Padre Mateo Crawley-Boevey – HORA SANTA DE MARZO Y VÍSPERA DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

HORA SANTA DE MARZO Y VÍSPERA

DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

 Padre Mateo Crawley-Boevey

HORA SANTA

Te adoramos, Corazón de Jesús Sacramentado, en unión con los nueve coros de tus ángeles, que te ensalzan en el Paraíso.

Te bendecimos, Corazón de Jesús Sacramentado, en unión con las legiones de serafines y de santos que te adoran en tu solitario Tabernáculo.

Te glorificamos, Corazón de Jesús Sacramentado, en unión de amor y de reparación ferviente con María Inmaculada y Reina del cielo en las alturas, y la Soberana del cielo terrenal de tus Sagrarios… ¡Oh, sí, en unión con Ella sobre todo, venimos a cantar, Jesús, tus misericordias infinitas y a llorar tus agonías místicas, los pecados de ingratitud del mundo y tus soledades en la Hostia!

En unión con Ella, queremos en esta Hora Santa recorrer la Vía Dolorosa, para convertirla, con las glorias de la Inmaculada y con nuestros consuelos, en el camino de tus victorias, y para hacer de tu Calvario el Tabor de triunfo de tu adorable Corazón.

Jesús amado, después de veinte siglos, no te conocemos todavía lo bastante en tu Santa Eucaristía; perdona y acepta en desagravio la visión amorosa de María, las adoraciones extáticas de su Corazón de Madre…

Jesús benditísimo, no obstante tus larguezas y las maravillosas invenciones de tu ternura, no te amamos aún con la generosidad sin límites con que debiéramos corresponderte… Perdona y acepta, en compensación de nuestra frialdad, los fuegos divinos que abrasaron las entrañas y el alma de María el día de la anunciación venturosa.

Jesús-Hostia, amor de nuestros amores, vida de nuestra vida, aparta tus ojos hermosísimos de nuestros culpables desvíos, de tantas tibiezas, de tantos desmayos en nuestros propósitos de virtud, en nuestras promesas de santidad… y perdona en obsequio a la Madre, cuyo Corazón Inmaculado te ofrecemos en reparación de caridad y en homenaje de la más cumplida y fervorosa adoración.

Jesús divino, en honor, pues, de la Inmaculada, en agradecimiento a los cuidados de la Virgen, en obsequio a la encantadora Nazarena, te rogamos, Señor, que olvides los incontables olvidos de tu ley en que han incurrido estos hijos tuyos, que vienen a llorar sus faltas y las de tantos hermanos culpables en el cáliz de oro del Corazón de María.

Recoge en él nuestro llanto de arrepentimiento y prométenos reinar, Jesús, con más intensidad de fe, de amor, de humildad y de pureza en nuestras almas, en nuestras familias, en la sociedad entera, por el amor y los martirios de la Virgen Madre…

(Pausa)

(Decidle a Jesús en silencio elocuentísimo que le amáis mucho, pero que deseáis amarlo más, inmensamente más todavía, en respuesta a su Corazón, que solicita los nuestros. Pero ya que nuestra pobreza es tan grande, ofrecedle el don incomparable, casi divino, del Corazón de María… ¡Ah!, y pedidle a Ella que al ofrecerse por nosotros en esta Hora Santa, nos consiga la gracia inapreciable de amar con santa pasión y de hacer amar con celo infatigable al Corazón de su Hijo Salvador).

 Nadie más que Ella tiene ciertamente el derecho de hablar de las intimidades del Corazón de Jesús y de sus propias angustias redentoras. Escuchémosla con filial cariño:

Voz de María. “Yo soy, desde el día de la anunciación del ángel, la madre del Amor Hermoso, y quiero que las almas se abrasen en las llamas de mi caridad… En esta hora mil veces sublime y venturosa, desde el 25 de marzo, en que Jesús y yo formamos una sola corriente de vida, pensé en vosotros, que me llamáis vuestra Madre… y decís verdad, porque lo soy…

(Lento y cortado)

Como tal he gemido, he sollozado, hijos míos, quemando con mis lágrimas ardientes las mejillas de Jesús Infante, en Belén inolvidable… Al arrullarlo entonces, al contemplarlo Dios e Hijo mío entre mis brazos, al besarlo en su frente divina, yo le ofrecía, previendo con entera certidumbre el deicidio de siglos y más siglos, que destrozaría, con dardo de pecado, el Corazón de vuestro Salvador. Yo, su Madre, lo levantaba en alto al Padre, rogándole, con martirios del alma, lo aceptara por la redención de los hijos ingratos…

(Cortado)

Besé sus manos, que me acariciaban, y marqué sus llagas con mis besos.

Puse mis labios en sus pies, reparando de antemano con mis ósculos las heridas de los hierros inclementes…

Ungí su frente con mis lloros y, sobre todo, puse mi cabeza, torturada con pensamientos de agonía, y luego mi boca, abrasada de sed de más amor, en su Costado ardiente, celestial… Y en ese Getsemaní de deliciosas amarguras, ahí Jesús y yo, su Madre, resolvimos, amando y padeciendo, la resurrección de tantos pródigos del hogar, de tantos renegados de la Cruz y del altar”…

(Pausa)

¡Oh, noche de paz y de tortura salvadora la que envolvió en sus tinieblas la cuna de Jesús! Extática y de rodillas, María velaba el reposo del Niño, del Eterno, y meditaba en otro Belén, con otra cuna de reposo aparente y de perpetuo sacrificio: el Sagrario, contemplado en lontananza… A través de los siglos, veía la Virgen amante y dolorida ese portal permanente, indestructible, donde Jesús Infante nacería millares de millones de veces entre las sombras de un altar humilde, para ser aprisionado en seguida en la cárcel inerte, pero dulcísima, de incontables tabernáculos… En cada uno de ellos el Dios-Prisionero, Jesús, infinitamente pequeño, sigue dormitando, mientras su Corazón Divino vela sobre nosotros y mientras, sobre su Cuna-Sagrario vela la Reina de sus amores, la Virgen María. (Pausa)

Las almas. ¡Oh, sí, Jesús-Eucaristía, al lado del dorado copón que te aprisiona está tu Madre; ella te nos regala en esta Hostia Sacrosanta! Bendícela, Señor, en nuestro nombre, ya que Tú también le debes el haber realizado tu anhelo de encontrar tus delicias entre los hijos de los hombres… Cántale con los ángeles de tu Santuario, ensálzala con los ángeles de tu Paraíso, glorifícala, con los hijos, con los desterrados que la llaman su Madre, gimiendo en este valle de lágrimas. ¡Ah! En obsequio a ella, a quien no puedes negarle nada, danos, Señor, el reinado de tu Corazón en tu Santa Eucaristía. No quieras permitir que queden defraudadas tus esperanzas y las de tu Madre, siempre omnipotente en la causa de tu gloria.

(Cortado y vehemente)

Reina, Jesús Sacramentado, entre los afligidos, como un consuelo, en aquel Pan consagrado de cada día, que nos da la Reina de los Dolores.

Reina, Jesús Sacramentado, entre los niños como un valladar de inocencia perfecta y de candor, mediante aquel Pan consagrado de cada día que nos da la Reina de las Vírgenes.

Reina, Jesús Sacramentado, entre los pobres y desamparados, como un aliento en tantas penalidades, mediante aquel Pan consagrado de cada día que nos da la humilde Reina de los pastores de Belén.

Reina, Jesús Sacramentado, entre los sacerdotes, como un fuego en amor de santidad y celo, mediante aquel Pan consagrado de cada día que nos da la Reina de los Apóstoles.

Reina, Jesús Sacramentado, en los hogares, como virtud de fe vivísima en las almas de los padres y los hijos, mediante aquel Pan consagrado de cada día que nos da la Reina del edén de Nazaret.

Reina, Jesús Sacramentado, en el Episcopado, en tu Vicario, en tu Iglesia, con un Pentecostés de caridad abrasadora, mediante aquel Pan consagrado de cada día, que nos da la Reina omnipotente del Cenáculo.

Jesús amabilísimo y adorable del Belén de los Sagrarios, paga los desvelos, los ósculos de ternura, los abrazos, las lágrimas de tu Madre, sus deliquios de amor junto a tu cuna pajiza, coronando a María Inmaculada, con las glorias y los triunfos de tu Corazón Sacrosanto.

(Pausa)

Quejas de María. Su voz doliente es la de una Madre cruelmente herida, que pide compasión a los hijos fieles, por la decepción de los otros…, de los pródigos, que en el mismo hogar, oprimen con amarguras su Corazón santísimo.

La historia de Jesús de Nazaret no es historia antigua; es, hoy día, una triste historia de dolores que cercan al hijo y a su Madre con el mismo vallado de agudísimas espinas…

Que nos hable la Virgen dolorida:

 

Voz de María: “Una tierra extraña, una tierra de gentiles, de enemigos, brindó un asilo a mi Hijo-Dios allá en Egipto… El desierto mitigó sus ardores y sus oasis tuvieron manantiales y refrigerios que nos negaron los ingratos, los preferidos nazarenos… ¡Ay, cómo hirió el Corazón de vuestro Dios ese desdén de soberbia, esa envidia enconada de los de su propia casa! Ahí donde hubieran debido aclamarlo batiendo palmas, tramaron con ira en su contra, y buscaron piedras para ultimarlo, y un horrendo abismo para despeñarlo con su gloria… Lloramos juntos, Jesús y María, los desvíos de los nuestros, el desprecio altivo e injurioso de aquel Nazaret de tantos y de tan suavísimos recuerdos… La soledad nos hizo silenciosa compañía. Y el odio nos tejió, en ese terruño de ternuras, nuestra primera corona de espinas… Ahí donde yo, su Madre, le contemplé, Niño y adolescente encantador entre las flores y las ovejitas de esa hondonada perfumada, ahí donde canté su hermosura divina, a coro con los ángeles, lo vi maldecido, y hube de llorar el desconocimiento con que Nazaret rechazó al manso Redentor… ¡Ay!, su pena y la mía se ahondaban, pensando en las edades por venir, previendo que tantos hijos desdichados, que tantos cristianos soberbios y renegados, desconocerían a su vez, en el seno mismo de Israel y de la Iglesia, la ley de gracia y la verdad del Señor Jesús. ¡Oh, sí!, los vio huyendo del cercado del Pastor, lejos y olvidados del hogar del Padre celestial… Vosotros, hijos míos, porque sois los hermanos menores de Jesús, mi Primogénito, y que habéis venido en busca de su Corazón Divino consoladlo en su desamparo… Tomad mi amor, mis finezas y mis sacrificios y ponédselos en el ara del altar, como un holocausto de reparación cumplida. Vuestra Reina os pide para Él una íntima plegaria… Yo, la Inmaculada, la Virgen-Madre, quiero repetirla con vosotros…”.

(Digámosla en unión con María)

(Lento y cortado)

Las almas. ¡Jesús de Nazaret, retorna y queda encadenado, como Rey, entre nosotros! No cedas, mil veces no, al clamor de un mundo malo, que te arroja o te hiere con desprecio de altivez satánica… Retorna y queda encadenado, como Rey, entre nosotros… Serán muchos, Señor, los que maldigan tu nombre y nieguen tu Evangelio; pero, mira, estamos tan resueltos, somos tan tuyos los que te suplicamos, que no te vayas jamás, jamás, de nuestro lado; retorna, pues, y queda encadenado, como Rey, entre nosotros…

¿Qué haría el mundo sin Ti, que eres su paz; sin Ti, que eres su cielo? ¿Qué haría, sino gemir entre cadenas por haberte desterrado siendo Tú su libertad?… Los desgraciados que así pudieron ofenderte, no han sabido lo que han hecho, perdónalos… Salvador benigno, retorna y queda encadenado, como Rey, entre nosotros… ¡Ah! los mismos que, como los nazarenos ingratos, te arrojaron de tu suelo y de tu casa, extrañarán un día el calor de tu Corazón, que salva y que perdona; recordarán que Tú, que sólo Tú, has dicho la verdad, enseñado la justicia y prodigado la misericordia… Y entonces, muchos de esos mismos te llamarán y te rogarán con lágrimas que vuelvas… Retorna, Jesús, retorna entonces perdonando, y queda para siempre encadenado, como Rey, entre nosotros. Sí, para siempre; no te vayas, no nos dejes jamás… Maestro; por eso venimos en nombre de todos los ingratos de la tierra, y para ellos y nosotros te pedimos:

(Todos en voz alta)

Tu Corazón Divino, Señor Jesús.

Venimos a buscarte en nombre de muchos enfermos del alma, de muchos que vacilan entre dos abismos: el del pecado y el del infierno, y para ellos y nosotros te pedimos:

Tu Corazón Divino, Señor Jesús.

Llegamos a tus pies en nombre de los agonizantes, que en la vida te insultaron, que en su juventud te hirieron y olvidaron… Pobrecitos, necesitan clemencia infinita; y por esto, para ellos y nosotros te pedimos:

Tu Corazón Divino, Señor Jesús.

Nos acercamos a tu Sagrario en nombre de tantos padres que han olvidado sus deberes para contigo, en nombre de tantas madres que padecen de amarga incertidumbre por el porvenir eterno del esposo y de los hijos; para ellos y nosotros te pedimos:

Tu Corazón Divino, Señor Jesús.

Hemos venido, llenos de confianza en tu misericordia, a pedirte, sin vacilaciones, grandes prodigios y aquellos milagros de ternura, prometida a la Hora Santa y a la Comunión frecuente y cotidiana; venimos a pedir tu reinado en la conversión de muchos y de grandes pecadores; para ellos y nosotros te pedimos:

Tu Corazón Divino, Señor Jesús.

Aquí nos tienes, Señor, traídos por tu Madre; inspirados por Ella, venimos a pedirte por las almas buenas, por tus Apóstoles, por el sacerdocio, por los corazones que te están consagrados y que te hicieron promesa de vivir en santidad…; para ellos y nosotros te pedimos:

Tu Corazón Divino, Señor Jesús.

Y, en fin, ¡oh, Dios Sacramentado!, venimos en demanda del triunfo grande, universal, decisivo, de tu Corazón en tu santa Iglesia, en tu Eucaristía, en tu Evangelio, en tu Vicario. Para los niños y gobernantes, para los ricos y los pobres, para los cristianos, los herejes y los gentiles, para todos, Jesús, para todos, y en especial para nosotros, tus amigos, te pedimos:

Tu Corazón Divino, Señor Jesús.

Dánoslo hoy, Señor, en nombre y por amor al Corazón de María Inmaculada…

(Pausa)

Enseñanzas de María. Una Hora Santa es una solemne meditación de amor que lleva a Jesucristo… ¿Qué camino puede llevarnos a Él que no sea el de María, su dulce Madre? Y en estos días en que nos rodean tinieblas tan espesas de ignorancia y de pecado, pongamos atento el oído a las insinuaciones de esta amable soberana. Que nos enseñe, pues, los peligros del desierto. Ella, que le atravesó llevando sobre su pecho virginal, sano y salvo, al Hijo de su Corazón Inmaculado… Oídla…

 

Voz de María. “¡Hijos de mi amor y de mis angustias, escuchadme: No hay sino un mal grave imponderable, sólo uno, y es perder a Jesús, cuyo Corazón es la vida, el amor y el Paraíso!…”.

Yo, su Madre, lo perdí, durante tres días en Jerusalén, y mi alma padeció agonías inenarrables. ¡Ay!, saberlo ausente…; vivir a distancia de Él, no verlo, no sentirlo, no poseerlo, después de haberlo estrechado sobre el corazón, después de haberlo visto sonreír y llorar, después de haberle entregado toda el alma en un beso de cariño, ¡qué suplicio horrendo!…

Mas ¿qué podré deciros si os cuento los dolores de mi alma maternal, destrozada en la tarde del Jueves Santo con la suprema despedida?… ¿Ni qué dolor superó jamás a

mi dolor, cuando, el amanecer del Viernes Santo, me trajo la visión de sus ignominias, de su flagelación y de sus escarnios?… Sangre y espinas, y blasfemias y odio y gritos de muerte; tal fue el cuadro de desolación infinita que Dios Padre quiso poner ante mis ojos de Madre, la más triste y dolorida de todas las madres de la tierra… Decid, vosotros que me amáis, decidme en esta Hora Santa, si es posible, si conocéis un dolor semejante a ese dolor…

Hijitos míos; no queráis saber jamás cuán mortal es esa angustia. Jesús es vuestro; yo, María, os le he entregado; es enteramente vuestro; no queráis jamás, jamás, perderle por la culpa grave. Los que habéis conservado todavía la pureza bautismal, la inocencia, ¡oh!, no le lastiméis con la cruel lanzada del primer pecado mortal, que desgarra el Costado del amabilísimo Jesús. ¡Esa primera hora de orgullo, de placer, en contra de su ley; ese primer pecado grave, atraviesa con dardo de fuego su Corazón ternísimo! Pero… si hubierais ya caído, si os hubierais manchado, yo os conjuro a que lavéis con lágrimas esa afrenta quemante del rostro de Jesús… Recobradlo, hijos míos; venid donde Él, venid pronto, abrazaos a sus pies y no lo dejéis ya más… ¡Os ama tanto!… ¡Amadlo!…

(Y en especial oídme vosotras, madres de un hogar, que debe ser el templo santo de Jesús, cuidad que el esposo y que los hijos no pierdan, por tibieza vuestra, la compañía deliciosa de mi Hijo-Dios.

Que reine siempre en ellos…

Sí, que se quede, eternamente con el padre, con la madre, con los hijos del hogar cristiano que lo adora; que se quede en los días de invierno y de pesar en las horas de primavera y de alegría…).

Almas queridas, aferraos con pasión divina a Jesucristo, dejad que Él os encadene para siempre, sobre el Corazón, entre sus brazos… ¡Ah, no lo perdáis jamás!…

(Digámoselo nosotros mismos al Señor Sacramentado).

Las almas. ¡Jamás te abandonaremos, Jesús, con el auxilio de tu gracia y de tu Madre, jamás! ¡Pero como nuestra fragilidad es tanta, te rogamos, Salvador amado, que no nos dejes de tu mano, que Tú también te aferres a nosotros, por tu gran misericordia…!

(Lento y cortado)

Corazón de Jesús, no nos dejes en la vorágine de tentaciones que nos asedian, como fieras hambrientas del infierno; no consientas que nosotros te perdamos.

Corazón de Jesús, no nos dejes en las grandes debilidades del corazón humano, tan propenso a las seducciones del amor terreno; no consientas que nosotros te  perdamos.

Corazón de Jesús, no nos dejes en la desesperación de nuestros males, porque Tú bien sabes que ciertos sufrimientos agostan, enferman de muerte el alma; no consientas que nosotros te perdamos.

Corazón de Jesús, no nos dejes en las desolaciones y soledades en que, con frecuencia, nos abandonan las criaturas que no saben amar, como Tú amas, y que son indiferentes a nuestras penas o no pueden aliviarlas…; no consientas que nosotros te perdamos.

Corazón de Jesús, no nos dejes en el abismo de nuestras constantes recaídas, en aquellas postraciones de nuestra endeble voluntad, tan tornadiza, en el propósito de amarte con verdadero sacrificio; no consientas que nosotros te perdamos.

(Breve pausa)

Por amor de la Virgen Madre te conjuramos a que permanezcas, Jesús, siempre a nuestro lado, no quieras jamás dormir durante la borrasca, en la barca tan frágil de nuestro pobrecito corazón, que hoy día te ama.

(Todos en voz alta)

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En los momentos de amargura:

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En los días de debilidad moral:

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En los momentos de vacilación e incertidumbre:

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En las horas de hastío y de cansancio:

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En las ocasiones tan frecuentes de olvido de nosotros mismos:

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En los días de desaliento en tu servicio:

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En las horas de fragilidad y de caída:

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En los momentos de duda peligrosa o de temible ilusión.

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En los días de enfermedad y en los peligros de muerte:

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

En nuestros postreros instantes, en las convulsiones de la suprema agonía:

Corazón de Jesús, en ti confiamos.

Jesús, amor de nuestra vida y amor de nuestros amores, confiamos nuestra existencia, nuestras tribulaciones y la esperanza final de nuestro cielo, en tu benigno, en tu dulce, en tu misericordioso Corazón…

Dolores inenarrables de María. Sus agonías fueron más amargas y más hondas que el océano; las lágrimas de su alma virgen, maternal y mártir, si se convirtieran en luz, formarían muchos soles… Que Ella nos lo diga. ¡Háblanos tú, María, Reina de los mártires!…

 Voz de María. “Mis dolores son inenarrables, porque no son míos; son las agonías del Corazón de mi Jesús que inundan, como un mar embravecido, mi corazón de Madre… Es el dolor infinito de un Hijo-Dios, el que ha torturado mi alma con aflicciones sin medida… ¡Y cómo no iba a ser así cuando he visto bañado en sangre, cubierto de baldones, vejado con maldiciones, pisoteado por los soberbios, escarnecido por el fango de los caminos a mi Señor, al Hijo de mis entrañas, a mi Dios y mi todo!… Lo he visto a través de mis lágrimas; lo he visto, por iluminación de lo alto, en la Vía, perpetuamente dolorosa de siglos y más siglos, siempre jadeante, siempre desolado y triste, bajo el madero infame de todas las perfidias… Lo he visto en lontananza, concluida su vida terrena y la pasión de su Calvario; lo he visto arrastrado siempre por las turbas, despojado de su realeza, coronado de espinas, burlado en su soberanía, escupido en aquel rostro que es el encanto de todos los bienaventurados… Lo he visto, hijos míos, en la cuesta de ese Gólgota perpetuo, seguido por los hipócritas, por los impuros, por los sacrílegos, por los traidores, por los blasfemos, y todos, con ira en el alma, con hiel en las palabras, lo insultaban, a Él, que bendecía entre sollozos y que perdonaba agonizando… Lo he visto ¡oh dolor!, buscando con la mirada, desde millares de Sagrarios empolvados, desde la prisión del Tabernáculo, casi siempre solitario, buscando en la distancia los ojos del amigo, del hermano, de la esposa, del consolador y del apóstol; y ¡cuántas veces, cuántas, no ha encontrado sino el silencio, el olvido y la soledad de un hielo, que ha renovado la profunda herida de su pecho destrozado!… ¡Ah, y lo he visto morir, y morir inútilmente, estérilmente para tantos infelices pecadores, para tantos hijos renegados de su Templo, de su Cruz y de su Ley!…

Por lo menos, vosotros, sus amigos, que traéis el lienzo de pureza y de cariño de la amantísima Verónica, vosotros, que lo conocéis de cerca, subid conmigo, Su Madre, subid hasta su Costado abierto, y ponedle ahí, en un beso apasionado, el alma, enardecida en viva caridad. Venid, lloremos juntos tanta desventura; venid, y amemos en nombre de un mundo que le dio la muerte con la apostasía de perversa ingratitud…”.

(Pausa)

(No olvidemos; la historia de la horrenda noche del Jueves Santo, del pretorio, de la Vía Dolorosa, es historia escrita hoy con caracteres de culpa deicida y es culpa nuestra. Pecaron nuestros padres, pecaron los verdugos, y nosotros seguimos recayendo en el pecado. ¡Ea!, reparemos y lavemos, si preciso fuera, con sangre, nuestra propia afrenta. Digámosle a Jesús Sacramentado una palabra de amoroso desagravio).

 Las almas. Señor, acuérdate que dijiste que habías venido a dar la vida y a darla con superabundancia inagotable; te pedimos, por María Inmaculada y por tu Corazón piadoso:

(Todos en voz alta)

Que no seas nuestro Juez, sino nuestro dulce Salvador.

Señor, acuérdate que dijiste que habías venido en busca de las ovejillas descarriadas de Israel; ¡ah!, no las desampares entre las espinas del camino extraviado; te pedimos, pues, por María Inmaculada y por tu Corazón piadoso:

Que no seas nuestro Juez, sino nuestro dulce Salvador.

Señor, acuérdate que prometiste celebrar en el hogar de tus ternuras la llegada del pródigo arrepentido, con cantares y festejos de ángeles; te pedimos, pues, por María Inmaculada y por tu Corazón piadoso:

Que no seas nuestro Juez, sino nuestro dulce Salvador.

Señor, acuérdate que, invitado a la mesa de tus enemigos, de los pecadores, aceptabas el convite para conquistarlos, en seguida, con palabras de ternura y de esperanza; te pedimos, pues, por María Inmaculada y por tu Corazón piadoso:

Que no seas nuestro Juez, sino nuestro dulce Salvador.

Señor, acuérdate que buscaste siempre con marcada preferencia a los más caídos, y que Magdalena, la Samaritana, el Buen Ladrón y tantos culpables, saborearon la suavidad infinita de tu Evangelio; te pedimos, pues, por María Inmaculada y por tu Corazón piadoso:

Que no seas nuestro Juez, sino nuestro dulce Salvador.

Señor, acuérdate, por fin, en tu vida de Hostia redentora, que perdiste la vida terrena por perdonar al hombre, y que expiraste convidando al cielo de tu Padre a un dichoso desdichado que endulzó tu agonía y compró tu Paraíso con una sola palabra de arrepentimiento humilde; te pedimos, pues, por María Inmaculada y por tu Corazón piadoso:

Que no seas nuestro Juez, sino nuestro dulce Salvador.

Que así sea, Jesús, en especial para aquellos que han sabido consolarte en la Comunión Reparadora y en la bellísima plegaria de la Hora Santa. Cumple con ellos y los suyos tus promesas de misericordia.

(Pausa)

Triunfos de Jesús y Glorias de su Madre. El hijo de María es Dios en su muerte y debe ser Dios en su triunfo. Los resplandores que cubren el sepulcro despedazado, envuelven su Cruz, su Iglesia, su Tabernáculo y glorifican a la Virgen María.

Pero ese triunfo del Señor Crucificado, es un triunfo secreto y misterioso, es una victoria, íntima como la gracia y como las almas… Así es cómo ese Dios, realmente presente, pero oculto en esa Hostia, va dominando todas las tempestades del infierno… todas mueren ante el humilde Sagrario.

Y esa gran victoria, inamovible, eterna, es también la victoria y la exaltación de la Mujer purísima de María Inmaculada, unida a Él como en las supremas angustias del Corazón del Hijo, en las inefables alegrías de su gloria y de su triunfo.

Terminemos, pues, esta Hora Santa con una plegaria de alabanza y con un hosanna de júbilo.

Las almas. Jesús adorable, ya es llegado el tiempo en que veamos convertido tu altar en el Tabor de tus glorias, pues con este fin revelaste a Margarita María las magnificencias de tu victorioso Corazón… Tu Vicario y el sacerdocio, encendidos en nuevo celo; tu Eucaristía, amada y recibida con la vehemencia de un amor inusitado; la práctica de la Hora Santa; la consagración de los hogares, convertidos en tus templos, todo, en fin, ¡oh, Dios Sacramentado!, todo nos está diciendo con idioma elocuentísimo que el lábaro de tu Corazón avanza, recuperando el mundo que derramó tu sangre… Afianza, pues, Señor, tu reinado, y avanza más y más, ¡oh, Rey de los amores!, te lo rogamos en nombre de María Inmaculada, en cuyos brazos te encontramos siempre asequible y siempre a nuestro alcance.

Corazón de Jesús, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amamos; perdona, pues, y derrama por el mundo entero las gracias prodigiosas con que alientas y confirmas esta sublime devoción; por el Corazón Inmaculado de María:

(Todos)

Venga a nos tu reino.

Corazón de Jesús, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amamos; perdona, pues, y dilata hasta los últimos confines de la Tierra el fecundo aliento de regeneración cristiana que ofreces a las almas en este amor incomparable; por el Corazón Inmaculado de María:

Venga a nos tu reino.

Corazón de Jesús, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amamos; perdona, pues, y afianza la realeza de tu suavísima ternura en el hogar, en todas las familias que te están diciendo que eres su paz y su cielo anticipado; por el Corazón Inmaculado de María:

Venga a nos tu reino.

Corazón de Jesús, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amamos; perdona, pues, y alienta a los apóstoles que anhelan coronarte con diadema de almas, de muchas almas pecadoras, conquistadas con tu caridad infinita, inagotable; por el Corazón Inmaculado de María:

Venga a nos tu reino.

Corazón de Jesús; Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amamos; perdona, pues, y cumple con tu Iglesia las solemnes promesas de victoria hechas a Margarita María, como bendición y recompensa de este querido y fecundo apostolado; por el Corazón Inmaculado de María:

Venga a nos tu reino.

Corazón de Jesús; Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amamos; perdona, pues, y, en obsequio a la Virgen Madre, da a los trabajos y a las palabras de tus apóstoles la virtud irresistible de entronizarte dondequiera que haya un alma o un hogar que necesiten de tu gran misericordia; por el Corazón Inmaculado de María:

Venga a nos tu reino.

Sí, establécelo, Señor, en la familia, en el pueblo, en el gobierno, en la enseñanza, ¡reina por tu Corazón Divino!

Te conjuramos por las lágrimas de tu Madre… te lo exigimos por el honor de la Virgen Inmaculada, ¡reina en el mundo y en la Iglesia universal, reina por tu Sagrado Corazón!

Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes.

Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores.

Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora Santa y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones).

(Cinco veces)

¡Corazón Divino de Jesús, venga a nos tu reino!

Padrenuestro, Avemaría y Gloria para las intenciones de nuestro Santo Padre, el Papa, y para ganar las indulgencias otorgadas a esta devoción.

OSKO: UNA TARDE EN EL PETSHOP TRADI

UNA TARDE EN EL PETSHOP TRADI

Pajarera

No podemos resistirnos a insistir…,

aunque ahora con un poco de humor; porque el anterior fue en serio…

 

Un hombre entra al petshop “La Resistencia”.

— Buen día…. ¿tiene usted un ruiseñor?

— En este momento… no sé, a ver…, espere un segundo.

El vendedor ingresa a la trastienda del negocio y habla con su socio.

— Che, el gil que está afuera quiere un ruiseñor, pero no tenemos ahora. ¿Por qué no le vendemos ese cucú que trajiste ayer?

— Porque se va a dar cuenta…, no son ni parecidos.

— Pero… ¿no viste la cara que tiene el tipo?

— A ver… Uuuuuy, sí; bueno, dale a ver si pasa.

— Señor…

Dígame

— ¡Qué suerte la suya! Es que me quedaba este último ruiseñor; y fíjese que no me había dado cuenta.

— ¡Ahhh! ¡Pero qué bien! Aunque lo veo algo diferente…

— ¡No!; es igualito a todos los ruiseñores.

— ¡De ninguna manera!; he tenido varios a lo largo de mi vida, y este pajarito no se parece a un ruiseñor.

— ¿Está queriendo decir que lo estoy engañando?

— Bueno… no… Pero no se parece ni un poco y…

— ¿Quién es aquí el experto en pájaros y que vende pájaros?… ¿usted, o yo?

— … Usted…, disculpe, pero…

— ¡Sin peros!… ¿Quiere el cuc…, digo, el ruiseñor, o no lo quiere?

— ¡Claro!, eso vine a buscar aquí…

— Entonces, si lo quiere, me da el dinero y se lo lleva. Si no, lo deja, pero no me haga perder el tiempo.

— Es que se lo ve tan distinto…

— Bueno…, es que se trata de una de las tantas subespecies de ruiseñor que existen.

— Fíjese usted…, no sabía lo de las subespecies.

— No tiene por qué saberlo usted. Ese es mi trabajo. Usted simplemente pague por el pájaro, acepte lo que le digo y ruegue para que no se le muera. Hay tantas enfermedades de pájaros dando vueltas por estos días.

— Bueno, gracias…

— Por nada. Una pregunta, antes de que se vaya…

— Pregunte nomás.

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RADIO CRISTIANDAD INFORMA

Fabian

Para todos aquellos amigos de Radio Cristiandad que quieran participar de un acto de agradecimiento que deseamos hacerle a Fabián durante la programación del día jueves 19 de marzo, les acercamos los requisitos:

  • El acto de agradecimiento se hará en audio:

Pueden hacernos llegar estos audios a través de whatsapp, correo electrónico, etc.

Les pedimos por favor que, las grabaciones sean de la mejor calidad posible.

  • Los mensajes deben ser:

Un agradecimiento por la obra de Fabián.

Cortos. No durarán más de 1 min. Entendemos que es poco tiempo, pero sabemos también que todos quieren participar; por lo que es necesario que no se extiendan.

Cuerpo del mensaje. La salutación constará de Saludo inicial – Presentación – Mensaje de agradecimiento – Despedida.

Ejemplo: “Buenos días queridos amigos de Radio Cristiandad, mi nombre es Fulano de tal lugar. Por este medio quería hacer llegar mi agradecimiento a Fabián por todo lo que hizo a través de la radio y hacerles llegar mi apoyo. Los saludo cariñosamente.”

 

  • La intención es hacer este acto de agradecimiento el día Jueves 19 de Marzo, día de nuestro Santo Patrono San José, por lo tanto, necesitamos que nos hagan llegar estos mensajes hasta el 10 de Marzo.
  • Avisamos que todos aquellos mensajes que no cumplan con los requisitos que pedimos, no serán difundidos.

Les dejamos los medios de comunicación donde nos harán llegar sus audios:

  • Whatsapp: (+549) 266 – 15 – 4 – 030621
  • Correo electrónico: fede.emmaledesma@gmail.com

PADRE CERIANI: EL HALCÓN Y LOS RUISEÑORES

EL HALCÓN Y LOS RUISEÑORES

En la Entrevista que le hiciera en diciembre de 2014 E&R (Egalité et Réconciliation), el Obispo de Kent expresó (en todas las citas, los destacados en amarillo son míos):

Ahora estamos con la soga al cuello y no podemos escapar, necesitaríamos un verdadero milagro para escapar. Este milagro sería la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. Si los hombres de Iglesia lo hicieran, en lugar de ir deslizándonos hacia abajo empezaríamos a remontar.

(…)

Putin está liderando y haciendo todo lo que puede para promover un renacimiento religioso en Rusia. Ha reconstruido miles de iglesias y eso significa que si se hace la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, fácilmente se realizará la conversión de Rusia a la religión católica, y Rusia renovará la Iglesia.

Rusia lideraría la renovación de la Iglesia porque no seguiría los pasos de la decadente Iglesia Latina.

Para nada. Parece haber ahora una verdadera renovación de la religión en Rusia. Si esta renovación se vuelve Católica, entonces Rusia creará un nuevo Catolicismo, tanto nuevo como antiguo, pero definitivamente nuevo.

Es una verdadera esperanza para mañana o pasado mañana.

Yo creo que esto es lo que debe pasar porque sin el Catolicismo no tenemos la Verdad completa.

Al presente, los ortodoxos están en cisma, si no en herejía. Pero con la consagración se convertirán.

Según el obispo inglés, si los hombres de Iglesia consagrasen Rusia al Corazón Inmaculado de María, Rusia se convertiría a la religión católica, lideraría la renovación de la Iglesia y crearía un nuevo Catolicismo.

Si los hombres de Iglesia… ¿De qué Iglesia se trata?

Su último Comentario Eleison, el número 398, del 28 de febrero de 2015, puede aclarar algo, más bien oscurecer… El Obispo de Kent cita a Monseñor Tissier y dice:

Es la situación de Roma, no la nuestra, la que es anormal (…) son estos Romanos los que tienen que retornar (…) Los cucúes modernistas ocupando hoy en día el nido del ruiseñor, es decir las estructuras de la verdadera Iglesia (…) En realidad no son más que cucúes sin ningún derecho a ocupar ese nido (…) Su falsa doctrina hace falsa su ocupación de ese nido (…) Dondequiera que el remanente de los verdaderos ruiseñores esté visiblemente reunido en cualquier nido provisional, ellos están en la Iglesia, ellos son la verdadera Iglesia visible…

Entonces, los hombres de Iglesia que deberían consagrar Rusia son los Romanos que no han retornado aún al verdadero catolicismo, son los cucúes modernistas que ocupan hoy en día las estructuras de la verdadera Iglesia, pero que no son la verdadera Iglesia visible.

Esa consagración, por lo tanto, sería tan válida como si la hiciera Putin o el patriarca ortodoxo de Moscú.

Halcón

Si hacemos memoria, allá por el 11 de julio de 2009, en su Comentario Eleison Nº 105, el actual Obispo de Kent escribió:

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OSKO: CUCLILLOS EN EL BOSQUE TRADI

La cobardía convertida en timidez y la Apostasía en una mera Transición

CUCLILLOS EN EL BOSQUE TRADI

Ref: Que otro pájaro construya el nido,

empolle sus huevos y alimente a sus crías.

Esa es la compleja meta del cuclillo.

Los cuclillos o cucúes son aves parásitas.

 

Veamos cómo se enojan ahora.

Sentémonos a disfrutar del escándalo de los pusilánimes, de las berrinchadas de los ignorantes y del malestar indignado de los susceptibles, sensibleros y superficiales.

No escatimemos del combustible que necesitan los pseudo-tradicionalistas para hacer su recurrente ejercicio de la burla o el sarcasmo, que confunden con ironía, arte que desconocen obviamente y que ignoran desconocer.

El combustible que necesitan es la Verdad. La Verdad, a la que queman en sus hogueras bajo barniz o capa de “defensores” de la misma, cuando en realidad son ellos mismos sus verdugos.

Si no fuese porque las evidencias son tantas, tendríamos la tentación de exonerar de culpa a muchos de sus seguidores, simples fieles de a pie. Pero no. No podemos.

La hipócrita marea invade las calles de ciudad tradi entrando por todas partes.

Tenemos delante de nosotros un nuevo ELEISON COMMENT, Número CCCXCVIII (398).- 28 de febrero de 2015.

Dicho Eleison nos trae ahora reflexiones respecto del Obispo Tissier de Malerais, a la sazón “destinado” en la ciudad de Chicago, en los EEUU, en una suerte de retiro y silenciamiento forzoso, ACEPTADO TAMBIÉN SILENCIOSAMENTE Y SIN PROTESTAS por él.

Esto, que pudiera ser visto como un acto de humilde aceptación de órdenes dispuestas por la superioridad, en el actual estado de cosas intra-FSSPX configura un acto de pusilánime aceptación y cobarde resignación (cosa que Mons. Williamson termina ratificando al final de su ELEISON 398, como podrá ver todo lector perspicaz).

Pero el Obispo que nunca se retracta (por graves que sean sus errores) acude presuroso con su brocha y un balde de barniz y cubre con varias manos el asunto, induciendo a sus lectores a que vean un cuadro cuasi virtuoso.

Mons. Williamson se ha convertido en un campeón del arte de la tergiversación, “doctrinal, doctrinal, doctrinal”… e histórica y cotidiana.

Pero en fin, señalemos algunos aspectos dignos de destacar, que hacen que lo que Mons. Williamson llama “SIGNO ALENTADOR” sea, por el contrario, un elocuente síntoma de la devastación y del desapego a la Verdad.

Refiriéndose a Mons. Tissier de Malerais, dice que:

-Tal vez él ha amado la Fraternidad “no sabiamente, pero demasiado bien” (¿…?) de manera que él no ha visto o no ha querido ver (¿…?) a qué punto los Superiores actuales están desde hace largos años, lentamente pero seguramente, traicionando el combate por la Fe del Arzobispo. ¿Ha puesto él la unidad de la Fraternidad por arriba de la Fe de la Iglesia? Pero el mes pasado él dijo varias cosas que no se podían decir mejor.-

En el párrafo anterior hemos introducido sendos signos de pregunta entre paréntesis que más que interrogación representan el más absoluto desconcierto, nuestro, claro.

Sería larguísimo este artículo, si nos detuviéramos en cada una de estas vaguedades, incongruencias…; cosas verdaderamente inexplicables o que resultan ser tan ambiguas que podrían llevar a que los lectores no avisados de las sinuosidades del obispo inglés deriven hacia conclusiones falsas.

Una cosa es no haber visto, y otra muy distinta será NO HABER QUERIDO VER… Pero el insólito obispo, pone esas dos instancias en el mismo nivel, y al obispo francés en un mismo plano, independientemente de cuál sea la razón de su histórico comportamiento, que únicamente puede ser definido como pusilánime y cobarde, aunque muchas veces se haya pretendido disfrazarlo de prudencial.

Por lo demás…, todo aquello que de bueno pudiera haber dicho o pudiera decir Mons. Tissier de Mallerais, podrá ser considerable e incluso aceptable y bienvenido…, ¡pero no que se nos quiera convencer de que se trata del mismo pensamiento de Mons. Lefebvre!, ni tampoco hacernos creer ninguna otra cosa en referencia a su persona.

Se pregunta Mons. Williamson respecto del Obispo Tissier de Mallerais:

“¿Ha puesto él la unidad de la Fraternidad por arriba de la Fe de la Iglesia?”

Era este un buen momento para hablar de las razones del cómplice silencio de Mons. Tissier de Mallerais. Sin embargo Mons. Williamson, no se contesta la pregunta que él mismo se ha hecho.

Parece más bien un acto de “oportunismo político” el de Mons. Williamson. Del tipo de actos que suelen definirse como un intento de “llevar agua para el propio molino”.

De hecho, se ve que se les ha convertido en costumbre a los sacerdotes, obispo y blogueros de la Falsa Resistencia ese “oportunismo político”…, cuya expresión más acabada nos parece que la representa cierto sacerdote radicado en Bogotá, que sigue a Mons. Williamson (aunque no en todo), que forma parte de la Falsa Resistencia (aunque no del todo) y que se entiende todavía con sacerdotes que no están ni en la NEO-FSSPX ni en la Falsa Resistencia…, aunque tampoco se “entiende” del todo con ellos, salvo en cuanto a que le resulte conveniente… para sus afanes proselitistas.

Ya que el obispo inglés menciona a los cucúes o cuclillos, diremos que parece estar inspirándose en el comportamiento de su cofrade y compañero de ruta, del que hacemos referencia sin mencionar el nombre…

No son afirmaciones gratuitas estás últimas.

La impostura de los miembros de la Falsa Resistencia es tan brutal como visible. Salvo para ellos mismos, que continúan plantados en la misma. ¿Cómo se entiende lo que sigue, si no es así?:

-“Es pues un deber estricto para todo sacerdote que quiere permanecer católico el separarse de esta Iglesia Conciliar, mientras ella no reencuentre la Tradición del Magisterio de la Iglesia y de la Fe católica”.-

Dice Mons. Williamson que dice Mons. Tissier de Mallerais, que, a su vez, cita al Arzobispo Mons. Lefebvre.

Con las anteriores expresiones sí que podríamos estar plenamente de acuerdo; pero… pero, aquí viene nuevamente a la carga el Obispo que nunca se retracta:

Los cucúes modernistas ocupando hoy en día el nido del ruiseñor, es decir las estructuras de la verdadera Iglesia, pueden presentar la apariencia de ruiseñores, pero su canto, es decir su doctrina, doctrina, doctrina, los traiciona inmediatamente. En realidad no son más que cucúes sin ningún derecho a ocupar ese nido. El nido verdadero no hace su doctrina verdadera. Su falsa doctrina hace falsa su ocupación de ese nido. Ellos pueden ser visibles en ese nido pero, como su doctrina lo muestra, ellos no son verdaderos ruiseñores. Dondequiera que el remanente de los verdaderos ruiseñores esté visiblemente reunido en cualquier nido provisional, ellos están en la Iglesia, ellos son la verdadera Iglesia visible y su hermoso canto testimonia a quienquiera que tiene oídos para escuchar, que los cucúes son nada más que cucúes que han robado el nido católico que actualmente ellos ocupan.

Reemplacemos la palabra RUISEÑOR por la palabra CATÓLICO…

Reemplacemos la palabra CUCÚES por la palabra APÓSTATAS…

Ahora veamos lo que hace Mons. Williamson con la palabra NIDO, y se verá claramente donde está el engaño.

Obsérvese que Mons. Williamson habla de “un remanente de ruiseñores reunidos visiblemente en cualquier NIDO PROVISIONAL”.

Y entonces se entenderá cuál es el “error” del principal conductor de la Falsa Resistencia.

¿Los herejes modernistas ocupan EL NIDO de los católicos?

¿Las Estructuras actuales y existentes en Roma son TODAVÍA el NIDO al cual deben aspirar los católicos?

¿Cuál es la PROVISIONALIDAD de los NIDOS actuales de los verdaderos católicos?

¿Será que los católicos están llamados a abandonar un día sus NIDOS PROVISIONALES para RECONQUISTAR LOS NIDOS hoy ocupados por los apóstatas?

¿Acaso tiene todo esto FUNDAMENTO ESCRITURÍSTICO o PROFÉTICO?

No existen tales cosas.

Allí donde se conserva LA FE INTACTA, allí está la Iglesia.

En las inteligencias esclarecidas y unidas a la Verdad, allí está la Iglesia y allí está Cristo.

En cambio, Mons. Williamson quiere que los católicos continúen mirando obsesivamente HACIA ROMA y las “estructuras”, que para él siguen siendo el “NIDO” que hay que reconquistar.

¿Qué puede esperarse de un hombre que en diciembre de 2014 llegó a decir todo lo que sigue:

“Ahora estamos con la soga al cuello y no podemos escapar, necesitaríamos un verdadero milagro para escapar. Este milagro sería la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. Si los hombres de Iglesia lo hicieran, en lugar de ir deslizándonos hacia abajo empezaríamos a remontar.”

“Putin está liderando y haciendo todo lo que puede para promover un renacimiento religioso en Rusia. Ha reconstruido miles de iglesias y eso significa que si se hace la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, fácilmente se realizará la conversión de Rusia a la religión católica, y Rusia renovará la Iglesia”.

“Rusia lideraría la renovación de la Iglesia porque no seguiría los pasos de la decadente Iglesia Latina.”

“Para nada. Parece haber ahora una verdadera renovación de la religión en Rusia. Si esta renovación se vuelve Católica, entonces Rusia creará un nuevo Catolicismo, tanto nuevo como antiguo, pero definitivamente nuevo.”

“Es una verdadera esperanza para mañana o pasado mañana.”

“Yo creo que esto es lo que debe pasar porque sin el Catolicismo no tenemos la Verdad completa.”

“Al presente, los ortodoxos están en cisma, si no en herejía. Pero con la consagración se convertirán.”

¡Notable!…  Para Mons. Williamson los jerarcas conciliares son “los hombres de Iglesia”, Rusia creará un “nuevo catolicismo”, “Putin es un restaurador o renovador religioso”, etc. etc… Y todo este dislate, consecuencia de la recurrente “apuesta” episcopal en una ilusoria, irreal y absurda esperanza en una nueva “Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón”.

Pero en verdad, consecuencia de la obsesión por unas quiméricas “restauración y reconquista”.

Es tan grave todo esto, como grave es que el obispo inglés “ni sabiamente ni bien” considere la realidad verdadera. Una realidad NOTABLE, OSTENSIBLE, EVIDENTÍSIMA, ELOCUENTE y, por sobre todo, APOCALÍPTICA y señalada recurrentemente por las mismas Sagradas Escrituras.

El apego de los FALSOS RESISTENTES a las “estructuras” (similar al de los llamados “conservadores” de la sempiterna “línea media”) es exactamente del mismo tenor y nivel que la mirada final de la mujer de Lot hacía Sodoma.

Contumaces nostálgicos de las estructuras eclesiásticas; de los oropeles; de las sotanas de interminables líneas de botones rojos; de las rutilantes capas cardenalicias agitadas por el viento; del boato y la pompa; del antiguo esplendor; ellos continúan añorando una época irremisiblemente lejana y que ya no volverá jamás; como si la APOSTASÍA ACTUAL Y FINAL, fuese una mera TRANSICIÓN previa a una fantasmagórica RESTAURACIÓN.

Digamos, una vez más, que la tal RESTAURACIÓN carece por completo de fundamentos escriturísticos, cosa que no parece importarles demasiado a los nostálgicos embaucadores.

El futuro de la Iglesia de Cristo son las catacumbas y no las “estructuras”. Esos son los verdaderos “NIDOS” donde la Iglesia nació y en “NIDOS” de características similares deberá esperar el Retorno de Cristo.

Entre tanto, la Falsa Resistencia se llena de estatuas saladas, empezando por su líder episcopal.

***

NOTICIAS SOBRE FABIÁN

NOTICIAS SOBRE EL ACCIDENTE

Y LA CEREMONIA DE LAS EXEQUIAS DE

MARIO FABIÁN VÁZQUEZ,

 DIRECTOR DE RADIO CRISTIANDAD

 Crónica del accidente redactada por Lorena Vázquez:

Hoy, un poco más tranquila, pero con la ausencia a cuestas…, con la tristeza de no tenerlo más…, pero con la esperanza en el Cielo…, con el corazón en Nuestro Señor…, quiero contarles, para tranquilidad de muchos, que mi hermano Fabián, en su viaje, minutos antes de morir, había rezado el Santo Rosario a Nuestra Santísima Madre, y llevaba en su pecho, cerca de su corazón, el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen.

Su muerte fue instantánea; pero antes de irse, cuando le dijeron: “Cuidate, Fabi, él contestó: “Me estoy cuidando…, llevo conmigo el Santo Escapulario… ”

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Escapulario que revestía Fabián en el momento del accidente

Gracias a todos los que, con tanto amor y agradecimiento, nos han mostrado lo grande de su apostolado; lo cual sabíamos, pero no hasta dónde…, tantas almas…

Dios le dio un don, y él lo aprovechó… Ahora, a los que quedamos en este valle de lágrimas, nos queda seguir luchando, para que Cristo reine…, y por la Verdad, ¡¡¡aunque duela!!!

Notas del Sermón de la Misa de Exequias rezada por el Padre Ceriani:

Como padre espiritual, tengo deberes:

1º) Para con el alma de Fabián Vázquez.

2º) Para con los miembros de la comunidad.

 

1º) Para con el alma de Fabián:

  • a) Implorar la misericordia divina.
  • b) Aplicar los sufragios por el eterno descanso de su alma.

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 Foto tomada al finalizar la Misa de Exequias
  • c) Agradecer todo lo que hizo en defensa de la Fe por medio de Radio Cristiandad:

La gratitud nace del reconocimiento del beneficio recibido. Es incalculable el bien que Fabián dispensó a través de su apostolado en Radio Cristiandad. Ni él mismo era totalmente consciente de ese beneficio.

Por lo tanto, tenemos el deber, en estricta justicia, de agradecer lo recibido.

Y así lo han entendido todos los que, de una manera u otra y desde diversos países, ya han hecho llegar su reconocimiento y gratitud.

 
2º) Para con los miembros de la comunidad:

  • a) Consolar:

¿Cómo consolarlos en estos momentos?

El consuelo es el amor, el afecto que acompaña. Reciban sus deudos y amigos todo este afecto que acompaña de cerca y de lejos.

El Espíritu Santo es Consolador óptimo, Consolator optime.

Nuestra Señora, así como es Causa de nuestra alegría, también es consuelo en el dolor: Consolatrix afflictorum, consuelo de los afligidos.

Déjense consolar por el Espíritu Santo y por Nuestra Señora.

  • b) Adoctrinar:

Sabiamente, la Santa Iglesia nos hace pedir en las Letanías de los Santos: A subitanea et improvisa morte libera nos, Domine, líbranos, Señor, de una muerte súbita e imprevista.

  • c) Exhortar:

Exhortación a reposicionarse en la inhóspita trinchera. Cada cual debe ocupar en ella el puesto que se la ha asignado, y no abandonarlo.

Se impone un examen de conciencia al respecto.

Finalmente, un llamado a estrechar filas.

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DEVOCIONES: LOS SIETE DOMINGOS AL SEÑOR SAN JOSÉ – QUINTO DOMINGO

LOS SIETE DOMINGOS AL SEÑOR SAN JOSÉ
Para preparar su gran fiesta del 19 de marzo

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Esta maravillosa tradición, cuyo origen se remonta al siglo XVI, consiste en dedicar los siete domingos anteriores a la fiesta de San José a acudir con especial detenimiento al Esposo de María Virgen, para expresarle cariño y pedirle mercedes.

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El Sumo Pontífice Gregorio XVI en 22 de enero de 1836 concedió á todos los fieles que, á lo menos con corazón contrito, recen devotamente las oraciones de los Gozos y Dolores en siete domingos continuos, las siguientes Indulgencias: 300 días en cada uno de los seis primeros domingos; plenaria en el séptimo confesando y comulgando.
Su Santidad Pío IX, en 1 de febrero de 1847, se dignó conceder una indulgencia plenaria para cada uno de los siete domingos de San José, si se observan las condiciones de confesión, comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y de la santa Iglesia.
Se pueden rezar también en cualquier época del año; pero se exige que sean siete domingos seguidos, sin interrupción, y que en cada domingo se recen todos los Dolores y Gozos de San José; y quien no sabe leer rece siete veces el Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Se recomienda a la piedad de los fíeles que en cada domingo lean una de las meditaciones que van a continuación.
Las indulgencias son aplicables por las benditas almas del purgatorio, con las condiciones acostumbradas.

Quinto domingo.

El dolor: La huida a Egipto.

El gozo: Tener siempre con él a Dios mismo, y viendo la caída de los ídolos de Egipto.

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