P. CERIANI: SERMÓN PARA EL DOMINGO DE PASIÓN

DOMINGO DE PASIÓN

Decía Jesús a los judíos: ¿Quién de vosotros me argüirá de pecado? Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, oye las palabras de Dios. Por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios.

Los judíos respondieron, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros que tú eres samaritano, y que estás endemoniado?

Jesús respondió: Yo no tengo demonio, mas honro a mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado. Y yo no busco mi gloria, hay quien la busque y juzgue. En verdad, en verdad os digo, que el que guardare mi palabra no verá la muerte para siempre.

Los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes al demonio. Abraham murió y los profetas: y tú dices: el que guardare mi palabra, no gustará la muerte para siempre. ¿Por ventura eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió, y los profetas, que también murieron? ¿Quién te haces a ti mismo?

Jesús les respondió: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios, y no le conocéis, mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros. Mas le conozco y guardo su palabra. Abraham, vuestro Padre, deseó con ansia ver mi día: le vio y se gozó.

Y los judíos le dijeron: ¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo, que antes que Abraham fuese, yo soy.

Tomaron entonces piedras para tirárselas; mas Jesús se escondió y salió del templo.

Después de haber considerado durante los cuatro Domingos de Cuaresma a Nuestro Señor Jesucristo según sus admirables atributos de Vida, Luz del mundo, Piedra Angular y Pan de Vida, lo contemplaremos hoy, Domingo de Pasión, cuando la Sagrada Liturgia lo oculta a nuestro ojos, como Santo y Eterno como Dios, su Padre.


Jesús se escondió y salió del templo

El santo anciano Simeón había anunciado a Nuestra Señora que Jesús sería blanco de contradicción, para que se descubrieran los corazones de muchos en Israel.

La historia evangélica es una confirmación de este vaticinio.

Los dirigentes del pueblo judío vieron desde el principio en Jesús un adversario; era preciso combatirlo, aniquilarlo. Y lo hicieron, hasta ponerlo en una cruz.

Es sobre todo el Evangelista San Juan quien pone de relieve esta lucha. El pasaje de este Domingo de Pasión no es más que una pequeña escena de una larga disputa, en que los judíos arguyen y Jesús replica.

A modo de ejemplo, he aquí algunas de las frases más salientes de Jesús, tal como las consigna San Juan en el capítulo octavo de su Evangelio:

Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy.

Yo soy el que doy testimonio de mí mismo; y también el que me ha enviado, el Padre, da testimonio de mí.

No me conocéis ni a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, en verdad conoceríais también a mi Padre.

Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

Entonces le decían: “¿Quién eres tú?” Jesús les respondió: El principio, el mismo que os hablo.

Cuando alzareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.

Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.

Si Dios fuera vuestro Padre, ciertamente me amaríais; porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado. ¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi Palabra.

Vosotros sois hijos del diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este fue homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando habla mentira, de lo suyo habla, porque es mentiroso y padre de la mentira.

Pero a mí, como os digo la verdad, no me creéis.

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Y llegamos al trozo del Evangelio del día, en que prosigue Jesús su trascendental y accidentadísimo discurso.

Ha demostrado que sus adversarios no son hijos de la libertad, ni de Abraham, ni de Dios, sino del demonio.

Ahora se vindica a sí mismo: es Santo y Eterno como Dios, su Padre. Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL DOMINGO CUARTO DE CUARESMA – AUDIO ORIGINAL – 10 MAR 2013

Este es el Sermón del Domingo Cuarto de Cuaresma 2013, por el querido P. Basilio Méramo.

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P. CERIANI: SERMÓN DE LA DOMÍNICA CUARTA DE CUARESMA

DOMINGO CUARTO DE CUARESMA

En aquel tiempo, pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, que es de Tiberíades. Y le seguía una grande multitud de gente, porque veían los milagros que hacía sobre los enfermos. Subió, pues, Jesús, a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la Pascua, día de gran fiesta para los judíos. Y habiendo alzado Jesús los ojos, y viendo que venía a Él una gran multitud, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para que coma esta gente? Esto decía por probarle; porque Él sabía lo que había de hacer. Felipe respondió: Doscientos denarios de pan no alcanzan para que cada uno tome un bocado. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces: mas ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: Haced sentar a esas gentes. En aquel lugar había mucha hierba. Y se sentaron a comer, como en número de cinco mil hombres. Tomó Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban sentados; y asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los trozos que han sobrado, para que no se pierdan. Y así recogieron y llenaron doce canastos de trozos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres, cuando vieron el milagro que había hecho Jesús, decían: Este es verdaderamente el profeta que ha de venir al mundo. Y Jesús, notando que habían de venir para arrebatarle y hacerle rey, huyó otra vez al monte Él sólo.

Llegamos al Domingo Lætare. Se atenúa la gravedad y seriedad del Ciclo Litúrgico. El color morado es sustituido por el rosa; el órgano vuelve a sonar festivo; y el altar aparece adornado de flores.

El Evangelio del día es todo un símbolo: Y estaba cerca la Pascua… dice, recordándonos el motivo de la alegría de hoy.

Mirando en lontananza esa Pascua, prorrumpe ya hoy la Iglesia en gritos de júbilo: Alégrate, Jerusalén, y regocijaos con ella todos los que la amáis; gozaos los que estuvisteis tristes; para que os saciéis de los consuelos que manan de sus pechos (Introito).

Continuando con nuestro propósito de estudiar durante esta Cuaresma los principales atributos de Nuestro Señor, vmos a reflexionar sobre uno de los más grandes de sus beneficios, dado que, bajo la figura del pan material multiplicado por el poder de Jesús, nuestra fe descubre el Pan de la vida que desciende del Cielo, entregado para la vida del mundo.

La instrucción que recibimos este día va encaminada a recordar el gran beneficio que el Señor nos hizo al instituir la Sagrada Eucaristía, Pan de los Ángeles bajado del Cielo, y de esta forma prepararnos a recibirlo.

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Buena parte de la multitud saciada del pan milagroso pernoctó en el mismo desierto de Betsaida. Al amanecer el día, lo primero que hizo aquella turba fue buscar a Jesús.

Al encontrarse la multitud con Jesús, les reprende porque no les mueven a seguirle motivos espirituales, sino carnales. Entró luego en la sinagoga de la ciudad, y allí pronunció uno de los discursos más trascendentales y, después del de la Cena, quizás el que más descubre los misterios de la vida cristiana.

Pero, sobre todo, es capital la importancia de este fragmento porque en él se nos da la doctrina fundamental de la vivificación sobrenatural del mundo por la manducación de la Carne del Hijo de Dios.

Aunque son varios los conceptos fundamentales desarrollados en el decurso de la oración de Jesús, pueden todos ellos reducirse a esta idea central: Jesucristo es el pan de vida que debe nutrir espiritualmente nuestras almas y vivificarlas.

Podemos considerar en el discurso tres ideas, que se completan a medida que se desarrollan:

1ª) Jesús promete un pan espiritual,

2ª) El pan espiritual es Él mismo,

3ª) La Carne de Jesús es verdadera comida y su Sangre bebida de verdad.

Es digna de ser notada en este discurso la admirable gradación de pensamiento que, desde el pan material, se remonta a las sublimidades de la comunicación de la vida divina al hombre por la comunión eucarística.

Es notable, además, por la unidad fundamental de pensamiento, que no es más que la explicación de la manera de participar la vida divina: ella empieza por la fe, se perfecciona en esta vida por la comunión del Cuerpo del Señor, y se consuma en la vivificación definitiva de la resurrección y glorificación final del hombre. Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL DOMINGO TERCERO DE CUARESMA – AUDIO ORIGINAL – 03 MAR 2013

Este es el Sermón del Domingo Tercero de Cuaresma 2013, por el querido P. Basilio Méramo.

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P. CERIANI: SERMÓN PARA LA DOMÍNICA TERCERA DE CUARESMA

DOMINGO TERCERO DE CUARESMA

Estaba Jesús expulsando un demonio, y aquel era mudo. Sucedió que cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron.

Pero algunos de ellos dijeron: Por Belzebub, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios.

Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.

Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino? Porque decís que yo expulso los demonios por Belzebub. Si yo expulso los demonios por Belzebub, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: “Me volveré a mi casa, de donde salí.” Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio.

Sucedió que estando él diciendo estas cosas alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: ¡Bienaventurado el seno que te llevó y los pechos que te criaron! Pero él dijo: Bienaventurados más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.

Como ya saben, hemos dedicado los cuatro Domingos del tiempo de Cuaresma de este año para profundizar en el conocimiento de Nuestro Divino Redentor, para estudiar y meditar sobre algunas de sus propiedades o distintivos.

El Evangelio de este Tercer Domingo nos brinda la oportunidad de meditar sobre los atributos de Piedra y Monte.

Profundas y llenas de trascendencia y repercusión son estas palabras de Nuestro Señor: si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos.

La demostración de Nuestro Señor es clara: si no lanzo los demonios en virtud de Satanás, sino con el poder de Dios, es que el reino de Satanás está en derrota, y empieza a constituirse el Reino de Dios. Y si soy yo quien en nombre de Dios lanzo los demonios, señal es que tengo los poderes de Dios, y que soy su enviado.

Jesús ha venido a destruir el reino de Satanás, y ha triunfado ya sobre él. Demuestra esta victoria por medio de una hermosa comparación.

El fuerte armado era Satanás, que ejerció hasta la venida de Jesús absoluta hegemonía sobre las cosas humanas y era pacífico poseedor de su reino.

Pero ha venido Nuestro Redentor, más fuerte que él, y le ha vencido, le ha arrebatado todas sus armas, su astucia, su poder, sus mentiras; ha saqueado su casa, entrando en ella el poder de Jesús; y ha repartido sus despojos y distribuyendo su poder entre los hijos de su Reino.

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La conclusión se impone: El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA – AUDIO ORIGINAL – 24 FEB 2013

IMPERDIBLE!!!

Este es el Sermón del Domingo Segundo de Cuaresma 2013, por el querido P. Basilio Méramo.

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P. CERIANI: SERMÓN PARA EL SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

Tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la nieve. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.

Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.

Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: Levantaos, no tengáis miedo.

Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.

Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.

Como les decía el domingo pasado, dedicaremos los cuatro Domingos del tiempo de Cuaresma para profundizar en el conocimiento de Nuestro Divino Redentor, para estudiar y meditar sobre las propiedades o distintivos de Nuestro Señor Jesucristo.

Hoy, aprovechando el misterio de la Transfiguración, vamos a considerar el atributo de Luz: Jesús dijo en una oportunidad: Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.

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El Evangelio de hoy dice: Y mientras oraba, se transfiguró… Jesús, delante de sus discípulos,
se metamorfoseó, dice el texto griego; no que su cuerpo se cambiara por otro cuerpo, sino que, conservando su figura y su indumentaria las mismas líneas, todo apareció en él brillante y luminoso.

Enseña San Jerónimo: El Señor apareció a los apóstoles como estará en el día del juicio. No se crea que el Señor dejó su aspecto y forma verdadera, o la realidad de su cuerpo, y que tomó un cuerpo espiritual. El mismo evangelista nos dice cómo se verificó esta transfiguración en estas palabras: “Resplandeció su rostro como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve”; estas palabras nos manifiestan que su rostro resplandecía y que sus vestiduras eran blancas. No hay cambio, pues, en la substancia, el brillo es lo que había cambiado. El Señor efectivamente se transformó en aquella gloria, con que vendrá después a su Reino.

Dos detalles nos dan los tres sinópticos de este fenómeno:

Uno relativo al rostro del Señor: Y resplandeció su rostro como el sol; es éste lo más brillante que hay para el hombre en esta creación: La figura de su rostro se hizo otra, por la gloria maravillosa que en él resplandecía.

Otro detalle se refiere a los vestidos de Jesús: Y sus vestiduras tornáronse resplandecientes y en extremo blancas como la nieve; tampoco hay blancura como la de la nieve. El segundo Evangelista tiene para expresarlo una frase altamente ponderativa: Cuales ningún batanero de la tierra podría blanquearlas.

Debemos comprender que Dios es, en las cosas espirituales, lo que el sol en las cosas sensibles. Así como el sol, que es la fuente de la luz, no puede ser visto fácilmente, mientras que la luz, derramada sobre la tierra, puede contemplarse, así el semblante de Cristo es deslumbrador como el sol, mientras que sus vestidos son blancos como la nieve. Por lo cual dice “Y sus vestidos se tornaron blancos”; esto es, por la participación de la luz eterna.

Todo ello es el símbolo de la majestad divina de Jesús: su alma santísima, hipostáticamente unida al Verbo, gozaba de la visión bienaventurada de la divinidad; el efecto connatural de esta visión es la gloria del cuerpo, que Jesús cohibió durante su vida mortal; pero ahora la deja como rezumar algo a través de su cuerpo, que por ello aparece unos momentos transfigurado. Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA – AUDIO ORIGINAL – 17 FEB 2013

Este es el Sermón del Domingo Primero de Cuaresma, por el querido P. Basilio Méramo.

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P. CERIANI: SERMÓN PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Hemos comenzado la Santa Cuaresma y tenemos cuatro Domingos de este tiempo litúrgico para profundizar en el conocimiento de Nuestro Divino Redentor.

Me ha parecido conveniente dedicar cada uno de estos domingos al estudio y meditación de alguna de las propiedades o distintivos de Nuestro Señor Jesucristo.

Comenzaremos hoy deteniendo nuestra atención en el atributo de Vida. Yo soy la Vida, ha dicho Nuestro Señor. Y no solamente eso, sino que ha manifestado claramente: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.

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Uno de los datos primordiales de la Sagrada Escritura es que Dios es el Viviente por excelencia, la Vida misma; fuente de quien brota toda vida.

San Juan nos presenta la vida en el Verbo eterno, fuerza divina creadora. Jesucristo no sólo aporta la vida auténtica, sino que Él es la vida misma, una vida que es pura luz. Esta vida propia, Él la comunica en abundancia.

Dice San Juan en el proemio de su Evangelio: En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por Él y sin Él no se hizo nada de cuanto existe. En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.

Contemplemos esta vida eterna del Verbo en el seno del Padre, antes de la creación y del tiempo.

Para aprender a conocer al Salvador, debemos elevarnos en espíritu a su vida eterna y, dentro de lo posible, tratar de adquirir de ella un concepto muy preciso.

El Salvador mismo llamó, repetidas veces, nuestra atención sobre su vida eterna:

En verdad, en verdad os digo que antes que Abraham fuese, yo soy.

Padre, glorifícame tú en ti mismo con aquella gloria, que tuve en ti, antes que fuese el mundo.

Yo soy, el principio, el mismo que os hablo.

Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.

En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo.

Frases son éstas muy breves, pero tan llenas de majestad y de profundidad insondable que, como poderosas chispas de luz, iluminan la misteriosa obscuridad de la vida eterna y abren horizontes de amplitud incalculable.

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El lugar de esta vida, no es patria alguna terrena, no tiene muros, no tiene límites, no está en el espacio, sino mucho más allá de los confines del mundo y del lugar donde nacen y se ponen las estrellas…

El Verbo era con Dios. Su patria está en el seno del Padre, el bello país de donde viene toda bondad, y adonde va todo lo bello. Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA – AUDIO ORIGINAL – 10 FEB 2013

Este es el Sermón del Domingo de Quicuagésima, por el querido P. Basilio Méramo.

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P. CERIANI: SERMÓN PARA EL DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA

DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA

Y tomó Jesús aparte a los doce, y les dijo: Mirad, vamos a Jerusalén y serán cumplidas todas las cosas que escribieron los profetas del Hijo del hombre. Porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y azotado, y escupido. Y después que le azotaren le quitarán la vida, y resucitará al tercer día. Mas ellos no entendieron nada de esto, y esta palabra les era escondida y no entendían lo que les decía.

Y aconteció, que acercándose a Jericó estaba un ciego sentado cerca del camino pidiendo limosna. Y cuando oyó el tropel de la gente que pasaba, preguntó qué era aquello. Y le dijeron que pasaba Jesús Nazareno. Y dijo a voces: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí. Y Jesús parándose, mandó que se lo trajesen. Y cuando estuvo cerca le preguntó, diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él respondió: Señor, que vea. Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo. Y luego vio, y le seguía glorificando a Dios. Y cuando vio todo esto el pueblo, alabó a Dios.

Dentro de esta semana de Quincuagésima se abre la puerta sacra del santuario cuaresmal. El próximo miércoles asistiremos a dicha ceremonia.

Jesús nos entreabre el secreto que se encierra la Cuaresma y nos muestra, ya hoy, el camino que con Él debemos recorrer en este santo tiempo; nos señala, hoy mismo, los misterios que van a desarrollarse ante nuestros ojos en los luctuosos días de la Pasión y los alegres de Pascua: El Hijo del hombre será entregado en manos de los gentiles…, le darán muerte, y al tercer día resucitará.

Las palabras de esta lección evangélica contienen una gran revelación, muy útil para todos. Jesús se dirige a Jerusalén, en los días próximos a la última Pascua. Camina delante de los discípulos y parece embargado por graves pensamientos. Sabe que camina a la muerte. Los Profetas habían anunciado de muy variadas formas la gloria del Mesías, pero también habían predicho la Pasión del Siervo del Señor.

Israel entendía muy bien lo primero; pero no tenía ojos para ver lo segundo. Por dos veces había hablado el Maestro a los discípulos sobre su Pasión, sin que tampoco ellos entendiesen.

Esta es la tercera vez. Aquel mismo, a quien ellos confesaron Mesías e Hijo de Dios vivo, va a Jerusalén, donde será puesto en la cruz por los gentiles, instigados por los hijos de Israel. Pero al tercer día resucitará glorioso.

Una vez más insisten los Evangelistas en que los discípulos no entendieron el misterio. La doctrina de Jesús no había logrado disipar sus prejuicios nacionales.

Nosotros sí que entendemos el misterio de la Cruz redentora, pues hemos creído en Ella y la imagen de Cristo crucificado es la más venerada por nosotros. Pero lo que no entendemos es el misterio de nuestra propia pasión.

Que Cristo, Hijo de Dios, haya muerto por nosotros, para abrirnos las puertas del Cielo, es la gran manifestación del amor misericordioso de Dios hacia nosotros. Pero que esta Cruz del Señor nos señale el camino de la vida es lo que no entendemos.

Jesucristo es el modelo de los predestinados, y Él mismo ha dicho que quien quisiera ir en pos de Él debe empezar por negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirle, llevándola como Él lleva la suya. El discípulo no puede ser de mejor condición que el Maestro. Si a Él le persiguió el mundo, sus discípulos no pueden estar exentos de persecuciones.

San Pablo, que tan bien entendió este misterio, hasta gloriarse en las persecuciones que pasaba por Cristo, nos ha dicho que en la medida en que seamos participantes de la Pasión de Cristo, lo seremos de su gloria, y que por muchas tribulaciones nos es preciso entrar en el reino de Dios.

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De este modo, comprendamos que la devoción a la Pasión es un deber del corazón.

Se necesitaría no tener corazón para olvidar tan gran beneficio, para mirar con indiferencia el crucifijo, trofeo victorioso de la caridad de un Dios, invención admirable de las entrañas de su misericordia, Cruz a la cual se lo debemos todo: la adopción de hijos de Dios, la gracia en la presente vida y la gloria en la eternidad.

Si un amigo hubiera dado la vida por nosotros y hubiera muerto en lugar nuestro en ignominioso suplicio, nos acordaríamos con emoción todas las circunstancias de su agonía; besaríamos con lágrimas de ternura el cuadro que nos lo representa en el momento en que padecía y moría por nosotros.

¡Cuánto más debe enternecernos el amor de Jesús crucificado! Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL DOMINGO DE SEXAGÉSIMA – AUDIO ORIGINAL – 03 FEB 2013

Este es el Sermón del Domingo de Sexagésima, por el querido P. Basilio Méramo.

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P. CERIANI: SERMÓN PARA EL DOMINGO DE SEXAGÉSIMA 2013

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA

Y como hubiese concurrido un crecido número de pueblo, y acudiesen solícitos a Él de las ciudades, les dijo por semejanza: Salió el que siembra, a sembrar su simiente. Y al sembrarla, una parte cayó junto al camino y fue hollada, y la comieron las aves del cielo. Y otra cayó sobre piedra: y cuando fue nacida, se secó, porque no tenía humedad. Y otra cayó entre espinas, y las espinas que nacieron con ella la ahogaron. Y otra cayó en buena tierra: y nació, y dio fruto a ciento por uno.

Dicho esto, comenzó a decir en alta voz: Quien tiene oídos para oír, oiga.

Sus discípulos le preguntaban qué parábola era ésta. Él les dijo: A vosotros es dado el saber el misterio del reino de Dios, mas a los otros por parábolas; para que viendo no vean y oyendo no entiendan. Es, pues, esta parábola: La simiente es la palabra de Dios. Y los que están junto al camino, son aquéllos que la oyen; mas luego viene el diablo, y quita la palabra del corazón de ellos, porque no se salven creyendo. Mas los que sobre la piedra, son los que reciben con gozo la palabra, cuando la oyeron; y éstos no tienen raíces; porque a tiempo creen, y en el tiempo de la tentación vuelven atrás. Y la que cayó entre espinas, estos son los que la oyeron, pero después en lo sucesivo quedan ahogados de los afanes, y de las riquezas, y deleites de esta vida, y no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra; estos son, los que oyendo la palabra con corazón bueno y muy sano, la retienen, y llevan fruto con paciencia.

La simiente es la palabra de Dios…

Meditemos hoy y durante toda la semana sobre el texto del Evangelio de este Domingo de Sexagésima, que trata de la Palabra de Dios

Consideraremos la excelencia de esta divina Palabra y las diversas maneras como Dios nos la propone.

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En cuanto a la excelencia de la Palabra de Dios, San Ambrosio, después de haber citado el pasaje del Salmo: Vuestra palabra, Señor, es fuego devorador, añade este hermoso comentario: El fuego purifica y, separando el oro de la escoria, lo refina y lo enciende. Del mismo modo, la palabra de Dios purifica las almas, despeja las inteligencias y abrasa los corazones.

Purifica: hace humilde al orgulloso, modesto al vanidoso, casto al impuro, generoso al avaro. ¡Cuántos pecadores le deben su conversión; cuántos tibios le deben vida fervorosa!

Ilumina: por una parte, revela al alma los falsos placeres de la tierra, la nada de las riquezas, la ilusión de nuestras pasiones ciegas y corrompidas, hace brillar ante nuestros ojos las luces puras de la fe.

Abrasa y enciende el fuego de la vida en las almas muertas por el pecado y hace arder la caridad donde existía la pasión.

Y aquí, ¡cuántas reconvenciones debemos hacernos! Por nuestra culpa, la Palabra santa no nos ha purificado, no ha limpiado del moho de mil pequeñas pasiones a nuestra alma, no nos ha iluminado.

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Dios, en su infinita bondad, ha multiplicado los medios para hacer llegar su Palabra a nuestro corazón.

Nos habla por medio de la predicación, en el santo tribunal de la penitencia, en la administración de los Sacramentos.

¡Cuánta bondad hay en estos recursos que emplea el Señor!

Nos habla por medio de los Libros Sagrados. Esta lectura ha convertido a millones de pecadores, y todos los días alimenta y perfecciona la piedad en las almas.

Nos habla por los buenos pensamientos, los movimientos piadosos, los remordimientos saludables, las revelaciones y las luces que su gracia derrama en nosotros, tanto en la oración, en la Comunión como en los momentos más inesperados.

¡Felices las almas recogidas, que están prontas para oír esta voz y que son generosas para obedecerla!

Nos habla por los buenos ejemplos que nos pone delante de los ojos. Cada buen ejemplo es una exhortación que nos enseña aquí la caridad, la mansedumbre, la paciencia y el desprendimiento; allí, el respeto al lugar santo, la asistencia a los actos del culto, la frecuencia de los sacramentos.

Tomemos la resolución de recibir con gran respeto y vivo agradecimiento la Palabra de Dios y, después de haberla oído, conservarla como un tesoro en el fondo de nuestro corazón y arreglar nuestra conducta conforme a ella.

Pensemos en la Santísima Virgen, que conservaba todas estas palabras, meditándolas en su corazón. Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA – AUDIO ORIGINAL – 27 ENE 2013

Este es el Sermón del Domingo de Septuagésima, por el querido P. Basilio Méramo.

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P. CERIANI: SERMÓN PARA EL DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA

DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA

Semejante es el reino de los cielos a un hombre, padre de familias, que salió muy de mañana a ajustar trabajadores para su viña. Y habiendo concertado con los trabajadores darles un denario por día, los envió a su viña. Y saliendo cerca de la hora de tercia, vio otros en la plaza que estaban ociosos, y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron. Volvió a salir cerca de la hora de sexta y de nona, e hizo lo mismo. Y salió cerca de la hora de vísperas, y halló otros que se estaban allí, y les dijo: ¿Qué hacéis aquí todo el día ociosos? Y ellos le respondieron: Porque ninguno nos ha llamado a jornal. Díceles: Id también vosotros a mi viña. Y al venir la noche, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: Llama a los trabajadores, y págales su jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Cuando vinieron los que habían ido cerca de la hora de vísperas, recibió cada uno su denario. Y cuando llegaron los primeros, creyeron que les daría más, pero no recibió sino un denario cada uno. Y tomándole, murmuraban contra el padre de familias, diciendo: Estos postreros sólo una hora han trabajado, y los has hecho iguales a nosotros que hemos llevado el peso del día y del calor. Mas él respondió a uno de ellos, y le dijo: Amigo, no te hago agravio. ¿No te concertaste conmigo por un denario? Toma lo que es tuyo, y vete: pues yo quiero dar a este postrero tanto como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero? ¿Acaso tu ojo es malo porque yo soy bueno?

Así serán los postreros primeros, y los primeros postreros. Porque muchos son los llamados, mas pocos los escogidos.

El Evangelio de este Domingo de Septuagésima trae estas palabras: Id a trabajar en mi viña.

Dios nos impone a todos el precepto de servirle: Id a mi viña. Recibamos este precepto con sumisión y amor, y ofrezcámonos a Dios como sus decididos siervos.

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Dios nos obliga a servirle. Servir a Dios es emplear nuestra existencia en hacer todo lo que fuere de su agrado, y esta obligación viene de que le pertenecemos como verdadera propiedad.

Él nos ha creado; ha animado nuestro cuerpo uniéndolo a un alma dotada de las facultades capaces de conocer, querer y amar. Él solo, por consiguiente, es nuestro dueño; nosotros somos un bien, una cosa suya y obra de sus manos y no nos pertenecemos a nosotros mismos.

Pues bien, si el fondo de nuestro ser es de Dios, todos nuestros actos deben ser igualmente de Él, por esta doble razón: porque las rentas de un fondo pertenecen a su propietario, y porque Dios, al crearnos, no ha podido hacerlo con otro fin que el de ser servido, pues, fuera de éste, no hay otro fin posible y digno de Él.

Así, pues, el proponernos a nosotros mismos o a las demás criaturas como fin de nuestros actos es cometer un robo en el dominio esencial de Dios. Por tanto, no debemos vivir, obrar, hablar ni pensar, sino para Dios.

Él puede hacer de lo que es suyo como mejor le agrade, y siempre deberemos encontrarlo todo justo y santo.

Pensamos en nosotros más que en Dios, trabajamos para nosotros más que para Dios, nos amamos más que a Dios.

Olvidamos que Él es nuestro fin y que no debemos vivir sino para Él; y, como si fuéramos nuestro propio fin, todo lo dirigimos hacia nosotros, a nuestras comodidades, gustos, voluntad.

Desviándonos así de nuestro fin, exponemos nuestra salvación, nuestra eternidad. Es preciso y urgente que mudemos de vida.

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Dios quiere que nos demos a Él completamente, a Él sólo, siempre, por aprecio y por amor.

A Él completamente; pues, si todo lo tenemos de Él, el alma y el cuerpo, y nuestras facultades con sus actos, y nuestra existencia con todos los momentos de que se compone, todo debemos dárselo a Él.

Y dándoselo todo, no hacemos más que devolverle su bien: darle algo menos sería una usurpación de sus derechos.

A Él sólo; pues, no habiendo contribuido ningún otro ser a nuestro ser, sino como instrumento de sus voluntades, debemos servirle a Él sólo, es decir, tener una intención constante e invariable, recta y pura, de agradarle únicamente a Él, sin mirar a nadie más. Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA – AUDIO ORIGINAL – 20 ENE 2013

Este es el Sermón del Segundo Domingo después de la Epifanía del Señor, por el querido P. Basilio Méramo.

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P. CERIANI: SERMÓN DE LA DOMÍNICA SEGUNDA DE EPIFANÍA

SEGUNDO DOMINGO DE EPIFANÍA

Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y llegando a faltar vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué nos va en esto a Mí y a ti, mujer? Mi hora no ha venido todavía. Dice su madre a los sirvientes: Haced todo lo que él os diga.

Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Sacad ahora, les dice, y llevadlo al maestresala. Ellos lo llevaron.

Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el buen vino hasta este momento. Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus milagros. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.

Hemos llegado al umbral de la vida pública de Jesús. Después de ser bautizado por San Juan, los primeros discípulos comienzan a seguirlo. Sin embargo, mantiene contacto con su Madre Santísima.

Y es María quien va a determinar su divina manifestación y abrirle la carrera: Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos.

Este pasaje evangélico es el fundamento de la oposición al culto de la Madre de Dios, el escándalo de los débiles y la prueba de los fieles.

No vacilemos en sostener, con los más sabios Doctores de la Iglesia, que este es uno de los fundamentos más explícitos del culto de la Virgen Santísima.

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En cuanto a la presencia de la Madre de Jesús en estas bodas, sin duda fue llamada por derecho de proximidad, y para hacer el oficio de compañera y matrona de la casada. Y fue la presencia de María la que trajo la de Jesús; lo cual nos le presenta todavía en aquella dependencia filial en que había vivido hasta entonces.

En cuanto a sus discípulos convidados también, esto nos los muestra ya en vida común con Jesús, como sus hijos espirituales e hijos segundos de María.

Faltando el vino, la Madre de Jesús se interesa caritativamente en el apuro de los esposos; porque es mujer, es madre, y sabe por experiencia compadecerse de estos casos improvisos de la vida doméstica; y Ella, su Hijo y sus discípulos componían una parte bastante notable de los convidados que eran la causa y objeto de aquel apuro.

Según observa San Bernardo, ¿cómo la Madre de Jesús no se hubiera movido a simpatía y compasión? De la fuente de misericordia, ¿qué otra cosa hubiera podido salir sino misericordia? ¿Por ventura la mano que ha tenido un fruto por espacio de medio día no conserva su buen olor todo lo restante de él? ¿Pues cuánto no debió la Misericordia impregnar de su virtud las entrañas de María en que reposó por tiempo de nueve meses? Tanto más cuanto colmó su alma antes de henchir su seno, y al salir de su entrañas no se retiró de su alma.

Nada hay por tanto que no sea legítimamente natural, loable y santo para María en semejante situación como para llamar sobre ella el interés y poder de su divino Hijo.

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Volviéndose hacia Él, le dice por toda súplica: No tienen vino.

En esta expresión brilla, en su brevedad sublime, la caridad, la discreción, la confianza, la fe, el abandono, la dignidad modesta y sufrida.., en una palabra, ¡toda el alma de María!

Ella no manda, no pide siquiera: se limita exponer a la Bondad divina que falta el vino, porque a los que se inclinan naturalmente a la beneficencia, no es necesario instarles, basta con presentarles la ocasión de ejercerla.

Y como la beneficencia de Jesús no puede mostrarse aquí sino por un milagro, y un milagro que no ha tenido precedente, la expresión de María arguye una fe admirable en el poder divino de su Hijo.

Simplemente le dice: No tienen vino, como quien habla al principio creador de todas las cosas, a quien le basta seguir su inclinación, tanto como de poder como de bondad, para derramarlas.

Hay, al mismo tiempo, en esta expresión una maravillosa confianza de María en su valimiento ante Jesús; pero una confianza toda de sumisión; porque su ascendiente consiste, sobre todo, en el sentimiento de su dependencia.

Finalmente, se percibe en la locución de María una especie de inteligencia íntima entre Ella y Jesús, que la dispensa de largos discursos, y que ella emplea en provecho de su humildad, que le hace amar el silencio.

Solo tiene tres palabras; pero esta misma brevedad forma su extensión… Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA – AUDIO ORIGINAL – 13 ENE 2013

Este es el Sermón del Primer Domingo después de la Epifanía del Señor, por el querido P. Basilio Méramo.

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P. CERIANI: SERMÓN DE LA FIESTA DEL BAUTISMO DE JESÚS (Día Octava de la Epifanía)

FIESTA DEL BAUTISMO DE JESÚS

(Día Octava de la Epifanía)

En aquel tiempo, vio Juan a Jesús venir hacia él y dijo: He ahí el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: en pos de mí viene un hombre que ha pasado delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.

Y Juan dio testimonio diciendo: He visto al Espíritu descender del cielo como una paloma y posarse sobre él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece en él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo.” Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

Hacia septiembre del año 778 de Roma, en el principio del año sabático, había aparecido San Juan el Bautista en la región del Jordán, predicando el bautismo de penitencia.

Y aconteció que unos meses más tarde, a principios del año siguiente, como recibiese el bautismo todo el pueblo, entonces vino Jesús de Galilea, de Nazaret, al Jordán hacia Juan para ser bautizado por él.

Dice Santo Tomás que convenía que Cristo fuera bautizado.

Primero, porque, como dice San Ambrosio, el Señor fue bautizado, no porque quisiera ser purificado, sino para purificar las aguas, a fin de que, purificadas ellas por la carne de Cristo, que no conoció el pecado, tuvieran la virtud del Bautismo; y, como escribe San Juan Crisóstomo, para dejarlas santificadas para los que después habían de ser bautizados.

Segundo, porque, como dice el mismo Crisóstomo, aunque Cristo no fuese pecador, recibió, sin embargo, una naturaleza pecadora y una semejanza de carne de pecado. Por esto, aunque no necesitaba del bautismo en favor de sí mismo, lo necesitaba, no obstante, la naturaleza carnal en los demás. Y, como escribe San Gregorio Nacianceno, Cristo fue bautizado para sumergir en el agua a todo el viejo Adán.

En cuanto al río Jordán como lugar del bautismo, enseña Santo Tomás que mediante la travesía del río Jordán entraron los hijos de Israel en la tierra prometida. Ahora bien, el bautismo de Cristo tiene de especial, sobre todos los bautismos, el que introduce en el reino de Dios, significado por la tierra de promisión. Por lo que dice San Juan: Si uno no renace del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo mismo acontece con la división de las aguas del Jordán por Elías, que iba a ser arrebatado al cielo en un carro de fuego; porque a los que pasan por las aguas del bautismo se les abre la entrada en el cielo mediante el fuego del Espíritu Santo. Y por este motivo fue conveniente que Cristo fuese bautizado en el Jordán.

Respecto del paso del mar Rojo, este prefiguró el bautismo en cuanto que éste borra los pecados; en cambio, el paso del Jordán lo prefiguró en cuanto a la apertura del reino de los cielos, que es el efecto principal del bautismo, y que sólo es realizado por Cristo. Y por esta causa convino más que Cristo fuera bautizado en el Jordán que en el mar.

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¿Por qué mezclarse con los pecadores? Porque ha cargado sobre Él todos los pecados del mundo, y quiere mostrarlo sensiblemente.

Debemos fijar fuertemente nuestra atención en Jesús: verle en medio de los hombres pecadores cargado con pecados viles, vergonzosos, degradantes, y no distinguiéndose de ellos de ningún modo, antes al contrario, tomando su actitud.

Avanza pausadamente, con la frente baja. Espera su turno. Va a entrar en el agua que purifica…

Ciertamente este espectáculo es extraño, desatina, pero la palabra de Juan lo esclarece con viva luz: He ahí al que lleva los pecados del mundo. En este momento es eso, no otra cosa.

San Mateo, el más completo de los Evangelistas en este punto, nos presenta a Jesús y Juan sosteniendo rápido y ceñido diálogo. Jesús, confundido entre las gentes, quiere ser bautizado como uno más del pueblo. Mas Juan se lo impedía, diciendo: Yo debo ser bautizado por ti, y ¿tú vienes a mí?

La oposición de Juan es grave, insistente. Para bautizar se necesita misión divina; su bautismo es de penitencia para la remisión de los pecados; y tiene ante sí al Verbo humanado, al que no tiene pecado, al que viene para bautizar en el Espíritu Santo, de cuyo bautismo no es el suyo más que sombra y preparación.

Y respondiendo Jesús, no rectificando, sino más bien ratificando el concepto de Juan, le dijo: Deja ahora; es cierto cuanto dices; consiente en que sea por ti bautizado; pues en este momento es voluntad de Dios, que para mí y para ti debe ser regla del justo obrar, que sea bautizado por ti: Porque así conviene que cumplamos toda justicia.

Intentemos ahondar el sentido de estas palabras… A primera vista parecen obscuras; pero luego resultan luminosas. ¿Dónde está aquí la justicia de parte de Jesús? En la obligación de reparar la gloria de Dios; pero tal gloria no la podía reparar sino sólo Aquel que puede humillarse como Dios hecho hombre y que debe hacerlo en calidad de Redentor. Sigue leyendo

P. CERIANI: SERMÓN DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

2838__4486079852a81EPIFANÍA DEL SEÑOR

Nacido, pues, Jesús, en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos Magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle. Al oír esto el rey Herodes, se turbó, y con él toda Jerusalén. Y reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Mesías. Ellos contestaron: En Belén de Judá, pues así está escrito por el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ciertamente la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel”. Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos, les interrogó cuidadosamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella. Y enviándolos a Belén, les dijo: Id a informaros sobre ese niño; y cuando le halléis, comunicádmelo para que vaya también yo a adorarle. Después de oír al rey se fueron, y la estrella que habían visto en Oriente les precedía, hasta que, llegada encima del lugar en que estaba el niño, se detuvo. Al ver la estrella sintieron grandísimo gozo. Y entrados en la casa, vieron al Niño con María, su Madre, y de hinojos le adoraron. Y abriendo sus tesoros le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños de no volver a Herodes, se tornaron a su tierra por otro camino.

A pesar de sus narraciones sencillas, que parecer ocultar un designio profundo, el Evangelio, perfectamente acorde con el Plan divino, se propone principalmente persuadirnos bien, imprimir en nuestra inteligencia, que Jesucristo es Dios y hombre juntamente.

Si nos mostrase con demasiada nitidez los testimonios de su divinidad, nos inclinaríamos a creer que su humanidad es puramente fantástica. Si nos manifestase igualmente con total claridad las pruebas de su humanidad, creeríamos que su divinidad es solamente metafórica.

Por esto, al igual que Jesucristo en todas sus obras, los Evangelistas en sus narraciones mantienen siempre estos dos datos de nuestra fe; presentando siempre al hombre en lo más fuerte del carácter de su divinidad, y al Dios en los anonadamientos que más prueban que es hombre.

Notemos en todo el Evangelio el constante cuidado que tiene Jesucristo de templar el resplandor de sus maravillas sustrayéndose a él por medio de la discreción o el ocultamiento, y de mezclar siempre sus humillaciones con sus triunfos… Aquí tenemos la clave de su conducta.

Según esto, convenía que el Hijo de Dios, antes de revelarse más y más como tal, asentase larga y profundamente en nuestras almas el convencimiento de su humanidad, ya para excitar nuestra confianza, ya para corregir nuestro orgullo.

Importaba principalmente que se dejase ver, acercar, tocar, tratar en cierto modo como niño; pero sin dejar de dar testimonios de su divinidad, cuya grandeza contrapesara los tan profundos abatimientos de su naciente humanidad.

De ahí todos los misterios evangélicos del nacimiento y de la infancia de Jesucristo; de ahí la gloriosa parte que debían tener en ellos su Madre Santísima y San José, su padre nutricio.

Por esta razón el Evangelio nos ha expuesto tan cuidadosamente estos misterios; para que los tengamos siempre presente, para que los cultivemos y aprovechemos sus frutos.

Nada hay ocioso en el Evangelio; todo cuanto contiene encierra una enseñanza importantísima. Sigue leyendo