P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN EN LA DOMÍNICA DECIMOSÉPTIMA DE PENTECOSTÉS – AUDIO ORIGINAL 05-OCT-2014

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Compartimos con nuestros lectores el Sermón de la Domínica Decimoséptima de Pentecostés – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

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P. JUAN CARLOS CERIANI: SERMÓN EN LA SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO ROSARIO

Sermones-Ceriani

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO ROSARIO

Siguiendo a los Santos Padres y a los grandes Doctores marianos, la Santa Liturgia nos ha hecho ver muchas veces desde el principio del año que en el plan divino de la Redención María Santísima está tan unida a Jesús, que los encontramos siempre juntos y que resulta imposible separarlos, tanto en el culto público como en nuestra devoción privada.

La Iglesia, que proclama a María Medianera de todas las gracias, la invoca continuamente para conseguir los frutos de la Redención que con su Hijo también nos mereció Ella.

La Liturgia ha querido comenzar todos los años litúrgicos por el tiempo de Adviento, que es un verdadero mes de María. Ha invitado a los fieles a consagrarle el mes de mayo; ha mandado que el de octubre fuese el mes del Rosario y las fiestas de la Santísima Virgen María son tan numerosas en el Calendario Litúrgico, que no hay un día siquiera en el año en que no sea María festejada en algún punto de la tierra con una u otra advocación, sea por la Iglesia universal, sea por una Diócesis, sea por alguna Orden religiosa.

La Iglesia resume hoy en una sola Fiesta todas las Solemnidades del año: con los misterios del Señor y de su Madre Santísima forma como una inmensa guirnalda para unirnos a estos misterios; y para hacernos vivir esos misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, esculpe una triple diadema, que coloca en la cabeza de la que Cristo-Rey coronó como Reina y Señora del mundo entero el día de su entrada en la gloria celestial.

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Aun cuando esta devoción fuese ya familiar hacía mucho tiempo a todas las personas piadosas, no estaba, sin embargo, todavía establecida como fiesta particular.

Como lo recuerda el Martirologio Romano en esta fecha, San Pío V ordenó, en 1572, que se conmemorase anualmente a Nuestra Señora de las Victorias para obtener la misericordia de Dios sobre su Iglesia, para agradecerle sus innumerables beneficios y, en particular, para darle gracias por haber salvado a la Cristiandad del dominio de los turcos en la victoria de Lepanto.

El motivo o la ocasión de la Solemnidad de este día fue uno de los más grandes favores que recibió la Cristiandad por la poderosa intercesión de la Madre de Dios, en tiempos en que los turcos, orgullos de sus grandes conquistas que hacían cada día sobre los cristianos, propusieron apoderarse de toda Europa, y enarbolar su media luna sobre la cúpula de la iglesia de San Pedro en la capital del cristianismo y del mundo.

Hacía más de un siglo que los turcos amenazaban la Cristiandad. El año 1521 se apoderó Solimán II de la plaza de Belgrado; en 1522 se hizo dueño de la isla de Rodas; y pensando ya únicamente en dilatar sus conquistas hasta donde se extendía su ambición, entró en Hungría en el año 1526; ganó la batalla de Mohacs; se apoderó de Buda, de Pest, de Gran y de algunas otras plazas; penetró hasta Viena de Austria; tomó y saqueó Tauris; y por medio de sus generales rindió por las armas otras provincias de Europa.

Su hijo y sucesor, Selim II conquistó la isla de Chipre en el año 1571; puso en el mar la más numerosa y más formidable armada jamás vista.

La salvación de la Cristiandad dependía de un triunfo en una sola batalla.
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P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN EN LA DOMÍNICA DECIMOSEXTA DE PENTECOSTÉS – AUDIO ORIGINAL 28-SEP-2014

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Compartimos con nuestros lectores el Sermón de la Domínica Decimosexta de Pentecostés – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

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P. JUAN CARLOS CERIANI – SERMÓN PARA LA DOMÍNICA DECIMOSEXTA DE PENTECOSTÉS

Sermones-Ceriani

DECIMOSEXTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

De la Epístola del Apóstol San Pablo a los Efesios:

Hermanos: Os ruego que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria. Por esto, doblo mis rodillas ante el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, del cual procede toda paternidad en los cielos y en la tierra, para que, según las riquezas de su gloria, haga que seáis corroborados con vigor por su Espíritu en el hombre interior: que Cristo habite por la fe en vuestros corazones: que estéis enraizados y cimentados en la caridad, para que podáis comprender con todos los santos cuál sea la anchura, y la largura, y la sublimidad, y la hondura; que conozcáis también la caridad de Cristo, que sobrepuja toda ciencia, para que seáis henchidos de toda la plenitud de Dios. Y al que es poderoso para hacerlo todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones y siglos. Amén.

La Epístola de la Misa de este día está tomada de aquel pasaje de San Pablo a los efesios, en donde el Apóstol, siempre perseguido, siempre entre las cruces y los tormentos, exhorta a los fieles a que no se escandalicen ni se desanimen a vista de los males que le ven sufrir por ellos, en las funciones de su ministerio.

Os ruego que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria. Si San Pablo ha trabajado mucho por la salvación de las almas, también ha sufrido mucho. Él mismo hace una relación de una parte de sus padecimientos, escribiendo a los corintios:

¿Son ministros de Cristo? —¡hablo como un loco!— yo más; en trabajos más que ellos, en prisiones más que ellos, en heridas muchísimo más, en peligros de muerte muchas veces más. Recibí de los judíos cinco veces cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado, tres veces naufragué, una noche y un día pasé en el mar; en viajes muchas veces; con peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de parte de mis compatriotas, peligros de parte de los gentiles, peligros en poblado, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajos y fatigas en vigilias muchas veces, en hombre y sed, en ayunos muchas veces, en frio y desnudez, Y aparte de esas pruebas exteriores, lo que cada día me persigue: la solicitud por todas las Iglesias. Y ¿Quién desfallece sin que desfallezca yo? ¿Quién padece escándalo, sin que yo arda?

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He sufrido, les dice, persecuciones de parte de los judíos, de los gentiles y de los hermanos…; prisiones, suplicios, naufragios, peligros de parte de ladrones, de parte de los de su nación y de parte de los gentiles…; peligros en la ciudad, en la soledad, en el mar…

Ha sufrido treinta y nueve azotes de los judíos, ha sido apaleado, apedreado, ha naufragado…

¡Qué de fatigas, qué de trabajos, qué de miserias no ha pasado! Vigilias sin descanso, en el hambre y en la sed, en los ayunos continuos, en el frío y en la desnudez…

Además de lo que padeció por la parte exterior, la pesadez de los negocios de cada día de su cargo, el cuidado de las iglesias.
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P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN EN LA DOMÍNICA DECIMOQUINTA DE PENTECOSTÉS – AUDIO ORIGINAL 21-SEP-2014

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Compartimos con nuestros lectores el Sermón de la Domínica Decimoquinta de Pentecostés – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

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P. JUAN CARLOS CERIANI: SERMÓN EN LA FIESTA DE SAN MATEO APÓSTOL

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SAN MATEO, APOSTOL Y EVANGELISTA

San Mateo fue uno de los doce afortunados Apóstoles que Jesucristo escogió para ser íntimos confidentes suyos durante su vida pública, y para continuar su obra evangelizadora después de su admirable Ascensión a los Cielos.

Entre los doce elegidos del Señor, tan sólo dos, San Mateo y San Juan, dejaron por escrito la vida, los dichos y los hechos del Divino Salvador.

Su testimonio es directo, mientras que los otros dos Evangelistas, San Marcos y San Lucas, narran lo que oyeron de María Santísima, de los Apóstoles y de otros testigos inmediatos.

San Mateo fue el primero de los autores divinamente inspirados que puso por escrito lo que los Apóstoles acostumbraban predicar sobre Jesucristo.

La primacía cronológica de su Evangelio, afirmada por la tradición de los Santos Padres, pero impugnada por los modernistas, fue proclamada verdadera por la Comisión Bíblica el 19 de junio de 1911; de donde resulta que San Mateo es ciertamente el primero de los Evangelistas, y que su obra, redactada en arameo, pero cuyo texto original se ha perdido, se conserva fielmente en la traducción griega que aún existe.

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San Mateo, hijo de Alfeo —como afirma San Marcos—, era oriundo de Galilea. Se llamaba también Leví; pero desde su vocación al Apostolado, no se le conoce más que por el de Mateo, que en hebreo significa dado por Dios.

Dos de los cuatro Evangelistas dan a San Mateo el nombre de Leví, mientras que San Marcos lo llama “hijo de Alfeo”. Posiblemente, Leví era su nombre original y se le dio o adoptó él mismo el de Mateo (“el don de Dios”), cuando se convirtió en uno de los seguidores de Jesús. Alfeo, su padre, no fue el del mismo nombre que tuvo como hijo a Santiago el Menor.

Antes que Jesús le llamase, era recaudador de impuestos, oficio sobremanera aborrecido entre los judíos, quienes designaban a estos funcionarios con el nombre despectivo de publicanos, considerándolos paganos, excomulgados y pecadores públicos.

Los judíos los aborrecían hasta el extremo de rehusar una alianza matrimonial con alguna familia que contase a un publicano entre sus miembros, los excluían de la comunión en el culto religioso y los mantenían aparte en todos los asuntos de la sociedad civil y del comercio.

San Mateo tenía el despacho en Cafarnaúm, importante centro de tráfico, a orillas del lago de Genezaret, por el que pasaban las caravanas de mercaderes que, desde Damasco y ciudades de Mesopotamia, iban a Palestina, a Egipto y a los puertos del Mediterráneo.

Su empleo —y más siendo el jefe de oficina, según dicen los historiadores— era, pues, suficiente para que Mateo fuese mal conceptuado entre los de su nación.

Entre los judíos, agravaba esta impopularidad de los agentes del fisco, la sensibilidad excesiva del orgullo nacional; porque los tributos que se veían obligados a pagar a Roma les recordaban que eran pueblo conquistado y condenado a servidumbre afrentosa y detestable; y, además, porque juzgaban que, en su calidad de pueblo escogido de Dios, debían estar exentos de los impuestos y exacciones que otros pagaban.
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P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN EN LA DOMÍNICA DECIMOCUARTA DE PENTECOSTÉS – AUDIO ORIGINAL 14-SEP-2014

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Compartimos con nuestros lectores el Sermón de la Domínica Decimotercera de Pentecostés – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

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