P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN EN LA DOMÍNICA 21 DE PENTECOSTÉS – AUDIO ORIGINAL 02-NOV-2014

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Compartimos con nuestros lectores el Sermón de la Domínica 21 de Pentecostés – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

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P. JUAN CARLOS CERIANI: SERMÓN DE LA DOMÍNICA VEINTIUNO POST PENTECOSTÉS

Sermones-Ceriani

VIGESIMOPRIMER DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES

El reino de los cielos es comparado a un hombre rey que quiso entrar en cuentas con sus siervos. Y habiendo comenzado a tomar las cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Y como no tuviese con qué pagarlos, mandó su Señor que fuese vendido él, y su mujer y sus hijos y cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Señor, espérame, que todo te lo pagaré. Y compadecido el Señor de aquel siervo, le dejó libre, y le perdonó la deuda. Mas luego que salió aquel siervo, halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios: y aferrándolo, le quería ahogar, diciendo: Paga lo que debes. Y arrojándose a sus pies su compañero, le rogaba diciendo: Ten un poco de paciencia, y todo te lo pagaré. Mas él no quiso: sino que fue y le hizo poner en la cárcel hasta que pagase lo que le debía. Y viendo los otros siervos sus compañeros lo que pasaba, se entristecieron mucho y fueron a contar a su señor todo lo que había pasado. Entonces le llamó su señor y le dijo: Siervo malo, toda la deuda te perdoné, porque me lo rogaste; ¿pues no debías tú también tener compasión de tu compañero, así como yo la tuve de ti? Y enojado el señor le hizo entregar a los atormentadores, hasta que pagase todo lo que debía. Del mismo modo hará también con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano.

Se llama a este Domingo “De los dos deudores” o “Del perdón de las ofensas”, por la parábola que trae el Evangelio de la Misa, la cual nos enseña a perdonar a nuestros hermanos de lo íntimo de nuestro corazón las ofensas que hayamos recibido de ellos, si queremos que Dios nos perdone los pecados que hemos cometido contra Él.

El trozo del Evangelio está tomado del capítulo XVIII de San Mateo. Acababa Nuestro Señor de establecer y de explicar a sus Apóstoles el importante precepto del perdón de las injurias, el cual es uno de los más esenciales y difíciles de la moral cristiana:

Si tu hermano peca contra ti, repréndelo entre ti y él solo; si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha toma todavía contigo un hombre o dos, para que por boca de dos testigos o tres conste toda palabra. Si a ellos no escucha, dilo a la Iglesia. Y si no escucha tampoco a la Iglesia, sea para ti como un pagano y como un publicano. En verdad, os digo, todo lo que atareis sobre la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatareis sobre la tierra, será desatado en el cielo.

Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y le perdonaré? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Hasta setenta veces siete… Es decir, siempre.

Se deduce de aquí la misericordia sin límites con que Dios perdona, puesto que Jesús nos presenta a su Padre como modelo de la misericordia que nosotros hemos de ejercitar.

No contento con haberlo expuesto y explicado, quiso hacer más sensible esta verdad por medio de una parábola, la cual hace ver claramente que, si no perdonamos a nuestros hermanos, no debemos esperar el perdón de parte de Dios.

Meditemos la parábola de Nuestro Señor, que sólo pretende enseñarnos un medio seguro para saldar desde ahora nuestras cuentas con el Rey eterno: no podemos esperar con confianza de la misericordia de Dios el perdón de nuestros pecados, sino es sobre el perdón de las injurias que se nos han hecho.

Esta parábola es, pues, una lección, una promesa, y una amenaza.

Una Lección: no hay hombre que no sea responsable ante la justicia de Dios; y, salvo la Santísima Virgen María, ninguno que no esté cargado de deudas. Un solo pecado venial merece en el Purgatorio penas que no pueden imaginarse; y el menor pecado mortal merece el infierno eterno.

Una Promesa: en la Sangre de Jesucristo tenemos un fondo de tesoros inagotables para pagar nuestras deudas; pero es necesario que se nos apliquen y que se nos permita sacar de ese fondo infinito. El Salvador nos ha enseñado el medio en esta parábola.

Una Amenaza: Y enojado el señor le hizo entregar a los atormentadores, hasta que pagase todo lo que debía. Del mismo modo hará también con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano.
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PADRE JUAN CARLOS CERIANI: FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Sermones-Ceriani

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

La Solemnidad que celebramos hoy tiene la particularidad de que cuenta, de año en año, nuevos miembros.

La lectura del martirologio termina cada día con las siguientes palabras: Y en otras partes, otros muchos santos mártires, confesores y santas vírgenes.

En la fiesta de hoy, la Iglesia celebra, pues, no sólo a todos aquellos que han sido beatificados o canonizados oficialmente y a aquellos cuyos nombres figuran en los diversos martirologios y listas de santos locales.

Las palabras del martirologio “otros muchos” no se refieren exclusivamente a los mártires, confesores y vírgenes reconocidos en el sentido estricto, sino también a todos aquellos, conocidos sólo por Dios que, en sus circunstancias y estados de vida propios, lucharon por conquistar la perfección y gozan actualmente en el Cielo de la vista de Dios.

Así pues, la Iglesia venera en este día a todos los Santos que reinan juntos en la gloria.

En efecto, entre nuestros compañeros de milicia de ayer, nuevos elegidos reinan hoy en el Cielo, y bendicen nuestro llanto e interceden por nuestros anhelos de esperanza.

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El objeto de esta fiesta es agradecer a Dios por la gracia y la gloria que ha concedido a sus elegidos; movernos a imitar las virtudes de los Santos y a seguir su ejemplo; implorar la divina misericordia por la intercesión de tan poderosos abogados; reparar las deficiencias en que se pueda haber incurrido al no celebrar dignamente a cada uno de los siervos de Dios en su fiesta propia, y glorificar a Dios en aquellos Santos que sólo Él conoce y a los que no se puede celebrar en particular.

Por consiguiente, el fervor con que celebramos esta fiesta debería ser un acto de reparación por la tibieza con que dejamos pasar tantas otras fiestas durante el año, ya que en la conmemoración de hoy, están comprendidas todas las otras fiestas del año.

Claro está que en esta, como en las demás conmemoraciones de los Santos, Dios constituye el objeto supremo de adoración y a Él va dirigida finalmente la veneración que tributamos a sus Siervos, pues Él es el dador de todas las gracias.

Por tanto, cuando honramos a los Santos, en ellos y por ellos honramos a Dios, Uno y Trino, y a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, Redentor y Salvador de la humanidad, Rey de todos los Santos y fuente de su santidad y de su gloria.

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Sepamos desde ahora libertar nuestra alma y, en medio de los vanos cuidados, conservemos nuestro corazón libre de los falsos placeres de la tierra, que no es nuestra Patria. En efecto, un desterrado no tiene más inquietud que su aislamiento, ni otra alegría que la que le procura el gusto anticipado de la patria.

La vida militante de este mundo tendrá su fin un día. El antiguo enemigo, arrojado al abismo con sus partidarios, sólo existirá para ser testigo de su eterna derrota. El Hijo del Hombre, Redentor y Rey, habrá entregado el Reino a su Padre.

¡Dichosos los invitados a las bodas del Cordero! Y felices también nosotros, que recibimos en el Santo Bautismo la veste nupcial como un título para el Banquete de los Cielos.

A este fin tienden nuestros afanes de este mundo: trabajos, luchas, padecimientos sufridos por amor de Dios realzan con franjas inestimables el vestido de la gracia que hace a los elegidos.

Los pecadores, los que estamos siempre en el destierro, debemos ante todo, en cualquier circunstancia y en todas las fiestas, ser solícitos de la misericordia de Dios. Tengamos hoy una firme esperanza, ya que hoy la piden por nosotros tantos intercesores.

Si la oración de un habitante del Cielo es poderosa, ¿qué no obtendrá la intercesión de todo el Cielo?
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P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN EN LA FIESTA DE CRISTO REY – AUDIO ORIGINAL 26-OCT-2014

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Compartimos con nuestros lectores el Sermón de la Fiesta de Cristo Rey – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

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P. JUAN CARLOS CERIANI: FIESTA DE CRISTO REY

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FIESTA DE CRISTO REY

1º) La doctrina sobre la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo

Al principio del Año litúrgico encontramos ya una fiesta del Reinado de Cristo: la Epifanía.

Jesús acababa de nacer y se manifestaba a los reyes de Oriente y al pueblo de Israel como el Señor que tiene en su mano el reino, el poder y el imperio.

Acogimos a este Salvador, que venía a reinar sobre nosotros; y con los Magos le ofrecimos nuestros presentes, reconociéndolo y confesándolo como Rey.

Entonces, ¿por qué quiere la Iglesia que, al fin del año, celebremos una nueva fiesta del Reinado de Cristo, de su Reinado social y universal?

En la Epifanía aceptamos y proclamamos la naturaleza de este Reinado, así como la dignidad de Dios que poseía el Niño recién nacido.

Entonces cantamos el acercamiento de la gentilidad a la fe en la persona de los Magos que vinieron allá del Oriente a adorar al Rey de los Judíos.

La Iglesia quiere que pensemos hoy en las consecuencias de este llamamiento Universal a la fe de Cristo.

En la Encíclica Quas Primas, se enseña en qué sentido Cristo es Rey de las inteligencias, de los corazones y de las voluntades; quiénes son los súbditos de este Rey, el triple poder incluido en su dignidad regia y la naturaleza espiritual de su reinado.

Jesucristo es el Rey de las inteligencias humanas, porque es la misma Verdad. Y los hombres necesitamos buscar en Él la verdad y aceptarla con obediencia.

Jesucristo es Rey de las voluntades, porque, mediante el impulso y la inspiración de su gracia, nuestra voluntad debe someterse a la suya, con lo que viene nuestro ardor a inflamarse para acciones nobilísimas.

Jesucristo es Rey de los corazones, a causa de su caridad y de su mansedumbre y bondad, que atraen a las almas; y en efecto, no ha habido hombre alguno hasta hoy que haya sido amado como Jesucristo por todo el género humano, ni tampoco se verá en lo porvenir.

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2º) Consecuencias de esta doctrina, tanto en el orden individual como social

El nombre y poder de Rey convienen a Cristo en el sentido propio de la palabra; se dice de Cristo que recibió de su Padre el poder, el honor y la dignidad regia en cuanto hombre, pues el Verbo de Dios no puede menos de poseer todo en común con su Padre y, por consiguiente, el imperio supremo y absoluto sobre todo lo creado.

La dignidad regia de Cristo se funda en la unión admirable que llamamos unión hipostática. Por consiguiente: los Ángeles y los hombres no sólo tienen que adorar a Cristo porque es Dios, sino que también tienen que obedecer y exteriorizar su sumisión a sus mandatos en cuanto hombre, porque, por el solo título de la unión hipostática, a Jesucristo se le dio poder sobre todas las criaturas.

La dignidad regia de Cristo lleva consigo un triple poder: legislativo, judicial y ejecutivo y sin él no se puede concebir aquélla.

Los Evangelios no se contentan con afirmarnos que Cristo ratificó algunas leyes, nos le presentan también dictando otras nuevas.

Jesús declara, además, que el Padre le otorgó el poder judicial. Este poder judicial implica el derecho de decretar para los hombres, penas y recompensas, aun en esta vida.

Y, por fin, también tenemos que atribuir a Cristo el poder ejecutivo, dado que es de necesidad para todos la obligación de obedecer a sus órdenes, y que ha establecido algunas penas de las que no se librará ningún culpable.

Que el reinado de Cristo ha de ser en cierto sentido principalmente espiritual y referirse a las cosas espirituales, Nuestro Señor lo confirmó con su modo de obrar. Con todo, no se puede negar, sin cometer un grave error, que el Reinado de Cristo-hombre se extiende también a las cosas civiles, puesto que recibió de su Padre un dominio absoluto, de tal modo que abarca todas las cosas creadas y todas están sometidas a su imperio.

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3º) La Cristiandad

Gracias a la Iglesia Católica y a su doctrina, todo cambió en el mundo: la teología, el dogma, la moral, las costumbres, la filosofía, la ciencia, las artes (la literatura, la música, la pintura, la escultura, la arquitectura), la educación, el derecho, la política, la economía… todo… toda la vida del hombre quedó transformada…

Dice León XIII, en su Encíclica Immortale Dei:

Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados.

En aquella época, la eficacia propia de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad.

La religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honor que le corresponde y florecía en todas partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados.

El sacerdocio y el imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades.

Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda esperanza.

Todavía subsiste la memoria de estos beneficios y quedará vigente en innumerables monumentos históricos que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer.

¡Sí! Hubo un tiempo en que la doctrina católica iluminaba toda la vida del hombre y dirigía todas sus empresas. De este modo llegó a forjarse la Civilización Cristiana.
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P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN EN LA DOMÍNICA DECIMONOVENO DE PENTECOSTÉS – AUDIO ORIGINAL 19-OCT-2014

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Compartimos con nuestros lectores el Sermón de la Domínica Decimonovena de Pentecostés – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

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P. JUAN CARLOS CERIANI: SERMÓN PARA EL DOMINGO DE LAS MISIONES

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DOMINGO DE LAS MISIONES

Eclesiástico, 36: 1-10 y 17-19:
Oh, Dios de todas las cosas, ten compasión de nosotros; vuelve hacia nosotros tus ojos, y muéstranos la luz de tus misericordias. Infunde tu temor en las naciones, que no han pensado en buscarte; para que entiendan que no hay otro Dios sino Tú, y pregonen tus maravillas. Alza tu brazo contra las naciones extrañas, para que experimenten tu poder. Porque así como a vista de sus ojos demostraste en nosotros tu santidad; así también a nuestra vista mostrarás en ellas tu grandeza; a fin de que conozcan, como nosotros hemos conocido, que no hay otro Dios fuera de Ti, oh Señor. Renueva los prodigios, y haz nuevas maravillas. Glorifica tu mano, y tu brazo derecho. Despierta la cólera, y derrama la ira. Destruye al adversario, y abate al enemigo. Acelera el tiempo, no te olvides del fin; para que sean celebradas tus maravillas. Declárate a favor de aquellos que desde el principio son creaturas tuyas y verifica las predicciones que anunciaron en tu nombre los antiguos profetas. Remunera a los que esperan en Ti, para que se vea la veracidad de tus profetas; y oye las oraciones de tus siervos, según la bendición que dio Aarón a tu pueblo, y enderézanos por el sendero de la justicia. Sepan los moradores todos de la tierra que Tú eres el Dios que dispone los siglos.

San Mateo, 9: 35-38:
Y Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, enseñando en sus sinagogas y proclamando la Buena Nueva del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y viendo a las muchedumbres, tuvo compasión de ellas, porque estaban como ovejas que no tienen pastor, esquilmadas y abatidas. Entonces dijo a sus discípulos: “La mies es grande, mas los obreros son pocos. Rogad pues al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.

En febrero de 1926, se publicó la Encíclica Rerum Ecclesiae, en la que el papa Pío XI reafirmó la importancia y la urgencia de los objetivos misioneros programados al principio de su pontificado. La Iglesia —afirma en esta Encíclica— no tiene otra razón de ser sino la de hacer partícipes a todos los hombres de la redención salvadora, dilatando por todo el mundo el reino de Cristo.

En ese contexto, un breve rescripto de la Sagrada Congregación de Ritos, con fecha 14 de abril de 1926, fue el acta fundacional del Domingo Mundial de las Misiones.

Se fijó el penúltimo domingo de octubre como jornada de oración y propaganda misionera en todo el mundo católico; dicho día se puede rezar la Misa “Por la Propagación de la Fe”

Esta jornada tiene cinco grandes objetivos:

1º) Oración ferviente al Señor para acelerar su reinado en el mundo.

2º) Hacer comprender a todos los fieles el formidable problema misionero.

3º) Estimular el fervor misionero de los sacerdotes y de los fieles.

4º) Dar a conocer mejor la Obra de la Propagación de la Fe.

5º) Solicitar la ayuda económica en favor de las Misiones.
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