RELOJ DE LA PASIÓN POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

RELOJ DE LA PASIÓN

REFLEXIONES AFECTUOSAS SOBRE LOS PADECIMIENTOS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

 

INVOCACIÓN

A JESÚS Y A MARÍA.

¡Oh Salvador del mundo! ¡Oh amor de las almas! ; ¡oh Señor! objeto el más digno de toda nuestra ternura. Vos habéis venido a conquistar nuestro corazón por vuestra pasión, en la que habéis hecho brillar el inmenso amor que nos tenéis, consumando la obra de una redención que para nosotros ha sido un océano de bendiciones, y para Vos un océano de dolores y de ignominias. Habéis principalmente instituido el santísimo Sacramento del altar con el fin de perpetuar su memoria. Para que la memoria de un tan gran beneficio, dice santo Tomás, permaneciera viva y constante entre nosotros, él ha dejado su cuerpo en comida a los fieles. Y mucho tiempo antes había dicho san Pablo: «Todas las veces que comiereis este pan, anunciaréis la muerte del Señor»

Con tantos prodigios de amor habéis obtenido ya de tantas almas santas que, consumidas en las llamas de vuestra caridad, renunciaran a todos los bienes de la tierra para consagrarse enteramente á amaros a Vos solo, ¡oh Señor! el más amable de los señores! ¡Ah! haced, pues, oh Jesús mío, que me acuerde siempre de vuestra pasión; y que yo, miserable pecador, vencido en fin, por tantas finezas de amor, llegue a amaros y daros con mi pobre amor algunas señales de gratitud por el amor excesivo que me habéis manifestado, Vos Dios mío y Salvador mío.

Acordaos, Jesús mío, que yo soy una de aquellas tiernas ovejas vuestras, por cuya salud habéis venido a la tierra para sacrificar vuestra vida divina. Yo sé que después de haberme redimido con vuestra muerte no habéis cesado de amarme, y que al presente me tenéis el mismo amor que por vuestra bondad me tuvisteis al morir por mí. No permitáis que yo viva más tiempo siéndoos ingrato, mi Dios, que tanto merecéis el ser amado, y tanto habéis hecho para ser amado de mí.

Y Vos, santísima Virgen María, que tan grande parte tuvisteis en la pasión de vuestro Hijo, ¡ah! por los méritos de vuestros dolores obtenedme la gracia de experimentar alguna parte de aquella compasión que tanto afligió a vuestra alma en la muerte de Jesús, y pedid para mí una centella de aquel amor que hizo todo el martirio de vuestro corazón condolido.

«Os suplico, Señor mío Jesucristo, que la fuerza de vuestro amor, mas ardiente que el fuego, más dulce que la miel, absorba mi alma, a fin de que yo muera por el amor de vuestro amor, ya que os habéis dignado morir por el amor de mi amor.»

 

CAPÍTULO PRELIMINAR.

De cuan útil sea la meditación sobre la pasión de Jesucristo.

 1. El amante de las almas, nuestro amabilísimo Redentor, ha declarado que su fin principal al venir al mundo y hacerse hombre era el de encender en todos los corazones el fuego de su santo amor. Y ¡qué llamas de caridad tan bellas no ha encendido en tanto número de almas, con las penas de muerte que quiso sufrir, a fin de mostrarnos la inmensidad de su amor a los hombres! ¡Oh! ¡Cuántos corazones dichosos sé han penetrado del fuego del amor de Jesús en sus llagas como en unas hogueras ardientes, de tal suerte que no han rehusado consagrarle totalmente los bienes, la vida, y aun a sí mismos; venciendo con un valor generoso todas las dificultades que encontraban en la observancia de la divina ley por amor de aquel Señor que, siendo Dios quiso sufrir tanto por su amor! Este fue puntualmente el consejo que nos ha dado el Apóstol, no solo para no desfallecer sino para correr con más ligereza en los caminos del cielo.

« Ignem veni mittere in terram: et quid volo, nisi ut accendatur. » (Luc. XII, 49.)

2. Por eso, san Agustín en los transportes de su amor, puesto en presencia de Jesús cubierto de llagas y enclavado en la cruz, hacia esta tierna oración: «Grabad, Señor y amabilísimo Salvador mío, grabad en mi corazón todas vuestras llagas, a fin de que yo lea siempre en ellas vuestro dolor y vuestro amor; el dolor para sufrir por Vos todo dolor, y el amor para menospreciar por Vos todo amor. Sí, porque teniendo delante de la vista la grandeza del dolor que por mí habéis sufrido, sufriré yo con paciencia todas las penalidades que me sucedieren; y mirando al amor que me habéis mostrado en la cruz no amaré ya ni podré amar otra cosa que a Vos. Sigue leyendo

POESÍAS: LA PALABRA, LA PALABRA Y EL VERBO

La Palabra, la palabra y el Verbo

Mi Carne es Pan de Vida… quien sigue mi Palabra

tendrá la vida eterna… Yo soy la Luz del mundo…

Piedra angular soy yo… reja que todo jabra…

Labriego de bondad… gravo un yugo jocundo.”

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Señor, ¿para qué insistes con tanto bien profano?

La carne, el pan, la luz, la piedra mineral,

el yugo, el labrador, el siembre cotidiano,

mil cosas temporales sin gusto celestial.

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Pero entre tanta prenda que no parece alzarse

un palmo de la tierra, reluce una expresión

que sube como incienso, que deberá cantarse

por siglos de los siglos sin dejo de aflicción:

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Esparces Tus Palabras, divinos argumentos,

al paso de los hombres que miran hacia abajo,

para que alcen oídos cansados de lamentos

al son de Tus Decires, de placidez sombrajos.

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Si hay algo inmaterial, adverso de lo basto,

de aquello que en nosotros es lastre de maldad;

si hay algo espiritual, sagrado, puro y casto,

se trata de Tus Dichos, doctrina de Verdad.

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No son buenas palabras las nuestras vocerías;

no son nuestros pulmones ni las cuerdas vocales

los que elaboran giros, ni frases de valía;

ni es la poesía, la verba de labiales,

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la letra, la sintaxis, la mera ortografía,

las que preparan eso que surge desde adentro;

son meros instrumentos, o formas a porfía,

que sirven de utillajes para mostrar el centro.

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Y es pobre lo que emana de nuestro natural,

precaria inteligencia y débil voluntad,

que libres a su antojo son un tembladeral

en donde moriríamos por una eternidad.

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Por eso es tu Palabra, concepto inmaterial,

aquello que demuestra Tu auténtica Deidad;

aquello que nos prueba por dónde asedia el mal

rodeando de falacias todo lo que es verdad.

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El padre de mentiras, el fiero Satanás,

que fue desde el principio homicida feroz,

engaña desde siempre, y siempre engaña más,

alzando sus embustes al paso de Tu Voz.

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Si todo lo corpóreo sujeto está a la muerte,

el alma, que no muere, requiere de esa Vida

eterna que destila Tu Boca, y de esta suerte,

adquiere aquella gracia prestándote su oída.

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Entonces cobra Vida lo bárbaro y profano:

La Carne, el Pan, la Luz, la Piedra mineral,

el yugo, el Labrador, el siembre cotidiano,

se vuelven mil peldaños de ascenso divinal.

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Combate Tu Palabra las mentiras del Otro,

y quedan sus ficciones mostrando su doblez;

nos sirva tu Evangelio de singular quillotro

que rija nuestros rumbos, de niño a la vejez.

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¿Cómo hemos de negar que Tu Palabra es Vida,

que otras palabras tienen tan sólo fruto acerbo?,

¡si Tú eres del Eterno el habla más garrida,

espejo de Su Gloria, Palabra, Voz y Verbo!


POESIA: EL VERDADERO ALIMENTO

El verdadero alimento

No teman al que pueda el cuerpo rematarles;

hay que tenerle miedo a quien mata las almas;

por eso es con Mi Cuerpo que voy a alimentarles,

Mi Sangre será el néctar que toda sed ensalma.

Si Moisés a Su pueblo el maná prodigó,

no era más que alimento material nutritivo.

Hoy nos da de Su Cuerpo que el Calvario entregó,

pan supersubstancial, pan de Dios redivivo.

Y en el Cáliz Sagrado, vaso fiel de sus Vasos,

la Divina Ambrosía al beber nos ofrece:

Sangre ayer derramada por acerbos trallazos

que hoy esparce sus méritos a las almas, con creces.

No es Su Cuerpo comida que alimente mi carne,

ni Su Sangre bebida para calmar mi sed;

es el alma que asume Sus virtudes cual guarne

que la envuelve y protege como sólida red.

Alimento interior, bebida espiritual,

que no nutren materia, célula ni organismo,

que el espíritu colman en sagrado ritual

insertando en nosotros a Jesucristo mismo.

Comunión que nos hace recibir Su Persona,

Pan Divino que viene del trono del Altísimo,

Celestial Refección que el espíritu entona,

Vida eterna que mora feraz en el Santísimo.

¿Esto qué es?, repetía quien maná degustaba,

¿Dónde tienes esa agua?, dijo la de Samaria,

sin saber que otra vianda y otro río auguraba

el Señor, en renuevo de pitanzas precarias.

El asombro colmaba a esas almas, por cierto,

pero más asombroso nos resulta el misterio

de un Dios que se volvió Hombre para darnos, abierto,

Su carnal Corazón, eficaz Refrigerio.

Pues si pan nos parece el feliz Sacramento

y si vino aparenta ese Cáliz de Amor,

el primero es la Carne del Señor, alimento;

celestial inventiva, no hay empresa mejor.

Quien la coma jamás volverá a tener hambre;

solamente apetito de las cosas sagradas

que le seducirán cual la miel al enjambre,

degustando el sabor de sustancia tersada.

Es bebida Su Sangre, deliciosa fruición

que en la fe nos solaza, seca nuestra aridez,

nos restaura la vida con impar colación

que nos deja colmada nuestra pobre avidez.

Panes ázimos, sólo manufactura inerte,

licor de uva, tan sólo una esencia frutal,

que se truecan en vida señoreando en Su muerte,

y en el mal que Él sufriera, derrotaron al Mal.

¡Qué divina rareza, qué singularidad,

par de Dones sin par, creativa sagaz!

¡Dos sustancias tan simples, nutrición de Verdad,

que sacian mas no sacian, porque siempre dan más!


P. LEONARDO CASTELLANI (16-NOV-1899 – 15-MAR-1981): A MIS SOLEDADES VOY – IN MEMORIAM

En un nuevo aniversario de la muerte del inolvidable Padre Leonardo Castellani (16 de noviembre de 1899 – 15 de marzo de 1981), a modo de agradecimiento, publicamos esta poesía escrita en Manresa, el 1º de febrero de 1949.

A MIS SOLEDADES VOY

En mi soledad me estoy

y en mi soledad me angustio

y canto solo de miedo

y el eco me sigue el dúo.

Porque existe un padre corto

—y debe existir más de uno—

¿deberé morirme yo

morirme o volverme estúpido?

Ningún mortal ha creado

lo que yo soy, poco o mucho:

hay un solo Padre Eterno

los demás son… latifundios…

“Desensillar —como dicen—

hasta que aclare Juan Rubio”.

Mejor dormir o cantar

que caminar en lo oscuro.

No se puede vivir hoy

sin deporte, y sin el gusto

del riesgo y de la aventura

y del humor y del humo.

Porque en el mundo que corre

hay un toro suelto y bruto

que ha saltado la barrera

y hay que torear el absurdo.

Parezco mujer, pero una

mujer es peor que un mulo

acerca de ciertas cosas

que ella sola ve —o ninguno.

La verdad es pagadora

aunque su conchavo es duro

defender las cosas que hizo

Dios, es su programa único.

Déme Dios la gracia de

sucumbir bien si sucumbo…

si Él quiere librarme, Él sabe

y me librará a lo brujo.

Cristo cayó bajo el leño

no gallardo pero puro

no se revolcó, no dio

coces, no lanzó rebuznos.

El mundo es ancho. La vida

es tenaz. Dios es profundo.

La maldad, la tontería

son falsas reinas del mundo.

Al cabo de siete años

lo que el hombre ha dicho es nulo

y a las siete veces siete

todos quedamos desnudos.

He escrito en mi testamento

que pongan en mi sepulcro:

“Éste ha amado la verdad

como un niño como un burro.

Naturalmente no fue

César ni Creso ni Lúculo…

y le dieron prestamente

permiso de ser dijunto”.

Pero la verdad un día

pondrá una flor en mi túmulo.

Todo pasa. El alma queda.

Éste es el asunto.

POESÍA: NUESTRA ROCA

NUESTRA ROCA

Quien conmigo no está, es que está contra Mí;

quien conmigo no junta, desparramando está;

quien mis armas no porta, no podrá combatir,

defender su bastión contra el que atacará.

Si es que por Su poder expulsaste demonios,

no es que ha sido, por cierto, en virtud de Satán;

que en nosotros sea eso cardinal testimonio

que nos haga rehuir la legión infernal.

Como dijo en el templo Simeón al tomarte

de María en sus brazos con viril emoción,

encarnado en Tu Madre a este mundo llegaste

para ser la señal de alta contradicción;

para ser en Tu pueblo ocasión de caída

y de resurrección para el otro Israel:

Para aquél que siguió Tu doctrina y Tu vida,

y guardó Tus palabras permaneciendo fiel.

Fue el rey santo, David, en su insigne Salterio,

quien así te invocaba: “Dios, Tú eres mi Roca”;

Peña viva celeste, básico Primicerio

que los planes del hombre contumaz descoloca:

Puedes ser para mí firme piedra escogida,

un cimiento seguro para mi fortaleza,

o, si yerro mis pasos caminando otra vida,

un tropiezo, un desvío, un sinfín de flaquezas.

Constructores nombraste que el Peñón desecharon,

el que es base sillar de Tus Santos Amores;

rechazándote a Ti, Tu reinar rechazaron,

que fue dado a otros hombres, por sus frutos mejores.

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CRISTO, LA LUZ

Cristo, la Luz

En la noche del mundo soy la Luz.

Quien me sigue ya no caminará

en tinieblas; por medio de mi Cruz,

esplendores de vida brillarán.”

Su Transfiguración en el Tabor

fue anticipo del día del final;

cuando venga por justo Juzgador

y le asigne su escena a cada cual.

Antes de predicar Su Parasceve,

con Moisés, con Elías conversó;

Sus vestidos, más blancos que la nieve,

a los tres elegidos les mostró.

Como Sol de Justicia refulgió;

albo como nevisca iluminada;

¿quién podrá enjalbegar lo que exhibió

en aquella magnífica jornada?

Su figura fue espejo de la gloria

que ocultaba en su paso por la tierra;

y ahí brilló, refulgencia transitoria,

demostrando lo que Su Vida encierra.

Esa Luz, Verbo sustancial de Dios,

no es belleza tan sólo a nuestros ojos;

calma el hambre de la Verdad en pos,

penetrando cualesquiera cerrojos.

Dios, el Padre, recibe las demandas

y el Espíritu Santo da la gracia;

y es el Hijo, hermosura veneranda,

Quien del alma el buen apetito sacia.

Es así que la Santa Trinidad

Su virtud esencial nos participa,

dándonos todo bien, toda verdad;

y al instante las sombras se disipan.

Pero algo precisamos para ver:

Es el alma en filial amarradura,

acatando Su divino saber,

orientándose tras Sus andaduras.

¿Cómo hemos de ver, si parpadeamos,

si cerramos el alma a Su amistad?

No hay ceguera peor que padezcamos,

si negamos Su habitabilidad.

Nada de lo que tiene se nos niega:

Su verdad, Su vivir, Su beatitud;

todo eso a raudales nos allega

si adoptamos Su magna celsitud.

¡Ay de aquél que endurece el corazón

y le niega la entrada a Su fulgor!

tal tiesura, tan ruda cerrazón

ha de ser para eterno deshonor.

¡Ea, pues!, que la noche quede atrás,

sumerjámonos en Su placidez,

en Su lumbre que brilla como haz

irradiante de excelsa calidez;

muy seguros de andar sendas debidas,

luminadas por Él, que las descombra;

sabiendo que Su Luz, en esta vida,

de otra Luz es tan sólo algo de sombra.

DEL PECANTE PECADOR… AL SANTO SANTIFICADOR

Del pecante pecador

al Santo Santificador

manos rezando

En mi tierra terrenal,

con esta carne carnal,

con mi sangre sanguinaria y

mi pasión, mal pasionaria;

vivo en pecado, pecando;

lleno de faltas, faltando,

falto de gracia, en desgracia

y en contumaz contumacia.

Fijo en el mal, voy maleando,

por profano, profanando;

confieso que no confieso;

que no he rezado, ni rezo.

De Dios, ya lejos, me alejo;

por mi dejadez me dejo,

aflojo por mi flojera,

sigo ciego en mi ceguera.

¡Ay, Madre!, amadríname,

con tu ánimo, anímame;

a Él con tus ruegos ruega,

con tu llegar, a Él llega; Sigue leyendo