RELOJ DE LA PASIÓN – POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

RELOJ DE LA PASIÓN

O sea reflexiones afectuosas sobre los padecimientos

 de nuestro Señor Jesucristo, por el bienaventurado obispo

SAN ALFONSO DE LIGORIO

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CAPÍTULO VII.

coronacion de espinas

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Del amor que Jesús nos ha testificado sufriendo tantos menosprecios durante su pasión.

  1. Belarmino dice que los menosprecios y las ignominias causan más pena a las almas grandes que los padecimientos del cuerpo [Nobiles animi pluris faciunt ignominiam, quam dolores corporis.]. Con efecto, si estos afligen la carne, aquellos afligen el alma, cuya pena es tanto más grande, cuanto ella es más noble que el cuerpo. Pero ¿quién jamás hubiera podido imaginarse, que el más grande personaje del cielo y de la tierra, que el Hijo de Dios viniendo al mundo a hacerse hombre por amor a los hombres, había de ser tratado con tantos menosprecios e injurias, como si fuera el último y más vil de los mortales [Vidimus eum despectum, et novissimum virorum, Isai. LII. 2, 3.]? San Anselmo asegura que Jesucristo quiso sufrir tantas y tales afrentas, que ya no fuera posible ser más humillado que lo fue en su pasión [Ipse tantum se humiliavit ut ultra non posset.]. ¡Oh Rey del universo! Vos sois el mayor de todos los reyes; pero habéis querido ser más menospreciado que todos los hombres, para enseñarme a amar los menosprecios. Pues, ya que Vos habéis sacrificado vuestra honra por mi amor, yo quiero sufrir por vuestro amor todas las afrentas que se me hicieren.
  2. Pero, ¡y qué suerte de afrentas no ha sufrido el Salvador en su pasión! Él se vio afrentado hasta por sus mismos discípulos; uno de ellos le hizo traición y le vendió por treinta dineros; otro renegó de él por tres veces, protestando públicamente que no le conocía, y que se avergonzaba de haberlo antes conocido. Los demás discípulos, viéndolo preso y maniatado, huyen todos y le abandonan [Tunc discipuli relinquentes eum, omnes fugerunt. Marc. XIV, 50.]

    ¡Oh Jesús abandonado! ¿Quién, pues, tomarás vuestra defensa si desde el principio de vuestra prisión vuestros más caros amigos se alejan y os desamparan? Más ¡Oh Dios! esta afrenta no se acabó con vuestra pasión. ¡Cuántas almas hay que después de haberos seguido , después de haber recibido de Vos gracias multiplicadas y señales especiales de vuestro amor, impulsados por algún vil interés, o por respetos humanos, o por el amor de culpables placeres, llegan a seros ingratas y le abandonan! Quien se encuentre, pues, en el número de estos ingratos diga entre gemidos: ¡Ah mi tiernos Jesús! Perdonadme, yo no quiero abandonaros ya. Antes perder la vida y perderla mil veces, que perder vuestra gracia: ¡oh mi Dios, mi amor, mi todo!

  1. Ves aquí a Judas que, llegando con los soldados al huerto, se adelanta, abraza a su Maestro y le besa. Jesús le permite este beso; mas conociendo su pérfido designio no puede menos de quejársele a el mismo de esta negra traición, y decirle: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre [Juda, osculo Filium hominis tradis? Luc. XXII, 48.]? En el mismo instante los insolentes ministros de su crimen se precipitan sobre Jesús, le atan las manos a la espalda, y le aprisionan como a un malhechor [Ministri Judaeorum comprehenderunt Jesum et ligaverunt eum. Joann. XXVIII, 12].

    Cielos, ¡que es lo que veo! ¡Un Dios aprisionado! ¿Y por quién?, por los hombres, por unos gusanos de la tierra que el mismo ha criado. Ángeles del paraíso, ¿qué decís? y Vos, Jesús mío, ¿por qué os dejáis atar? ¿Qué tenéis Vos, pregunta san Bernardo, con las cadenas de los esclavos y de los criminales, Vos que sois el Santo de los santos, el Rey de los reyes y el Señor de los señores [O Rex regum, ó Dominus dominantium! quid tibi et vinculis? De Curvit. c. 4.]?

    Más si los hombres os cargan de cadenas, ¿por qué no las rompéis, y os libráis de los tormentos y de la muerte que estos hombres os preparan? Pero ya lo comprendo, no son, no, oh Maestro mío, esos cordeles los que os aprisionan, es solo el amor el que os cautiva y os fuerza a sufrir y morir por nosotros. ¡Oh amor divino! exclama san Lorenzo Justiniano, tú solo has podido aprisionar a un Dios y conducirle a la muerte por el amor de los nombres [O caritas! quam magnum est vinculum tuum, quo Deus ligari potuit! De Lig. Vit., c. 6. ].

  1. Mira, oh hombre, dice san Buenaventura, mira aquellos perros rabiosos que arrastran a Jesús, a este cordero mansísimo, que camina sin resistencia al matadero. Uno le coge, otro le ata, aquel le da empujones, este le hiere [Intuere, homo, canes illos trahentes, et agnum quasi ad victiman mansuetum sine resistentia sequí. Unus apprehendit, alius ligat, alius impellit, alius percutit. Medit.]. Condúcenle, pues, a nuestro dulce Salvador así maniatado, primero a la casa de Anás, y después a la de Caifás, donde Jesús, interrogado por este mal hombre acerca de sus discípulos y de su doctrina, responde que él nada había hablado en secreto, sino en público, y que los mismos que le cercaban sabían bien lo que había enseñado [Ego palam locutus sum: ecce hi sciunt quid dixerim ego. Joann. XVIII, 29, 21.].

    Más a esta respuesta uno de los criados, tratándole de descortés y atrevido, le da una gran bofetada [Unus assistens ministrorum dedit alapam Jesu, dicens: sic respondes Pontifici? Joann. XVIII, 22.]. « ¡Oh Ángeles! exclama aquí san Gerónimo, ¿cómo calláis? ¿Hasta ese punto os ha asombrado y pasmado una tan grande paciencia [Angelí, quomodo siletis? Ad quid attonitos vos tenet tanta patientia? Hom. 81 in Joann.]? »

    ¡Ah mi buen Jesús! cómo, ¿una respuesta tan prudente y tan moderada parecía por ventura una afrenta tan grande en presencia de tantas gentes? El indigno pontífice, en vez de reprender a este atrevido criado por su insolencia, le alaba, o al menos se lo aprueba con señas. Y Vos, Señor, lo sufrís todo para expiar las afrentas que yo miserable he hecho con mis pecados a la divina Majestad. Jesús mío, yo os doy gracias por ello. Padre eterno, perdonadme por los méritos de Jesús.

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RADIO CRISTIANDAD: ACLARACIONES FLÁCCIDAS

PISADAS INCOLORAS… PERO FONDO MUY NEGRO…

El pasado miércoles 18 de marzo, al Padre Jean-Michel Faure concedió una Entrevista exclusiva a Los Impotentes.

Ver aquí:

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/03/entrevista-exclusiva-al-rp-faure.html

Por su parte, el lunes 23 de marzo, el Monseñorible Dom Tomás publicó una Breve respuesta al Comunicado de Menzingen.

Ver aquí:

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/03/breve-respuesta-de-dom-tomas-de-aquino.html

Radio Cristiandad ha hecho ver que tanto uno como el otro siguen tras las huellas de Monseñor Fellay y de Monseñor Williamson, y que, por lo mismo, no son confiables.

He aquí sus dichos:

Monseñor Fellay: Si el Papa me llama, voy. Rápidamente. Más aún, corro.

Monseñor Williamson: Si el Santo Padre me autoriza a fundar una sociedad, yo estaría en el próximo avión hacia Roma. ¡Yo estaría en el próximo avión hacia Roma!

Monseñor Faure: Si en el futuro fuera invitado a ir a Roma a conversar con el Papa, iría con Mons. Williamson.

Monseñorible Dom Tomás: Es falso que Monseñor Williamson y Monseñor Faure han sido expulsados de la Fraternidad porque estaban contra toda relación con Roma.

Ver nuestros dos artículos aquí:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/03/19/radio-cristiandad-el-padre-faure-comienza-mal/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/03/23/radio-cristiandad-dom-tomas-comienza-mal/

Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Hemos sintetizado la cuestión con esta ilustración:

Huellas

Pues bien, tanto el ahora Monseñor Jean-Michel Faure como el Monseñorible Dom Tomás, a pocos días de aquellas declaraciones, se han visto en la necesidad de intentar aclarar sus dichos.

El miércoles, 25 de marzo, Monseñor Faure concedió otra Entrevista exclusiva a Los Impotentes.

Ver aquí:

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/03/entrevista-exclusiva-mons-jean-michel.html

Antes de entrar en tema, el señor Obispo dice que reciben ataques de la derecha y de la izquierda: la izquierda son los que están llevando a cabo la integración de la FSSPX a la iglesia conciliar, y la derecha son los sedevacantistas.

En realidad, Monseñor, no hace falta que nadie los ataque, ni por izquierda ni por derecha… Ustedes mismos, con sus dichos y con sus hechos, son los que se auto-agreden…

En efecto, Los Impotentes interrogan: En la entrevista anterior preguntamos al Padre Faure qué haría si fuera invitado al Vaticano por el Papa Francisco. Ahora le preguntamos a Monseñor Faure qué le diría a Francisco.

El entrevistador da por sentado, pues, que iría (al menos hablaría) a Roma…

Aquí vendría la supuesta aclaración del interrogado… Estas son sus palabras:

Ante todo, digo que tal entrevista es prácticamente imposible, ya que una condición sine qua non sería la presencia de Mons. Williamson y otros sacerdotes nuestros, siendo excluido absolutamente cualquier tipo de “negociación” en vista a un acuerdo del tipo que sea mientras, como decía Mons. Lefebvre, no exista una conversión radical de Roma aceptando, de hecho y de derecho, todas las encíclicas anteriores al Vaticano II, así como las condenas en contra del liberalismo y del modernismo que ellas contienen; lo que aparentemente no sucederá antes de la tercera guerra mundial (que parece próxima). Yo le diría al Papa: ¿a qué iglesia pertenece usted, a la Iglesia Católica o a una falsificación de la Iglesia? Su función es confirmar en la fe a sus hermanos. Le recordaría estas palabras de San Pablo: vuestra autoridad es para edificar y no para destruir (2 Cor 13, 10), para edificar y no para destruir ni disminuir la fe y la moral de los católicos. Le diría también esto, citando a Mons. Lefebvre: ¿Está Usted de acuerdo con todas las grandes encíclicas anteriores a Juan XXIII y con todos los Papas hasta Pío XII inclusive? ¿Está Usted en “plena comunión” con esos Papas y con sus enseñanzas? ¿Acepta el juramento anti modernista? ¿Está a favor del Reino social de Nuestro señor Jesucristo? Si Usted no acepta la doctrina de esos predecesores suyos, es inútil hablar con Usted. Es porque somos fieles a la Roma eterna que nos vemos obligados a separarnos de la Roma modernista y liberal, actual y oficial. No es porque Menzingen se esté dejando seducir que un Mons. Williamson o yo caeríamos en la misma trampa.

Por su parte, Dom Tomás de Aquino publicó el viernes 27 de marzo un artículo que lleva por título Una Confesión de Menzingen.

Ver aquí:

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/03/dom-tomas-de-aquino-osb-una-confesion.html

Allí dice:

Sin embargo, Menzingen falsea la cuestión al decir que estas vivas críticas eran sobre “toda relación con las autoridades romanas”. No. Esto no es verdad. Ellas eran sobre la incorporación a Roma.

***

Monseñor Faure insiste en que:

a) Aceptaría una entrevista, con la condición sine qua non de la presencia de Mons. Williamson y otros sacerdotes.

b) Aceptaría una entrevista, excluyendo absolutamente cualquier tipo de “negociación” en vista a un acuerdo del tipo que sea mientras no exista una conversión radical de Roma.

c) Confía sobrevivir a la tercera guerra mundial, y en que la misma convertiría a los romanos.

En dicha entrevista (ciertamente posterior a la tercera guerra mundial próxima, y que implica la conversión de los romanos) Monseñor Faure le preguntaría al Papa: ¿a qué iglesia pertenece usted, a la Iglesia Católica o a una falsificación de la Iglesia?

Y, llevando su aclaración a límites inimaginables, afirma que, en esa supuesta entrevista, que no se concretaría nunca, y durante la cual preguntaría y diría muchas cosas, también expresaría que es inútil hablar con Francisco.

Y no sólo eso, sino que se ve obligado a separarse de la Roma modernista y liberal, actual y oficial, a la cual, sin embargo, estaría visitando, entrevistando y hablando.

***

El Monseñorible Dom Tomás, en su intento de aclaración, dijo que las vivas críticas del Obispo de Kent eran sobre la incorporación a Roma.

Pero sigue confundiendo cuando expresa que dichas críticas no excluían “toda relación con las autoridades romanas”.

***

Monseñor Faure, Dom Tomás, vuestras supuestas aclaraciones se representan gráficamente de esta manera:

Huellas blancas

Es sólo una inversión de colores para tranquilizar a vuestros seguidores…

Las pisadas (las declaraciones) podrán aparecer como blancas (y ésto relativamente…), pero el fondo es cada vez más negro…

Y es por eso que ustedes dos, siguiendo las huellas de Monseñor Fellay y de Monseñor Williamson:

- han aceptado lo establecido por el Capítulo General de 2006 (¡sí!, de 2006, del cual el Padre Faure fue parte integrante y suscribió las resoluciones, haciéndolas, por lo mismo, suyas),

- y luego el Motu proprio Summorum pontificum de 2007,

- el levantamiento de las excomuniones de 2009,

- las discuciones doctrinales de 2009-2011…

- y un largo etcétera…

Y ahora siguen en esa línea; probado por lo que declaran una y otra vez, sin apartarse ni del Obispo de Menzingen, ni del Prelado de Kent…

RELOJ DE LA PASIÓN – POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

RELOJ DE LA PASIÓN

O sea reflexiones afectuosas sobre los padecimientos

 de nuestro Señor Jesucristo, por el bienaventurado obispo

SAN ALFONSO DE LIGORIO

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CAPÍTULO V.

ultima cena

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Del amor que Jesús nos ha manifestado legándosenos a sí mismo en alimento antes de su muerte.

  1. Sabiendo Jesús que era llegada su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. [Sciens Jesus quia venit hora ejus, ut transeat ex hoc mundo ad Patrem, cum dilexisset suos… in finem dilexit eos. Joann. XIII, 1.] Sabiendo nuestro amable Redentor en la última noche de su vida que era ya llegado el tiempo de morir por el hombre, por el que tanto había suspirado, no pudo su amoroso corazón consentir en dejarnos solos en este valle de lágrimas. Para no separarse, pues, de nosotros ni aun por la muerte, quiso quedarse y dársenos a sí mismo en alimento en el Sacramento del altar, haciéndonos entender con esto que, después de este don infinito nada más tenia ya que darnos para probarnos su amor. Hasta el fin los amó [In finem dilexit eos.] Cornelio Alápide, con san Crisóstomo y Teofilacto, explica según el texto griego la expresión hasta el fin, y dice: Es como si hubiera querido decir, los amó con un amor sin fin y sin medida. [Qua si dicat, extremo amore et summo dilexit eos.] Jesús en este Sacramento hizo el último esfuerzo de amor para con los hombres, como dice el abad Guerrico. [Omnem vim amoris effudit amicis.]

  2. Pero todavía fue mejor explicado esto por el santo concilio de Trento, el que hablando del Sacramento del altar, dice que nuestro Salvador derramó en él, por decirlo así, todas las riquezas de su amor para con nosotros. [Divitias sui erga homines amoris velut effudit. Sess. 13, c. 2.]  Tenia, pues, razón el angélico santo Tomás en llamar a este Sacramento, sacramento del amor, y prenda del amor más admirable que un Dios pudo dar a los hombres. [Sacramentum caritatis, summae caritatis pignus est. Opusc. 18, c. 23.] San Bernardo lo llama amor de les amores [Amor amorum.]; y santa María Magdalena de Pazzi decía que el alma después de la comunión podía decir: Todo está consumado [Consummatum est. Joann. XIX, 30.]; esto es, dándoseme Dios a sí mismo en esta comunión, nada más tiene que darme. Preguntando un día esta Santa a una de sus novicias en que había pensado después de la comunión ella le respondió: en el Amor de mi Jesús. Si replico la Santa, cuando se piensa en este amor, en ninguna otra cosa se puede pensar sino que es una necesidad el detenerse en él.

    3. ¡Oh Salvador del mundo! ¡Y qué pretendéis obtener de los hombres, llevando el amor hasta daros a Vos mismo en su alimento! ¿Qué más os resta darnos en adelante, después de la institución de este Sacramento, para obligarnos a amaros? ¡Ah Dios infinitamente bueno! Ilustradme y hacedme conocer cuánto es este exceso de bondad que os ha reducido a ser mi alimento en la santa Comunión. Si, pues, os habéis dado todo a mí, justo es que yo me dé también todo a Vos. Yo os amo más que a todo otro bien, y deseo recibiros para más amaros en adelante: venid pues, venid con frecuencia a mi alma y haced que ella sea ya para solo Vos. Dichosos los que con verdad pueden decir, como san Felipe Neri decía en los transportes de su amor, cuando comulgo por modo de Viático: ¡Ved aquí mi amor! ¡Ved aquí mi amor! ¡Dadme a mi amor!

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PADRE JUAN JOSÉ TURCO: ACERCA DEL ELEISON 402

NOTAS AL ELEISON 402

 “Nuevo obispo”

del 28 de marzo del 2015

Primera:

Según este ELEISON de Mons. Williamson, el estado de necesidad para la licitud de la consagración episcopal es por la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial.

Por lo tanto, si no estuviera en vista esa Guerra Mundial, esa consagración sería ilícita.

En realidad, la verdadera razón del estado de necesidad es que, con o sin Tercera Guerra Mundial, los verdaderos católicos no pueden estar en comunión con los jerarcas de la iglesia oficial ni recibir sacramentos de ellos. Ni en 1988, ni en el 2009 y, mucho menos, ahora en el 2015.

Mons. Williamson no dice la verdad.

La necesidad de un obispo católico para la Iglesia Católica no depende de las coyunturas temporales.

Todo indica que Mons. Williamson antepone una eventual tercer guerra mundial en su justificación de la consagración episcopal para no cortarse de la iglesia oficial apóstata.

La verdad es que el Obispo sigue pensando en la preciosa regularización que sólo Roma puede acordar… y en el primer vuelo a Roma para buscar el documento que le ofrezca… Decimejorge.

Segunda:

Acerca de las supuestas excomuniones como consecuencia de las consagraciones de 1988 y esta del 2015, Monseñor Williamson dice que son falsas, porque quienquiera comete un acto punible no incurre en la penalidad normal, por ejemplo excomunión, por consagrar un obispo sin el permiso de Roma, si es que él actuó por necesidad.”.

Sin embargo, en el 2009 reconoció que esas excomuniones habían sido válidas, al firmar la nota que agradecía a Benedicto XVI “por el acto de Su paternal bondad [sic] y de Su coraje apostólico [re-sic] por el cual Ella ha hecho inoperante la medida que nos golpeó [recontra-sic] hace ya veinte años”.

Monseñor Williamson se contradice.

Al igual que Monseñor Fellay, el obispo inglés acomoda su discurso de acuerdo a la conveniencia del momento: en el 2009 secundaba a Monseñor Fellay, ahora necesita parecer “duro”.

Siendo así tenemos todo el derecho, al menos, de preguntarnos:

  1. Aunque ahora dice que esta “excomunión” del 2015 es nula, ¿Monseñor Williamson cree verdaderamente eso?
  2. ¿Dirá dentro de unos años que fue válida?
  3. En un futuro, ¿Monseñor Williamson pedirá a su Papa que le levante esta nueva excomunión? Y si luego Bergoglio, “misericordiosamente”, lo recibe, ¿volverá a agradecerlo, como hizo en el 2009 junto a Monseñor Fellay y los otros dos obispos?

Puse “al menos”, porque Mons. Williamson ya dijo que necesita de un reconocimiento de la iglesia oficial para tener autoridad, y que está dispuesto a volar a Roma para firmarlo.

Como no se ha retractado de esa posición, entonces, necesariamente, pedirá el levantamiento de esta nueva “excomunión” aceptándola como válida.

Tercera y principal:

Mons. Williamson mismo ya dijo que está dispuesto a tomar un avión para ir a firmar con Francisco.

Por lo tanto, es un hipócrita al querer parecer escandalizado porque Mons. Fellay esté yendo a Roma y porque de parte de Roma digan “está todo listo, solo es necesario un poco de tiempo para que Monseñor Fellay obtenga el consenso interno adecuado”.

El secretario de la Comisión Ecclesia Dei podría decir acerca del obispo inglés algo semejante a lo que dijo del suizo:

“Está todo listo, se necesita un poco de tiempo para que las cosas devengan claras dentro de la U.S.M.L. y para que Monseñor Williamson obtenga un consenso suficientemente amplio antes de dar este paso.”

* * *

Una vez más digo a los que todavía confían en Monseñor Williamson:

Abran los ojos, porque la ceguera voluntaria es progresiva, y cada vez aceptarán más fallas del obispo inglés.

“El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Que Dios y la Virgen nos ayuden a todos.

Padre Juan José Turco

RELOJ DE LA PASIÓN – POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

RELOJ DE LA PASIÓN

O sea reflexiones afectuosas sobre los padecimientos

 de nuestro Señor Jesucristo, por el bienaventurado obispo

SAN ALFONSO DE LIGORIO

CAPÍTULO III.

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Jesús por nuestro amor ha querido sufrir desde el principio de su vida los dolores de la pasión

  1. El Verbo eterno para hacerse amar del hombre vino al mundo y tomó la naturaleza humana. Por eso vino con tan grande sed de padecer por nuestro amor, que no quiso existir un momento sin sufrir al menos con la aprensión. Apenas fue concebido en el seno de su madre, ya se representó todos los tormentos de su pasión, y para alcanzarnos el perdón y la gracia divina se ofreció al Padre eterno, a fin de satisfacer con sus sufrimientos por todos los castigos debidos a nuestros pecados; y desde entonces comenzó a padecer todo lo que más tarde sufrió en su dolorosa muerte. ¡Ah! ¡Mi amable Redentor! ¿Y qué he hecho yo hasta aquí? ¿Qué he sufrido por Vos? Si por mil años sufriera yo por Vos los tormentos que han pasado todos los mártires, aun sería poco todo esto en comparación de aquel solo primer momento en que os ofrecisteis y comenzasteis a padecer por mí.
  2. Es verdad que los mártires sufrieron grandes dolores y grandes ignominias; pero no los sufrieron sino en el tiempo de su martirio. Mas Jesús padeció siempre, desde el primer instante de su vida, todas las penas de su pasión; porque tuvo siempre delante de sus ojos aquella escena horrible, en que debía sufrir de parte de los hombres tantos tormentos y tantas afrentas. Así dice él por boca del Profeta: Mi dolor está siempre presente a mis ojos [Dolor meus in conspectu meo semper. Ps. XXXVII 18.4*] ¡Ah Jesús mío! Vos sois por mi amor tan ávido de sufrimientos que los habéis querido padecer antes de tiempo; ¡y yo tan ávido de los placeres de la tierra! ¡Cuántos desagrados os he causado yo por contentar mi cuerpo! Señor, por los méritos de vuestros sufrimientos arrancad de mi corazón toda afición a los placeres de la tierra. Por vuestro amor tomo ya la resolución de abstenerme de esta satisfacción (Nombradla).
  1. Usando Dios de compasión con nosotros, no nos ha dado a conocer las penas que nos aguardan antes del tiempo destinado a sufrirlas. Si un reo que espira en un cadalso hubiera conocido por revelación, desde su infancia, el suplicio que le esperaba, ¿hubiera podido jamás experimentar ningún gozo? Si desde el principio de su reinado hubiese tenido presente Saúl la espada que debía atravesarle; si Judas hubiera visto de antemano el cordel que había de ahorcarle, ¡cuán amargas fueran sus vidas! Pues nuestro amable Redentor, desde el primer instante de la suya, tuvo siempre presentes los azotes, las bofetadas , las espinas, la cruz, los ultrajes de su pasión, la muerte dolorosa que le esperaba. Cuando veía las víctimas ofrecidas en el templo, se le representaban como otras tantas figuras del sacrificio que él mismo, Cordero sin mancilla, debía consumar en el altar de la cruz: cuando veía la ciudad de Jerusalén, sabía bien que allí era donde debía perder la vida en un mar de dolores y de oprobios: cuando fijaba la vista sobre su tierna madre, se imaginaba verla ya agonizando de dolor al pie de la cruz en que él mismo había de espirar. Así, ¡oh Jesús mío! la vista horrible de tantos males os tuvo en un tormento y en una aflicción continua mucho tiempo antes del momento de vuestra muerte, ¡y Vos habéis aceptado y sufrido todo esto por mi amor!
  2. La sola vista ¡oh Jesus paciente! De todos los pecados del mundo, especialmente de aquellos con que preveíais que os había yo de ofender, hizo vuestra vida la más afligida y más olorosa de rodas las existencias pasadas y futuras mas, ¡oh Dios! ¿En qué ley la más bárbara se halla escrito que un Dios ame a una de sus creaturas hasta este punto; y que después de esto viva esta sin amar a su Dios? ¿Qué digo, le contriste y aun le ultraje? ¡Ah! Señor, hacedme conocer la grandeza de vuestro amor para que deje ya de ser ingrato- ¡ah sí os amara, Jesús mío! Si yo os amara verdaderamente, ¡que dulce me seria sufrir por Vos!
  3. Se apareció un día Jesús crucificado a sor Magdalena Orsini, que desde mucho tiempo se hallaba atribulada, y le exhortaba a sufrir con resignación. La sierva de Dios respondió: Señor, Vos no habéis estado sino tres horas en la cruz, cuando hace muchos años padezco yo esta pena. Jesús reprendiéndola le dijo; ¡Ah ignorante! ¿Qué dices? Desde el primer momento que estuve en el seno de mi Madre, ya sufría en mi corazón lo que más tarde he padecido sobre la cruz. Y yo, amantísimo Redentor, en vista de todo lo que habéis sufrido por mi amor durante vuestra vida, ¿cómo puedo quejarme de estas cruces que Vos no me enviáis sino para mi bien? Yo os doy gracias por haberme redimido a precio de tanto amor y de tanto dolor. Para animarme a sufrir con paciencia las penas de esta vida, habéis querido cargaros con todos nuestros males. ¡Ah Señor! recordadme frecuentemente vuestros dolores, a fin de que yo acepte y desee siempre sufrir por vuestro amor.
  4. Vuestro dolor es grande como el mar [Magna est velut mare contritio tua. Thren, II, 13]. Así como las aguas de este son todas saladas y amargas, así la vida de Jesús fue toda llena de amarguras y privada de todo consuelo, como se lo dijo él mismo a santa Margarita de Cortona. Además, como en el mar se reúnen todas las aguas de la tierra, así en Jesucristo se reunieron todos los dolores de los hombres. Por esto dice por boca del Salmista: [Salvum me fac, Deus: quoniam intraverunt atquae usque ad animam meam,…. veni in altitudinem maris, et tempestas demerseit me. Psalm. LXVIII, 2] Salvadme, ¡oh mi Dios! porque las tribulaciones han entrado hasta lo íntimo de mi alma, y he quedado sumergido por una tempestad de oprobios y dolores interiores y exteriores. ¡Ah! mi tierno Jesús, mi amor, mi vida, mi todo, si miro vuestro sagrado cuerpo, yo no veo sino llagas: si entro después en vuestro corazón desolado, yo no hallo en él sino amarguras y tristezas que os hacen sufrir las agonías de la muerte. ¡Ah mi divino Maestro! ¿Quién sino Vos, que sois una bondad infinita, podía llegar a sufrir hasta este punto, y morir por vuestra criatura? Más porque Vos sois Dios, amáis como Dios, con un amor que ningún otro puede igualar.
  5. San Bernardo dice: Para redimir al esclavo, el Padre no ha perdonado al Hijo, y el Hijo no se ha perdonado a sí mismo [ut servum redimeret, nec Pater Filio, nec Filius sibi ipsi pepercit. Ser. Fer. 4.] ¡Oh caridad infinita de Dios! por una parte el Padre eterno manda satisfacer a Jesucristo por todos los pecados de los hombres [Posuit in eo iniquitatem omnium nostrum. Isai. LIII, 6]; y por otra, Jesús para salvar a los hombres, del modo más amoroso que podía, quiso tomar sobre sí y pagar con todo rigor a la Justicia divina las satisfacciones que le eran debidas; satisfacciones que le eran debidas; de donde infiere santo Tomás que se cargó con todos los dolores y todos los ultrajes en el más alto grado [Assumsit dolorem in summo, vituperationem in summo] Por eso le llama Isaías el hombre de dolores y el más menospreciado de los hombres [Despectum et novissimum virorum, virum dolorum. Isai LIII, 3]; y con mucha razón, porque mientras Jesús era atormentado en todos sus miembros y en todos sus sentidos, experimentaba unos dolores mayores aun en todas las potencias de su alma, excediendo inmensamente sus penas interiores a sus dolores exteriores. Vedle, pues, desgarrado, desangrado, medio muerto , tratado de seductor, de hechicero, de loco, abandonado aun de sus mismos amigos, y perseguido en fin de todos, hasta terminar su vida sobre un infame madero.
  6. ¿Sabéis lo que he hecho por vosotros? [Scitis. quid fecerim vobis? Joann. XIII. 12.] Sí, yo sé muy bien, Señor, todo lo que habéis hecho y sufrido por mi amor; más Vos sabéis también que hasta aquí no he hecho yo nada por Vos. Jesús mío, ayudadme a sufrir alguna cosa por vuestro amor antes que llegue la muerte. Yo me avergüenzo de parecer delante de Vos, pero no quiero ser ya, como lo he sido por tanto tiempo, ingrato para con Vos. Vos os habéis privado de todo placer por mí: yo renuncio por vuestro amor a todos los placeres de los sentidos. Vos habéis padecido tan grandes dolores por mí; yo quiero padecer por Vos todas las penalidades de mi vida y de mi muerte, según más os agradare. Vos habéis sido abandonado, yo consiento en que todos me abandonen, con tal que no lo sea yo de Vos, mi único y mi soberano bien. Vos habéis sido perseguido, yo acepto toda especie de persecuciones. En fin, Vos habéis muerto por mí, yo quiero morir por Vos. ¡Ah! Jesús mío, mi tesoro, mi amor, mi todo, yo os amo, concededme más y más amor. Amen.

 

 

CAPÍTULO IV.

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Del gran deseo que tuvo Jesús de padecer y morir por nuestro amor.

  1. ¡Cuánta ternura y amor! ¡Cuántos títulos a nuestra caridad hay envueltos en aquella revelación que hizo nuestro divino Redentor de los motivos de su venida sobre la tierra, cuando dijo que había venido para traer a las almas el fuego del divino amor, y que no tenía otro deseo que el de ver encenderse esta santa llama en todos los corazones de los hombres! [Ignem veni mittere in terram, et quid volo nisi ut accendatur? Luc. XII, 49.] En seguida añadió, que deseaba ser bautizado en el bautismo de su propia sangre; no para lavar sus propios pecados, pues era impecable, sino los nuestros que había venido a expiar con sus padecimientos. La pasión de Jesucristo, dice san Buenaventura, es llamada bautismo, porque nosotros somos purificados en su sangre. [Passio Christi dicitur baptisma, quia in ejus sanguine purificamur. S Bonav.] Y después de esto, nuestro amable Jesús para hacernos comprender todo el ardor del deseo que tenia de morir por nosotros, dice con las expresiones más dulces del amor, que experimentaba vivas angustias porque se dilataba el tiempo en que debía cumplirse su pasión: ¡tan grande era su deseo de padecer por nuestro amor! Ved aquí sus amorosas palabras: « Hay un bautismo en el que debo yo ser bautizado, ¡y cuánta es mi angustia hasta que se perfeccione!» [Baptismo habeo baptizari, et quomodo coaretor usquedum perficiatur. Luc. XII, 50.] 
  2. ¡Ah! ¡Dios abrasándose de amor por los hombres! ¿Qué más podíais Vos decir y hacer para ponerme en la necesidad de amaros? ¿Y qué bien tan grande debía, Señor, procuraros mi amor, para que por obtenerle, hayáis querido morir y deseado tanto la muerte? Si uno de mis criados hubiera solo deseado morir por mí, se adquiriría seguramente mi amor: ¡y podré yo vivir sin amaros con todo el amor de mi corazón, a Vos mi Rey y mi Dios, que habéis muerto por mí, y con un tan gran deseo de morir por conseguir mi amor!
  3. Sabiendo Jesús que era llegada su hora de pasar de este mundo a su Padre, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. [Sciens Jesusquia venit hora ejus, ut transeat ex hoc mundo ad Patrem, cum dilexisset suos… in finem dilexit eos. Joann. XIII, 1] San Juan dice que Jesús llamó hora suya la hora de su pasión, porque como escribe un piadoso comentador, este fue el momento de la vida más ardientemente deseado por nuestro divino Redentor, el momento en que, sufriendo y muriendo por el hombre, quería hacerle comprender el inmenso amor que le tenía. Para el que ama es muy dulce la hora en que padece por el objeto amado [Amantis illa hora est qua pro amico patitur. Barr. Apud Spon.] Porque el padecer por el amigo es el medio más propio para manifestar el amor del que ama, y para cautivar el amor del objeto amado. ¡Ah! mi tierno Jesús, es pues para mostrarme la grandeza de vuestro amor el que no hayáis querido confiar a ningún otro sino a Vos la obra de mi redención. ¿Tanto os interesaba mi amor, que habéis querido sufrir hasta este punto para obtenerle? ¿Y qué más hubierais podido hacer si tuvierais que ganar el amor de vuestro divino Padre? ¿Qué más hubiera podido padecer un criado para captarse el afecto de su señor, que lo que Vos habéis sufrido para ser amado de mí, esclavo vil e ingrato?
  4. Pero, ved aquí a nuestro amable Jesús en la víspera de ser sacrificado sobre el altar de la cruz por nuestra salud. En esta noche venturosa que precedió a su pasión, oigamos lo que dijo a sus discípulos en la última cena que tuvo con ellos. Yo he deseado con un deseo ardiente comer esta Pascua con vosotros. [Desiderio desideravi hoc pascha manducare vobiscum. Luc. XII, 15]

Examinando San Lorenzo Justiniano estas palabras, asegura que todas ellas fueron expresiones de amor. [Desiderio desideravi: caritatis est vox haec.] Como si nuestro amable Redentor hubiera dicho: ¡Oh hombres!, sabed que esta noche en la que comenzará mi pasión, es el tiempo más deseado de mi vida y por el que más he suspirado, porque este es puntualmente el tiempo en que por mis padecimientos y por mi cruel muerte os haré conocer cuánto os amo; y por esto os obligaré a amarme con el mayor amor que sea posible. Dice un autor que en la pasión de Jesús la omnipotencia divina se unió con el amor. El amor quiso amar al hombre con toda la extensión de la omnipotencia, y la omnipotencia quiso ayudar al amor con toda la extensión de su deseo.

¡Oh Dios infinito! Vos mismo os habéis entregado todo a mí, ¿y cómo después de esto puedo yo no amaros con todas las potencias de mi ser? Yo creo, sí, yo creo que Vos habéis muerto por mí: ¿y cómo os amo yo tan poco que me olvide tan frecuentemente de Vos, y de todo lo que habéis padecido por mí? ¡Ah! ¿Por qué, Señor, contemplando vuestra pasión no me veo inflamado del todo en vuestro amor? ¿Por qué no soy ya todo de Vos como tantas almas santas, que considerando vuestras penas han llegado a ser la dichosa conquista de vuestro amor, y se han entregado del todo a Vos?

  1. La esposa de los Cantares decía que todas las veces que su esposo la introducía en la bodega de la pasión, se sentía tan acometida del amor divino, que lánguida toda de amor se veía precisada a buscar algún alivio a su corazón herido. [lntroduxit me in cellam vinariam: ordinavit in me caritatem: fulcite me floribus, stipate me malis: quia amor langueo. Cant. II, 4.] ¿Y cómo es posible que considerando la pasión de Jesucristo no quede el alma herida, como de unas flechas de amor, por aquellos dolores , por aquellas angustias que tan cruelmente hicieron padecer al alma y al cuerpo de su muy amado, y no se vea forzada con una dulce violencia a amar a quien tanto la ha amado?

¡Oh cordero sin mancha! yo os miro sobre esa cruz descarnado, ensangrentado y desfigurado; mas ¡cuán bello y cuán amable me parecéis! Sí, porque todas esas llagas que veo en Vos, son para mí otras tantas señales y pruebas ciertas del grande amor que me tenéis. ¡Ah! si todos los hombres os contemplasen frecuentemente en aquel estado en que un día fuisteis presentado en espectáculo a toda Jerusalén, ¿quién podría dejar de enamorarse de vuestro amor? Amable Maestro mío, aceptad mi amor: yo os consagro todos mis sentidos y toda mi voluntad. ¿Y cómo puedo yo negaros ninguna cosa, puesto que Vos no me habéis negado ni vuestra sangre, ni vuestra vida, ni todo lo que sois?

  1. El deseo que tenía Jesús de padecer por nosotros era tan grande, que en la noche que precedió a su muerte, no sólo fue voluntariamente al huerto donde ya sabía que los judíos debían ir aprenderle, sino sabiendo también que el traidor de Judas se acercaba con su tropa de soldados, les dice a sus discípulos: Levantaos, vamos; he aquí se acerca el que me da de entregar. [Surgite, eamus: ecce qui me tradet prope est. Matth. XXVI, 46.] Quiso además salir él mismo a su encuentro, como si ellos hubieran venido, no para arrastrarle al suplicio de la cruz, sino para hacerle subir al trono de un grande imperio. ¡Oh mi dulce Salvador! ¿Por qué camináis delante de la muerte con tan gran deseo de morir por nosotros? Para mostraros, dice, el amor que os tengo. ¿Y yo no tendré deseo de morir por Vos, oh Dios mío, para demostraros también el amor que os tengo? Sí, Jesús mío, muerto por mí, yo también deseo morir por Vos. He aquí mi sangre, mi vida, todo os lo ofrezco. Vedme aquí dispuesto a morir por Vos cuándo y cómo os agrade. Aceptad este pequeño sacrificio que os hace un miserable pecador,  que hasta este momento os ha ofendido, pero que ahora os ama más que a sí mismo.
  2. San Lorenzo Justiniano considera aquel sitio que pronunció Jesús al morir sobre la cruz, y dice que esta sed no provenía de necesidad, sino del amor encendido que Jesús nos tenía. [Sitis haec de ardore nascitur caritatis.] Así que, con aquella palabra no tanto quiso manifestarnos la sed de su cuerpo, como el deseo que tenia de morir por nosotros, demostrándonos con tantos padecimientos no solo su amor, sino el deseo que tenia de ser amado de nosotros. Santo Tomás dice también: Por esta palabra tengo sed, se manifiesta el ardiente deseo de la salud del género humano. [Per hoc sitio ostenditur ardens desiderium de salute generis humiani. In cap. 19. Lect. 3.] ¡Ah Dios de amor! ¡Es posible que un tal exceso de bondad quede sin correspondencia por nuestra parte! Dícese vulgarmente que el amor se paga con amor: pero vuestro amor, ¿con qué otro amor será jamás pagado? Para compensar el amor que os llevó hasta morir por nosotros, sería necesario que otro Dios muriera por Vos. Pues bien, Señor, ¿cómo habéis podido decir que vuestras delicias eran el estar con los hombres, cuando no recibís de ellos sino injurias y malos tratamientos? El amor, pues, ha trocado para Vos en delicias y dolores y los ultrajes que habéis sufrido por nosotros.
  3. ¡Oh mi amabilísimo Redentor! Yo no quiero resistir más a vuestras finezas, yo os doy todo mi amor. Entre todas las cosas Vos sois y habéis de ser siempre el único objeto querido de mi alma. Os habéis hecho hombre, a fin de tener una vida que dar por mí: yo quisiera tener mil vidas que sacrificar por Vos.

Yo os amo, bondad infinita, y quiero amaros con todas mis fuerzas. Yo quiero hacer todo cuanto pueda por agradaros; Vos, inocente, habéis sufrido tanto por mí: yo, pecador, que he merecido el infierno, quiero sufrir por Vos cuanto os agradare. Ayudad, Jesús mío, por vuestros merecimientos, este deseo que Vos mismo me habéis dado. ¡Oh Dios infinito! Yo creo en Vos,  yo espero en Vos, yo os amo a Vos. María, madre mía, interceded por mí.
Así sea.

EL TRIUNFO DEL DÍA DE RAMOS – POR JUAN F. CAFFERATA

“EL TRIUNFO DEL DÍA DE RAMOS”

Juan F. Cafferata.

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Marchó Jesús hacia Jerusalén, “sentado sobre una asna, en cumplimiento de lo que dijo el profeta: decid a la hija de Sion: mira que viene a ti el rey lleno de mansedumbre, sentado sobre una asna y su pollino, hijo de la que está acostumbrada al yugo”.

“Y una gran muchedumbre de gentes tendían por el camino sus vestidos; otros cortaban ramas de los árboles y los ponían por donde había de pasar. Y tanto las gentes que iban delante como las que venían detrás clamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!”.

La entrada de Jesús fue triunfal y “se conmovió toda la ciudad”.

Allí le saldrían al paso: el leproso que curó después del sermón de la montaña; el criado del centurión de Cafarnaúm; Jairo con la hija resucitada; la cananea; los ciegos de Jericó; todos los que había hecho objeto de sus milagros, de gracias, de bendiciones; todos los que le reconocían como el Mesías y el Hijo de Dios.

Estarían también en acecho, endurecido el corazón, ciegos voluntarios: los orgullosos, los fariseos, los doctores, los pontífices. Tramando el plan que habían de ejecutar cuatro días después, ante aquel mismo pueblo que lo aclamaba y que lo abandonaría cuando estuviera crucificado sobre el Calvario.

Pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas, al ver las maravillas que hacían y a los niños que le aclamaban en el templo, diciendo: Hosanna al Hijo de David, se indignaron y dijeron; ¿Tú oyes lo que dicen estos? Jesús les respondió; Si por cierto ¿pues qué, no habéis leído jamás: de la boca de los infantes y niños de pecho es de donde sacaste la perfecta alabanza?.

Si hoy Jesús entrara en nuestras ciudades, acaso se repitiera la escena de Jerusalén. El pueblo, los niños, los enfermos curados, los sencillos, los humildes lo aclamarían. Los soberbios, los sensuales, los de corazón de piedra, los “espíritus fuertes”, levantarían el puño y lo amenazarían con el Calvario.

¡Misterio de la iniquidad y abismo de la maldad humana!

Incomprensible mudanza del pueblo, que le aclama el domingo de Ramos y piden que lo crucifiquen el viernes Santo. Que blasfema de Cristo, para quedarse con Barrabás.

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EJERCICIO DE LA VÍA SACRA

VÍA SACRA

DE LA GUÍA DEL ALMA EN LA DEVOCIÓN A

LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

(Año 1892)

SagradosCorazone

¿QUÉ ES LA VÍA SACRA?

La Vía Sacra, tomada a la letra, es el espacio que recorrió nuestro amable Redentor bajo el peso de la Cruz, es decir, desde el palacio de Pilatos, donde fue condenado a muerte, hasta el lugar del Calvario donde fue crucificado. Así, hacer sencillamente la Vía Sacra, es recorrer el mismo espacio; hacerla en espíritu y en verdad, hacerla como cristiano; es andar durante ella penetrado de los sentimientos que debe inspirar un camino santificado por los pasos de Jesucristo, y regado con su Preciosísima Sangre.

Los sumos Pontífices han concedido a todos los que practicaren el ejercicio de la Vía Sacra, con las condiciones requeridas, las mismas indulgencias que a los que visitan personalmente los santos lugares de Jerusalen.

Para ganar dichas indulgencias se exije solamente que el que practica este santo ejercicio medite según su capacidad en la Pasión de Jesucristo, nuestro divino Salvador, y que pase de una estación a la otra en cuanto lo permita la multitud de las personas que lo hacen o la estrechez del lugar en el que están colocadas las catorce estaciones.

La recitación del Adoramus te Christe, del Padre nuestro, del Ave María y del Miserere nostri, etc., en cada estación, no es necesaria para ganar las indulgencias; es solamente una laudable constumbre introducida en el santo ejercicio de la Vía Sacra, por las personas piadosas; sin embargo al concluirlo, regularmente se reza un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria Patri por el sumo Pontificado.

Los motivos que deben inducirnos a esta devoción, que consiste en la meditación de los sufrimientos de Jesucristo, son muy poderosos; pero el que sin duda alguna debe hacernos más impresión, es que esta devoción agrada infinitamente al Sagrado Corazón de Jesús. Es tanto lo que desea que nos compadezcamos de sus penas, que nos ordena de mil maneras le tributemos este justo deber de nuestra gratitud. El Antiguo Testamento está lleno de textos, de los más tiernos, para empeñarnos a repasar a menudo en nuestra memoria las humillaciones y los sufrimientos del Mesías. En el Nuevo Testamento, San Pedro, San Pablo y los otros apóstoles nos predican por sus ejemplos y en todos sus escritos la necesidad de pensar con frecuencia en la pasión de Nuestro divino Salvador y de meditar este misterio. En fin, Jesucristo, nuestro soberano modelo, se ocupaba sin cesar de los dolores que iba a sufrir por nosotros, y de ellos hacía el motivo ordinario de sus conversaciones. ¿Cuántas veces no predijo a sus discípulos los tormentos que iba a padecer en Jerusalen? Y cuando, próxima su muerte, se vio sumergido en ese mar de dolores, ¿qué reconvenciones tan tiernas no hizo a sus apóstoles porque no habían tenido valor de participar con Él de las angustias de su agonía? Aun en su misma transfiguración, en medio de su gloria, ¿no se entretuvo en compañía de Moisés y Elías, en los tormentos de la Pasión?

Id pues, alma cristiana; id vosotras, sobre todo, almas adictas al divino Corazón de Jesús; recorred con vuestro amable Salvador el camino doloroso del Calvario, y al mismo tiempo que lo acompañéis y meditéis los horribles sufrimientos de su cuerpo, compadeceos también de los dolores interiores de su afligido Corazón; y de esta hoguera de amor saldrán saetas de fuego que penetrarán vuestras almas de un vivo dolor de vuestros pecados, que abrasarán vuestros corazones con un ardiente amor y alejarán de vosotras al demonio para siempre; porque el pecado no puede residir en un corazón que se ocupa sin cesar de los dolores del Corazón de Jesús.

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EJERCICIO DE LA VÍA SACRA

Devotísimo por su objeto y muy provechoso por sus indulgencias.

ACTO DE CONTRICIÓN.

Omnipotente Dios, Trino y Uno, porque eres infinitamente bueno, te amo sobre todas las cosas, y por lo mismo me duele, me avergüenzo y me pesa de haberos sido ingrato. Arrepentido de mis culpas, te propongo de veras la enmienda; ayúdame con tu gracia.

ORACIÓN PREPARATORIA.

Amabilísimo Padre, postrado ante tu soberana pero dulce Majestad, te pido y espero tu bendición para meditar con fruto los dolorosos pasos de la Pasión de mi Redentor Jesús, verdad infinita; confiado en tu palabra, los ofrezco en satisfacción de mis pecados; suplico, Señor, me concedas las indulgencias que la piadosa madre Iglesia tiene asignadas a este devoto ejercicio. Las aplico por todas las necesidades mías y de mis prójimos, por el socorro espiritual y corporal de todos los hijos de la Iglesia; por los eclesiásticos, y en especial por los sacerdotes, y más en particular por los que la gobiernan; por los que están en gracia y en pecado; por los vivos y difuntos, y porque se cumpla en todo tu Santísima Voluntad.

Así preparado da un vuelo con la imaginación a Jerusalen para ver con los ojos del alma al dulce y dolorido Redentor en cada uno de los pasos que vas leyendo. Y si eres tan feliz que allí te encuentres con su afligida Madre, ella te llenará de la unción que es propia en esta meditación.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.

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Estación01

PRIMERA ESTACIÓN

 LA SENTENCIA DE CRUZ.

Pongamos la consideración en casa de Pilatos, y veremos a nuestro humildísimo Jesús, a quien después de rigorosamente azotado, coronado de espinas, burlado con injurias, salivas y bofetadas, se pronuncia contra Él la más injusta sentencia. Que lo crucifiquen, pide el pueblo. Que muera sin causa, dice el juez.

–(Pausa).

¡Oh Pacientísimo Jesús! Que no satisfecho con permitir que te desgarren en la columna, quisiste estar como reo delante del inicuo juez, atado con cadenas, oyendo la sentencia de muerte que contra Ti pedía el ingrato pueblo, suplícote me concedas que imite tu mansedumbre, sufriendo con gusto las injusticias que se me hagan, y que en tu rectísimo tribunal me presente sin las prisiones de la culpa, para oír de tu misericordia sentencia de vida eterna.

Señor, pequé: ten misericordia de mí. Pecamos y nos pesa: ten misericordia de nosotros.

Bendita y alabada sea la Pasión de nuestro Redentor Jesús, y los dolores de su Santísima Madre María Señora nuestra, concebida sin mancha de pecado original, desde el primer instante de su ser natural. Amén.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.

Estación02

SEGUNDA ESTACIÓN

LE CARGAN LA CRUZ.

Mira, alma: apenas se profiere la sentencia, cuando los ingratos judíos arrebatan de allí al inocentísimo Jesús, le desnudan la vestidura vieja y asquerosa que le habían puesto por burla y mofa; le visten su propia túnica, para que todos le conozcan y desprecien; le vuelvan a poner la corona con inhumana crueldad y le cargan en sus lastimados hombros una pesada Cruz.

–(Pausa).

Humildísimo Jesús, que resignado a la voluntad de tu Eterno Padre te abrazaste gustoso con la Cruz: como obedientísimo hijo la llevaste hasta el Calvario, para ser crucificado en ella por nuestras culpas. Ruégote, Maestro mío, que por Ti, y en reparación de mi ingratitud, busque y gustoso me entregue a toda mortificación para que, valiéndome aquí por verdadera penitencia, alcance los eternos premios que has prometido a los que padecen por Ti.

Señor, pequé: ten misericordia de mí. Pecamos y nos pesa: ten misericordia de nosotros.

Bendita y alabada sea la Pasión de nuestro Redentor Jesús, y los dolores de su Santísima Madre María Señora nuestra, concebida sin mancha de pecado original, desde el primer instante de su ser natural. Amén.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.

Estación03

TERCERA ESTACIÓN

LA PRIMERA CAÍDA.

Mira aquel lugar donde nuestro humildísimo Jesús, debilitado por la sangre que le faltaba y fatigado con el peso, da en tierra con la Santa Cruz. ¡Ay! ¡Con qué rigor tratan aquí a la Majestad humillada! En vez de ayudarle, le dan de puntapiés, le tiran la soga del cuello, le arrastran de los cabellos y barba, se burlan y ríen de su poder; pero el pacientísimo Jesús espera en tierra que alguno compasivo le ayude a levantar… Ve, alma, si quieres cargar la Cruz con Él.

–(Pausa).

¡Oh mi amado Maestro! Que fatigado con la Cruz quisiste caer en tierra para mostrarnos el gran peso de nuestras culpas cargadas sobre tus hombros: ruégote, Dios mío, que con tu gracia me levante del abismo de mis miserias y que, purificado mi espíritu con la mortificación de mis pasiones, no caiga más en mis pasados delitos, a fin de que, abrazado de tu Cruz, camine contigo al cielo por el camino de tus mandamientos.

Señor, pequé: ten misericordia de mí. Pecamos y nos pesa: ten misericordia de nosotros.

Bendita y alabada sea la Pasión de nuestro Redentor Jesús, y los dolores de su Santísima Madre María Señora nuestra, concebida sin mancha de pecado original, desde el primer instante de su ser natural. Amén.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.

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