MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO -DÍA XVII

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

MEDITACIÓN XVII.

Orietur vobis sol justitiæ, et sanitas in pennis ejus (Malacb. IV, 2)

 Nacerá para vosotros el sol de justicia, y la salud bajo sus alas.

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Vendrá vuestro Médico, dice el Profeta, a sanar los enfermos, y vendrá veloz como ave que vuela, y cual sol que al asomar en el horizonte envía al momento su luz al otro polo. Pero he aquí que ya ha venido. Consolémonos, pues, y démosle gracias, dice san Agustín, porque ha bajado hasta el lecho del enfermo, quiere decir, hasta tomar nuestra carne; puesto que nuestros cuerpos son los lechos de nuestras almas enfermas.

Los otros médicos, por mucho que amen á los enfermos, solo ponen todo su cuidado para curarlos; pero ¿quién por sanarlos toma para sí la enfermedad? Jesucristo solo, ha sido aquel médico que se ha cargado con nuestros males, a fin de sanarlos. No ha querido mandar a otro, sino venir él mismo a practicar este piadoso oficio, para ganarse nuestros corazones. Ha querido con su misma sangre curar nuestras llagas, y con su muerte librarnos de la muerte eterna, de que éramos deudores.

En suma, ha querido tomar la amarga medicina de una vida continuada de penas, y de una muerte cruel, para alcanzarnos la vida y librarnos de todos nuestros males. El cáliz que me ha dado el Padre ¿no lo tengo de beber?  Decía el Salvador a Pedro. Fue, pues, necesario, que Jesucristo abrazase tantas ignominias para sanar nuestra soberbia: abrazase una vida pobre para curar nuestra codicia: abrazase un mar de penas, hasta morir de puro dolor, para sanar nuestro deseo de placeres sensuales. Sigue leyendo

LAS GRANDES ANTÍFONAS “O” -DÍA 18

Desde el día 17 de Diciembre, la Iglesia hace siete llamamientos apremiantes al Niño Jesús, a quien todo el mundo espera con ansias en la próxima fiesta de Navidad, y los hace con las siguientes antífonas en la hora de Vísperas.

Empiezan todas con un título o nombre distinto, sacado de la Biblia y aplicado al Salvador. Los fieles pueden rezar las siete antífonas cada uno de los últimos siete días de adviento, desde el 17 al 23, y así hacer un septenario de preparación para Navidad.

DÍA 18:

O Adonai

O Adonai, et Dux domus Israel,

qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti,

et ei in Sina legem dedisti:

veni ad redimendum nos in brachio extento

Oh, Señor

Oh, Adonai (Señor), Jefe de la casa de Israel,

que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley:

ven a librarnos con el poder de tu brazo.

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO -DÍA XVI

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

 

MEDITACIÓN XVI.

Haurietis aquat in gaudio de fontibm Salvatoris. (Isai. XII, 3).

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador.

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Considera las cuatro fuentes de gracias, que nosotros tenemos en Jesucristo contempladas por san Bernardo. La primera fuente es de misericordia, en la que nosotros podemos lavarnos de todas las suciedades del pecado. Esta fuente se formó para nosotros con las lágrimas y con la sangre del Redentor; el que, como dice san Juan, nos amó, y nos lavó de nuestros pecados en su sangre.

La segunda fuente es de paz y consuelo en nuestras tribulaciones, pues el mismo Jesucristo nos dice: Invócame en el día de la tribulación, y yo te consolaré. El que tiene sed de verdaderos consuelos aun en esta tierra, venga á mí, que le contentaré. Qui sitit veniat ad me. Quien pruebe las aguas de mi amor desdeñará para siempre las delicias del mundo, y se satisfará enteramente después, cuando entrare en el reino de los bienaventurados; pues que el agua de mi gracia le elevará de la tierra al cielo. Así también la paz, que Dios da á las almas que le aman, no es la que ofrece el mundo en los placeres sensuales, que dejan en el alma mas amargura que paz. La que Dios da, sobrepuja á todos los deleites de los sentidos: Pax qæm exuperat omnem sensum. ¡Dichosos, pues, los que desean esta fuente divina!

La tercera fuente es de devoción. ¡Oh! y cómo se hace devoto, y pronto á ejecutar las voces de Dios, y crecer siempre en la virtud, quien á menudo medita  cuánto ha hecho Jesucristo por nuestro amor! Él será como el árbol plantado en la corriente de las aguas: Erit tamquam lignum quod plantatum est secus decursus aquarum. Sigue leyendo

LAS GRANDES ANTÍFONAS “O” – DÍA 17

Desde el día 17 de Diciembre, la Iglesia hace siete llamamientos apremiantes al Niño Jesús, a quien todo el mundo espera con ansias en la próxima fiesta de Navidad, y los hace con las siguientes antífonas en la hora de Vísperas.

Empiezan todas con un título o nombre distinto, sacado de la Biblia y aplicado al Salvador. Los fieles pueden rezar las siete antífonas cada uno de los últimos siete días de adviento, desde el 17 al 23, y así hacer un septenario de preparación para Navidad.

 

DÍA 17:

 

O Sapientia

O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti,

attingens a fine usque ad finem,

fortiter suaviterque disponens omnia:

veni ad docendum nos viam prudentiae.

Oh Sabiduría

Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo,

abarcando del uno al otro confín,

y ordenándolo todo con firmeza y suavidad:

ven y muéstranos el camino de la salvación.

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA XV

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

 

MEDITACIÓN XV.

Invenietis infantem positum in præsepio. (Luc. II, 12).

Hallaréis al Niño echado en un pesebre.

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Contemplando la santa Iglesia este gran misterio y este gran prodigio de aparecer un Dios nacido en un establo, toda admirada exclama: ¡Oh grande misterio, y admirable Sacramento! que los animales viesen al Señor nacido recostado en un pesebre.

Para contemplar con ternura y amor el nacimiento de Jesús, debemos pedir al Señor que nos dé una fe viva; porque si entramos sin fe en la gruía de Belén, no experimentaremos mas que un afecto de compasión, al ver un niño reducido á un estado tan pobre, que naciendo en el corazón del invierno, es reclinado en un pesebre de bestias, sin fuego, y en medio de una fría cueva. Pero si entramos con fe, y vamos considerando qué exceso de bondad y de amor ha sido el que un Dios haya querido reducirse á comparecer pequeñito infante, estrechado entre las fajas, colocado sobre la paja, que gime, que tiembla de frío  que no puede moverse, que tiene necesidad de leche para vivir, ¿cómo es posible que cada uno de nosotros no se sienta atraído, y dulcemente obligado á dar todos sus afectos á este Dios niño, que se ha reducido á tal estado para hacerse amar?

Dice san Lucas, que los pastores después de haber visitado á Jesús en el establo, se volvieron glorificando y loando á Dios por todas las cosas que habían oído y visto. Y pues ¿qué es lo que habían visto? No otro que un pobrecito niñito tiritando de frio, sobre unas pocas pajas ; mas por cuanto estaban iluminados de la fe, reconocieron en aquel infante el exceso del amor divino; del cual inflamados iban después alabando y glorificando á Dios en la contemplación de haber tenido la suerte de ver un Dios anonadado y desmayado por amor de los hombres. Exinanivit semetipsum. Sigue leyendo

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA XIV

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

 

MEDITACIÓN XIV.

Quæ utilítas in sanguine meo, dum descendo in corruptionem? (Psalm. XXIX, 10).

¿Qué provecho hay en mi sangre, si desciendo á la corrupción?

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Reveló Jesucristo á la venerable Águeda de la Cruz, que estando en el seno de María, la que mayor dolor le causó entre todas las penas, fue ver la dureza de los corazones de los hombres, que habían de menospreciar después de su redención las gracias que había venido á derramar sobre la tierra. Y este sentimiento, bien pronto lo expresó él mismo por boca de David en las palabras del salmo arriba puestas, comúnmente entendidas por los santos Padres, según las explica san Isidoro; y es como sigue: Dum descendo in corrupiionem, esto es, cuando desciendo á tomar la naturaleza humana tan corrompida de vicios y de pecados, Padre mio, parece que dijera el Verbo divino, yo voy á vestirme de carne, y luego á derramar toda mi sangre por los hombres; pero ¿qué provecho habrá en ella? La mayor parte de los hombres no harán caso de esta mi sangre, y seguirán ofendiéndome como si nada hubiese yo hecho por su amor.

Esta pena fue aquel cáliz amargo del cual pidió Jesús al eterno Padre le librase. ¡Qué cáliz! ver tanto desprecio de su amor! Esto le hizo aun clamar sobre la cruz: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado? Reveló el Señor á santa Catalina de Sena, que el desamparo de que se lamentó era el ver que su Padre había de permitir que su pasión y su amor hubieran de ser desestimados de tantos hombres por quienes moría. Esta misma pena, pues, atormentaba á Jesús niño en el seno de María, al mirar desde allí tanta costa de dolores, de ignominias, de sangre y de una muerte cruel y afrentosa, con tan poco fruto. Sigue leyendo

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA XIII

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

 

MEDITACIÓN XIII.

Baptismo habeo baptizari: el quomodo coarctor usque dum perficiatur? (Luc. XII, 50).

Con bautismo es menester que yo sea bautizado: ¿y cómo me angustio hasta que se cumpla?

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Considera como Jesús padeció desde el primer momento de su vida; y todo lo padeció por amor nuestro. Él no tuvo en toda su vida otro interés después de la gloria del Padre, que nuestra salvación. Como Hijo de Dios, no tenia necesidad de padecer para merecerse el paraíso. Cuanto sufrió de penas, de pobreza y de ignominias, todo lo aplicó para merecernos la salvación eterna.

Así, pudiendo salvarnos sin padecer, quiso tomar una vida de dolores, pobre, despreciada y desamparada de todo alivio, con una muerte la más desolada y amarga que jamás había sufrido mártir ó penitente alguno; solo por darnos á entender la grandeza del amor que nos tenia, y por ganarse nuestros afectos. Vivió treinta y tres años, y vivió suspirando porque se acercase la hora del sacrificio dé su vida, que deseaba ofrecer para alcanzarnos la divina gracia y la gloria del paraíso. Este deseo le hizo decir: Con bautismo es menester que yo sea bautizado; ¿y cómo me angustio hasta que se cumpla? Deseaba ser bautizado con su propia sangre, no para lavar sus pecados, siendo él inocente y santo, sí los de los hombres, á quienes tanto amaba.

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MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA XII

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

MEDITACIÓN XII.

Dolor meus in conspectu meo semper. (Psalm. XXXVII, 18).

Mi dolor está siempre delante de mí.

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Considera cómo todas las penas e ignominias que Jesús padeció en su vida y muerte, todas las tuvo presentes desde el primer instante de su vida; y todas ellas comenzó desde niño a ofrecerlas en satisfacción de nuestros pecados, principiando desde entonces a hacer de Redentor. Él mismo reveló a un siervo suyo, que desde el primer momento de su vida hasta la muerte siempre padeció; y padeció tanto por los pecados de cada uno de nosotros, que si hubiese tenido tantas vidas cuantos son los hombres, tantas veces habría muerto de dolor, a no haberle conservado Dios la vida para padecer mas.

 ¡Oh! ¡Y qué martirio tuvo siempre el amante corazón de Jesús al ver todos los pecados de los hombres! Dice santo Tomás  que este dolor de Jesucristo en conocer la ofensa del Padre, y el daño que del pecado debía después provenir á las almas de él mismo amadas, sobrepujó al dolor de todos los pecadores contritos, aun de aquellos que murieron de puro dolor.

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MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA XI

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

 

MEDITACIÓN XI.

Iniquitates nostras ipse portavit. (Isai. LIII).

Llevó sobre si nuestras maldades.

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Considera como el Verbo divino, haciéndose hombre, no solo quiso tomar la figura de pecador, sino que también cargar sobre si todos los pecados de los hombres, y satisfacer por ellos como si fuesen propios, es decir, como si los hubiese cometido. Ahora pensemos de aquí en qué opresión y angustia debía hallarse el corazón del niño Jesús, que ya se había cargado con todos los pecados del mundo, viendo que la justicia divina pedía de él una plena satisfacción.

 Conocía bien la malicia de todo pecado, cuando con la luz de la divinidad que le acompañaba comprendía inmensamente, más que todos los hombres y todos los Ángeles, la infinita bondad de su Padre, y el mérito infinito que tiene para ser respetado y amado. Después veía á las claras delante de sí innumerables pecados de los hombres, por los que debía él padecer y morir. Hizo ver el Señor una vez á santa Catalina de Génova la fealdad de una sola culpa venial; y á tal vista, fue tan grande el espanto y el dolor de la Santa, que cayó desmayada en tierra.

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MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA X

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

MEDITACIÓN X.

Virum dolorum et scientem infirmitatem. (Isai. LIII, 3).

Varón de dolores y que sabe de trabajos.

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Así llamó el profeta Isaías á Jesucristo, el hombre de dolores; sí, porque este hombre fue engendrado para padecer, y desde niño comenzó á sufrir los mayores dolores que jamás habían sufrido los otros. El primer hombre Adán tuvo algún tiempo en que gozó en esta tierra las delicias del paraíso terrenal. Pero el segundo Adán, Jesucristo, no tuvo momento alguno de su vida que no estuviese lleno de afanes y agonías; habiéndole ya afligido desde niño la vista funesta de todas las penas é ignominias que debía padecer en su vida, y especialmente después en su muerte, sumergido en una tempestad de dolores y oprobios; como ya predijo David por aquellas palabras: He llegado á alta mar, y la tempestad me vio anegado.

Jesucristo desde el vientre de María aceptó la obediencia dada á él por el Padre, acerca de su pasión y muerte: Facius  obediens usqve ad mortem; pues que desde el vientre de María previó los azotes, y ofreció á estos sus carnes: previó las espinas y ofrecióles su cabeza: previó las bofetadas y ofreció sus mejillas: previó los clavos y ofreció las manos y los pies: previó la cruz y ofreció su vida. De aquí fue, que nuestro Redentor desde la primera infancia, en todos los momentos de su vida padeció un continuo martirio, y este le ofreció sin cesar por nosotros al eterno Padre.

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MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA IX

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

MEDITACIÓN IX.

Dilexit nos,et tradidit semelipsum pro nobis. (Ephes. V, II).

Nos amó y se entregó á si mismo por nosotros.

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Considera como el Verbo eterno es aquel Dios infinitamente feliz en sí mismo; de manera que su felicidad no puede ser ya mas grande, ni la salvación de todos los hombres podía aumentarla, ni disminuirla cosa alguna. Y con todo, ha hecho, y padecido tanto por salvar á nosotros miserables gusanos, que si su bienaventuranza (dice santo Tomás) hubiese dependido de la del hombre, no habría podido padecer ni sufrir mas. Quasi sine ipso beatus esse non posset.

Y en verdad, si Jesucristo no pudiera haber sido bienaventurado sin redimirnos ¿cómo hubiera podido humillarse mas de lo que se ha humillado, hasta tomar sobre sí nuestras enfermedades, los abatimientos de la infancia, las miserias de la vida humana, y una muerte tan cruel é ignominiosa? Solo un Dios era capaz de amar con tanto exceso á nosotros miserables pecadores, que éramos tan indignos de ser amados. Dice un devoto autor, que si Jesucristo nos hubiese permitido pedirle las pruebas mas grandes de su amor, ¿quién jamás se habría atrevido á demandarle que se hiciese niño como nosotros, que se vistiese de todas nuestras miserias, y además fuese el mas pobre entre todos los hombres, el mas vilipendiado y el mas maltratado, hasta morir por manos de verdugos y á fuerza de tormentos sobre un infame patíbulo, maldecido y abandonado de todos, hasta de su mismo Padre que desampara el Hijo, por no dejarnos sepultados en nuestras ruinas?

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MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO- DÍA VIII

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

 

MEDITACIÓN VIII.

 

Deus autem, qui dives est in misericordia, propter nimiam charitatem suam qua dilexit nos, et cum essemus mortui peccatis, convivificavit nos Christo. (Ephes. II, 4,5).

Mas, Dios, que es rico en misericordia, por su extremada caridad con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por los pecados, nos dio vida juntamente con Cristo.

 

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Considera que la muerte del alma es el pecado; pues que este enemigo de Dios nos priva de la divina gracia, que es la vida del alma. Nosotros, miserables pecadores, por nuestras culpas estábamos ya todos muertos y condenados al infierno. Dios, por el inmenso amor que tenía á nuestras almas, quiso volvernos la vida, y ¿qué hizo? Envió á la tierra su Unigénito, para que muriese, á fin de que él mismo nos recobrase la vida con su muerte. Con razón, pues, el Apóstol llama á esta obra de amor, extremada caridad. Sí, porque no pudiera jamás esperar el hombre recibir de un modo tan amoroso la vida, si Dios no hubiese hallado esta manera de redimirle para siempre, æterna redemptione inventa.

 Estaban todos los hombres muertos, y no había redención para ellos. Pero el Hijo de Dios, por las entrañas de su misericordia, viniendo del cielo, oriens ex alto, nos ha dado la vida; y por esto justamente llama el Apóstol á Jesucristo nuestra vida.

He aquí á nuestro Redentor, que vestido ya de carne y hecho niño nos dice: he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. A este fin vino á tomar sobre sí la muerte, para darnos la vida.

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MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO- DÍA VII

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

 

MEDITACIÓN VII.

Deus Filium suum mittent in similitudinem carnis peccati, et depeccato damnavit peccatum in carne. ( Rom. VIII, 3).

Enviando Dios su Hijo en semejanza de carne de pecado, aun del pecado condenó al pecado en la carne.

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Considera el humilde estado á que quiso abatirse el Hijo de Dios; no solo quiso tomar la forma de esclavo, sino que de esclavo pecador. Por cuya razón escribió san Bernardo: «No solo quiso tomar la condición de siervo, «para sujetarse á otro, el que era Señor de todas las cosas; sino que además la semejanza «de siervo delincuente, para ser castigado «como malhechor, el que era el Santo de los «Santos». Á este fin quiso vestirse de aquella misma carne de Adán, que había sido inficionada del pecado; y si bien no contrajo su mancha, tomó sobre sí nada menos que todas las miserias que la naturaleza humana había contraído en pena del pecado.

 Nuestro Redentor, para alcanzarnos la salvación, se ofreció voluntariamente al Padre á satisfacer por todas nuestras culpas. El Padre le cargó de todas nuestras maldades; y he aquí al Verbo divino, inocente, purísimo, santo, helo cargado desde niño de todas las iniquidades, de las blasfemias, sacrilegios, fealdades y delitos de los hombres, hecho por amor nuestro el objeto de las divinas iras en razón del pecado, por el que se había obligado á pagar á la divina justicia. Así que, tantas fueron las maldiciones que tomó sobre sí Jesucristo, cuantos fueron y serán los pecados mortales de todos los hombres. Venido que hubo al mundo, desde el principio de su vida se presentó al Padre cual reo y deudor de todas nuestras maldades; y como tal, fue condenado á morir ajusticiado y maldecido sobre la cruz: Et de peccato damnavit peccatum in carne.

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MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO -DÍA VI

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

 

MEDITACIÓN VI

Creavit Dominus novum super terram. (Jerem. XXXI, 22)

El Señor ha criado una cosa nueva sobre la tierra.

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Antes de la venida del Mesías, el mundo estaba sepultado en una noche tenebrosa de ignorancia y de pecados. Apenas el verdadero Dios era conocido en un solo ángulo de la tierra, á saber, en la Judea. En lo restante reinaba la más espantosa idolatría. Todo lo ocupaba la noche del pecado, el cual ciega á las almas y las llena de vicios, y las priva de ver el miserable estado en que viven, enemigas de Dios, condenadas al infierno; pudiendo decir con el Salmista: Pusiste tinieblas, y fue hecha la noche; en ella transitarán todas las bestias de la selva.

De estas tinieblas, pues, vino Jesús á libertar el mundo. Lo libró de la idolatría, dando á conocer al verdadero Dios, y lo libró del pecado con la luz de su doctrina y de sus divinos ejemplos; pues como dice san Juan: Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.

Predijo el profeta Jeremías, que Dios debía crear un nuevo niño, para ser el Redentor de los hombres: Creavit Dominus novum super terram. Este nuevo niño fue Jesucristo; él es el Hijo de Dios, que enamora al paraíso, y es el amor del Padre, el cual habló de esta manera: Este es mi Hijo el amado, en quien yo mucho me he complacido. Y este Hijo es aquel que se ha hecho niño, habiendo dado mas gloria y honor en el primer momento que ha sido criado, que le han dado y estarán para darle todos los Ángeles y Santos juntos por toda una eternidad. Por esto en el nacimiento de Jesús cantaron los Ángeles: Gloria á Dios en las alturas.

Ha dado, repito, á Dios más gloria Jesús aun niño, que le quitaron todos los pecados de los hombres. Cobremos, pues, ánimo nosotros pobres pecadores, ofrezcamos al eterno Padre este Infante, presentémosle las lágrimas, la obediencia, la humildad, la muerte y los méritos de Jesucristo, y recompensaremos á Dios las injurias que le hemos hecho con nuestras ofensas.

Afectos y súplicas.

¡Ah mi Dios eterno! yo os he deshonrado posponiendo tantas veces vuestra voluntad á la mía, y vuestra santa gracia á mis viles intereses y miserables satisfacciones… ¿Qué esperanza de perdón habría para mí, si Vos no me hubieseis dado á Jesucristo precisamente á este fin, para que fuese la esperanza de nosotros pecadores? Él es, dice el Apóstol, propiciación por los pecados nuestros.Sí, porque Jesucristo sacrificándoos la vida en satisfacción de las injurias que nosotros os hemos hecho, os ha dado más honor que nosotros deshonra con nuestros pecados.

Recibidme, pues, oh Padre mío, por amor de Jesucristo. Me arrepiento, oh bondad infinita, de haberos ultrajado: he pecado contra el cielo y en vuestra presencia; no soy digno de llamarme hijo tuyo. Ciertamente yo no soy digno de perdón, pero es digno Jesucristo de ser oído de Vos. Él os rogó por mí un día en la cruz: Pater ignosce, y ahora en el cielo os está diciendo, que me recibáis por hijo: Tenemos por abogado con el Padre á Jesucristo, que intercede por nosotros, dice san Juan  Recibid un hijo ingrato que antes os dejó, mas ahora vuelve resuelto á amaros otra vez.

Sí, Padre mío, yo os amo, y quiero siempre amaros. ¡Ah! Padre mío, ahora que he conocido el amor que me habéis tenido, y la paciencia con que me habéis sufrido tantos años, no me fío de vivir mas sin amaros. Dadme un grande amor, que me haga siempre llorar los disgustos que he dado á Vos, Padre mío, tan bueno, y me haga siempre arder de amor hacia un Padre tan amante. Padre mío, yo os amo, yo os amo, yo os amo. ¡Oh María! Dios es mi Padre, y Vos sois mi Madre. Todo lo podéis con Dios, ayudadme, alcanzadme la santa perseverancia y su santo amor.

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA 5

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

MEDITACIÓN V

Formam servi accipiens. (Philip.II, 7). 
Tomando forma de siervo.

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Baja á la tierra el Verbo eterno para salvar al hombre; y ¿de dónde desciende? Del seno de su divino Padre, en el que desde la eternidad fue engendrado entre los resplandores de los Santos. Y ¿á dónde desciende? Al seno de una virgen, hija de Adan, que respecto al seno de Dios no es sino un lugar de horror; de donde canta la Iglesia: Non horruisli virginis uterum. Sí, porque el Verbo, estando en el seno del Padre, es Dios como el Padre, inmenso, omnipotente, felicísimo y supremo Señor, en todo igual al Padre. Mas en el seno de María es criatura, pequeñito, débil, afligido, siervo y menor que el Padre.

Cuéntase por prodigio grande de humildad que un san Alejo, hijo de un señor romano, quiso vivir de criado en la casa de su padre; pero ¿qué tiene que hacer la humildad de un tal Santo con la de Jesucristo? Entre hijo y criado del padre de aquel, había alguna diferencia de condición;  mas entre Dios y siervo de Dios, hay una diferencia infinita.

Por otra parte este Hijo de Dios, habiéndose hecho siervo de su Padre, por obedecerle se hizo también siervo de sus criaturas, esto es, de María y de José; pues, como nos dice san Lucas, estaba sujeto á ellos . Además, se hizo siervo de Pílatos, que lo condenó á muerte, la cual aceptó obediente; se hizo finalmente siervo de los verdugos que quisieron azotarle, coronarle de espinas y crucificarle, obedeciendo Jesús humildemente á todos, sometiéndose á sus manos.

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MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA 4

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

MEDITACIÓN IV

Ubi venit plenitudo temporis, misit Deus Filium suum. (Galat. IV, 4).

Cuando vino el cumplimiento del tiempo, envió Dios á su Hijo.

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29-Luc (2, 6-20) - La Nativité

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Considera como Dios, después del pecado de Adán, dejó pasar cuatro mil años antes de enviar á la tierra su Hijo para redimir al mundo. Y mientras tanto ¡oh! ¡Qué tinieblas de ruina ocupaban la tierra! El verdadero Dios no era conocido ni adorado sino en un ángulo del mundo apenas. Por todo reinaba la idolatría, siendo adorados por dioses los demonios, las bestias y las piedras. Pero admiremos en esto la sabiduría divina, qué difirió la venida del Redentor para hacerla al hombre mas digna de agradecimiento; la difirió, para que se conozca mejor la malicia del pecado, la necesidad del remedio y la gracia del Salvador. Si luego de haber pecado Adán hubiese venido Jesucristo, se habría estimado poco la grandeza del beneficio.

Agradezcamos, pues, la bondad de Dios por habernos hecho nacer después que ya se ha cumplido la grande obra de la Redención. Ved llegado ya el tiempo dichoso que fue llamado la plenitud de todos ellos, por el lleno de la gracia que el Hijo de Dios vino á comunicar á los hombres por medio de la Redención. El Ángel embajador es enviado á la ciudad de Nazaret á la Virgen María, para anunciarle la venida del Verbo, que quiere encarnarse en su seno; la saluda, la llama llena de gracia y la bendita entre las mujeres.

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MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA 3

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

MEDITACIÓN III

Sic Deus dilexit mundum, ut Filium suum unigenitum daret. (Joan 3, 16)

De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito.

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Considera como el Eterno Padre, dándonos al Hijo por Redentor, por víctima, por precio de nuestro rescate; no podía darnos motivos mas poderosos de esperanza, de amor para inspirarnos confianza, para obligarnos a amarle. Dándonos el Padre al Hijo, dice San Agustín.

Quiere que nosotros apreciemos este inmenso don, á fin de adquirirnos la salvación eterna y toda gracia que nos sea necesaria para conseguirla, mientras que en Jesús hallamos cuanto podemos desear: luces, fortaleza, paz, confianza, amor y gloria eterna. Siendo cierto que Jesucristo es un don que contiene todos los otros dones, ¿qué podemos buscar y desear? ¿Cómo no nos donó con él todas las cosas? dice san Pablo. Habiéndonos Dios dado á su amado Hijo, que es la fuente y tesoro de todos los bienes, ¿quién puede temer que quiera negarnos alguna gracia que le pidamos?Jesucristo, dice el mismo Apóstol, ha sido hecho por Dios, sabiduría, y justificación, y santificación, y redención. Dios le ha dado á nosotros ciegos é ignorantes, como luz y sabiduría, para caminar por la senda de la salvación á nosotros reos é ingratos, como justicia, para satisfacer por nuestras culpas, á nosotros pecadores, para santificarnos. Finalmente, Dios le ha dado á nosotros esclavos del demonio, como rescate, para adquirir la libertad de hijos de Dios.

En suma, concluye el Apóstol, con Jesucristo nosotros somos enriquecidos en todas cosas, de manera que no nos falte cosa alguna en ninguna gracia’. Y este don que nos ha hecho Dios de su Hijo, es un don hecho á cada uno de nosotros; pues que él le ha dado todo á cada uno, como si á él solo fuese donado; así es que cada uno de nosotros puede decir: Jesús es todo mio; mio es su cuerpo y su sangre: mía es su vida, sus dolores, su muerte: míos son sus méritos. Por esto decía san Pablo: Me amó y se entregó a sí mismo por mí’.Y lo mismo puede decir cada uno: Mi Redentor me ha amado, y por el amor que me ha tenido, se ha entregado todo á mí.

Afectos y súplicas.

¡Oh Dios eterno! y ¿quién jamás podía hacer este don que es de infinito valor, sino Vos que sois un Dios de amor infinito? ¡ Oh Criador mio! y ¿qué mas podíais hacer para darnos confianza en vuestra misericordia y ponernos en la obligación de amaros? Señor, yo os he pagado con ingratitudes ; pero Vos habéis dicho por vuestro Apóstol, que á los que aman á Dios todas las cosas les contribuyen al bien: omnia cooperantur in bonum. No quiero, pues, que el gran número y enormidad de mis pecados me hagan desconfiar de vuestra bondad; quiero que me sirvan para mas humillarme, cuando reciba alguna afrenta. Muchas merece quien ha tenido el atrevimiento de ofenderos, bondad infinita: quiero que me sirvan para mejor resignarme con las cruces que me enviéis  para ser mas diligente en serviros y honraros, á fin de compensar las injurias que os he hecho.

Quiero, sí, acordarme siempre, ó Dios mio, de los disgustos que os he causado, para alabar mas vuestra misericordia, y para encenderme siempre mas en el amor hacia Vos, que se me habéis acercado cuando huía de Vos, y me habéis hecho tanto bien, después que yo tanto os he maltratado.

Espero, Señor, que ya me habréis perdonado. Me arrepiento, y quiero siempre arrepentirme de los ultrajes que os he hecho. Quiero seros agradecido, compensando con mi amor la ingratitud que con Vos he usado. Pero Vos debéis ayudarme, y á Vos pido la gracia de cumplir esta mi voluntad. Haceos amar mucho de un pecador que os ha ofendido también mucho.

Dios mio, Dios mio, y ¿quién podrá jamás dejar de amaros, y separarse nuevamente de vuestro amor? ¡Oh María, reina mía  socorredme; Vos sabéis mi debilidad. Haced que yo me encomiende á Vos, siempre que el demonio pretenderá separarme de Dios. Madre mía, esperanza mía, ayudadme.

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA 2

MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

MEDITACIÓN II

Et verbum caro factum est (Joan I, 14)

Y el Verbo fue hecho carne.

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***

El Señor envió a San Agustín para que escribiera  sobre el corazón de Santa María Magdalena de Pazzis las palabras Verbum caro factum est. Por lo que nos interesa, pidamos también nosotros al Señor que nos ilumine el entendimiento, y nos haga conocer qué exceso y prodigio de amor ha sido el que el Verbo eterno, el Hijo de Dios, se haya hecho hombre por amor nuestro. La Santa Iglesia se llena de admiración contemplando este misterio, según aquellas palabras: consideré tus obras y me pasmé. Si Dios hubiese criado mil mundos mil veces más grandes y más bellos que el presente, es cierto que esta obra sería infinitamente menor que la Encarnación del Verbo. Fecit potentiam in brachio suo.

Para ejecutar la obra de la encarnación se ha necesitado toda la omnipotencia y sabiduría infinita de un Dios, haciendo que la naturaleza humana se uniese a una persona divina, y que una persona divina se humillase a tomar la naturaleza humana; de manera que, Dios se hizo hombre y el hombre se hizo Dios; y habiéndose unido la divinidad del Verbo al alma y al cuerpo de Jesucristo, se hicieron divinas todas las acciones de este hombre-Dios: divinas sus oraciones, divinos los padecimientos, divinos los vagidos, divinas las lágrimas, divinos los pasos, divinos los miembros, divina aquella sangre, para hacer de ella un baño de salud destinado a lavar todos nuestros pecados, y un sacrificio de infinito valor, para aplacar la justicia del Padre justamente indignado con los hombres.

Y ¿Quiénes son al fin estos hombres? Miserables criaturas, ingratas y rebeldes. Y ¡por ellas hacerse un Dios hombre! ¡Sujetarse a las miserias humanas! ¡Padecer y morir por salvar a estos seres indignos!  Se humilló a si mismo, dice San Pablo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. ¡Oh fe santa! Si tú no nos asegurases de esto, ¿quién podría creer jamás que un Dios de infinita majestad se haya abajado hasta hacerse pasible y mortal como nosotros para salvarnos a costa de tantas ignominias, y de una muerte tan cruel y vergonzosa? ¡Oh gracia! ¡Oh fuerza del amor! Exclama San Bernardo. ¡Oh gracia! Que ni aún podrían imaginársela los hombres si Dios mismo no hubiese pensado hacérsela. ¡Oh amor divino, que no podrá jamás comprenderse! ¡Oh misericordia! ¡Oh caridad infinita, digna solamente de una bondad infinita!

Afectos y súplicas

¡Oh alma! ¡Oh cuerpo! ¡Oh sangre de mi Jesús! Yo os adoro, y os doy gracias. Sois mi esperanza. Vosotros sois el precio pagado para rescatarme del infierno, que tantas veces he merecido. ¡Oh Dios! Y que vida tan infeliz y desesperada aguardar debería en la eternidad, si Vos, Redentor mio, no hubieseis pensado en salvarme con vuestras penas y con vuestra muerte. Mas ¿cómo las almas redimidas por Vos con tanto amor, sabiendo esto, pueden vivir sin amaros, y despreciar vuestra gracia, que con tantos trabajos les habéis procurado? ¿Por ventura ignoraba yo todo esto? ¿Cómo, pues, he podido ofenderos, y ofenderos tantas veces? Pero repito, vuestra sangre es mi esperanza. Conozco, Salvador mio, el grande agravio que os he hecho. ¡Oh si hubiese yo muerto mil veces antes! ¡Oh si os hubiese siempre amado! Mas os doy gracias, porque me dais tiempo de verificarlo todo aun.

Espero en lo que me resta de esta vida, y después en la eternidad alabar por siempre la misericordia que conmigo habéis usado.  Después de mis pecados, yo merecía más tinieblas, y me habéis dado más luz. Merecía que me abandonaseis, y Vos con voces amorosas os  habéis acercado llamándome. Merecía que mi corazón quedase más endurecido, y Vos lo habéis enternecido y compungido. Así es que por vuestra gracia siento ahora un gran dolor de las ofensas que os he hecho; siento en mi un gran deseo de amaros; siento en mi una firme resolución de perderlo todo antes que vuestra amistad; siento un amor hacia Vos que me hace aborrecer todo lo que os desagrade; y este dolor, este deseo, esta resolución y este amor ¿Quién me lo da? Me lo dais Vos por vuestra misericordia. Luego es, Jesús mio, señal de que ya me habéis perdonado; es señal de que ahora me amáis, y queréis salvarme a todo trance. Sí, Vos queréis mi salvación, y yo quiero salvarme, principalmente por daros gusto.

Vos me amáis, y también yo os amo; pero os amo poco, dadme mas amor; Vos merecéis mas amor de mi, quien habéis dispensado gracias mas especiales que a los demás. Ea, pues, aumentad la llama María santísima, alcanzadme que el amor de Jesús consuma y destruya en mi todos los afectos que no son para Dios. Vos oís a todos; oídme también: alcanzadme amor y perseverancia.

MES DE MARÍA INMACULADA – DIA 2

DÍA 2:

CONSAGRADO A HONRAR LA CONCEPCIÓN INMACULADA DE MARÍA

Oración para todos los días del Mes

¡Oh María! durante el bello Mes que os esta consagrado, todo resuena con vuestro nombre y alabanza. Vuestro santuario resplandece con nuevo brillo y nuestras manos os han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presidís nuestras fiestas y escucháis nuestras oraciones y votos.

Para honraros, hemos esparcido frescas flores a vuestros pies y adornado vuestra frente con guirnaldas y coronas. Mas ¡oh María! no os dais por satisfecha con estos homenajes: hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan y coronas que no se marchitan.

Estas son las que Vos esperáis de vuestros hijos; porque el más hermoso adorno de una madre es la piedad de sus hijos, y la más bella corona que pueden deponer a sus pies es la de sus virtudes. Sí; los lirios que Vos nos pedís son la inocencia de nuestros corazones; nos esforzaremos pues, durante el curso de este Mes consagrado a vuestra gloria ¡oh Virgen santa! en conservar nuestras almas puras y sin mancha y en separar de nuestros pensamientos, deseos y miradas aun la sombra misma del mal. La rosa cuyo brillo agrada a vuestros ojos es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos: nos amaremos, pues, los unos a los otros como hijos de una misma familia, cuya madre sois, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal.

En este Mes bendito procuraremos cultivar en nuestros corazones la humildad, modesta flor que os es tan querida; y con vuestro auxilio llegaremos a ser puros, humildes, caritativos, pacientes y resignados. ¡Oh María! haced producir en el fondo de nuestros corazones todas estas amables virtudes; que ellas broten, florezcan y den al fin frutos de gracia para poder ser algún día dignos hijos de la más santa y de la mejor de las madres. Amén

CONSIDERACION

Si Dios escogió a María por Madre desde la eternidad, convenía a su divina grandeza que fuese preservada del pecado que condenaba a muerte a toda la raza de Adán. Repugna a la razón y a la bondad divina., que el Hijo de Dios que venia a destruir el pecado, hubiera querido revestirse de una carne manchada en su origen. La pureza y la santidad por exce­lencia no podían habitar ni un solo instante en un tabernáculo en que el pecado hubiese dejado sus inmundas huellas y donde Satanás hubiere tenido su asiento y ejercido su impe­rio.

Y ¿cómo podría ocupar la Reina del cielo el primer puesto entre todas las criaturas, des­pués de Jesucristo, si habiendo estado sujeta a la desgracia común, era igual a todas ellas por el pecado y compañera de todas ellas en la participación de tan triste herencia? ¿Có­mo los espíritus angélicos, criados y confirma dos por Dios en gracia y justicia original ha­brían podido reconocer y aclamar por reina a la que había sido esclava de Satanás, de ese osado enemigo de la gloria de Dios que ellos habían arrojado del cielo?

Y si los ángeles y nuestros primeros padres fueron criados en gracia, ¿cómo podía ser concebida en pecado aquella que estaba destinada á ser la Madre de Dios? Sigue leyendo

MES DE MARÍA INMACULADA – DIA 1

DÍA 1

CONSAGRADO A HONRAR LA PREDESTINACIÓN DE MARIA

Oración para todos los días del Mes

¡Oh María! durante el bello Mes que os esta consagrado, todo resuena con vuestro nombre y alabanza. Vuestro santuario resplandece con nuevo brillo y nuestras manos os han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presidís nuestras fiestas y escucháis nuestras oraciones y votos. Para honraros, hemos esparcido frescas flores a vuestros pies y adornado vuestra frente con guirnaldas y coronas. Mas ¡oh María! no os dais por satisfecha con estos homenajes: hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan y coronas que no se marchitan. Estas son las que Vos esperáis de vuestros hijos; porque el más hermoso adorno de una madre es la piedad de sus hijos, y la más bella corona que pueden deponer a sus pies es la de sus virtudes. Sí; los lirios que Vos nos pedís son la inocencia de nuestros corazones; nos esforzaremos pues, durante el curso de este Mes consagrado a vuestra gloria ¡oh Virgen santa! en conservar nuestras almas puras y sin mancha y en separar de nuestros pensamientos, deseos y miradas aun la sombra misma del mal. La rosa cuyo brillo agrada a vuestros ojos es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos: nos amaremos, pues, los unos a los otros como hijos de una misma familia, cuya madre sois, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal. En este Mes bendito procuraremos cultivar en nuestros corazones la humildad, modesta flor que os es tan querida; y con vuestro auxilio llegaremos a ser puros, humildes, caritativos, pacientes y resignados. ¡Oh María! haced producir en el fondo de nuestros corazones todas estas amables virtudes; que ellas broten, florezcan y den al fin frutos de gracia para poder ser algún día dignos hijos de la más santa y de la mejor de las madres. Amén

CONSIDERACIÓN

La Encarnación del Verbo fue el medio ine­fable que escogió la Bondad divina para reparar la catástrofe del primer pecado. Pero para llevar a efecto esta obra, más grande que la creación de todos los mundos visibles, necesi­taba del concurso de una mujer en cuyo seno tomase carne el Verbo humanado. Pero ¿dónde encontrar una mujer bastante digna de dar su carne y su sangre al Hijo del Altísimo?- Dios pasea su mirada por toda la extensión de la tierra; hace desfilar en su presencia a todas las generaciones; ve pasar delante de sus ojos a poderosas reinas ceñidas de riquísimas diade­mas, a heroínas aclamadas por los pueblos, a millares de vírgenes y mártires agitando pal­mas inmortales, pero en ninguna de ellas fija su mirada, porque todas aparecen pequeñas a sus ojos

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