRIDA POR LOS BLOGS

Hemos hecho una recorrida por diferentes blogs y, en base a los datos recogidos, hemos analizado diversos temas: el reconocimiento de la F$$PX, la salida del Padre Brendan King, el Padre Bouchacourt y sus problemas en Francia, todo lo relacionado con Fátima, el Gran Castigo, Rusia y el fin del mundo…

Fraternidad $acerdotal $an Pío X

1º) Respecto del Reconocimiento por el Estado Argentino

 

  1. a) El Padre Nely, en el marco de las ordenaciones de junio de 2012, dijo al Padre Brendan King:

https://respicestellam.wordpress.com/2015/05/03/fr-brendan-kings-statement/

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/05/declaracion-del-p-brendan-king.html

http://syllabus-errorum.blogspot.mx/2015/05/declaracion-del-p-brendan-king.html

Regresemos a junio de 2012. Yo estuve en Ecône por mi Jubileo Sacerdotal y la atmósfera estaba tensa, por decir lo menos. Quería hablar con el P. Nely que, como Segundo Asistente, es uno de los consejeros más cercanos de Mons. Fellay. Aceptó recibirme y le expresé mis preocupaciones acerca del acuerdo puramente práctico con Roma sin su genuina conversión a la Tradición. Entonces le pregunté ¿Ya no es posible para la Fraternidad mantener la posición sostenida por el Arzobispo, que es el PUNTO MEDIO?

Él no me respondió directamente la pregunta, pero dijo que una generación completa de católicos está creciendo sin conocer lo que es una relación normal con Roma.

Esto no es normal, dijo, y si no hacemos algo respecto a nuestra situación Canónica, entonces nos volveremos cismáticos o sedevacantistas.

Fue una revelación muy interesante el saber cuál es la forma de pensar que hay detrás de esta nueva estrategia de negociación con Roma por parte de Menzingen. Lo dijo todo, de hecho.

El problema ya no era con la Roma modernista sino con la Fraternidad, la cual estaba en una situación anormal. ¿Quién y qué causó la situación anormal en primer lugar sino el concilio y los papas conciliares modernistas?

  1. b) Monseñor Fellay. Tenemos dos declaraciones de él sobre este punto:

1- La Conferencia en Fabrègues, del 11 de mayo de 2014. Hablando de Decimejorge, dijo:

http://www.dici.org/agenda/conference-de-mgr-bernard-fellay-ou-va-leglise-ou-allons-nous-11-mai-2014/

http://laportelatine.org/mediatheque/sermonsecrits/fellay_fabregues_conference_140511/fellay_fabregues_conference_140511.php

Cuando todavía cardenal, él estaba en América del Sur, el Superior de Distrito fue a pedirle un servicio administrativo que no tiene nada que ver con la Iglesia: un problema de visa, permiso de residencia.

El Estado argentino, que es muy de izquierda, aprovecha del Concordato, que se supone que protege a la Iglesia, para molestarnos muy en serio, y nos dice: “ustedes se pretenden católicos, es necesario que ustedes tengan la firma del obispo para residir en el país.”

El superior del distrito fue entonces a exponerle el problema.

Había una solución fácil, que era declararnos iglesia independiente, pero no queremos porque somos católicos.

Y el cardenal dijo: “No, no, ustedes son católicos, es obvio; los voy a ayudar”; y escribió una carta en nuestro favor para el Estado, que es tan izquierdista que se las arregló para encontrar una carta contradictoria de parte del nuncio.

Así, por lo tanto, 0 a 0.

Ahora él es el Papa. Y nuestro abogado tuvo la oportunidad de tener un encuentro con el Papa. Le dijo que el problema continúa para la Fraternidad y le pidió por favor que nombrase un obispo de Argentina con el que pudiésemos tratar para resolver este problema.

El Papa dijo: “Sí, y este obispo soy yo, he prometido ayudar y lo haré.”

Todavía estoy esperando; pero también dijo: “esta gente piensa que los voy a excomulgar, están equivocados”; dijo algo muy interesante: “Yo no los condenaré y no voy a impedir a nadie a ir con ellos.”

Una vez más, espero ver.

2- En el Sermón para las ordenaciones de diciembre de 2014, en La Reja:

Monseñor Fellay habló a los ordenados sobre la importancia de la incardinación y de la jurisdicción. Dijo que el Estado de necesidad es el que proporciona la jurisdicción de suplencia.

Pero agregó que el problema de la jurisdicción demuestra la importancia de estar reconocidos canónicamente. No se puede decir que no es importante tener la “estampilla” de católicos. Hay que tener la estampilla. De ahí, nuestro interés de estar siempre en contacto con las “autoridades romanas” para obtener esa estampilla. Algunos que no lo entendieron, nos han quitado…

En el último número de la revista del Distrito, Iesus Chistus, (enero-febrero-marzo de 2015, en venta desde el 3 de mayo…) aparecen extractos del sermón con la siguiente NOTA: para facilitar la lectura, hemos corregido ligeramente el estilo oral…

  1. c) Llamado telefónico de Decimejorge a La Reja

http://www.leforumcatholique.org/message.php?num=778956

http://www.leforumcatholique.org/print.php?num=778956

http://www.ouest-france.fr/le-pape-lui-telephone-il-lui-raccroche-deux-fois-au-nez-3369530

El sitio francés “Le Forum Catholique“publicó el 20 de mayo la noticia de un llamado que le hizo Decimejorge a un seminarista de la diócesis de Trani (sur de Italia), que sufre de un cáncer terminal de esófago.

Otro llamado de Bergoglio fue a un italiano enfermo al que quiso reconfortar; no le salió muy bien la misericordeada, porque el destinatario de la llamada le colgó dos veces en las narices…

Lo notorio está en el final de la gacetilla:

Acabamos de enterarnos de que el Papa Francisco también acaba de llamar al seminario de la Fraternidad San Pío X en La Reja, Argentina.

Así que no se trata de las visitas episcopales a los seminarios de la FSSPX (Ecône en Suiza, Zaiztkofen y Winona fueron visitados últimamente); el mismo Papa parece prestar mucha atención a la Fraternidad San Pío X, como lo demuestra también la regularización canónica de esta congregación en la Argentina.

El Obispo de Kent

Siempre dentro del tema del Reconocimiento de la F$$PX, encontramos una contradicción entre lo declarado por el Padre Pivert y lo escrito por el Obispo de Kent en su Comentario Eleison 408.

En efecto, ya hemos visto que el eximio canonista de la Resistencia Fláccida expresó:

La declaración del arzobispo no tiene ningún valor ni ninguna significación canónica.

No se puede, pues, atacar razonablemente a la Fraternidad San Pío X en estos puntos.

 

Por su parte, el Obispo que no se retracta, primero presentó observaciones de un amigo suyo norteamericano, que señalan que “No hubo reacción alguna a la visita allí de Monseñor Schneider del Novus Ordo, ni a la ‘asimilación argentina’.”

Luego, él mismo expresó:

Parece que Dios ya está harto. Entonces Él ha permitido por ejemplo que una diócesis en Argentina diera el ejemplo de conceder a la Fraternidad una aprobación oficial de la Iglesia, desestimada por el Cuartel General de la Fraternidad como una “medida meramente administrativa”.

Monseñor Faure:

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/05/conferencia-de-mons-faure-en-namur.html

Mons. Fellay pide una etiqueta, un reconocimiento de católicos al Vaticano.

Sobre esto, la última noticia es el reconocimiento de la Fraternidad en Argentina. El Cardenal Poli de Buenos Aires le ha pedido al gobierno argentino de reconocer la Fraternidad como un ente diocesano, católico, una asociación diocesana católica. Pero para esto hay una cantidad de formularios para llenar que son nuestros estatutos, nuestra doctrina, las autoridades que reconocemos, nuestras autoridades, todo un cuestionario. Entonces el cardenal dice: son católicos y pide al gobierno argentino de considerarlos católicos y dar las ventajas correspondientes, a saber: que los sacerdotes de la Fraternidad extranjeros puedan tener una residencia legal en Argentina. No podemos decir, como Monseñor Fellay, que es solamente un reconocimiento administrativo, es administrativo por parte del Estado argentino, pero también es un reconocimiento religioso por parte del Cardenal de Buenos Aires, que dice que la Fraternidad es católica.

Es evidente que si no tuviera el visto bueno de Roma, todos los colegas del cardenal lo acusarían del crimen contra el “Espíritu Santo”: ser tradicionalista, ser lefebvrista, cripto-lefebvrista, pero él se defendería diciendo: no, escuche, yo no soy lefebvrista, yo obedezco a la nunciatura, y la nunciatura es también mi predecesor, el cardenal Jorge Bergoglio, que ahora es el papa Francisco. Además se dice del cardenal de Buenos Aires que él es un poco el obispo auxiliar pues el jefe todavía es Francisco.

Este asunto comenzó con el P. Bouchacourt en Argentina, continuado en Roma. Y finalmente la luz verde fue dada por Roma. Evidentemente. Se dice que el P. Anglés de la Fraternidad representa en el Vaticano a Mons. Fellay.

Entonces el cardenal de Buenos Aires dice que la Fraternidad es católica en Buenos Aires. ¿Entonces por qué no es católica en París? ¿O en Roma? Por lo tanto, estamos reconocidos. El problema es que las autoridades que nos dan esta etiqueta de católicos son los modernistas y liberales. Por lo tanto es un mal signo.

El canonista dice una cosa…, el simple feligrés dice otra… y los Obispos confirman lo dicho por el laico contra lo expresado por el clérigo… Y en la fláccida…, todos contentos…

El que no dejó pasar la oportunidad que le brindó el Padre Pivert fue el Padre Gomis, sacerdote en funciones en la Casa del Distrito de América del Sur. En efecto, a quienes le manifestaron su preocupación por el reconocimiento por parte de la iglesia oficial y de la Secretaría de Culto, respondió que una prueba de que el trámite era meramente administrativo está en que “los peores enemigos así lo dicen”.

Señalemos, entre otras cosas, que en otros tiempos los peores enemigos de la FSSPX eran los modernistas de la iglesia oficial, la iglesia conciliar y punto… Hoy en día, sus peores enemigos son aquellos de la fláccida que apoyan su desvío y componenda.

Este cándido sacerdote no advierte, y por eso no reconoce, que el Ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Marcos Timerman (hijo del pérfido Jacobo), forma parte de los peores enemigos históricos de Nuestro Señor Jesucristo y de su Iglesia. A él se sumarían los instrumentos hodiernos, infiltrados en la Iglesia: Jorge Mario Bergoglio y el Polimodernista.

Padre Brendan King

 

Dentro de la Resistencia Fláccida, nos encontramos con la Declaración de este sacerdote que ha dejado la F$$PX:

https://respicestellam.wordpress.com/2015/05/03/fr-brendan-kings-statement/

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/05/declaracion-del-p-brendan-king.html

http://syllabus-errorum.blogspot.mx/2015/05/declaracion-del-p-brendan-king.html

Dicha Declaración de Posición fue leída por el Padre King en el centro de Misa de Manchester, Liverpool y en Tunstall el 26 de abril de 2015 Allí leemos:

Nosotros no estamos en contra de un retorno a un estatus jurídico normal en la Iglesia para la Tradición Católica, pero las circunstancias y el momento deben ser adecuados.

¿Qué diferencia hay con lo dicho por Monseñor Fellay en su sermón de La Reja?

En nuestra opinión, pensamos que una cooperación cercana con las autoridades conciliares en este momento, sería dañina e incluso destructiva para la finalidad por la que estamos trabajando, que es la completa restauración de la Tradición Católica en la Iglesia y el establecimiento del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.

Primero, se trata sólo de una opinión y en una cuestión de circunstancias. Además, espera la completa restauración.

Este era el objetivo y el fin de nuestro fundador, Monseñor Marcel Lefebvre y la de todos los papas de los tiempos modernos hasta el Vaticano II.

¿Cómo? ¿Las dos cosas? Los Papas de los tiempos modernos hasta el Vaticano II, ¿trabajaron para la completa restauración de la Tradición Católica en la Iglesia?

Eso significaría que bajo los pontificados de Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, San Pío X, Benedicto XV, Pío XI y Pío XII la Tradición Católica estaba deteriorada en la Iglesia. ¡Las cosas que uno aprende gracias a estos sacerdotes!

Roma siempre ha sido el centro de la unidad católica y el Papado el guardián de la ortodoxia durante dos mil años. Trágicamente, la Roma Católica y los sucesores de Pedro han sucumbido los últimos 40 años a las poderosas influencias del protestantismo liberal y el modernismo, lo que ha llevado al debilitamiento de la fe de millones de almas y ha arrastrado a la Iglesia de Cristo hacia la apostasía.

¡Así nomás! Esto sí que es una herejía.

Padre Christian Bouchacourt

Nos enteramos de que nuestro conocido Padre Bouchacourt, de infeliz memoria entre nosotros, tiene algunos sobresaltos en Francia.

Allá también ha aprobado o promovido abusos de poder de los sacerdotes de la F$$PX.

Uno de los de mayor repercusión ha sido la negación de los Sacramentos a una anciana de 87 años.

http://www.lasapiniere.info/archives/2148

Estos son los hechos:

La Señora V. es una católica de 87 años, piadosa y celosa. Ella se consagró desde hace décadas al priorato de la FSSPX en Perpiñán. En marzo de 2015, la Sra. V recibió en su casa y junto a algunos amigos, a Mons. Williamson para asistir a Misa y escuchar una conferencia sobre las encíclicas liberales.

Desde ese día, el P. de la Motte, el prior de la FSSPX en Perpiñán, se negó a darle la santa comunión, incluso cuando ella se presentaba en el comulgatorio.

Amenazada de ser expulsada de la capilla a la cual ella tanto se dedicó, la Sra. V. le preguntó varias veces al prior por qué él juzgaba su conducta gravemente pecaminosa. Pero ninguna justificación pudo darle. Efectivamente, ¿en qué, el recibir a un obispo católico consagrado por Mons. Lefebvre, que no tiene ni más ni menos jurisdicción que sus otros cofrades en el episcopado, constituiría una falta moral grave que justifique el negarle la comunión?

Para admitir de nuevo a la Sra. V a la comunión, el P. de la Motte le exigió “una carta de perdón por haber recibido a Mons. Williamson en su casa, un domingo, durante la misa del priorato” y “una carta de compromiso para no hacer mal espíritu y proselitismo (lo que por cierto no hacía) para la famosa resistencia en el seno del priorato…”

El P. de la Motte ordenó a sus vicarios negarle la comunión a la Sra. V. y esto en contra del derecho canónico de la Iglesia.


El superior de distrito de Francia fue alertado por un fiel de Perpiñán. El P. Bouchacourt respondió con “franqueza”. Le reprochó a Mons. Williamson el « criticar a Mons. Fellay », su « superior » y su « familia religiosa ». El P. Bouchacourt olvidó precisar si las críticas fueron hechas con razón o sin ella, pero no vaciló en afirmar:

“Yo no podría admitirlo porque tengo espíritu de cuerpo. Por su actitud, Mons. Williamson divide la tradición. Al cruzar Francia, como lo hace, es subversivo, y recibirlo para que actúe así no es moralmente bueno. El P. de la Motte advirtió a la Sra. V. La orden del prior no es contra la fe o la moral. Era necesario obedecer. El papel del prior es el velar por la unidad de su rebaño. Mons. Williamson se comporta como un lobo. Hay que alejarlo e impedirle dañar. La organización de un priorato no es democrática.

Mientras tanto, el P. de la Motte se decidió a abandonar la FSSPX para unirse a la iglesia conciliar.

El triste caso de la Sra. V. es una prueba suplementaria que la dominación de la FSSPX se ha convertido en una dominación perversa. El bien de las almas ya no es el fin de las autoridades de la FSSPX más que de manera puramente retórica… Las represiones, expulsiones y sanciones que ella siembra en todas partes manifiestan una grave deriva moral y doctrinal.

Miscelánea de la F$$PX

El Padre Rioult, uno de los pocos serios dentro de la Resistencia en Francia, en su blog La Sapinière publica una Carta en la que encontramos interesantes noticias, nuevas y pasadas. He aquí algunas de ellas: Sigue leyendo

ALOCUCIÓN DE S.S. PÍO XII EN LA CANONIZACIÓN DE PÍO X

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Gozo del Padre Santo

Esta hora de espléndido triunfo, que Dios, exaltador de los humildes, ha preparado y como adelantado para sellar la ascensión maravillosa de su fiel siervo Pío X a la gloria suprema de los altares, colma nuestra alma de gozo, del cual, venerables hermanos y amados hijos, participáis vosotros tan abundantemente con vuestra presencia. Damos, pues, fervientes gracias a la divina bondad por habernos concedido el vivir este acontecimiento extraordinario; tanto más cuanto que, por vez primera quizá en la historia de la Iglesia, la formal canonización de un Papa es proclamada por quien tuvo en otro tiempo el privilegio de estar a su servicio en la Curia romana.

Fausto y memorable es este día no sólo para Nos, que lo contamos entre los más felices de nuestro pontificado, a quien por otra parte la Providencia había reservado tantos dolores y preocupaciones, sino también para la Iglesia entera, que, reunida espiritualmente en torno a Nos, exulta al unísono con una intensa emoción religiosa.

¿Qué significa para la Iglesia la santidad de Pío X?

El nombre tan querido de Pío X atraviesa en este radioso atardecer de un extremo al otro toda la tierra, pronunciado con los acentos más diversos y despertando por doquier pensamientos de celestial bondad, fuertes impulsos de fe, de pureza, de piedad eucarística; resuena como testimonio perenne de la presencia fecunda de Cristo en su Iglesia. Con generosa recompensa al exaltar a su siervo, Dios atestigua la santidad eminente por la cual, más aún que por su cargo supremo, Pío X fue durante su vida el campeón ilustre de la Iglesia y, por lo mismo, es hoy el santo dado por la Providencia a nuestra época.

Por eso deseamos que contempléis precisamente desde este punto de vista la gigantesca y dulce figura del Santo Pontífice para que, cuando las sombras de la noche hayan caído sobre esta jornada memorable y se hayan apagado las voces del inmenso hosanna, el rito solemne de su canonización permanezca como una bendición en vuestras almas y como prenda de salvación para el mundo.

Programa de su Pontificado

1. El programa de su pontificado lo anunció él mismo solemnemente con su primera encíclica (I supremi, del 4 de octubre de 1903), en la que declaraba ser su único propósito instaurare omnia in Christo (Eph. 1, 10), es decir, recapitular, volver a llevar todo a la unidad en Cristo. Pero ¿cuál es el camino que nos franquea el acceso a Jesucristo?, se preguntaba él, mirando con amor a las almas descarriadas y vacilantes de su tiempo. La respuesta, válida ayer como hoy y en los siglos venideros, es: ¡la Iglesia! Por eso su primera solicitud, mantenida sin cesar hasta la muerte, fue el hacer que la Iglesia fuese en concreto cada vez más apta y más dispuesta para llevar a los hombres hacia Jesucristo.

La codificación del Derecho Canónico

A este fin concibió la atrevida empresa de renovar el cuerpo de las leyes eclesiásticas para conferir así al entero organismo de la Iglesia un funcionamiento más regular y mayor seguridad y agilidad de movimientos, según lo requería nuestro mundo externo, lanzado hacia un dinamismo y una complejidad cada día mayores. Es muy cierto que esta empresa, definida por él mismo arduum sane munus, estaba en consonancia con su sentido eminentemente práctico y con su carácter vigoroso; con todo, no parece que la sola consideración de su temperamento pueda dar la explicación última de la difícil empresa. La fuente profunda de la obra legislativa de Pío X hay que buscarla, sobre todo, en su santidad personal, en aquella persuasión íntima que la realidad de Dios, por él sentida en una incesante comunión de vida, es el origen y la base de todo orden, de toda justicia, de todo derecho en el mundo. Donde está Dios allí reina el orden, la justicia y el derecho, y viceversa, todo orden justo, tutelado por el derecho, manifiesta la presencia de Dios. Ahora bien, ¿qué institución en la tierra debía manifestar más eminentemente esta fecunda relación entre Dios y el derecho, sino la Iglesia, Cuerpo místico del mismo Cristo? Dios bendijo copiosamente la obra del santo Pontífice, de modo que el Código de Derecho Canónico continuará siendo siempre el gran monumentó de su pontificado, y a él se le podrá considerar como al santo providencial del tiempo presente.

¡Ojalá que este espíritu de justicia y de derecho del que Pío X fue testigo y modelo para el mundo contemporáneo, penetre en las salas de las conferencias de los estados, donde se discuten problemas gravísimos de la familia humana, en particular el modo de desterrar para siempre el temor de espantosos cataclismos y de asegurar a los pueblos una era duradera y feliz de tranquilidad y de paz!

Defensa de la fe

2. Pío X se reveló también campeón invicto de la Iglesia y santo providencial de nuestros tiempos en la segunda empresa que caracterizó su obra y que, por sus episodios a veces dramáticos, se asemejó a una lucha entablada por un gigante en defensa de un tesoro inestimable: la unidad interior de la Iglesia en su fundamento íntimo, la fe. Ya desde la niñez la Providencia divina había preparado a su elegido en una humilde familia fundada sobre la autoridad, las sanas costumbres y la fe misma escrupulosamente vivida. Sin duda, cualquier otro Pontífice, en virtud de la gracia de estado, habría combatido y rechazado aquellos asaltos lanzados contra el fundamento de la Iglesia. Con todo, hay que reconocer que la lucidez y firmeza con que Pío X dirigió la lucha victoriosa contra los errores del modernismo atestiguan en qué grado ardía en su corazón de santo la virtud de la fe. Solícito únicamente de que la grey confiada a sus desvelos conservase intacta la herencia de Dios, el gran Pontífice no conoció debilidades ante cualesquiera dignatarios o personas de autoridad, ni titubeos frente a doctrinas falsas, por muy atrayentes que fueran, dentro o fuera de la Iglesia, ni temor alguno de procurarse ofensas contra su persona o injusto desconocimiento de la pureza de sus intenciones. Tuvo clara conciencia de que luchaba por la más santa de las causas: la causa de Dios y de las almas. Literalmente se verificaron en él las palabras del Señor a San Pedro: “Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no perezca, y tú… confirma a tus hermanos” (Luc., 22, 32). La promesa y el mandato de Cristo suscitaron una vez más en la roca indefectible de un Vicario suyo el temple indómito del atleta. Es justo que la Iglesia, al decretarle hoy la gloria suprema en el mismo lugar donde desde hace siglos resplandece sin ofuscarse nunca la de San Pedro, uniendo a ambos en una misma apoteosis, entone a Pío X un canto de reconocimiento e invoque al mismo tiempo su intercesión para que aleje de ella otras batallas semejantes. La conservación de la unión íntima entre la fe y la ciencia, que fue propiamente la cuestión entonces debatida, es un bien tan grande para la Humanidad entera, que también la importancia de esta segunda grande empresa del santo Pontífice va mucho más allá del mundo católico.

Su acción contra el modernismo

Doctrina, cual la del modernismo, que separa, oponiéndolas, la fe y la ciencia en su origen y en su objeto, opera en estos dos campos vitales una escisión tan deletérea, “que poco más es muerte”. Se han visto prácticamente sus efectos: en el siglo que corre, el hombre, dividido en lo profundo de su ser y, sin embargo, ilusionado aún con poseer su unidad por una frágil apariencia de armonía y felicidad basadas en un progreso puramente terreno, ha visto quebrarse esta unidad bajo el peso de una realidad bien diversa.

Pío X, con mirada escrutadora, vio el aproximarse de esta catástrofe espiritual del mundo moderno, esta amarga decepción, especialmente en los ambientes cultos. Intuyó que una fe aparente, es decir, una fe que no se funde en la revelación divina, sino que se arraigue en un terreno puramente humano, para muchos se disolvería en ateísmo. Entrevio igualmente el destino fatal de una ciencia que, contra la naturaleza y con voluntaria limitación, se cerraba el paso hacia la Verdad y el Bien absolutos, dejando así al hombre sin Dios, de frente a la oscuridad invencible en que yacería para él todo ser, solamente una posición de angustia o de arrogancia.

El santo contrapuso a tanto mal la única posible y verdadera salvación: la verdad católica, bíblica, de la fe, aceptada como “rationabile obsequium” (Rom., 12,1) hacia Dios y su revelación. Coordinando de tal manera fe y ciencia —aquélla como sobrenatural extensión y confirmación de ésta, y ésta como camino que lleva a la primera— restituyó al cristiano la unidad y la paz del espíritu, que son premisas imprescriptibles de vida.

Si hoy muchos, volviendo de nuevo los ojos a esta verdad, casi empujados por el vacío y por la angustia de su abandono, tienen la suerte de poderla encontrar firmemente poseída por la Iglesia, deben agradecerlo a la mirada previsora de Pío X. Por haber preservado la verdad pura de todo error él se ha hecho benemérito tanto para con los que gozan de esa verdad a plena luz, es decir, los creyentes, cuanto para con los que la buscan sinceramente. A los demás, su firmeza contra el error puede tal vez que sea aún como piedra de escándalo; en realidad, no es otra cosa que un supremo servicio de caridad hecho por un santo, como Jefe de la Iglesia, a la Humanidad entera.

Santidad sacerdotal y eucarística

3. La santidad, que se revela como fuente de inspiración y guía de las empresas de Pío X, ya recordadas, brilla aún más directamente en los hechos cotidianos de su misma persona. El realizó en sí mismo, antes que en los demás, el citado programa: recapitular y llevar todo a la unidad en Cristo. Como humilde párroco, como Obispo y como Sumo Pontífice estimó que la santidad a que Dios le destinaba era la santidad sacerdotal. ¿Qué otra santidad puede ser más agradable a Dios en un sacerdote de la ley nueva que aquella que conviene a un representante del Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo, el cual dejó a la Iglesia, como perenne recuerdo, la perpetua renovación del Sacrificio de la Cruz en la Santa Misa hasta el día en que venga para el Juicio final (1 Cor., 11, 24-26), y que con este sacramento de la Eucaristía se dio a Sí mismo como alimento de las almas: “Quien come este pan vivirá eternamente”? (Io., 6, 59).

Sacerdote ante todo en el ministerio eucarístico, he aquí el retrato más fiel del santo Pío X. En el servir como sacerdote al misterio de la Eucaristía y en el cumplir el precepto del Señor “Haced esto en memoria mía” (Luc., 22, 19) se compendia su vida toda. Desde el día de su ordenación sacerdotal hasta su muerte como Pontífice no conoció otro camino posible para llegar al amor heroico de Dios y a la generosa correspondencia con el Redentor del mundo, el cual por medio de la Eucaristía “derramó las riquezas de su divino amor hacia los hombres” (Conc. Trid., sess. XIII, capítulo.

2). Una de las manfestaciones más expresivas de su conciencia sacerdotal fue su ardiente solicitud por renovar la dignidad del culto y especialmente por vencer los prejuicios de una práctica desviada.

Promovió resueltamente la frecuencia, aun diaria, dde los fieles a la mesa del Señor, y condujo a ella, sin vacilar, a los niños como en brazos para ofrecerlos al abrazo de Dios escondido en los altares. Brotó así una nueva primavera de vida eucarística para la Esposa de Cristo.

En la profunda visión que poseía de la Iglesia como sociedad, Pío X conoció el poder que tiene la Eucaristía para alimentar sustancialmente su vida íntima y para elevarla por encima de cualquier otra asociación humana. Sólo la Eucaristía, en la cual Dios se da al hombre, puede fundar una vida social digna de sus miembros, cimentada antes en el amor que en la autoridad de los individuos; en una palabra: una vida “escondida con Cristo en Dios”.

¡Ejemplo providencial para el mundo de hoy, en el que la sociedad terrena, que se está convirtiendo cada día más en una especie de enigma para sí misma, busca con ansia una solución sobre cómo volverse a dar un alma! Que ese mundo tome por modelo a la Iglesia reunida en torno a sus altares. Allí, en el misterio eucarístico, el hombre descubre y reconoce realmente su pasado, su presente y su porvenir como unidad en Cristo (cfr. Conc. Trid., I. c.). Consciente de esta solidaridad con Cristo y con sus hermanos y fortalecido por ella, cada uno de los miembros de entrambas sociedades, la terrena y la sobrenatural, estará en condiciones de recibir del altar la vida interior de dignidad y valor personal, vida que al presente está a punto de ser arrollada por la tecnificación y por la organización excesiva de toda la existencia, tanto del trabajo como también del descanso. Sólo en la Iglesia, parece repetir el santo Pontífice, y por la Iglesia en la Eucaristía, que es “vida escondida con Cristo en Dios”, se encuentra el secreto y la fuente de renovación de la vida social.

Los sacerdotes deben llevar al mundo la vida divina a través de la Eucaristía

De aquí se sigue la grave responsabilidad de aquellos a quienes, como a ministros del altar, compete el deber de abrir a las almas el manantial salvífico de la Eucaristía. Multiforme es, ciertamente, la acción que puede desarrollar un sacerdote para salvar el mundo moderno; pero existe una, sin duda la más digna, la más eficaz, la más duradera en sus efectos: hacerse distribuidor de la Eucaristía una vez que él mismo se ha nutrido abundantemente de ella. Su obra no sería sacerdotal si él mismo, aun llevado por el celo de las almas, pusiese en segundo lugar su vocación eucarística. Conformen, pues, los sacerdotes su mente a la inspirada sabiduría de Pío X y orienten confiadamente hacia el sol eucarístico toda su actividad de vida y de apostolado. Igualmente los religiosos, que viven con Jesucristo bajo el mismo techo y que se alimentan diariamente con su carne, tengan como segura norma lo que el santo Pontífice declaró en ocasión importante; a saber: que los vínculos que los unen a Dios por medio de los votos religiosos no deben posponerse a ningún otro servicio, por más legítimo que sea, en provecho del prójimo (cfr. Ep. ad Cabrielem M., Antist. Gen. Fr. a Scholis Christ., 23 apr. 1905. Pii X P. M. Acl, v. II, pp. 87-88).

El alma debe ahondar sus raíces en la Eucaristía para extraer de ella la savia de la vida interior, la cual no es sólo un bien fundamental de los corazones consagrados al Señor, sino una necesidad de todo cristiano, a quien Dios llama a la salud eterna. Sin la vida interior cualquier actividad, por más preciosa que sea, se degrada a la categoría de acción casi mecánica, ni puede tener tampoco la eficacia propia de una operación vital.

Eucaristía y vida interior, he ahí la predicación suprema y más general que Pío X dirige en la hora presente a todas las almas desde la altura de la gloria. Como apóstol de la vida interior, él se sitúa en la era de la máquina, de la técnica y de la organización como el santo y el guía de los hombres de hoy.

Oración a San Pío X

Sí, ¡oh Santo Pío X!, gloria del sacerdocio, esplendor y ornamento del pueblo cristiano; tú, en quien la humildad parecía hermanarse con la grandeza, la austeridad con la mansedumbre, la sencilla piedad con la profunda doctrina; tú, !oh Pontífice de la Eucaristía y del catecismo, de la fe íntegra y de la impávida entereza!, vuelve tu mirada hacia la Iglesia santa, a quien tanto amaste y a la que consagraste lo mejor de los tesoros que con mano pródiga depositara en tu alma la Divina Bondad; obten para ella la incolumidad y la constancia en medio de las dificultades y persecuciones de nuestros tiempos; sostén esta pobre Humanidad, de cuyos dolores tanto participaste y que acabaron por detener las palpitaciones de tu gran corazón; haz que en este mundo agitado triunfe aquella paz que debe ser armonía entre las naciones, acuerdo fraterno y sincera colaboración entre las clases sociales, amor y caridad entre los hombres, a fin de que, de esta suerte, los anhelos que agotaron tu vida apostólica lleguen a ser, gracias a tu intercesión, una feliz realidad para gloria de Nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y con el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos.
                                                                                                                                   Así sea

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Las Parábolas de Cristo – P.Leonardo Castellani

  PARÁBOLA DE LA OVEJA EN EL POZO

(Mt. XII,9)

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“¿Quién de vosotros si se le cae la única oveja que tiene en un pozo el Sábado, no va y la iza? ¿Y cuánto “más mejor” no es un hombre que una oveja?” “Más mejor” dice el texto griego, con un idiotismo.


Esta parábola en cuatro líneas está repetida y ampliada en la curación del Hidrópico (Le. XIV,l; ver Evangelio de Jesucristo) y conecta con la parábola de la Oveja Descarriada (Le. XV) y la del Buen Pastor (Jo. X) y también con la frase “Heriré al Pastor y se desperdigarán las Ovejas”; y la frecuente designación de Israel y de la naciente Iglesia como una oveja, o como una “pequeña grey” de ovejas; no menos que con la parábola del Juicio Final. Se produce acerca de la sempiterna cuestión del “Sábado” legal. El Evangelista junta dos episodios acaecidos en dos Sábados sucesivos: el de las Espigas Arrancadas y el del Hombre Manoseca. El de las Espigas sucedió, dice Lucas (pues son narrados por los tres Sinópticos) el sábado “primero-segundo”, y hay una vieja discusión acerca de qué día era éste; que Juan de Maldonado zanja erudita y elegantemente en su comentario: era el día que los hebreos llamaban “Primicias” y nosotros “Pentecostés”. El Sábado siguiente entró Cristo en la Sinagoga, como era su uso, y había un manco mano seca; y lo curó, siendo Sábado; y respondió al escándalo de los fariseos con las palabras susodichas. Decidieron junto con los herodianos, que violaba la ley de Moisés; y había que matarlo. Se fue Cristo de allí, hacia el campo; curó “todos los enfermos”, que encontraba, y era Sábado; y les prohibió decir nada. Mateo añade aquí un oráculo de Isaías concerniente al Mesías: “mi Siervo, mi Muy querido”. La maldad de los fariseos se muestra en que ya han decidido matarlo (y sólo cavilan acerca del procedimiento) con tan mísero y aun hipócrita pretexto; aunque es verdad que Cristo en la discusión sobre el Sábado, afirmó de sí que era el Mesías, y aun el Hijo de Dios. Pues además de las dos razones circunstanciales e irónicas que les dio; una, que según eso también David violó el Sábado, y también los Sacerdotes de ellos lo violaban de continuo (trabajando en el culto divino); y otra, que ellos mismos, tan escrupulositos, lo violaban cuando se les caía una oveja a un hoyo; les dio otrosí dos razones generales enteramente barrederas: “No se ha hecho el hombre para el Sábado, sino el Sábado para el hombre” y Aquí hay alguien que es más que el Templo (a cuyo servicio trabajaban los Sacerdotes aun en Sábado) “pues el Hijo del Hombre es dueño también del Sábado”. Esta expresión, paralela a las otras dos: “Aquí hay alguien que es mayor que Jonás” y “Aquí hay alguien que es mayor que Salomón”, referidas a sí propio, designan al Mesías; y que Él sea “el dueño del Sábado”, que era una ley de Dios, designa intergiversablemente al Hijo de Dios. En el Evangelio de Jesucristo indiqué las ridiculeces y absurdos a que había llegado la casuística rabínica acerca de la observancia del descanso de los sábados. No es preciso leer el Talmud con sus “39 preceptos”, (si una mujer hacía saltar en Sábado a su chico sobre sus rodillas, violaba la “Ley”), aquí en el Evangelio están estos dos ejemplos: los Discípulos habían arrancado espigas de trigo al pasar campo traviesa y las frotaban entre las manos para desgranarlas y hacerse un modesto desayuno. Los fariseos no les reprochan que las roben, porque estaba permitido por el Deuteronomio (XXIII,25) arrancar espigas del campo de un amigo, pero no con hoz sino a mano; les incriminan que las arranquen y las froten, porque “arrancar equivale a segar, y frotar equivale a trillar”, según su absurda casuística. “¡Mandatos de hombres!” les dijo Cristo en otra ocasión; en esta ocasión bien pudiera decirse: “¡Mandatos de papanatas!”. La exageración externa y formal de los Preceptos de Moisés era la especialidad de los Rabinos de entonces, porque cuando el diablo no tiene qué hacer, caza moscas con la cola; y exagerar un precepto exterior para parecer más santo que los otros, es más fácil que cumplir los preceptos interiores. Hoy día no hay que reprochar mucho a la gente el exagero de los preceptos, sino más bien lo contrario; pero, con todo, la enseñanza de esta parábola no ha dejado de ser actual. Fariseísmo habrá siempre. “Mejor es que los curas salven almas que no que guarden las fiestas” -se atreve a proferir Maldonado. Es el espíritu de Cristo. Hoy día no hay que recomendar a la gente que no oiga tres misas al día (como a san Isidro Labrador) porque no oyen ni una a la semana; ni que no se confiesen cada día (como a san Francisco de Borja) porque no se confiesan nunca; ni que no ayunen demasiado (como a san Pedro de Alcántara) porque comen demasiado; ni que levanten los ojos a ver a su madre (como a san Luis Gonzaga) porque van los jóvenes con los ojos listos al cine a ver los cueros vivos de las putibundas de Hollywood o de Suecia o de Roma. Sin embargo, hay que prevenir a los fieles e infieles contra el exceso de “exterioridad” religiosa. Este exceso consiste en irse la religión en follaje; o como dicen los paisanos, “en vicio”: efectivamente, es el vicio de la superstición. Muchas estampitas, Y muchas ceremonias y muchas medallas y muchas palabras devotas tapan a veces falta de obras buenas: obras de misericordia Y de justicia. Algunos catolicones bañados en agua bendita hicieron a nuestra nación un daño incalculable en tiempo de Lonardi, y siguen oyendo muchas misas; pero el daño que hicieron no se puede reparar. Lo mismo que santa Teresa, yo no tengo nada contra las estampitas, sobre todo si son lindas; pero algunos Santos ni eso querían: san Juan de la Cruz sólo tenía una cruz de palo, hecha por él con dos travesaños clavados. Yo lo único que tengo es el crucifijo de mis votos, y un retrato del filósofo Soeren Kierkegaard, que fue medio santo o santo y medio. Digo esto que parece pavada porque un gran catequista actual ha dicho: “La imagen es una ayuda, pero es también un obstáculo; la imagen sólo sirve cuando se va más allá de la imagen. Sirvo como un trampolín: en el momento en que se los deja”. Concuerda con san Juan de la Cruz y Tomás de Kempis. Hoy día hay una ruidosa discusión en Francia acerca de enseñar o no el Catecismo según el “método moderno” y el “catecismo moderno” que propusieron los obispos, y Roma desaprobó. Quizá lo mejor sería que dejaran enseñar el catecismo de todas las maneras posibles: esos “catecismos únicos”, por perfectos que sean, serán siempre deficientes. Pero en fin, allá ellos. Yo aprendí el catecismo de mi abuela, en italiano; y para repasarlo no tengo más que salir a la calle y mirar la gente. Muchas “reglamentaciones” oprimen la santa “libertad de los hijos de Dios”. Jesucristo no hizo una sola reglamentación; y violó varias: por amor de las ovejas caídas en el pozo. Existe también hoy en religión la exageración hacia el rigorismo; y la exterioridad hacia la superstición. Esa fútil cuestión de si se puede o no tomar “yoghurt” una hora antes de comulgar, siendo que el “yoghurt” no es ni sólido ni líquido, se emparienta con cuestiones más altas y graves. El avance de la “obediencia” sobre la caridad, de las ceremonias, honores y zalamerías sobre la verdadera obediencia, del “Derecho Canónico” sobre la teología, de la política sobre la mística, de la aparatosidad sobre la verdad, del temor sobre la relación filial, de los “mandatos de hombres” sobre el espíritu cristiano, de la ley positiva eclesiástica sobre la misma honradez y aun la humanidad; en fin, el avance de la letra sobre el espíritu, es “exteriori-dad” religiosa; y es una grave prueba actual de la Iglesia. Mi amigo el filósofo que dije arriba la denunció en Dinamarca con riesgo de su vida; y perdió la vida. Por eso yo lo tengo por casi santo. En el fin de este episodio de los dos Sábados, Mateo cita inesperadamente una profecía mesiánica de Isaías (XLII, 1); que tiene algunas dificultades de crítica textual, las cuales omito; o mejor dicho, solvento al traducir el vaticinio:

“He aquí mi Siervo, NIÑO, el que elegí,

Mi Muyquerido, en quien me complací.

Pondré Yo, Dios, mi Espíritu sobre Él

Y Él mi juicio anunciará al infiel.

Él no disputará, no hará reyertas

Ni han de oírle en disputas por las Puertas.

Una caña rajada no hendirá

Ni un pabilo humeante extinguirá

Hasta que arroje el juicio verdadero;

Y Él será el Esperado Venidero

De las islas paganas

Y las naciones lueñes y lejanas”.

 

Fe e Infidelidad

EL VOCABULARIO DE LA FE
Y
EL VOCABULARIO DE LA INCREDULIDAD

Las personas que tienen fe usan expresiones de lenguaje diferentes a las que usan aquellos que carecen de fe.

Por ejemplo, ante una situación difícil, el incrédulo dice:  “¿Por qué?” En cambio, el que tiene fe, y por ende sabe que todo lo que ocurre en su vida es parte de un plan perfecto trazado por Dios, se pregunta:  “¿Para qué?” Es decir, ¿con qué propósito Dios ha permitido que esto me ocurra?

Pues bien, una de las palabras que SOLAMENTE los que tienen fe pueden decir de corazón es la palabra “AUNQUE”, y voy a demostrárselo por medio de las Sagradas Escrituras.

EL REY DAVID era un hombre de tanta fe, que cuando se vio asediado por enemigos que venían a atacarlo y destruirlo, fue capaz de decir en el Salmo 27: 3: “AUNQUE un ejército me rodee, mi corazón no tendrá miedo”. Y en ese mismo Salmo, sintiéndose solo, dijo en el versículo 10: “AUNQUE mi padre y mi madre me abandonen, Tú, Señor, Te harás cargo de mí”.

LOS HIJOS DE CORÉ, que eran levitas dedicados al servicio del Templo en Jerusalén escribieron el Salmo 46, y en los versículos 1, 2 y 3, dijeron estas palabras: “Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia. Por eso, no tendremos miedo, AUNQUE se deshaga la tierra, AUNQUE se hundan los montes en el fondo del mar, AUNQUE ruja el mar y se agiten sus olas, AUNQUE tiemblen los montes a causa de su furia”. ¿Qué les parece?

JOB lo perdió todo en un solo día: sus bienes materiales, su patrimonio y sus diez hijos. Sin embargo, sus palabras fueron: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. ¡Bendito sea el Nombre del Señor!” Y en el momento más crítico de su dolor, cuando su sufrimiento se había tornado insoportable y ni siquiera sentía el consuelo de la Presencia de Dios, dijo en el capítulo 13 y versículo 15 de su libro: “AUNQUE DIOS ME MATE, ME MANTENDRÉ FIRME”.

HABACUC era un profeta de Dios en Samaría. Le tocó vivir una época terrible de hambre, de escasez, de necesidades de todo tipo. Y allí, sentado en tierra, y contemplando toda aquella desolación, dijo estas palabras que encontramos en el Libro de Habacuc, capítulo 3, versículos 17, 18 y 19: “Entonces me llenaré de alegría a causa del Señor mi salvador. Le alabaré AUNQUE no florezcan las higueras ni den fruto los viñedos y los olivares; AUNQUE los campos no den su cosecha; AUNQUE se acaben los rebaños de ovejas y no haya reses en los establos. Porque el Señor me da fuerzas; da a mis piernas la ligereza del ciervo y me lleva a alturas donde estaré a salvo”.

En las Sagradas Escrituras hay muchos otros testimonios de este tipo, pero creo que estos son suficientes para hacernos reflexionar y ser más cautos, para no quejarnos de Dios porque no entendemos Sus planes.

Una religiosa que ya partió con el Señor, en medio de sus sufrimientos, solía decirle a Dios: “PADRE, NO TE ENTIENDO, PERO CONFÍO EN TI”.

Reynaldo

Las Parábolas de Cristo – P.Leonardo Castellani

  PARÁBOLAS DEL INICIO DE LA IGLESIA

(Mt. IX, 14; Mc. 11,18; Le. V, 53)

Perugino_-_Entrega_de_las_llaves_a_San_Pedro_(Capilla_Sixtina,_1481-82)

 

“¿Por qué tus Discípulos no ayunan como ayunan los de Johanan y también los Fariseos?”


Jesús respondió con tres cortas parábolas que están en los Tres Sinópticos; en Lucas más largas. Hizo el escudo de armas, o el “emblema” de la Iglesia que Él fundaba: era una cosa “nueva”, como el vino nuevo; y era una cosa festiva, fiestera, festejera, como unas Bodas. No había venido solamente a continuar la Sinagoga, sino a cambiarla; y la predicación de Juan era sólo una vigilia, una preparación a las Bodas. “El hombre debe echar el vino nuevo en odres nuevos”. Los que beben el vino viejo no quieren el nuevo, y dicen: “El viejo es mejor”. Los rasgos de la nueva sociedad religiosa que surgía, alegre y diferente, puestos en emblema… El lenguaje de los emblemas, símbolos y cifras es la lengua “de los héroes”, de la edad épica de los pueblos, y eso son las parábolas: comenzaba la gran epopeya cristiana, después de cinco siglos de pesado estancamiento, en que la Sinagoga había ido hundiéndose lentamente, como en un pantano; en que Israel había ayunado de profetas, de sabios y de santos. Rompía una aurora nueva fresca y belicosa y un idioma nuevo. El filósofo Giambatista Vico divide la vida de los pueblos en tres estadios: la edad de los dioses, la edad de los héroes y la edad de los hombres, caracterizadas por tres lenguajes diferentes; después viene la degeneración y la muerte. La edad de los dioses, o religiosa, tiene un lenguaje sagrado que no entiende el pueblo; la edad de los héroes, o épica, se expresa por símbolos o emblemas, como por ejemplo los blasones y escudos de armas medievales; la edad de los hombres, o democrática, tiene un lenguaje llano para todos igual, un “dialecto”. Es curioso que en tiempo de Cristo los tres lenguajes subsistían en Palestina: el hebreo antiguo, que conocían solamente los sacerdotes y letrados; el dialecto arameo (que algunos dicen no era dialecto sino lengua, pase) que hablaba el pueblo y habló Cristo; y el lenguaje poético simbólico de la enseñanza profética y rabínica, de que Cristo hizo las “parábolas”. Esto parecería indicar que estamos aquí en un momento histórico que es el principio y el fin; en que, como en una semilla, se contiene todo: la “plenitud de los tiempos”. A la pregunta de: ¿por qué no ayunaban? Jesucristo respondió: Ya ayunarán a su tiempo; ahora es tiempo festivo; porque YO estoy aquí: “¿Cómo queréis que ayunen los invitados al convite de bodas mientras está con ellos el Esposo? Vendrán días en que el Esposo les será quitado; y entonces ayunarán, perded cuidado”. Y ayunaron ¡altro! Los ingleses dicen que buen matrimonio es aquel que supera el fracaso de la luna de miel. Después de la luna de miel, que necesariamente fracasa, viene lo serio: por de pronto hay que pagar la miel… y la confitería. Los italianos dicen que la mujer tiene solamente dos días felices: el día que sale de la Iglesia para la casa de su esposo; y el día que sale de la casa de su esposo para la Iglesia, con los pies por delante, para ir al cementerio. Los españoles dicen: “Madre ¿qué es casar? – Hija, empreñar, parir y llorar”. No es tanto como eso; pero algo hay. Los Apóstoles estaban como en luna de miel; y no les ocultó lo serio que venía después, cuando se retirara el Esposo. Ayuno; y esfuerzo y trabajo y cruz y persecución y muerte; y sin embargo, alegría para cubrir y ahogar todo esto, tomada de la reserva de la primera alegría: porque el Esposo retirado invisiblemente estaría con ellos: alegría secreta. Los Puritanos del siglo XIX achacaron a la Iglesia que era demasiado fiestera; y los Paganos de nuestro siglo le achacan que es demasiado ayunadora; y ambos tienen razón. Los Papas ayunaron e hicieron su Ciudad hermosa; Los Puritanos fiestearon y dejaron sus Ciudades feas, cantó Chesterton cuando estaba en Roma en 1930; jugando con las palabras “fasted” y “feasted”. Los paganos de nuestros días, Anatole France (o sea el judío François Thibaud) el tieso y terrible Leconte de Lisle, y la furiosa Madame Ackermann entre otros, dieron en la flor de acusar de “triste” a Cristo, solfeando en diferentes modos y tonos el verso del inglés Swinburne: “Porque has vencido, Galileo pálido Y el mundo se ha hecho triste con tu aliento … Mas he aquí que los discípulos de Juan y los Fariseos, le echan en cara lo contrario. También los fariseos en otra ocasión le echaron en cara que andaba demasiado de banqueteo . Nadie en aquel tiempo lo trató de “triste”, ni siquiera cuando dijo: “Mi alma está triste hasta la muerte”. Lo curioso es que estos de ahora, Swinburne, Leconte de LisIe y Compañía, dicen que Cristo trajo la tristeza al mundo, y ellos no tienen ni quieren nada que ver con Cristo; y ellos SON TRISTES. “No será triste ni turbulento” -predijo el Profeta. La cuestión es que la Iglesia sería una cosa nueva, armada sobre una especie de cabria de contradicciones, que se sostienen de dos en dos: no sería ni Optimismo ni Pesimismo, sino las dos cosas; ni Materialismo ni Idealismo, ni Voluntarismo ni Intelectualismo, ni Estoicismo ni Epicureísmo, ni Relajación ni Rigorismo, ni ninguno de los extremos en que dan los pobres filósofos y sus sistemas; sino todo eso junto y más, una “nueva creación”; y por eso los Apóstoles comenzaban a diferenciarse de los Joannitas, de los Sanedritas , de los Fariseos, de los Saduceos y de “tutti quanti”.

“Porque nadie toma un retazo de paño nuevo

Y lo remienda en un vestido viejo

El remiendo es capaz de llevarse el paño viejo

Y se hace una rotura peor

Y no pega el paño nuevo con el viejo…

Y nadie echa mosto nuevo en odres viejos

Que es capaz de reventar los odres viejos

El vino nuevo va echado en odres nuevos

Los que han bebido vino viejo

No quieren el nuevo

Están acostumbrados y dicen

El viejo era mejor”.

La Iglesia es siempre nueva porque se renueva; no es que falten en ella fermentos de vejez y mortalidad. Vico, que hemos mentado arriba, dice que las diversas naciones (o “civilizaciones”), después de los tres estadios de desarrollo ya notados, mueren: se corrompen y desaparecen, o bien otra nación más sana las conquista y esclaviza -que es lo que nos está por pasar a nosotros, Dios nos libre, que hemos llegado a la edad de los homicacos sin haber pasado por la de los héroes y los dioses. Esta ley de Vico se cumplió en los hebreos, los griegos y los romanos, quizás en parte en los hindúes y los chinos, ciertamente en los musulmanes; y según Toynbee (que retoma la idea de Vico, maltratada ya bastante por Hegel, Herder y Spengler) en otras 17 “civilizaciones”: porque mortales son las obras de los mortales. Hay una objeción obvia a la teoría de Vico: en las naciones occidentales no se ha cumplido. España, Francia, Inglaterra no han pasado por el gobierno Sacro, o de los sacerdotes, al gobierno épico, o de los nobles para ir al gobierno republicano, o de los hombres; y a la decadencia y desintegración. Sus historias más bien son una serie de períodos prósperos, ricos o tranquilos (siglos de oro), cortados por períodos de crisis, caos y conflictos que son mal que bien superados; a no ser digan que Francia ahora ha caído (o se ha alzado, como quieran) a la “Democracia” o reino de los ciudadanos. Sí, pero ¿dónde está el tiempo de los dioses? El tiempo de los nobles ya lo veo; pero ¿el tiempo del gobierno político-teocrático, como en el Egipto o Israel?
Vico no se puso esta objeción; pero la respondió de paso y embrionalmente al fin de su obra “La Scienza Nuova”. En Occidente hay una institución “nueva” que se llama la Iglesia, la cual por la promesa de su fundador es inmortal; y las naciones cristianas por ende benefician de una especie de inmortalidad “participada”; aunque sea precaria; y así no mueren sino que caen, y después se levantan, al ponerse de nuevo en conexión y contacto con el organismo religioso independiente que las creó; y que de suyo no las necesita, porque podría subsistir en otra parte aunque ellas rodaran. La Iglesia es un factor de renovación, de rejuvenecimiento; con tal que Dios la renueve a ella también de vez en cuando, que es lo que le pedimos hoy; pues el vino del espíritu es siempre nuevo, pero los odres de la carne envejecen. Veremos el próximo “Concilio”.
La religión cristiana es la religión de la Resurrección; a diferencia del Budismo, por ejemplo, que es la religión del Continuo Retorno, que es como si dijéramos, de las Reiteradas Muertes; o el Materialismo actual que es la religión de la Muerte Eterna. Lástima que para resucitar hay que morir primero; y que para banquetear, hay que ayunar primero una punta de días, por lo menos ahora en la Argentina, para los buenos argentinos. Pero en fin, todo es bien lo que acaba bien; sobre todo si, como el Cristianismo, también empieza bien;
Con ángeles y cantos en Belén como dijo Lope. “El gozo, que era la pequeña publicidad del Pagano, es el secreto gigantesco del Cristiano”.