P. MÉRAMO: SERMÓN PARA LA DOMÍNICA 5º DE PENTECOSTÉS (AUDIO)

Compartimos con nuestros amigos el audio del Sermón del domingo 5º de Pentecostés (17 de julio de 2011) del P. Basilio Méramo.

En el siguiente enlace podrán escucharlo y más abajo el link para la descarga.

A pedido de algunos lectores, aprovechamos para proporcionarles los links de descarga de los audios anteriores de los sermones del P. Méramo.


Links de descarga (en los tres casos botón derecho y guardar destino como) :

Audio del 5º Domingo de Pentecostés 2011

Audio del 3º Domingo de Pentecostés 2011

Audio del 2º Domingo de Pentecostés 2011

ESTUDIOS DOCTRINALES: EL MATRIMONIO: LA MUTUA FIDELIDAD

ESTUDIOS DOCTRINALES:

LOS BIENES DEL MATRIMONIO

La Mutua Fidelidad

Como hemos anunciado en la última entrega, consideraremos hoy lo enseñado por Pío XI sobre el segundo bien del matrimonio, la Fidelidad Conyugal y la condena de sus errores:

El segundo de los bienes del matrimonio, enumerados, como dijimos, por San Agustín, es la fidelidad, que consiste en la mutua lealtad de los cónyuges en el cumplimiento del contrato matrimonial, de tal modo que lo que en este contrato, sancionado por la ley divina, compete a una de las partes, ni a ella le sea negado ni a ningún otro permitido; ni al cónyuge mismo se conceda lo que jamás puede concederse, por ser contrario a las divinas leyes y del todo disconforme con la fidelidad del matrimonio.

Tal fidelidad exige, por lo tanto, y en primer lugar, la absoluta unidad del matrimonio, ya prefigurada por el mismo Creador en el de nuestros primeros padres, cuando quiso que no se instituyera sino entre un hombre y una mujer.

Y aunque después Dios, supremo legislador, mitigó un tanto esta primitiva ley por algún tiempo, la ley evangélica, sin que quede lugar a duda ninguna, restituyó íntegramente aquella primera y perfecta unidad y derogó toda excepción, como lo demuestran sin sombra de duda las palabras de Cristo y la doctrina y práctica constante de la Iglesia.

Con razón, pues, el santo Concilio de Trento declaró lo siguiente: que por razón de este vínculo tan sólo dos puedan unirse, lo enseñó claramente Cristo nuestro Señor cuando dijo: “Por lo tanto, ya no son dos, sino una sola carne” [Conc. Trid., sess. 24].

Mas no solamente plugo a Cristo nuestro Señor condenar toda forma de lo que suelen llamar poligamia y poliandria simultánea o sucesiva, o cualquier otro acto deshonesto externo, sino también los mismos pensamientos y deseos voluntarios de todas estas cosas, a fin de guardar inviolado en absoluto el sagrado santuario de la familia: “Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró en su corazón” [Mat. 5, 28]. Las cuales palabras de Cristo nuestro Señor ni siquiera con el consentimiento mutuo de las partes pueden anularse, pues manifiestan una ley natural y divina que la voluntad de los hombres jamás puede quebrantar ni desviar [Cf. Decr. S. Off., 2 mar. 1679, prop. 50].

Más aún, hasta las mutuas relaciones de familiaridad entre los cónyuges deben estar adornadas con la nota de castidad, para que el beneficio de la fidelidad resplandezca con el decoro debido, de suerte que los cónyuges se conduzcan en todas las cosas conforme a la ley de Dios y de la naturaleza y procuren cumplir la voluntad sapientísima y santísima del Creador, con entera y sumisa reverencia a la divina obra.

Esta que llama, con mucha propiedad, San Agustín, fidelidad en la castidad, florece más fácil y mucho más agradable y noblemente, considerado otro motivo importantísimo, a saber: el amor conyugal, que penetra todos los deberes de la vida de los esposos y tiene cierto principado de nobleza en el matrimonio cristiano: «Pide, además, la fidelidad del matrimonio que el varón y la mujer estén unidos por cierto amor santo, puro, singular; que no se amen como adúlteros, sino como Cristo amó a la Iglesia, pues esta ley dio el Apóstol cuando dijo: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia” [Eph. 5, 25; cf. Col. 3, 19], y cierto que El la amó con aquella su infinita caridad, no para utilidad suya, sino proponiéndose tan sólo la utilidad de la Esposa» [Catech. Rom. 2, 8, 24].

Sigue leyendo

CELO EMPALAGOSO… COMO EL DE LOS MEJORES PASTELEROS CONCILIARES

Celo empalagoso…

 

SACUDID EL POLVO

 En un su sermón del 29 de junio pasado, Monseñor de Galarreta expresó lo siguiente:

Los que se oponen ferozmente y por principio a todo contacto con los modernistas me recuerdan un pasaje del Evangelio. Cuando Nuestro Señor no fue recibido en una ciudad, Santiago y Juan -los hijos del trueno- le propusieron hacer bajar fuego del cielo para consumir esta ciudad. Y Nuestro Señor, indulgente, pasa por sobre este monumental orgullo de los apóstoles -¡como si Nuestro Señor tuviese necesidad de ellos para resolver problemas!-, y les dice: no sabéis de qué espíritu estáis animados. (cf. Lucas 9, 51-56). Sí, todavía no habían recibido el Espíritu Santo que difunde la caridad en el corazón, y no sabían de qué espíritu eran. Ellos habían caído en el celo amargo.

Estas palabras, a su vez, me recuerdan otro pasaje evangélico, que encontramos en San Mateo, capítulo 10, versículos 11 a 15, así como en los lugares paralelos de San Marcos, 6: 10-11 y San Lucas 9: 4-5 y 10:10-12:

En cualquier ciudad o villa en que entrareis, preguntad qué persona digna se encuentra en ella, y permaneced en ella hasta vuestra marcha. Saludad, al entrar en la casa, con las palabras: La paz sea en esta casa. Y si efectivamente fuere digna aquella casa, vuestra paz vendrá sobre ella, y si no lo fuera, vuestra paz se volverá a vosotros. Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, sacudid el polvo de vuestros pies, y marchaos de la casa o de la ciudad. Os digo en verdad, que Sodoma y Gomorra serán tratadas en el día del juicio con menos rigor que esta ciudad.

San Lucas, un poco más adelante, capítulo 10, versículos 13 a 16, completa el pensamiento de Nuestro Señor:

¡Ay de ti, Corazaim! ¡Ay de ti, Betsaida! porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho entre vosotros, tiempo ha que sentados en cilicio y ceniza hubiesen hecho penitencia. Por eso para Tiro y Sidón habrá en el juicio menos rigor que para vosotros. Y tú, Cafarnaúm, ensalzada hasta el cielo, hasta el infierno serás sumergida. Quien a vosotros oye, a mí me oye, y quien a vosotros desprecia, a mí me desprecia. Y el que a mí me desprecia, desprecia a Aquel que me envió.

El manso, humilde, dulce y misericordioso Nazareno no dejó de serlo cuando pronunció estas palabras.

Podría suceder que los pueblos no recibiesen a los Apóstoles ni a su doctrina. Para este caso, va el último aviso: Y todo el que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, al salir fuera de la casa, o de la ciudad, sacudid hasta el polvo de vuestros pies, en testimonio contra ellos…

Con lo cual los apóstoles declararían impuras y contumaces las ciudades en que hubiesen sido rechazados.

El castigo reservado a estas ciudades será más tremendo que el que sufrieron Sodoma y Gomorra, porque éstas no recibieron la visita de los evangelizadores de la buena nueva: En verdad os digo: que habrá menos rigor para la tierra de los de Sodoma y de Gomorra, en el día del juicio, que para aquella ciudad.

El pecado de Sodoma fue contra la naturaleza, y estos pecados los castiga Dios de una manera especial; por esto vino fuego del cielo para destruir las ciudades nefandas.

El pecado que se cometa contra los evangelizadores de Dios es, hasta cierto punto, un pecado contra el Dios que los envía; y Dios, que es celoso de su honra, no dejará sin gravísimo castigo a los pueblos, gobiernos, organismos que atenten contra los mensajeros de Dios.

La historia es muy elocuente en este punto. Dios suele abandonar a los pueblos que no reciben o que vejan a sus enviados; y el mayor castigo que pueda sufrir un pueblo es que Dios le deje sin Él, es decir, sin fe, sin amor sobrenatural, sin instituciones cristianas, sin culto, sin los múltiples dones divinos de que son heraldos o intermediarios los ministros de Dios.

Sobre aquellos que despreciaren los mandatos divinos de Cristo, caerá la maldición eterna, significada por la salida de los Apóstoles y por el acto de sacudir el polvo de sus pies.

Los Santos Padres comentan este pasaje del Evangelio. He aquí sus palabras:

San Hilario: Si permaneciesen en el mismo lugar, parecería que guardasen relaciones con los que viven allí; y sacudiendo el polvo de los pies, todo su pecado queda en su casa, y ningún resultado tendrá para su salvación el que sigan habitando en ella los Apóstoles.

San Jerónimo: El polvo que se sacude de los pies es un testimonio de celo apostólico: de su entrada en la ciudad y de que la predicación ha llegado hasta ellos.

Rábano: Y para que no piensen, de que es una falta ligera el no recibir a los Apóstoles, añade: En verdad os digo, que Sodoma y Gomorra, serán tratadas con menos rigor en el día del juicio, que esa ciudad.

San Jerónimo: Porque no se predicó a Sodoma y Gomorra, y a esta ciudad sí se predicó y no quiso recibir el Evangelio.

San Hilario: Nos enseña el Señor, en sentido místico, que no debemos tener intimidad entrando en las casas de aquellos que, o se declaran contra Cristo, o le ignoran.

Y debían preguntar en todas las ciudades, qué personas hay en ellas dignas de recibirlos, a fin de no ir a otra; porque merecía ésta el que se detuviesen en ella, pues su dueño es justo.

San Beda: Corozaim, Betsaida y Cafarnaúm, y también Tiberias, a la cual nombra San Juan, son ciudades de Galilea. Se lamentaba el Señor de que estas ciudades no hiciesen penitencia después de tantos milagros y predicaciones, y que fuesen peores que los gentiles, que sólo violaron la ley natural; porque, después de haber despreciado la ley escrita, no temieron despreciar también al Hijo de Dios y su gloria.

Por lo que prosigue: Porque si en Tiro y en Sidón se hubiesen hecho los milagros que se han hecho entre vosotros, tiempo ha que sentados en cilicio y ceniza hubiesen hecho penitencia, etc.

San Juan Crisóstomo: Como el Señor había hecho muchos milagros en Cafarnaúm y lo habían tenido como habitante, parecía elevada sobre las demás ciudades; pero por su incredulidad cayó en las ruinas. Por esto sigue: Y tú, Cafarnaúm, ensalzada hasta el cielo, hasta el infierno serás sumergida. Esto es, para que tu castigo sea proporcionado a tu elevación.

San Beda: Y para que no se creyese que esta repulsa sólo se dirigía a las ciudades o personas que habiendo visto al Señor en su carne le despreciaron, y no a todos los que hoy desprecian también la doctrina del Evangelio, añade diciendo: El que a vosotros oye, a mí me oye.

San Cirilo: Por medio de esto nos enseña que todo lo que nos dicen los Apóstoles debe aceptarse, porque quien los oye, a Cristo oye. Inevitable castigo amenaza, pues, a los herejes, que menosprecian las predicaciones de los Apóstoles; y por ello sigue: Y el que os desprecia, a mí me desprecia.

San Beda: Para que se comprenda que, oyendo o despreciando la predicación del Evangelio, no se oye o desprecia a unas personas cualesquiera, sino al mismo Salvador, y aun al mismo Padre. Por eso prosigue: Y el que a mí me desprecia, desprecia a Aquél que me envió, etc. Porque en el discípulo se oye al Maestro, y en el Hijo se honra al Padre.

Esa fue la actitud de Monseñor Marcel Lefebvre desde mayo de 1988 respecto de la Roma anticristo y neomodernista: sacudió el polvo de sus pies, y se marchó de la ciudad…

Pero, tanto va el cántaro a Roma…, que al final termina llenándose de su espíritu… Al menos en un 95%…

Y el celo de estos señores Obispos termina por ser empalagoso… como el de los mejores pasteleros conciliares

Padre Juan Carlos Ceriani

TANTO VA EL CÁNTARO A LA FUENTE… SOBRE EL SERMÓN DE ORDENACIONES DE MONS. DE GALARRETA EN ÉCÔNE

Tanto va el cántaro a Roma…

 

PALABRAS EPISCOPALES

Con ocasión de las ordenaciones sacerdotales del 29 de junio de 2011 en Écône, Monseñor Alfonso de Galarreta fustigó la ilusión del Concilio Vaticano II: intentar conciliar la Iglesia Católica y el espíritu liberal de 1789.

Luego de recordar textos famosos del Cardenal Ratzinger y de demostrar la incompatibilidad de ese espíritu con la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo, concluyó con estas reflexiones:

Si las cosas son así, alguien me podría decir: pero entonces ¿por qué tener contactos con estas personas?, ¿por qué ir a Roma?

Parecería que, en principio, no debería haber contactos, ningún contacto con ellos.

¡Y Bien! Es todo lo contrario: en principio, es necesario que tengamos contactos, y en principio es necesario que vayamos a Roma.

Por supuesto, a continuación, es la prudencia la que determina las circunstancias y la que determina lo que realmente hay que hacer en un caso concreto.

Pero, en principio, es necesario ir, en primer lugar, porque somos católicos, apostólicos y romanos.

A continuación, si Roma es la cabeza y el corazón de la Iglesia Católica, sabemos que la crisis necesariamente encontrará su solución, la crisis desaparecerá en Roma y por Roma.

En consecuencia, lo poco de bueno que hagamos en Roma, es mucho mayor que el mucho bien que hagamos en otra parte.

Por otro lado, caritas Christi urget nos, la caridad de Cristo nos urge (2 Cor 5, 14).

Es necesario entender cómo es difícil dejar el error mientras se vivió toda su vida en el error. Es extremadamente difícil tener la luz y la fuerza para romper con una serie de vínculos de orden natural, una vida dedicada a esto, toda una enseñanza con la autoridad como fiador, y las consecuencias que se siguen.

Reconozcamos que esto no es fácil, y tengamos piedad.

Porque, finalmente, ellos necesitan simplemente lo que ya hemos recibido gratuitamente, la luz y la gracia.

Porque, ¿qué tenemos que no hayamos recibido? (1 Corintios 4, 7) ¡Y Bien! Ellos necesitan simplemente recibir lo que hemos tenido la gracia de recibir, por la misericordia y la generosidad de Dios. La caridad nos establece un deber.

Los que se oponen ferozmente y por principio a todo contacto con los modernistas me recuerdan un pasaje del Evangelio. Cuando Nuestro Señor no fue recibido en una ciudad, Santiago y Juan -los hijos del trueno- le propusieron hacer bajar fuego del cielo para consumir esta ciudad. Y Nuestro Señor, indulgente, pasa por sobre este monumental orgullo de los apóstoles -¡como si Nuestro Señor tuviese necesidad de ellos para resolver problemas!-, y les dice: no sabéis de qué espíritu estáis animados. (cf. Lucas 9, 51-56). Sí, todavía no habían recibido el Espíritu Santo que difunde la caridad en el corazón, y no sabían de qué espíritu eran. Ellos habían caído en el celo amargo.

¿Y cuál es este espíritu? Es el espíritu de Nuestro Señor Jesucristo. No es demasiado complicado, es necesario mirar cómo Nuestro Señor ha enfrentado a sus enemigos, a sus oponentes. Tanto San Juan como San Pablo nos dicen: es en esto que realmente hemos conocido el amor de Dios, en que el Padre nos amó y Cristo dio su vida por nosotros, mientras que éramos pecadores, mientras que éramos sus enemigos. Es en esto que especialmente se manifiesta la caridad de Dios, y hemos creído en esta caridad. Entonces debemos hacer lo mismo. (cf. 1 Jean, IV, 9-16 y Efesios II)

¿Cómo es que el amor de Nuestro Señor se manifiesta? ¿Por la guerra, los anatemas, las condenaciones, o haciendo caer fuego del cielo? ¡No! Esta obra de amor se cumple por la humildad, por la humillación, por la obediencia, la paciencia, el sufrimiento, la muerte y perdonando a sus enemigos sobre la Cruz.

A lo largo de su vida Nuestro Señor ha desplegado todos los medios posibles y razonables para hacer admitir la verdad a los fariseos y ofrecerles la salvación y el perdón. He aquí, simplemente, lo que debemos seguir.

No veo cómo la firmeza doctrinal sería contraria a la flexibilidad, a la ingeniosidad e incluso a la audacia de la caridad.

No veo. No sé cómo la intransigencia doctrinal sería contraria a las entrañas de la misericordia, al celo misionero y apostólico.

No se tiene que elegir: o la fe o la caridad. Se debe abrazar las dos. En incluso, sin la caridad, no soy nada; incluso si tengo una fe para mover montañas… Si no tengo la caridad no soy nada. Si doy mi vida por los pobres y no tengo caridad, no soy nada. (cf. 1 Cor 13, 3)

Releed los elogios de la caridad que hace San Pablo en su Epístola a los Corintios (1 Cor 13), aplicadlo a la vida de Nuestro Señor, y sabréis sin confusión posible lo que es el espíritu católico.

La caridad es paciente, es buena, no es envidiosa, no busca su interés, ignora el mal, hace el bien, excusa todo, todo lo cree, lo espera todo, lo sufre todo.

He aquí cómo realmente podremos cooperar en la restauración de la fe, en la restauración de todas las cosas en Cristo.

 En pocas palabras, para Monseñor de Galarreta es necesario ir a Roma porque:

 * somos católicos, apostólicos y romanos.

 * la crisis desaparecerá en Roma y por Roma.

 * la caridad de Cristo nos urge.

 Esto ya no sorprende ni a sacerdotes, ni a feligreses de la FSSPX.

 Al igual que ellos, Monseñor de Galarreta parece olvidar aquellos textos claros y aquellas consignas precisas de Monseñor Lefebvre después de su desengaño de noviembre 1987 – mayo 1988.

Recordemos algunas citas:

Monseñor Lefebvre, Retiro Sacerdotal, 9 de septiembre de 1988:

¿Salir, por lo tanto, de la iglesia oficial? En cierta medida, sí, por supuesto.

El libro del señor Madiran, “La Herejía del siglo XX” es la historia de la herejía de los obispos.

Si uno no quiere perder su alma, es necesario salir de este medio de los obispos.

Pero no es suficiente, porque es en Roma que está instalada la herejía.

Si los obispos son herejes (incluso sin tomar este término en el sentido y con las consecuencias canónicas), no es sin la influencia de Roma.

Si nos alejamos de estas personas, es absolutamente como con las personas que tienen SIDA.

No hay ningún deseo de contagiárselo.

Ahora bien, tienen SIDA espiritual, enfermedades contagiosas transmisibles.

Si uno quiere mantener la salud, es necesario no ir con ellos.

Monseñor Lefebvre, Entrevista concedida a Fideliter, Nº 66, noviembre-diciembre de 1988:

No tenemos la misma manera de concebir la reconciliación. El cardenal Ratzinger la ve en el sentido de reducirnos, de traernos al Vaticano II. Nosotros la vemos como un retorno de Roma a la Tradición. No nos entendemos. Es un diálogo de sordos. No puedo hablar mucho del futuro, ya que el mío está detrás de mí. Pero si vivo un poco aún y suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones. No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios. Esto se terminó.

Plantearía la cuestión a nivel doctrinal: “¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptan aún el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?

Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar. Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio considerando la doctrina de estos papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil.

Las posiciones quedarían así más claras.

Último reportaje realizado a Monseñor Lefebvre, dado a conocer en enero de 1991, Fideliter N° 79, el periodista le pregunta: “¿qué puede decir a los fieles que esperan siempre en la posibilidad de un acuerdo con Roma?”

Monseñor Lefebvre respondió con estas palabras que deberán servir de reflexión a aquellos aún capaces de recapacitar:

“Nuestros verdaderos fieles, aquellos que han comprendido el problema y que justamente nos han ayudado a seguir la línea recta y firme de la Tradición y de la fe, temían las tratativas que hice en Roma. Me han dicho que era peligroso y que perdía el tiempo.

Sí, por supuesto, yo esperé hasta el último minuto que en Roma testimoniaran un poco de lealtad. No se me puede reprochar de no haber hecho el máximo.

Por eso, ahora, a los que vienen a decirme: es necesario que usted se entienda con Roma, creo poder decirles que yo he ido más lejos de lo que tendría que haber ido.”

Pero anteriormente, todos los Superiores de la FSSPX suscribieron un Carta abierta Cardenal Gantin; fue el 6 de julio de 1988:

Eminencia, reunidos en torno a su Superior general, los Superiores de los distritos, seminarios y casas autónomas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, piensan conveniente expresarle respetuosamente las reflexiones siguientes. Usted creyó deber suyo, por su carta del 1º de julio último, hacer saber su excomunión latae sententiae a Su Excelencia Monseñor Marcel Lefebvre, a Su Excelencia Monseñor Antonio de Castro Mayer y a los cuatro obispos que ellos consagraron el 30 de junio último en Ecône. Quiera usted mismo juzgar sobre el valor de tal declaración que viene de una autoridad que, en su ejercicio, rompe con la de todos sus antecesores hasta el papa Pío XII, en el culto, enseñanzas y el Gobierno de la Iglesia.

En cuanto a nosotros, estamos en plena comunión con todos los Papas y todos los Obispos que han precedido el Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y celebraron, enseñando al Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales. Quiera usted entonces juzgar de qué lado se encuentra la ruptura. Estamos extremadamente apenados por la ceguera de espíritu y el endurecimiento de corazón de las autoridades romanas.

En cambio, nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Creemos en un solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.

Después de releer estos textos, uno se pregunta:

¿Se atreverá, Monseñor de Galarreta a decir que Monseñor Lefebvre y todos los Superiores de la FSSPX de 1988 no eran católicos, apostólicos y romanos?

¿Dirá, tal vez, que ellos pensaban que la crisis desaparecería fuera de Roma y por otra vía?

¿Sostendrá que la caridad de Cristo nos los urgía, o de que estaban animados por un celo amargo?

¿Qué piensan y dicen de esto los sacerdotes y feligreses de la FSSPX?

Sin esperar sus respuestas, recordemos un último texto capital:

Siempre la Iglesia se opuso a los errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad.

En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad.

Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas.

La Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad religiosa, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella.

Además de que ella, valiéndose de sus hijos, extiende por doquier la amplitud de la caridad cristiana, que más que ninguna otra cosa contribuye a arrancar los gérmenes de la discordia y, con mayor eficacia que otro medio alguno, fomenta la concordia, la justa paz y la unión fraternal de todos.

El lector avisado habrá reconocido las palabras de Juan XXIII en el Discurso inaugural del Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962.

 ¿Simples coincidencias?

 ¡No! Tanto va el cántaro a Roma…, que al final termina llenándose de su espíritu… Al menos en un 95%…

 Padre Juan Carlos Ceriani

P. BASILIO MÉRAMO: AUDIOS DE LOS SERMONES DEL 2º DOMINGO Y 3º DOMINGO DE PENTECOSTÉS

 

Imperdibles sermones del P. Basilio Méramo, a quien mucho agradecemos su generosidad al remitirnos estos audios.

Especialmente el sermón del domingo 3º, es aleccionador sobre el tema interno de la FSSPX.

Recomendamos la atenta escucha de ambos.

 

Sermón de la 2º Domínica Post Pentecostés


Sermón de la 3º Domínica Post Pentecostés


EL JUDAÍSMO, ISRAEL Y EL PAPA CATÓLICO

EL JUDAÍSMO, ISRAEL Y EL PAPA CATÓLICO

Arai Daniele

para ProRomaMariana

Ratzinger na Sinagoga

Desde hace muchos años ha sido difundida la entrevista entre el papa San Pío X y el “Padre del Sionismo”, Theodor Herzl. Las palabras del Santo Padre indicaban la posición católica a respecto de la situación de Palestina. Esta posición se invirtió con los «papas conciliares». Asimismo todo el cuadro geopolítico mundial cambió en etapas sucesivas, que fueran desde 1917 hasta los últimos años 50, y de la elección de Juan XXIII en 1958 hasta el presente.

A este cambio en el plano político mundial, correspondió un cambio radical, mas disimulado, en la Iglesia Católica, que es presentada hoy en ropaje ecumenista y mundialista. No admira así la inversión operada por el nuevo papado y clero conciliar para con el nuevo estado de Israel, que hoy figura como una potencia mundial de características históricas sin precedentes. ¿Que pasó?

Los cristianos que leen los hechos históricos a la luz de los designios divinos tienen que ver todo esto según la secuencia no cancelable de las señales dadas en la Revelación divina, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. ¿Es muy difícil hacerlo? No, cuando se pone al centro de todo la figura adorable de Nuestro Señor Jesucristo, el Rey de toda la Historia.

Vamos entonces a empezar con referencias al momento actual, para después concluir con las señales para nuestros tiempos dadas por el Señor mismo en el Evangelio y también explicadas a los Apóstoles, especialmente a San Pablo.

La versión judía de esta entrevista de San Pío X

La versión judía de esta entrevista, para dar a conocer a sus lectores la justificación que haría comprender la posición contraria del Vaticano actual, la encontramos en la «Patria Judía – desde el río Nilo hasta el río Eufrates».

01-07-2011 19-04-53

Nota extraída de la entrevista de Herzl con el Papa San Pío X:

Ayer fui recibido por el Papa Pío X. Me recibió de pie y tendió la mano que no besé. Se sentó en un sillón, especie de trono para “los asuntos menores” y me invitó a sentarme cerca de él. El Papa es un sacerdote lugareño, más bien rudo, para quien el Cristianismo permanece como una cosa viviente, aún en el Vaticano. Le expuse mi demanda en pocas palabras. Pero, tal vez enojado porque no le había besado la mano, me contestó de modo demasiado brusco:

Papa:

 La tierra de Jerusalén si no ha sido sagrada, ha sido santificada por la vida de Jesucristo. Como jefe de la Iglesia no puedo daros otra contestación. Los judíos no han reconocido a Nuestro Señor. Nosotros no podemos reconocer al pueblo judío…”

“Gerusalemme”, dijo, no debía a ningún precio, caer en manos de los judíos.

— Bien, pero Nos, en cuanto Jefe de la Iglesia Católica, no podemos adoptar la misma actitud. Se produciría una de las dos cosas siguientes: o bien los judíos conservarán su antigua Fe y continuarán esperando al Mesías, que nosotros los cristianos creemos que ya ha venido sobre la tierra, y en este caso ellos niegan la divinidad de Cristo y no los podemos ayudar, o bien irán a Palestina sin profesar ninguna religión, en cuyo caso nada tenemos que hacer con ellos. La fe judía ha sido el fundamento de la nuestra, pero ha sido superada por las enseñanzas de Cristo y no podemos admitir que hoy día tenga alguna validez. Los judíos que debían haber sido los primeros en reconocer a Jesucristo, no lo han hecho hasta hoy. (Roma, 26-1-1904. La terre Retrouvée.1-julio-1956)

La existencia y autenticidad de la entrevista se puede además verificar en esta cita del sito:

Israel Ministry of Foering Affairs.

01-07-2011 20-27-50

… En 1897, cuando la idea sionista empezaba a difundirse por Europa, la autoritativa revista jesuita La Civiltà Cattolica escribió cuatro meses antes de reunirse el primer Congreso sionista en Basilea, que para la Iglesia Católica la idea de un estado judío en Tierra Santa con Jerusalén como capital y con custodia sobre los Santos Lugares era inadmisible.

Siete años más tarde, en 1904, el Papa Pío X concedió una audiencia al fundador del movimiento sionista, Theodor Herzl, que esperaba obtener el apoyo de la Santa Sede al proyecto sionista.  Pío X rechazó la idea, declarando que la Iglesia no podía reconocer al pueblo judío ni a sus aspiraciones en Palestina, ya que los judíos “no habían reconocido a Nuestro Señor”. Herzl actuaba movido por criterios políticos, en tanto que la respuesta del Papa se basaba en la teología católica.

En los cuatro decenios siguientes, que abarcaron las dos guerras mundiales, los contactos sionistas con jerarcas de la Iglesia, así como las declaraciones oficiales del Vaticano acerca de las aspiraciones sionistas fueron pocas y esporádicas. Sin embargo fueron suficientes para confirmar los elementos básicos constantes de la posición del Vaticano tal como los habían expresado La Civiltà Cattolica y Pío X. La Santa Sede se oponía a un “hogar nacional judío” en Palestina, en especial tal como lo contemplaba la “Declaración Balfour” del 2 de noviembre de 1917. Los Lugares Santos eran un interés vital de la Iglesia y su custodia por los judíos era inaceptable. Su gestión y protección eran temas a debatir entre la Iglesia y las grandes potencias. Una eventual soberanía judía en Tierra Santa suscitaba problemas teológicos…

Sua Santidade Papa São Pio X

Problemas teológicos en la nueva «soberanía sionista»

Es parte del problema conocer, no solo quien fuera el conocido Theodor Herzl, como las tratativas políticas con que se llegó a la Declaración del ministro inglés Balfour de 1917.

Pero aquí lo principal es seguir las verdaderas razones teológicas, porque el Papa declaraba entonces:

La tierra de Jerusalén si no ha sido sagrada, ha sido santificada por la vida de Jesucristo. Como jefe de la Iglesia no puedo daros otra contestación. Los judíos no han reconocido a Nuestro Señor. Nosotros no podemos reconocer al pueblo judío…” 

Hoy, muchos acusarían a esta declaración de “antisemita”, lo que es fruto de malicia pues el antisemitismo –como lo exponen– atenta contra la Caridad cristiana, y el verdadero Papa, como todo verdadero católico, observa los principios fundamentales de este orden de la Caridad.

El primero de estos principios es reconocer la necesidad para todos de la conversión a la Fe del Redentor Jesucristo. Es la condición sin la cual no se puede aspirar a la perfección cristiana. Pero, en tal sentido, no hay que confundir el movimiento político fundado por judíos agnósticos y anticristianos y maniobrados por sociedades secretas como la masonería.

Esto es el “Sionismo”, que puede no ser promovido necesariamente por Judíos, mas cuenta con ateos, protestantes de varios tipos y también con apostatas católicos. Es el vector de una política generadora de  revoluciones y guerras mundiales; responsable de conflictos ideológicos y colapsos económicos para la ruina de los países del orden cristiano tradicional. Es enemigo en especial de los «verdaderos judíos» que no quisieran emigrar al nuevo estado de Israel.

Pero la verdadera cuestión es otra: ¿cómo entra esto en los designios divinos de conversión?

Profecía sobre el poder de Israel en Roma

Israel ha vuelto a constituirse en estado en la tierra prometida

He aquí, un hecho-señal realizado, de evidencia contundente. Israel ha regresado a sus antiguos lares y ha formado un Estado soberano, una unidad política, comprensiva de todas las tribus o descendientes de Jacob, proclamado el 14 de mayo de 1948; y Jerusalén cayó en su poder en junio de 1967, en la llamada Guerra de los seis días. ¿Es acorde esto con las profecías referentes al retorno de Israel a su heredad –la Tierra prometida– para constituirse en Nación-Estado, y esta realidad con su futura conversión? Es el misterio de la economía de la salvación. San Pablo, refiriéndose a la conversión de los judíos al fin de los tiempos, dice: «No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio… ». Se debe tratar de la otra conversión, no de la de algunos judíos, como la suya para la conversión de los pueblos, sino de la conversión en masa de la antigua Israel en íntima conexión con el hecho de la recuperación de la Tierra prometida. Muchos textos la vaticinan.

Deuteronomio: «En los últimos tiempos, te convertirás a Yahvé, tu Dios y le oirás; porque Yahvé, tu Dios, es misericordioso. No te rechazará, ni destruirá del todo, ni se olvidará de la Alianza que a tus padres juró». (4, 30-31).

Oseas: «… porque mucho tiempo han de estar los hijos de Israel sin rey, sin jefe, sin sacrificio… Luego volverán los hijos de Israel y buscarán a Yahvé… y se apresurarán a venir temerosos a Yahvé y a su bondad AL FIN DE LOS DIAS».

Ezequiel: «Yo les daré otro corazón y pondré, en ellos, un espíritu nuevo; quitaré de su cuerpo su corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que sigan mis mandamientos… y sean mi pueblo y Yo, su Dios» (11, 19-20).

Jeremías: «En aquel tiempo… seré el Dios de todas las tribus de Israel y ellos serán mi pueblo» (31,1).

Zacarías: «Y los traeré y habitarán en Jerusalén, y ellos serán mi pueblo y YO seré su Dios en verdad y en justicia» (8, 8).

Véase, por último, a San Pablo; en todo él se refiere a la conversión de los judíos:

«Por la defección de los Judíos, llegó la salud a los gentiles… Los judíos volverán a ser reimplantados en su propio tronco santo… La ceguedad de Israel durará hasta que entre la plenitud de los gentiles y, así, TODO ISRAEL SERÁ SALVO» (Rm. 11).

Hay clérigos que se basan en San Juan Crisóstomo para negar la vuelta y estancia definitiva de los judíos en Palestina, así como su conversión. Asimismo, artículos del Osservatore Romano y Civiltà Cattolica, anteriores a la Constitución del nuevo Estado, por considerarla como un movimiento anticristiano; y en el rechazo de la Santa Sede en reconocer dicho Estado. Lo que es verdad. Pero la verdadera cuestión es saber cómo el hecho entra en los designios divinos de conversión.

Dios se sirve del encadenamiento natural y espontáneo de las criaturas para alcanzar sus fines.

El Edicto del Emperador Augusto fue una decisión enteramente política; sin embargo, fue la causa segunda determinante del cumplimiento del vaticinio del nacimiento del Mesías en Belén. Considera, por último, con San Juan Crisóstomo, que el exilio perpetuo es un castigo impuesto por Dios, y burlarlo es un crimen. Pero, pregunto, ¿es que puede zafarse alguien de un castigo impuesto por Dios? Sólo se librará uno cuando Él lo quiera o lo permita. Y Dios permitió el Sacrificio de su Hijo para la salvación de todos los hombres.

El Cardenal Billot, ilustre comentarista y, tal vez, el mayor Teólogo del siglo XX, razona así sobre los vaticinios del retorno de Israel a Palestina:

«… Queda aún un último punto, que encaja en nuestras reflexiones: la futura conversión del pueblo judío al fin de los tiempos… ». Y comentando la Epístola a los Romanos (11), dice: «San Pablo anuncia su futura conversión, la cual fue considerada por toda la tradición como una de las más características señales del fin del mundo. Pero… ¿cómo podría ser posible que el pueblo judío, en cuanto tal pueblo, se convierta en su totalidad, pues está desparramado por todo el mundo?» Después de algunas reflexiones, termina preguntándose: ¿Es que no existe, en nuestros días un suceso significativo, que indique la proximidad del cumplimiento de la profecía de San Pablo? Pienso en las señales que anuncian el restablecimiento del Estado de Israel. Pues, seguro que una conversión en masa del pueblo judío no seria posible, mientras estuviera esparcidos por entre todas las naciones. Si ellos, al final, deben convertirse a Cristo, aglutinados en un pueblo (autónomo) entonces deben hallarse reunidos en un Estado como tal pueblo».

 Billot conocía el Movimiento sionista, fundado por Theodor Herzl en 1895, y debía conocer, asimismo, la Declaración Balfour (1917) de simpatía por el Movimiento sionista, en la que se manifestaba que el Gobierno de su Majestad era favorable al restablecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y que emplearía todas sus fuerzas para la realización de este proyecto. La fe del pueblo judío que se mantuvo a lo largo de los siglos, en medio de persecuciones y masacres… Palestina es el país prometido por Dios a Abraham y a Moisés para la venida del Mesías.

«El día para la realización de esa promesa ha llegado».

Concluye Billot su comentario:

«Vemos cómo la Historia del mundo se mueve, con velocidad constantemente acelerada, justamente, en la dirección y en el sentido de las verdaderas profecías, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y vemos cómo se están realizando ante nuestros ojos». 

Esta es la exégesis buena porque tiene en cuenta la realidad. Pero todo se debía aún completar con la profecía de Jesucristo en San Lucas:

«Y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que se cumplan los tiempos de las naciones» (21, 24).

La concatenación de los acontecimientos que se nos dieron como señales de la proximidad del Juicio De Las Naciones, exige una reflexión más profunda en lo que se refiere al fenómeno de la vuelta de Israel a Palestina, y no tanto por ser el acontecimiento más palpable, sino, por ser el eje sobre el que gira el Misterio de la Economía divina de la salvación, como decía San Pablo. Por eso, además del hecho genérico de la formación del Estado de Israel, se debe considerar, en particular, el hecho de la recuperación de Jerusalén, así como su vaticinada conversión a la verdadera Fe, tras la Apostasía de los pueblos gentiles.

La expresión griega es «kairos», que tanto en latín como en las lenguas vulgares suele traducirse por «tiempo». Pero  «kairos» no equivale exactamente al tiempo cronológico, el que pasa con el rodar de las horas; sino al «tiempo oportuno» para hacer algo: sementera, vendimia, siega, etc., o sea, sazón, madurez, oportunidad, ocasión. Así pues, la ocasión propicia, según los vaticinios, para que Israel se apoderara definitivamente de Jerusalén, llegaría cuando se cumplieran los tiempos (en plural) de los gentiles. Por lo que se puede aplicar, o mejor dicho, denotar que el tiempo de la sementera de la palabra evangélica, entre los gentiles, se habría terminado y que ya está madura la mies para la siega del Juicio divino sobre las Naciones. Ahora bien, Jerusalén cayó en poder de los judíos en junio de 1967, en la llamada guerra de los seis días. Luego, para esta fecha, se habían cumplido los tiempos de las Naciones; esto es, la oportunidad de convertirse a la Fe, una vez predicada a todas ellas, cumpliendo el mandato de Cristo. Fe que rechazaron la inmensa mayoría de las naciones y de los individuos; crimen por el que se merece la condenación; pues, «el que no creyere se condenará» (Mc. 16, 16). Pero es que, además de ese rechazo inicial, se ha dado el rechazo –crimen mucho mayor– de la Fe recibida, apostatando todas las naciones, así como la inmensa mayoría de los individuos. Por lo que la mies está madura para la siega del Juicio divino. Ese castigo se está incoando con la retirada de la gracia de la conversión. En efecto, a partir de la implantación de la «Libertad religiosa» y del malsano Ecumenismo, las conversiones cayeron en picada. Es más, entre los misioneros, debido al espíritu hipostático imperante, se ha perdido el celo por la salvación de las almas. Se incumple el gravísimo precepto de «predicar el Evangelio a toda creatura».

Ya no se intenta convertir, como regla general. Se ocupan en obras de beneficencia y de promoción social; o sea, de pura filantropía, que está al alcance de cualquier ONG, sea católica, agnóstica o atea.

Como contraste de la Apostasía actual se puede considerar el vaticinio de la conversión de Israel al final de los tiempos. El tema de la futura conversión de Israel, a pesar de tratarse de un hecho no verificado… debe tocarse por la intima conexión con el hecho-señal anterior expuesto, ya cumplido. Jesús, al despedirse de los judíos, después de anunciarles que su casa quedaría desierta, añadió:

«Os digo que no me veréis, a partir de ahora, hasta que digáis, Bendito El Que Viene En El Nombre Del Señor» (Mt. 23, 39)…

«Y alzarán sus ojos a mi, y a aquel que traspasaran lo llorarán como se llora al unigénito y se lamentarán por él como se lamenta a un primogénito» (Zc. 13, 10).

Y S. Juan:

«He aquí, que viene con las nubes y lo verá todo ojo, y los que lo traspasaron y se darán golpes de pecho todas las tribus de la tierra» (Ap. 1, 7).

Se trata de una auténtica conversión en contraste con el sincretismo de Asís. El Misterio de la Economía de la salvación nos ha revelado que ello tenía que acontecer así. La Justicia y la Misericordia divinas actúan alternativamente, armonizadas por la Infinita Sabiduría del Omnipotente.

«Si por el delito de los judíos – dice S. Jerónimo – la salud pasó a los gentiles, por la infidelidad de los gentiles, pasará, de nuevo, a los Judíos».

Como dice San Pablo:

«Dios encerró a todos en la infidelidad, para tener misericordia de todos. Y si las ramas del tronco santo –Israel– fueron desgajadas, por su infidelidad, lo mismo le sucederá al pueblo gentil».

Santo Tomás, al tratar el tema de la infidelidad, se pregunta si esta es el mayor de los pecados. Ante la respuesta afirmativa, pasa a distinguir varios grados en la misma (o sea, en la infidelidad positiva, ya que la negativa no es pecado). Dentro de la máxima gravedad de la infidelidad positiva, distingue dos grados: 1) El rechazo de la fe no recibida; 2) El rechazo de la fe, después de haberla recibido. En este segundo grado de malicia, hace una subdivisión: a) Rechazo de la fe recibida en figura, cual fue el caso de los judíos; b) Rechazo de la misma después de haberla recibido en su realidad y profesado, cual es el caso de los cristianos.

Dentro de la extrema gravedad del segundo grado, la culpabilidad de los que recibieron esa realidad y después abjuraron es mayor que la de los judíos. Por lo que se deduce que, si la infidelidad de los judíos fue tan duramente castigada, la apostasía de los cristianos seria también, con más rigor, en el Juicio de las Naciones; y así como la infidelidad de los judíos dio lugar a la misericordia con los gentiles, del mismo modo, la infidelidad de los cristianos debe dar lugar a la misericordia definitiva para con los judíos, provocando su conversión en masa. (v. Segredo de Fátima ou Perfídia em Roma?)

Conclusión: La verdadera Iglesia Católica es la Nueva Israel de Dios. Pero una «Iglesia» ocupada por «papas» que no siguen el primer principio de reconocer la necesidad para todos de la conversión a la Fe del Redentor Jesucristo, no es la Católica. El rechazo de tal principio, que es la razón misma de la autoridad apostólica, le quita toda posición de juicio. Mientras todo el poder político terreno va a los adversarios de la Iglesia. Es la señal de que se cumplieron los tiempos de las naciones cristianas. Es la hora crucial de toda la Historia, que va a durar hasta la conversión del Israel de Dios Uno y Trino, el único Israel de siempre, para restablecer Su orden divino en un mundo y en una Iglesia flagelados por engaños nunca vistos.

Créditos:

Crux et Gladius pela publicação da entrevista de Herzl com São Pio X. (ver aqui)

ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI: ESENCIA DEL SACRIFICIO DE LA SANTA MISA

ESENCIA DEL SACRIFICIO DE LA SANTA MISA

 

Autores consultados: Gregorio Alastruey y Benedictus Henricus Merkelbach.

ÍNDICE ESQUEMÁTICO

ARTÍCULO I: DE LA ESENCIA DEL SACRIFICIO DE LA MISA RELATIVAMENTE CONSIDERADO

Cuestión 1. Si el Sacrificio de la Misa es representativo y conmemorativo del Sacrificio de la Cruz.

TESIS. El Sacrificio de la Misa es representativo y conmemorativo del Sacrificio de la Cruz.

Cuestión 2. Si el Sacrificio de la Misa es uno y el mismo con el Sacrificio de la Cruz.

TESIS. El Sacrificio de la Misa es uno y el mismo con el Sacrificio de la Cruz; sin embargo, se diferencia de él según la diversa manera de ofrecerle.

Cuestión 3. Si el Sacrificio de la Misa por la diversa manera de ofrecerle difiere del Sacrificio de la Cruz no solamente en número, sino también en especie.

Cuestión 4. Si además de la diferencia cuasi específica que hay entre el Sacrificio de la Misa y el Sacrificio de la Cruz existen otras diferencias accidentales.

TESIS. El Sacrificio de la Misa se distingue accidentalmente del Sacrificio de la Cruz.

Cuestión 5. Si el Sacrificio de la Misa es uno y mismo con el Sacrificio de la Última Cena.

TESIS. El Sacrificio de la Misa es específicamente el mismo con el Sacrificio de la Cena, del cual, sin embargo, se diferencia numéricamente.

Cuestión- 6. ¿Cuáles son las diferencias accidentales entre el Sacrificio de la Misa y el Sacrificio de la Última Cena?


ARTICULO II: DE LA ESENCIA DEL SACRIFICIO DE LA MISA ABSOLUTAMENTE CONSIDERADO

§ I. DE LA ESENCIA DEL SACRIFICIO DE LA MISA POR PARTE DE LA COSA QUE SE OFRECE

Cuestión 1. Si la substancia del pan y del vino pertenece al Sacrificio de la Misa como cosa ofrecida.

TESIS. La substancia del pan y del vino no pertenece, a la cosa ofrecida en el Sacrificio, de la Misa.

Cuestión 2. Si el Cuerpo y la Sangre de Cristo es la cosa o víctima que se ofrece en el Sacrificio de la Misa.

TESIS. La víctima que se ofrece en el Sacrificio de la Misa es el Cuerpo y la Sangre de Cristo en cuanto derramada en la Pasión o el mismo Cristo paciente.

Cuestión 3. Si para que Cristo sea la cosa ofrecida o la víctima en el Sacrificio de la Misa, es necesaria nueva inmolación.

Cuestión 4. Si las especies sacramentales son cosas que se ofrecen en el sacramento.

TESIS. Las especies eucarísticas no son cosa que se ofrece en el Sacrificio.

§ II. DE LA ESENCIA DEL SACRIFICIO DE LA MISA POR PARTE DE LA ACCIÓN SACRIFICIAL

Cuestión 1. Si la esencia del Sacrificio de la Misa consiste en sola la consagración de ambas especies con orden, sin embargo, a la comunión como parte integrante.

TESIS 1. La esencia del Sacrificio de la Misa no consiste en la oblación que sigue a la Consagración.

TESIS 2. La esencia del Sacrificio de la Misa no consiste en la fracción de la Hostia y conmixtión de las especies.

TESIS 3. La comunión del sacerdote no pertenece a la esencia del Sacrificio de la Misa.

TESIS 4. La esencia del Sacrificio de la Misa consiste solamente en la Consagración de las dos especies, en orden, sin embargo, a la Comunión como a parte integrante.

Cuestión 2. ¿Cómo la consagración verifica en la Misa la esencia del Sacrificio?

TESIS. La Consagración Eucarística es Sacrificio, en cuanto que Cristo, por la separación sacramental de su Cuerpo y de su Sangre bajo las distintas especies que representan su inmolación cruenta en la Cruz, es incruenta, mística o sacramentalmente inmolado y sacerdotalmente ofrecido.

DESARROLLO

La esencia del Sacrificio de la Misa se puede considerar relativa y absolutamente.

ARTÍCULO I:
DE LA ESENCIA DEL SACRIFICIO DE LA MISA RELATIVAMENTE CONSIDERADO

La esencia del Sacrificio de la Misa, relativamente considerado, puede estudiarse ya en cuanto dice relación al Sacrificio de la Cruz, ya en cuanto se compara con el Sacrificio de la Última Cena.

Cuestión 1. Si el Sacrificio de la Misa es representativo y conmemorativo del Sacrificio de la Cruz.

 1) Representar suena lo mismo que repetir o renovar la presencia de una cosa.

 Pero una cosa se puede hacer presente de dos maneras:

* o en cuanto se presenta bajo alguna figura, signo, símbolo o imagen,

* o en cuanto la misma cosa en sí se hace presente de nuevo.

En el primer sentido, una cosa, es representación de otra en cuanto es su símbolo, signo o figura, como los Sacrificios de la Ley antigua eran representativos del Sacrificio de la Cruz.

En el segundo, la representación es más estricta y completa, puesto que bajo el signo o símbolo que representa la cosa se contiene la cosa misma.

2) Del ser representativo difiere el ser memorial.

Memorial, de suyo, es aquello que reaviva o renueva la memoria de una cosa, y, por tanto, se refiere a algo ya pasado o realizado, mientras que la representación hace referencia lo mismo a lo pretérito que a lo futuro.

3) El sentido de la cuestión propuesta es que el Sacrificio de la Misa es representativo y conmemorativo del Sacrificio de la Cruz, no en cuanto nos dé una representación vacua e inane del Sacrificio de la Cruz o excite un recuerdo meramente subjetivo, sino en cuanto es conmemoración objetiva y representación viva y llena, conteniendo a Cristo Hostia de la Pasión y representando a manera de imagen la Pasión misma, esto es, la separación del Cuerpo y de la Sangre bajo las distintas especies del pan y del vino.

TESIS.
El Sacrificio de la Misa es representativo y conmemorativo del Sacrificio de la Cruz.

El Concilio de Trento (ses XXII, c. I) habla así:

«Nuestro Señor Jesucristo, aunque una sola vez se había de ofrecer a sí mismo en el ara de la Cruz, mediante su muerte, a Dios Padre, para que se obrase allí la redención eterna; sin embargo, porque por la muerte no se había de extinguir su sacerdocio, en la última Cena, en la noche en que era traicionado., para dejar a la Iglesia, su Esposa amada, un Sacrificio visible como lo exige la naturaleza de los hombres, que representase el Sacrificio cruento que había de llevarse a efecto en la Cruz, y para que su recuerdo permaneciese hasta el fin de los siglos y fuese aplicada su virtud salvadora a la remisión de nuestros pecados cotidianos que cometemos, declarándose constituido sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los dio a los apóstoles, a quienes entonces constituyó en sacerdotes del Nuevo Testamento, a fin de que bajo estas mismas especies lo recibiesen, y les mandó a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio que perpetuamente lo ofrecieren por aquellas palabras: Haced esto en memoria mía».

Y el canon 3:

«Si alguien dijere que el Sacrificio de la Misa es solamente de alabanza y de acción de gracias o mera conmemoración del Sacrificio hecho en la Cruz: Anathema sit»

 Su Santidad el Papa León Xlll dice:

«El Sacrificio de Misa es no una vana y vacía conmemoración de la muerte del mismo Cristo, sino una verdadera y admirable, aunque mística e incruenta, renovación de ella» (Enc. Miræ caritatis, 28 mayo 1902).

 Y Su Santidad Pío XI:

«Conviene que recordemos siempre que toda la virtud de la expiación depende del único Sacrificio cruento de Cristo, que de manera incruenta se renueva cada día en nuestros altares» (Enc. Miserentissimus Redemptor, 8 mayo 1928).

 San Cipriano dice:

«El Sacrificio del Señor no se celebra con santificación legítima si la oblación y sacrificio nuestro no respondiere a la Pasión. Pues lo que ofrecemos es la Pasión del Señor»

 San Juan Crisóstomo:

«¿Pues qué? ¿No ofrecemos todos los días? Ciertamente ofrecemos, pero representando el memorial de su muerte»

 San Ambrosio:

«El mundo ha sido redimido con la muerte de uno… Y así su muerte es la vida de todos. Somos señalados con su muerte; orando anunciamos su muerte; ofreciendo, predicamos su muerte»

 San Agustín:

«Los cristianos celebran la memoria de este Sacrificio con la oblación y participación del Cuerpo y Sangre de Cristo»

 San Gregorio Magno:

«Pensemos qué sea este Sacrificio en nuestro favor, con el cual imitamos siempre la Pasión del Unigénito Hijo para nuestra absolución»

 Santo Tomás:

«La celebración de este sacramento es cierta imagen representativa de la Pasión de Cristo, que es su verdadera inmolación» (3 q. 83, a. 1)

«En cuanto en este sacramento se representa la Pasión de Cristo, en la que se ofreció como hostia a Dios, según se dice en Ef, 5, 2, tiene razón de Sacrificio» (3 q. 79, a. 7)

 San Pedro Canisio:

«¿Qué es, en fin, lo que hay que creer acerca del Sacrificio del Altar…? Si bien lo consideramos, el Sacrificio de la Misa es en verdad una representación santa y viva, y a la vez una oblación incruenta y eficaz de la Pasión del Señor y de su Sacrificio cruento, que fue ofrecido en la Cruz por nosotros»

Razón teológica

a) La Eucaristía fue de tal manera instituida, que en virtud de las palabras de la Consagración se pone directamente el Cuerpo bajo la especie de pan y la Sangre bajo la especie de vino.

Ahora bien, esta distinta consagración no es sino una separación simbólica del Cuerpo y de la Sangre de Cristo; por lo que se la considera como su Muerte o inmolación mística, que como por imagen real representa objetivamente la Muerte de Cristo en la Cruz o el Sacrificio del Gólgota.

b) Esta objetiva representación del cruento Sacrificio de la Cruz es esencial al Sacrificio de la Misa; porque la razón del Sacrificio depende de la institución positiva de Cristo; y Cristo quiso esta representación de la inmolación del Calvario, y de tal manera instituyó el Sacrificio eucarístico, que por su misma naturaleza y modo de ofrecerse diga relación al Sacrificio de la Cruz.

c) Así el Sacrificio de la Cruz es sencillamente absoluto, puesto que no se refiere a ningún otro Sacrificio como a su signo y representación; mientras que el Sacrificio Eucarístico es esencialmente relativo al Sacrificio de la Cruz y su representación viva y expresa.

d) Sin embargo, a la Misa, con ser objetiva representación del Sacrificio de la Cruz, no se le puede negar ni regatear su cualidad de verdadero y propio Sacrificio; porque, como dice el Papa Pío XII: «El augustísimo Sacrificio del Altar no es una pura y simple conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, sino que es Sacrificio propio y verdadero, en el cual el Sumo Sacerdote, por incruenta inmolación, hace lo que hizo una vez en la Cruz ofreciéndose a sí mismo al Eterno Padre como hostia gratísima» (Enc. Mediator Dei, 20 nov. 1947)

La Misa, pues, aunque sea un Sacrificio esencialmente relativo al Sacrificio de la Cruz, sin embargo, no está constituido solamente por esta relación, sino que esta relación le es de tal manera esencial, que sin ella no existiría verdadera y propiamente aquel Sacrificio que Cristo instituyó «en memoria de su tránsito de este mundo al Padre, cuando nos redimió por la efusión de su sangre» (Trento.)

Cuestión 2.
Si el Sacrificio de la Misa es uno y el mismo con el Sacrificio de la Cruz.

El Sacrificio resulta principalmente de tres cosas: del sacerdote oferente, de la víctima ofrecida y de la misma oblación inmolaticia.

TESIS.
El Sacrificio de la Misa es uno y el mismo con el Sacrificio de la Cruz; sin embargo, se diferencia de él según la diversa manera de ofrecerle.

El Concilio de Trento (ses. XXII, c. 2) dice:

«Una y la misma es la víctima, uno mismo el que ahora se ofrece por ministerio de los sacerdotes y se ofreció entonces en la Cruz; sólo es distinto el modo de ofrecer»

Esto mismo repite y explica Su Santidad Pío XII:

«Idéntico, pues, es el sacerdote, Jesucristo, cuya sagrada persona está representada por su ministro. Igualmente idéntica es la víctima; es decir, el mismo divino Redentor, según su humana naturaleza y en la realidad de su Cuerpo y de su Sangre. Es diferente, sin embargo, el modo como Cristo es ofrecido. Pues en la Cruz se ofreció a sí mismo y sus dolores a Dios; y la inmolación de la víctima fue llevada a cabo por medio de su Muerte cruenta sufrida voluntariamente. Sobre el Altar, en cambio, a causa del estado glorioso de su humana naturaleza, la muerte no tiene ya dominio sobre Él (Rom. 6, 9) y, por tanto, no es posible la efusión de la sangre. Mas la divina Sabiduría ha encontrado un medio admirable de hacer patente con signos exteriores, que son símbolos de muerte, el Sacrificio de Nuestro Redentor»

San Cirilo de Jerusalén:

«Ofrecemos a Cristo inmolado por nuestros pecados»

San Juan Crisóstomo:

«Qué, pues; ¿acaso no ofrecemos todos los días?… Ofrecemos siempre el mismo; no ahora una oveja y mañana otra, sino siempre la misma. Por esta razón es uno el Sacrificio; ¿acaso por el hecho de ofrecerse en muchos lugares son muchos Cristos? De ninguna manera, sino un solo Cristo en todas partes: aquí íntegro y allí también, un solo cuerpo. Luego así como ofrecido en muchos lugares es un solo cuerpo y no muchos cuerpos, así también es un solo Sacrificio»

San Agustín:

«¿No es verdad que una sola vez fue inmolado Cristo en sí mismo? Y, sin embargo, en este sacramento es inmolado no sólo durante todas las solemnidades de la Pascua, sino todos los días en todos los pueblos, ni miente el que preguntado respondiere que Él es inmolado»

San Gregorio Magno:

«Salva singularmente al alma de la eterna perdición esta víctima, la cual por el misterio nos renueva la Muerte del Unigénito, porque aunque resucitado de entre los muertos ya no muere, la muerte no tiene ya dominio sobre Él (Rom. 6, 9). Sin embargo, viviendo en sí mismo inmortal e incorruptible, de nuevo se inmola por nosotros en este misterio de la sagrada oblación»

Santo Tomás:

«No ofrecemos otra oblación que la que Cristo ofreció por nosotros; esto es, su sangre. No es otra oblación, sino la conmemoración de aquella hostia que Cristo ofreció» (in Epist: ad Heb., 10, 1)

  Sigue leyendo

ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI: LA DIALÉCTICA DE RATZINGER APLICADA A LA MISA

LA DIALÉCTICA DE RATZINGER

APLICADA A LA MISA


Un poco de historia

En julio del año pasado publiqué un artículo con ocasión del tercer aniversario del Motu proprio Summorum Pontificum. Ver:

http://radiocristiandad.wordpress.com/2010/07/09/a-tres-anos-del-motu-proprio-summorum-pontificum/

Retomemos algunas ideas para introducir el tema de hoy:

Después de implementar en 1962 y 1965 sagaces reformas preparatorias, en abril de 1969 se publica un Novus Ordo Missæ.

Desde entonces, dos Misas dividen trágicamente a los católicos.

En julio de 2007, Benedicto XVI, por medio del Motu proprio Summorum Pontificum, da la impresión de querer preparar oficialmente una “tercera misa”, es decir, la síntesis entre la Misa Romana y el fruto de la reforma protestantizante de Pablo VI.

Una cosa es cierta: lo que estaba bloqueando el funcionamiento de la máquina revolucionaria era el grupo de irreductibles, que mantenía la defensa de la Misa Romana y el rechazo de la bastarda, sin aceptar compromisos.

La prioridad de los revolucionarios, la supresión de la Misa Romana, los llevó a establecer una pausa, rebobinar e incluso hacer concesiones más grandes…, todo lo necesario para eliminar el grano de arena que impide que el engranaje lleve a cabo su obra funesta.

— &&& —

La dialéctica ratzingeriana

Todas las revoluciones avanzan del mismo modo: a la posición tradicional la denominan tesis; la enfrentan con lo que llaman la antitesis, que asusta por su carácter radical.

A continuación, proponen a los reaccionarios conservadores un acuerdo, una conciliación, la síntesis

Esta síntesis, aceptada por los conservadores ilusos, rápidamente se convierte en nueva tesis, a la cual, a su vez, se enfrenta con otra antitesis…, etc.…, y la Revolución continúa avanzando.

Comprender este derrotero por pasos, estas pausas que la Revolución está obligada a hacer para digerir su presa, es entender el retorno aparente al orden…, es comprender lo quimérico y engañoso de la luz de esperanza, de la pequeña ola, de la restauración ya comenzada

La Revolución Conciliar permitirá, si es necesario incluso por largo tiempo, que los sacerdotes celebren la Misa Romana, porque lo esencial es que acepten un rito ambiguo. El resto vendrá después. Todas las concesiones son posibles para lograr ese objetivo. Y si es necesario proceder por etapas para lograrlo, se hará.

Mientras la Revolución reine en la Liturgia y en la Iglesia, sólo el Rito Romano sigue siendo la referencia absoluta; y cualquier reconocimiento del rito ilegítimo es un compromiso, y, por lo tanto, una ayuda prestada a los destructores.

Debemos juzgar el Motu proprio de Benedicto XVI a la luz de estas reflexiones.

— &&& —

La función del Motu proprio

La fórmula según la cual la Misa Romana nunca ha sido abrogada en cuanto forma extraordinaria de la liturgia del Rito Romano es una de las ideas más inteligentes para armonizar la Misa Romana con la doctrina modernista.

La realidad es que, si Benedicto XVI pretendía legitimar la misa bastarda, no podía seguir afirmando que la Misa Romana había sido abrogada.

Por lo tanto, era necesario resolver el problema con inteligencia, y hacer creer que la nueva misa es la continuación y expresión legítima de la Liturgia del Rito Romano.

Era imperioso decir que El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la “Lex orandi” de la Iglesia católica de rito latino.

Además, en su afán de síntesis dialéctica, no era posible que Benedicto XVI dejase transparentar la más mínima sospecha de ruptura o cisma litúrgico.

Era ineludible decir que El Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII debe considerarse como la expresión extraordinaria de la misma “Lex orandi” y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo.

Era forzoso afirmar que Estas dos expresiones de la “lex orandi” de la Iglesia no inducen ninguna división de la “lex credendi” de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.

Sería ridículo pensar que el cambio de posición en el terreno de combate es debido a un inicio de restauración… Es una estrategia de acercamiento hacia la Tradición, ¡sí!…, pero para intentar envolverla y destruirla…

No se trata de una restauración. Es todo lo contrario: consolidar y legitimar la Nueva Misa y el Concilio Vaticano II, sin fracturas trágicas o dramáticas; hacer creer que se trata de una evolución suave, y asegurarse de que ambos sean universalmente reconocidos, aceptados y admitidos de forma pacífica.

Quienes pretenden demostrar que el Concilio Vaticano II no es un cisma doctrinal, del mismo modo quieren probar que la Nueva Misa no es un cisma litúrgico; antes bien, que ambos son el resultado de un desarrollo vital, que debe ser asumido y aceptado.

Para comprender la estrategia de Benedicto XVI con su Motu proprio, hay que referirse al discurso que dio ante la Curia Romano el 22 de diciembre de 2005.

Al leerlo y reflexionarlo, aparece claro que Benedicto XVI intenta hacer creer que entre la Doctrina Infalible de Iglesia y la nueva doctrina conciliar no hay ninguna discontinuidad. En pocas palabras, nos dice que la Lex credendi hodierna e innovadora es la misma que la tradicional y perenne.

Ahora bien, sabemos muy bien que la Lex orandi es la expresión litúrgica de la Lex credendi.

Por lo tanto, después de haber resuelto en 2005 la cuestión de la Lex credendi, era necesario zanjar la cuestión de la Lex orandi.

Esta fue la misión del Motu proprio de 2007.

— &&& —

 ¿Desde cuándo rondan estas ideas?

Hace mucho tiempo que las ideas del Motu proprio dan vueltas en la cabeza de Joseph Ratzinger.

De 1982 data un documento que prueba que Joseph Ratzinger tenía en mente el plan de la reforma litúrgica desde su llegada al Vaticano.

Lo esencial ha sido publicado en DICI N° 147, del 26 de diciembre de 2006.

Sabemos que el 25 de noviembre de 1981 Juan Pablo II nombró al Cardenal Joseph Ratzinger Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Llegado al Vaticano en 1982, el nuevo Prefecto celebró una reunión con los principales Cardenales de la Curia. El 16 de noviembre de 1982, cinco cardenales y un obispo se reunieron para discutir el tema de la liturgia. Estos altos funcionarios del Vaticano afirmaron unánimemente que “el Misal Romano, en la forma en la que estuvo en uso hasta 1969, debe ser aceptado en la Iglesia por la Santa Sede en las misas celebradas en lengua latina.”

Además, por unanimidad concordaron:

* en el hecho de que el uso del rito antiguo de la Misa debía ser admitido en la Iglesia,

* que era necesario preparar los espíritus para este permiso,

* que un documento papal sería promulgado para frenar los abusos de la reforma litúrgica y la restauración del antiguo rito,

* preparar una síntesis de los dos misales (antiguo y nuevo), la famosa “reforma de la reforma”, muy solicitada por algunos sectores de la Iglesia.

Se habló también de la “segunda etapa”, un documento pontifical:

* cuya naturaleza quedaba por definir.

* que expondría nuevamente la esencia de la liturgia,

* que frenaría el abuso generalizado,

* que promovería una participación más profunda en los santos misterios,

* y, sobre todo, se referiría a la identidad íntima del misal nuevo con el antiguo, de la forma ordinaria con la forma permitida, que no se oponen de ninguna manera.

Según las altas autoridades que intervinieron había, pues, que realizar “una síntesis de los dos misales, que conservara los beneficios de las reformas litúrgicas, pero que renunciara a algunas innovaciones exageradas”.

Todo siguió conforme al plan. Sólo falta implementar la última etapa.

— &&& —

En 1984 el Cardenal Ratzinger concede una larga entrevista a Vittorio Messori, periodista de la Revista 30 Giorni. El resultado es un libro que revela muchas cosas.

Informe sobre la Fe. B.A.C. 1985.

Capítulo II: Descubrir de nuevo el Concilio

Dos errores contrapuestos

Ratzinger deducía dos consecuencias: Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Invitamos a escuchar el Sermón para el domingo de la Santísima Trinidad grabado por el P. Basilio Méramo

Para escuchar:


Para bajar: click aquí

Nota del Editor: el P. Basilio da por retractado cualquier error que por defecto del lenguaje (términos) pudiera haber, sometiéndose a lo que dictamina la Santa Madre Iglesia, fuera de la cual no hay salvación. “Donde dice produce, entender procede.”

RIFÁN CONCELEBRANDO EL RITO MODERNISTA

A lo que llega el “acuerdismo”.

Salido de la batalla por mantener la Tradición a causa de “cierto celo” e inserto en las filas de los neotradi, acordó con Roma.

Ahora Mons. Rifán concelebra el rito modernista.

Quizás se sentía triste por estar en la trinchera.

Quizás creyó que era lo mejor para el apostolado de su grupo tradicional, que se veía debilitado ante los fieles comunes por estar excomulgados.

Quizás creyó que así, saldrían de las trincheras, y entonces tendrían credibilidad…

Quizás estaba de acuerdo en un 95% con las autoridades que están en la Roma modernista y anticristo y con el Concilio Vaticano II.

Quizás pensó que iría a Roma a convertirlos…

Quizás todo empezó bien…

Como la mayoría de los traidores, quizás calmaba con estas cosas su espíritu y acallaba a sus feligreses.

Y a los que se resistían, castigo y oprobio.

Ellos no lograban ver sus “altas metas”. Ellos eran unos recalcitrantes.

Él en cambio gozaba de la asistencia del Espíritu Santo por su investidura…

MONS. LEFEBVRE: LA MASONERÍA VATICANA Y EL PAPA

Agradecemos especialmente al P. Basilio Méramo por darnos este material para publicar.

Conferencia de Monseñor Lefevbre dada a la Asociación San Pío V en febrero de 1976, cuya grabación fue confiada al Padre Guépin

LA MASONERÍA VATICANA Y EL PAPA

 

Yo estoy convencido de que esto se va a descubrir cada vez más; que hay dentro del Vaticano una logia masónica, ni más ni menos. Eso se va a descubrir tarde o temprano: se publicarán los nombres, su pertenencia masónica y sus grados; no puede ser posible de otro modo. Ellos hacen muy bien el trabajo en las logias como para que no sean, por lo menos, el soporte de éstas. ¡Esto no puede ser posible!

Podemos ver que esto sucede en todos los ámbitos. No puede ser posible que el Papa inspirado y sostenido por el Espíritu Santo y por las palabras de Nuestro Señor Jesucristo pueda hacer una cosa semejante. ¡Esto no es posible, es incompatible!

Esta destrucción de la Iglesia, esta destrucción del Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo, esta destrucción de la Fe Católica, está presente en todos los ámbitos: en los catecismos, en las universidades, en las escuelas católicas, en las congregaciones religiosas, en los seminarios, por todas partes por donde se mire. Se trata de la destrucción sistemática de toda la Iglesia, buscada por las reformas que han seguido al Concilio Vaticano II; porque es este Concilio el que ha permitido hacer estas reformas, son ellos quienes han hecho las reformas, es el Concilio Vaticano II en términos inequívocos el que ha permitido lanzarse a hacer reformas. Esto es lo que han querido, y el Vaticano II ha sido el trampolín que ha permitido todo eso.

Entonces puede decirse, en efecto, que no es posible que un Papa pueda hacer algo así, y que en consecuencia quien lo haga no es Papa. Es un razonamiento. No digo que eso sea cierto. Yo planteo varias hipótesis y ésta puede ser una hipótesis válida. Puede ser que sea descubierta, no lo sé. En mi opinión esto no es claro aún. ¿Y si algún día se descubriera? Estas son cosas que no son imposibles. Ya ha habido apariciones que lo han dicho, apariciones reconocidas por la Santa Sede: Fátima, La Salette, que decían que el demonio subiría a lo más alto de la Iglesia; si es la cima, no lo sé. Si sube hasta allí, o si va hasta el Papa o hasta aquel que se dice Papa, no lo sé; pero no es una cosa imposible. Los teólogos han estudiado el problema para saber si es posible que un Papa sea hereje y pueda ser excomulgado, y en consecuencia, todos sus actos fueran declarados ilegítimos e inválidos.

Si, hipotéticamente, no lo sé, se descubre que el Papa está inscrito en una logia masónica antes de su elección, él estaría excomulgado y su elección sería inválida. Él no podría ser Papa y nosotros tendríamos un Papa que no es Papa. Esto es posible. No digo que eso sea así, pero en la situación en la que estamos uno busca soluciones. Nos encontramos frente a un problema casi sin solución; quiero decir desde el punto de vista teológico. Entonces buscamos soluciones.

Se quierne destruir todos los Estados Católicos, no se quiere más el Reino de Nuestro Señor, y que la Iglesia se preste a todas estas operaciones gigantescas y demoníacas es incomprensible, es algo realmente horroroso, espantoso.

Como consecuencia de todo esto, tengo la convicción absoluta de que son las ideas masónicas las que han entrado al interior de la Iglesia durante el Concilio. El Concilio ha sido equívoco. Ellos han cubierto todo muy bien. Podemos ver que hay textos que son muy fuertes. Podemos ver en Gaudium et Spes cosas que son absolutamente insensatas; por ejemplo, la independencia de la cultura profana. Hay todo un capítulo de la cultura en Gaudium et Spes que dice que la cultura profana es independiente de la religión. De nuevo el Reino de Nuestro Señor no se extiende a la cultura, el hombre puede liberarse de la ley moral cuando hace arte o cosas semejantes; es la liberación, siempre la liberación de Nuestro Señor Jesucristo, y esto se ha aplicado a todo.

Cuando el Cardenal Suenens dijo en una reunión con 150 teólogos que el Concilio es el 1789 de la Iglesia, eso es un síntoma, ¡es claro!

Yo sufro cuando veo sacerdotes amigos nuestros que son muy educados y amables diciendo que no hablen mal del Concilio; de las reformas, de las interpretaciones, de lo que quieran, pero no del Concilio. ¡Por favor! Es en nombre del Concilio que hacen las reformas, todas las reformas son públicas. Cuando hablan de la reforma de la misa, cuando hablan de la reforma de la liturgia en nombre de tal o cual constitución o declaración, cuando la transforman en política, lo hacen en nombre de la libertad religiosa. No hay ninguna duda para ellos. Puede ser que no para todos.

Es el Concilio el que ha querido todas esas cosas. Son ellos los que han hecho el Concilio. Son ellos los que lo han controlado. ¿Cómo puede pensarse que se publique en todas partes -ya se ha visto en algunas revistas de Alemania e Italia- el pedigree masónico del Cardenal Lienart? En la revista “Chiesa Viva”, revista muy moderada, uno diría de pensamiento católico, se han publicado fotos en Roma mostrando su pertenencia a los diferentes grados, su paso de un grado a otro, las logias a las cuales ha pertenecido. He aquí un hombre que ha dirigido prácticamente el grupo liberal del Concilio y que ha dominado el Concilio. Y estos eran los amigos del Santo Padre, hay que decir las cosas como son.

Los Cardenales Liénart, Frings, Alfrink, Suenens, eran los amigos del Santo Padre. El Cardenal Döpfner fue quien los nombró moderadores del Concilio, no se puede decir lo contrario. Si el Santo Padre lo lamenta o no, no lo sé, yo no estoy en su puesto, pero en todo caso es un hecho que esos eran los amigos del Santo Padre y nosotros hemos sido unos rechazados del Concilio; se puede decir, nosotros que hemos defendido la tradición, los 250 que defendían la tradición, nos hemos quedado prácticamente huérfanos, nunca tuvimos voz delante del Santo Padre.

El Cardenal Larraona ha hecho toda una carta que yo tengo y que quisiera publicar pronto con la respuesta del Santo Padre en el momento del Concilio, acerca de su punto de vista sobre la colegialidad, mostrando el peligro de la colegialidad, que es una democratización del episcopado evidentemente muy peligrosa. El Santo Padre ha respondido: “yo no comprendo, no sé lo que quiere decir con eso, en fin y a pesar de todo, la mayoría del episcopado está a favor“. ¿Qué significa esto? ¡Esto es espantoso!

El Cardenal Larraona fue perseguido por el Santo Padre y murió de tristeza, perseguido como el Cardenal Ottaviani, que fue retirado y debe estar muriendo de tristeza con todo lo que está pasando. Igualmente el Cardenal Palazzini, que fue nombrado también para alejarlo de la congregación del clero.

Todos aquellos que son tradicionalistas son separados de sus funciones, y desafortunadamente tengo que decir que hay cardenales amigos que me dicen: “Espere, calle, esto va a cambiar. ¿Por qué debe usted manifestar su desaprobación si en este instante usted está detrás de su escritorio?; no es difícil esperar dos o tres años y después esto cambiará. Usted está tranquilamente en su despacho de Presidente de la firma apostólica”. Y mientras tanto un millón de almas se pierde, las almas van al infierno a causa de este abandono de los Cardenales y Obispos, incluso de los tradicionalistas que no dicen nada; como Monseñor Graber, que me ha escrito hace quince días diciéndome: “Monseñor, por favor acepte el Nuevo Ordo, se lo pido, no se resista, es muy grave, usted mismo se está colocando fuera de la Iglesia”. Yo le respondí diciendo: “Si yo juzgo según sus palabras que me piden silencio, usted que es mucho más severo que yo respecto del Concilio, usted que habla de influencias masónicas en el Concilio (yo jamás hablé de esto, sólo hasta ahora porque comienzan a descubrirse las cosas); ¿cómo puede usted hablar de aceptar las reformas del Concilio que usted mismo dice están influidas por la masonería?”. ¡Es inaudito!

Los amigos de siempre me piden someterme, ir a ver al Santo Padre y decir que yo acepto todo, ir a la tumba de San Pedro a hacer una oración y que entonces ya veré cómo todo se arregla. Como me ha dicho monseñor Benelli: “Monseñor, usted firma y dice que se ha equivocado y que usted acepta todas las reformas postconciliares, que usted acepta todas las directivas de Roma, que usted acepta la nueva misa, -entonces el puso en mis manos un misal del Novus Ordo-, y que usted acepta llevar consigo a todos los adeptos que lo siguen”, a lo que yo le respondí que yo no tengo adeptos, ellos no me siguen, ellos están en la misma situación que yo. Ellos encuentran una situación intolerable en la iglesia, situación que es inaceptable. Nosotros no vamos a perder la fe, no vamos a volvernos protestantes.

Entonces todo el mundo reacciona. Evidentemente ellos encuentran un obispo, un seminario, algo así como un faro en el camino. La gente que piensa un poco como nosotros se reagrupa en Ecône, que se ha vuelto un signo. Pero no soy yo que los ha hecho pensar así, ellos son lo suficientemente inteligentes para saber que no pueden someterse a lo que pasa actualmente en la Iglesia.

Nosotros vemos que lo que nos viene de Roma actualmente está envenenado, que pasa algo grave y que quieren reducir nuestras almas a la nada y perdernos; nosotros no lo queremos, no queremos una religión universal, no queremos una religión sincrética, no queremos una religión mitad masónica y mitad sentimental que uniría a todos los hombres de todas las religiones, no lo queremos a ningún precio.

ESTUDIOS DOCTRINALES: EL MATRIMONIO: FINES DEL MATRIMONIO

ESTUDIOS DOCTRINALES:

 FINES DEL MATRIMONIO

En el matrimonio se distingue un doble fin: primario y secundario.

Así lo ha enseñado siempre la Iglesia Católica, y ha quedado consignado en el canon 1013, § 1. Del Código de derecho Canónico:

La procreación y la educación de la prole es el fin primario del matrimonio; la ayuda mutua y el remedio de la concupiscencia es su fin secundario.

El estado matrimonial, considerado como efecto del contrato realizado, es una sociedad permanente, y, como tal, tiene que tener su fin, pues el fin es lo que caracteriza y especifica las sociedades.

Y como el matrimonio es una sociedad natural, instituida por el mismo Autor de la naturaleza, Él es también el que le ha marcado su fin propio, intrínseco, esencial y especifico, que es el fin de la institución misma en si considerada.

A este fin —el fin propio del matrimonio—, y no al fin particular y personal que al casarse persiguen de una manera inmediata los contrayentes, es al que se refiere el canon 1013.

Este fin objetivo de la institución matrimonial es doble: fin primario y fin secundario.

El fin primario del matrimonio es la procreación y la educación de la prole; y este fin es tan necesario y tan esencial, que sin él no puede haber matrimonio válido. No puede fallar, por lo menos en la intención, pues a él se ordena el matrimonio por su naturaleza.

El fin secundario también es fin objetivo de la institución misma, procede de la entraña del matrimonio y es, por consiguiente, fin intramatrimonial; pero no entra en la esencia del matrimonio, como elemento esencial constitutivo del mismo, sino que es elemento integrante, el cual facilita el cumplimiento y consecución del fin primario.

Este fin secundario es doble: la mutua ayuda y el remedio de la concupiscencia.

Por lo dicho se comprende que ambos fines, el primario y el secundario, no están en el mismo plano. El fin primario está por encima y a él está subordinado el otro. Así lo declaró la Sagrada Congregación del Santo Oficio, el 1º de abril de 1944, (AAS 36 [1944] 103), saliendo al paso de ciertas teorías modernas, que o sostienen que la procreación y educación no es fin primario esencial del matrimonio, o no admiten la subordinación de fines.

Acerca de esta importante materia ya volveremos en otra oportunidad. Cabe ahora explicar la doctrina sobre los dos fines del matrimonio.

La procreación y la educación de la prole es el fin primario del matrimonio.

Ya sabemos que Dios instituyó el matrimonio como contrato natural con las siguientes palabras: «Creced y multiplicaos y henchid la tierra» (Gen. 1,28). Por lo tanto, ésa es su finalidad primaria y principal.

La enseñanza de Santo Tomás es clara:

“El matrimonio fue instituido principalmente para el bien de la prole, no sólo para engendrarla, ya que eso puede verificarse también fuera del matrimonio, sino además para conducirla a un estado perfecto, pues todas las cosas tienden a que sus efectos logren la debida perfección.

Dos perfecciones podemos considerar en la prole, a saber, la perfección de la naturaleza no sólo en cuanto al cuerpo, sino también respecto del alma mediante aquellas cosas que pertenecen a la ley natural y la perfección de la gracia” (Suma Teológica, Suplemento 59, 2. Ver también 41, 1).

Pío XI, en su Encíclica Casti connubii, expone esta doctrina de este modo:

“La prole, por lo tanto, ocupa el primer lugar entre los bienes del matrimonio. Y por cierto que el mismo Creador del linaje humano, que quiso benignamente valerse de los hombres como de cooperadores en la propagación de la vida, lo enseñó así cuando, al instituir el matrimonio en el paraíso, dijo a nuestros primeros padres, y por ellos a todos los futuros cónyuges: Creced y multiplicaos y llenad la tierra.

Lo cual también bellamente deduce San Agustín de las palabras del apóstol San Pablo a Timoteo, cuando dice: Que se celebre el matrimonio con el fin de engendrar, lo testifica así el Apóstol: “Quiero —dice— que los jóvenes se casen”. Y como se le preguntara: “¿Con qué fin?, añade en seguida: Para que procreen hijos, para que sean madres de familia“.

Cuán grande sea este beneficio de Dios y bien del matrimonio se deduce de la dignidad y altísimo fin del hombre. Porque el hombre, en virtud de la preeminencia de su naturaleza racional, supera a todas las restantes criaturas visibles. Dios, además, quiere que sean engendrados los hombres no solamente para que vivan y llenen la tierra, sino muy principalmente para que sean adoradores suyos, le conozcan y le amen, y finalmente le gocen para siempre en el cielo; fin que, por la admirable elevación del hombre, hecha por Dios al orden sobrenatural, supera a cuanto el ojo vio y el oído oyó y pudo entrar en el corazón del hombre.

De donde fácilmente aparece cuán grande don de la divina bondad y cuán egregio fruto del matrimonio sean los hijos, que vienen a este mundo por la virtud omnipotente de Dios, con la cooperación de los esposos.

Tengan, por lo tanto, en cuenta los padres cristianos que no están destinados únicamente a propagar y conservar el género humano en la tierra, más aún, ni siquiera a educar cualquier clase de adoradores del Dios verdadero, sino a injertar nueva descendencia en la Iglesia de Cristo, a procrear ciudadanos de los Santos y familiares de Dios, a fin de que cada día crezca más el pueblo dedicado al culto de nuestro Dios y Salvador.

Y con ser cierto que los cónyuges cristianos, aun cuando ellos estén justificados, no pueden transmitir la justificación a sus hijos, sino que, por lo contrario, la natural generación de la vida es camino de muerte, por el que se comunica a la prole el pecado original; con todo, en alguna manera, participan de aquel primitivo matrimonio del paraíso terrenal, pues a ellos toca ofrecer a la Iglesia sus propios hijos, a fin de que esta fecundísima madre de los hijos de Dios los regenere a la justicia sobrenatural por el agua del bautismo, y se hagan miembros vivos de Cristo, partícipes de la vida inmortal y herederos, en fin, de la gloria eterna, que todos de corazón anhelamos.

Considerando estas cosas la madre cristiana entenderá, sin duda, que de ella, en un sentido más profundo y consolador, dijo nuestro Redentor: “La mujer…, una vez que ha dado a luz al infante, ya no se acuerda de su angustia, por su gozo de haber dado un hombre al mundo”, y superando todas las angustias, cuidados y cargas maternales, mucho más justa y santamente que aquella matrona romana, la madre de los Gracos, se gloriará en el Señor de la floridísima corona de sus hijos. Y ambos esposos, recibiendo de la mano de Dios estos hijos con buen ánimo y gratitud, los considerarán como un tesoro que Dios les ha encomendado, no para que lo empleen exclusivamente en utilidad propia o de la sociedad humana, sino para que lo restituyan al Señor, con provecho, en el día de la cuenta final.

El bien de la prole no acaba con la procreación: necesario es que a ésta venga a añadirse un segundo bien, que consiste en la debida educación de la misma. Porque insuficientemente, en verdad, hubiera provisto Dios, sapientísimo, a los hijos, más aún, a todo el género humano, si además no hubiese encomendado el derecho y la obligación de educar a quienes dio el derecho y la potestad de engendrar. Porque a nadie se le oculta que la prole no se basta ni se puede proveer a sí misma, no ya en las cosas pertenecientes a la vida natural, pero mucho menos en todo cuanto pertenece al orden sobrenatural, sino que, durante muchos años, necesita el auxilio de la instrucción y de la educación de los demás. Y está bien claro, según lo exigen Dios y la naturaleza, que este derecho y obligación de educar a la prole pertenece, en primer lugar, a quienes con la generación incoaron la obra de la naturaleza, estándoles prohibido el exponer la obra comenzada a una segura ruina, dejándola imperfecta. Ahora bien, en el matrimonio es donde se proveyó mejor a esta tan necesaria educación de los hijos, pues estando los padres unidos entre sí con vínculo indisoluble, siempre se halla a mano su cooperación y mutuo auxilio.”

La ayuda mutua y el remedio de la concupiscencia es el fin secundario del matrimonio.

Las Sagradas Escrituras lo dicen expresamente:

“Y se dijo Yavé Dios: No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él..., y de la costilla que del hombre tomara formó Yavé Dios a la mujer y se la presentó al hombre” (Gen. 2, 18 y 22).

“Pero, si no pueden guardar continencia, cásense, que mejor es casarse que abrasarse” (I Cor. 7, 9).

Una vez más, lo declara Pío XI en su Encíclica sobre el matrimonio:

“Ni se puede decir que obren contra el orden de la naturaleza los esposos que hacen uso de su derecho siguiendo la recta razón natural, aunque por ciertas causas naturales, ya de tiempo, ya de otros defectos, no se siga de ello el nacimiento de un nuevo viviente. Hay, pues, tanto en el mismo matrimonio como en el uso del derecho matrimonial, fines secundarios -verbigracia, el auxilio mutuo, el fomento del amor recíproco y la sedación de la concupiscencia-, cuya consecución en manera alguna está vedada a los esposos, siempre que quede a salvo la naturaleza intrínseca del acto y, por ende, su subordinación al fin primario.”

También Santo Tomás explica lo referente a ambos fines secundarios:

“En segundo lugar, tocante al fin secundario del matrimonio, que consiste en los servicios mutuos que los cónyuges deben prestarse en los quehaceres domésticos. Efectivamente, así como la razón natural dicta que los hombres vivan asociados, ya que nadie se basta para proveer a las múltiples necesidades de la vida, razón por la cual se dice que el hombre es naturalmente político, asimismo, respecto de aquellas cosas que hacen falta para la vida humana, unas competen a los varones y otras a las mujeres. Por lo cual, la misma naturaleza impele a que se establezca cierta sociedad entre el varón y la mujer, y en eso consiste el matrimonio” (Suplemento, 41, 1.).

“De dos maneras pueden aplicarse remedios contra la concupiscencia. La primera es por parte de la misma concupiscencia, a fin de cohibirla en su raíz; y, bajo este aspecto, el matrimonio provee de remedio en virtud de la gracia que confiere. La segunda dice relación a su propio acto, y esto de dos modos. Uno de ellos, haciendo que dicho acto, al cual inclina exteriormente la concupiscencia, quede inmune de torpeza, y esto se obtiene por los bienes del matrimonio, que cohonestan la concupiscencia carnal. El otro modo, impidiendo los actos torpes, ya que, por el hecho de quedar satisfecha la concupiscencia con el uso del matrimonio, deja de incitar a otras corruptelas. Por eso dice el Apóstol que «es mejor casarse que abrasarse». Y aunque es verdad que los actos de la concupiscencia contribuyen de suyo a exacerbarla, sin embargo, en cuanto van ordenados por la razón, consiguen reprimirla; pues «de actos semejantes engéndranse disposiciones y hábitos semejantes»” (Suplemento, 42, 3, ad 4).

Para introducir la próxima entrega, señalemos desde ahora que el Nuevo Código de Derecho Canónico, en su canon 1055 §1, dice:

“La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados”.

EL LUGAR QUE SE MERECE LA MISA NUEVA

ABERRACIONES POSCONCILIARES

de Catapulta de admin

DIÓCESIS DE CLERMONT, FRANCIA: MISA EN UN CIRCO (Y UNA MISA QUE ES UN CIRCO)

 Obsérvese la estola con los colores “gay friendly”

NUEVA DEMOSTRACIÓN DE INCOMPATIBILIDAD DE LA IGLESIA DEL CONCILIO CON LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA

Siempre estuvo prohibido.

Desde la Sagrada Escritura (ver San Pablo a los Corintios 1 y 2) hasta 1994 quedaba claro el tema.

Llegaría Juan Pablo II y todo lo destruiría, claro está.

El tema tratado aquí puede dar una pauta del tremendo embrollo en el que se encuentra la “misa extraordinaria” aún en los detalles…

Si la Iglesia Católica fuera la misma de siempre… ¿Existirían estas cosas?

Si hubiera continuidad y fuera “el mismo rito”, ¿cómo es que existen “incompatibilidades” entre las “dos formas”?

¿Existía acaso alguna necesidad imperiosa de que las mujeres subieran al altar? ¿Quién imponía esta novedad contraria a toda la vida de la Iglesia Católica?

La Iglesia del Concilio, ha tomado y pervertido todo.

Ecclesia Dei dice no a las “monaguillas” en el usus antiquior

de ROMA AETERNA de Curiosus Omnium Rerum Spectator

 

Como es sabido, en fecha 19 de mayo de 2011 Mons. Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, en una carta de respuesta a una consulta, dejó claro que las mujeres no pueden servir como “monaguillas” en el altar en las funciones litúrgicas conforme a la liturgia romana extraordinaria o clásica. En apoyo de ello cita el n. 28 de la recentísima instrucción Unitatis Ecclesiae dada por el citado dicasterio y que reza textualmente:

“Praeterea, cum sane de lege speciali agitur, quoad materiam propriam, Litterae Apostolicae Summorum Pontificum derogant omnibus legibus liturgicis, sacrorum rituum propriis, exinde ab anno 1962 promulgatis, et cum rubricis librorum liturgicorum anni 1962 non congruentibus”.

“Además, en virtud de su carácter de ley especial, dentro de su ámbito propio, el motu proprio Summorum Pontificum deroga aquellas medidas legislativas inherentes a los ritos sagrados, promulgadas a partir de 1962, que sean incompatibles con las rúbricas de los libros litúrgicos vigentes en 1962”.

Nótese que aquí se habla de “derogación”, la cual en sentido canónico significa la cesación parcial de la ley. Es decir, que, las leyes litúrgicas posteriores a 1962 cesan sólo, relativamente a la forma extraordinaria del rito romano, en lo que en ellas se halle de incompatible con las rúbricas de los libros litúrgicos vigentes en 1962. Si en esas mismas leyes se hallan, además, disposiciones compatibles con dichas rúbricas, éstas siguen teniendo vigor. No hay abrogación, es decir cesación total de la ley, a menos que ésta sea completamente contraria, como en el caso del servicio de las mujeres en el altar durante las funciones litúrgicas.

Conviene recordar la legislación citada expresamente por Mons. Pozzo como no aplicable a la liturgia romana extraordinaria, a saber: la carta circular Credo doveroso de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de 15 de marzo de 1994, firmada por el cardenal prefecto Antonio Javierre Ortas. En ella se ofrece la interpretación auténtica del canon 230 § 2 del Código de Derecho Canónico que reza:

Laici ex temporanea deputatione in actionibus liturgicis munus lectoris implere possunt; item omnes laici muneribus commentatoris, cantoris aliisve ad normam iuris fungi possunt”

“Por encargo temporal, los laicos pueden desempeñar la función de lector en las ceremonias litúrgicas; así mismo, todos los laicos pueden desempeñar las funciones de comentador, cantor y otras, a tenor de la norma del derecho”.

A propósito de este parágrafo, se planteó ante el Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos la siguiente cuestión (dubium):

Utrum inter munera liturgica quibus laici, sive viri sive mulieres, iuxta CIC can. 230 § 2, fungi possunt, adnumerari etiam possit servitium ad altare

“Si entre las funciones litúrgicas en las cuales los laicos, tanto hombres como mujeres, conforme al canon 230 § 2, pueden desempeñarse, se puede incluir también el servicio del altar”.

La respuesta del dicasterio consultado fue:

Affirmative et iuxta instructiones a Sede Apostolica dandas

Afirmativamente y según las normas que dará la Sede Apostólica”.

El cardenal prefecto añade cuatro precisiones sobre esta interpretación auténtica:

1) el servicio del altar por parte también de las mujeres se permite, no se impone como obligatorio;

2) se recomienda que se continúe con la antigua tradición del servicio del altar por varones jóvenes como un semillero de vocaciones sacerdotales;

3) si algún obispo permite en su diócesis el servicio del altar por mujeres, se debe explicar a los fieles que las mujeres ya desempeñan otros encargos en la liturgia, y

4) que, en todo caso, el servicio de laicos, hombres o mujeres, en las funciones litúrgicas no es un derecho, sino una “delegación temporal” (deputatio temporánea).

(Nota del Editor: es decir sigue con los pasos de todos los abusos litúrgicos, que comienzan como una excepción y terminan imponiéndose)

La carta circular de 1994 fue complementada por otros dos documentos de la misma Congregación para el Culto Divino: la carta Further to recent a un obispo acerca de las personas que se admiten al servicio del altar de 27 de julio de 2001 y la instrucción Redemptionis sacramentum de 25 de marzo de 2004. En el primero se da a conocer una nueva respuesta del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de fecha 23 de julio de 2001, en la que se ratifica la posibilidad de admitir a chicas jóvenes, a mujeres adultas y a religiosas, al par que los muchachos varones, al servicio del altar, precisando que no se puede imponer la asistencia femenina, ni siquiera por criterios de uniformidad, ni excluir la masculina en las funciones litúrgicas. Nuevamente se habla de un “consentimiento” y no de un “precepto” dado por el obispo.

En la instrucción de 2004 se establece lo siguiente en el n. 47:

Consuetudo insignis omnino laudabiliter retinetur, qua adsint pueri vel iuvenes, ministrantes de more nuncupati, qui ad instar acolythi ad altare servitium praestent et pro captu suo opportunam catechesim de officio accipiant. Nec obliviscendum est ex huiusmodi puerorum numero decursu saeculorum ingentem compaginem ministrorum sacrorum provenisse. Consociationes pro eis, etiam parentibus participantibus et coadiuvantibus, instituantur vel promoveantur, quibusministrantium cura pastoralis efficacius adhibeatur. Quoties huiusmodi consociationes indolem internationalem praeseferunt, pertinet ad Congregationem de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum eas erigere vel eorum statuta approbare ac recognoscere. Ad huiusmodi altaris servitium puellae vel mulieres admitti possunt, de iudicio Episcopi dioecesani et attentis normis statutis”.

 “Es muy loable que se conserve la benemérita costumbre de que niños o jóvenes, denominados normalmente monaguillos, estén presentes y realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. No se puede olvidar que del conjunto de estos niños, a lo largo de los siglos, ha surgido un número considerable de ministros sagrados. Institúyanse y promuévanse asociaciones para ellos, en las que también participen y colaboren los padres, y con las cuales se proporcione a los monaguillos una atención pastoral eficaz. Cuando este tipo de asociaciones tenga carácter internacional, le corresponde a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos erigirlas, aprobarlas y reconocer sus estatutos. A esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del Obispo diocesano y observando las normas establecidas”.

Así pues, en conformidad con la carta de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei que nos ocupa, queda claro que también quedan derogados los dos documentos precedentes, que no son sino consecuencia de la carta circular de 1994, por lo que a la forma extraordinaria del rito romano se refiere.

Pero surge la pregunta: ¿en qué disposición o rúbrica se apoya la tradición del servicio exclusivo del altar por varones con exclusión de las mujeres?

Hasta 1983 fue claro, pues el canon 813 §2 del Código de Derecho Canónico de 1917 establecía:

“Minister missae inserviens ne sit mulier, deficiente viro, iusta de causa, eaque lege ut mulier ex longinquo respondeat nec ullo pacto ad altare accedat”

“Una mujer no puede servir como ministro en la misa; a falta de varón y con causa justa, la mujer responda desde lejos, sin que pueda acceder al altar de ninguna manera”.

En la línea del derecho general, la Santa Sede legisló específicamente en materia litúrgica. Así, la Sagrada Congregación para el Culto Divino publicó el 5 de septiembre de 1970 la tercera instrucción Liturgicae instaurationes para la recta aplicación de la constitución sobre liturgia y en cuyo n. 7 se lee:

“Iuxta liturgicas normas in Ecclesia traditas, vetantur mulieres (puellae, nuptae, rel igiosae), ne in ecclesiis quidem, domibus, conventibus, col legiis, institutis muliebribus, ad altare sacerdoti inservire”.

“Según las normas litúrgicas de la Iglesia, no está permitido que las mujeres (niñas, esposas, religiosas) sirvan en el altar, aunque se trate de iglesias, casas, conventos, colegios e instituciones de mujeres”

También la instrucción Inestimabile donum dada el 3 de aril de 1980 por la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino sobre algunas normas relativas al culto del misterio eucarístico trata del asunto en n.18:

“Quemadmodum notum est, variae sunt partes, quas mulier in coetu liturgico potest implere: cuius generis sunt lectio verbi Dei et pronuntiatio intentionum orationis universalis. Non tamen mulieribus licet munera obire acolythi seu ad altare ministrantis”.

“Como es sabido, las funciones que la mujer puede desempeñar en la asamblea litúrgica son varias: entre otras, la lectura de la Palabra de Dios y la proclamación de las intenciones de plegaria de los fieles. Sin embargo, las funciones de acólito (es decir, el que sirve en el altar) no se permiten a las mujeres”.

Ahora bien, como se sabe, el Código de Derecho Canónico de 1917 fue abrogado y substituido por el de 1983 actualmente vigente, en el cual no se mencionaba ya la interdicción del servicio de las mujeres en el altar y cuyo canon 230 § 2 (antes citado), parecía más bien admitir su posibilidad (como más tarde efectivamente el Pontifico Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos interpretó auténticamente, según se vio). Así pues, ¿dejaron de tener efecto por ello tanto la tercera instrucción de 1970 cuanto la instrucción Inestimabile donum en cuanto a lo dispuesto acerca de la materia que nos ocupa?

Según el canon 2 del nuevo código (del mismo tenor que el mismo canon del anterior):

“Codex plerumque non definit ritus, qui in actionibus liturgicis celebrandis sunt servandi; quare leges liturgicae hucusque vigentes vim suam retinent, nisi earum aliqua Codicis canonibus sit contraria”

El Código, ordinariamente, no determina los ritos que han de observarse en la celebración de las acciones litúrgicas; por tanto, las leyes litúrgicas vigentes hasta ahora conservan su fuerza salvo cuando alguna de ellas sea contraria a los cánones del Código.

Parecería que la no admisión de las mujeres contraviene el canon 230 § 2. Sin embargo, dado que la interpretación auténtica del Pontifico Consejo no habla de un precepto sino de una permisión, es claro que dicha permisión se halla circunscrita por los usos litúrgicos.

En el usus novior nada se dice expresamente en contra del servicio femenino del altar, que ni se menciona (quizás porque se daba por sentado que se respetaría la antigua tradición del servicio exclusivo por hombres). Pero en el usus antiquior existe un pasaje del tratado De defectibus in ministerio ipso occurrentibus del Misal Romano de 1962, en el que claramente se dice que la mujer no es idónea para servir en el altar:

“Possunt etiam defectus occurrere in ministerio ipso, si aliquid ex requisitis ad illud desit : ut [...] si non adsit clericus, vel alius deserviens in Missa, vel adsit qui deservire non debet, ut mulier” (X, 1).

“También pueden ocurrir otros defectos en el mismo ministerio cuando algo falta de los requisitos para desempeñarlo, como […] que no haya un clérigo u otro sirviente en la misa o que haya alguien que no debe servir, como una mujer” (X, 1).

Es, pues, en esta rúbrica en la que podemos decir que se basa la derogación, por lo que a la forma extraordinaria de la misa en rito romano se refiere, de las disposiciones que permiten el servicio de las mujeres en el altar, como incompatibles con aquélla.

¿A QUIÉN REPRESENTAN?

Nuevas jerarquías representantes

de Terzio

Repito de vez en cuando que no soy aficionado a coleccionar obispos; quiero decir que no suelo llevar una guía who is who, sino que sólo conozco, identifico y silueteo a los jerarcas más cercanos y a los más conspicuos, así como a los peores y a los pocos optimi que hay. Por supuesto, atino cuando me trazo un perfil, que puedo modificar o corregir en detalles, pero me suelo hacer concepto bastante justo de los sujetos.

Por ejemplo de este nuevo vip de la Curia Vaticana, el tercer hombre, el Sustituto de la Secretaría de Estado recien nombrado: Giovanni Angelo Becciu. El otro día contaba Andrea Tornielli en su blog que este nuevo Sostituto es focolarino, de los focolares, de los focolari de Chiara Lubich.

Los focolares son uno de los movimientos más identificativos de las tendencias del catolicismo post-conciliar, quizá el que más. Nacido de una experiencia muy personal de su fundadora, lleva el sello de una espiritualidad de inspiración cristiana con vocación de apertura a todo, una especie de reconocimiento-adopción del projimo más extraño, cuanto más distinto más atractivo. Con una trayectoria in crescendo, en el sentido que acabo de decir, de la comunicación-comunidad con personas y círculos calvinistas y luteranos europeos, se ha ido pasando a una especie de encarnación comunitario-afectiva-efectiva del espectro de Asís. Quizá me explique mejor con unas fotos de muestra. Vean ustedes:

Esa es Chiara, en fotos tomadas en los 15 últimos años de su vida. ¿No les recuerda a ustedes a alguien, a algún personaje mayor, a algún reciente beato? Es curiosa la mímesis, o la coincidencia, ¿verdad?

La galeria fotográfica de sus exequias, refuerzan la impresión: En su funeral, celebrado por el mismísimo Cardenal Secretario de Estado Tarsizio Bertone, en la Basílica de San Pablo Extramuros, destacaban en primer plano, en asientos de protocolo, representantes de todos los credos cristianos y de todas las religiones exótico-paganas. Muy colorista, muy juanpablista.

Hubo celebraciones in memoriam, Misas y sufragios por todo el mundo. En Uruguay, lo celebraron así (pongo el youtube como muestra, para que se me entienda, por eso de que una imagen vale más que mil palabras):

Pues de este corte y estilo es la espiritualidad de ese que dicen es el tercer hombre del Vaticano. Concluirán conmmigo que la confusión no sólo vive y reina, sino que se hace fuerte, se instala, progresa y abre vías de futuro, horizontes para el porvenir.

En su articulete, Tornielli comenta que si Bacciu es focolarino, el hasta ahora Sostituto, Fernando Filoni (recien nombrado Prefecto de la Congregación para la Evangelización), es reconocido como neocatecumenal, de los kikos de Kiko, nuestro Kiko Arguello, otro fenómeno del post-concilio y el juanpablismo. No se dirá, pués, que no están bien representados en la cúpula de la Jerarquía todos los representantes de todas las tendencias, todas las fuerzas. Y no cito a todas, obviamente.

Antes, en otras circunstancias, en otra época, quienes se daban tortas por tener un Cardenal en la Curia eran las órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas…etc.); después también hubo cardenales jesuítas, teatinos, filipenses…Ahora lo que hay es esto porque esto es lo que hay. Realismo católico-eclesial puro y duro, para cascar las narices de los ilusos que se dan de bruces contra la evidencia, tan evidente como contundente.

¿Hasta cuándo? Hasta que Dios quiera. Una de las mejores cosas anejas a nuestra condición terrena es la mortalidad, que impone, velis-nolis, la obligada renovación de personas y oficios, si no por voluntad de mejoría sí por la fuerza mayor del obituario.

No quiero decir con esto que estemos a la espera de que den tierra a esta generación, no, ni muchos menos. Entre otras razones porque esta - nos guste más o menos o la detestemos –  es nuestra generación, y cuando ella pase, nosotros pasaremos también con ella.

Pero conste nuestra inconformidad, para que no se nos acuse de conformistas, para que nadie diga que no hablamos, que no gritamos, que hemos ocultado nuestra queja y no señalamos la enfermedad, que tapamos la llaga y no la enseñamos.

Por otra parte, no nos anclamos en esperanzas humanas, convencidos como estamos de la grave verdad del Profeta: “…maledictus homo qui confidit in homine et ponit carnem brachium suum et a Domino recedit cor eius/Maldito el hombre que confía en el hombre y en la carne pone su fuerza y aleja su corazón del Señor”.

Pero, con la paradoja del Misterio, más fuerte que los versículos del Antiguo Testamento, llevamos grabado en el alma lo más nuevo y definitivo: Que “… Verbum caro factum est et habitavit in nobis/la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Desde esta verdad, todo lo esperamos en Aquel que nos conforta. Y esperamos todo, ‘un cielo nuevo y una tierra nueva’. Por eso nuestra expectativa, tan grande, no se abate por las ruindades de los hombres.

Aunque sabe Dios que, mientras esperamos y guardamos la lámpara encendida, sufrimos por su Iglesia en su Iglesia.

ARTE SINIESTRO EN EL VATICANO (3ª PARTE)

PERICLE FAZZINI

Vamos a confirmar la verdad de esto. Me enteré de que la escultura de la Sala Pablo VI fue hecha por el escultor italiano Pericle Fazzini. Podrá haber sido un escultor famoso en el mundo secular. Pero ¿tenía el alma sana? ¿Hay en estas obras algo de piedad católica? Por el contrario, creo que son un demostrativo de la fealdad de la Iglesia Conciliar.

Las siguientes son algunas de sus obras. Por favor, mírelas con la sensibilidad apropiada para algo que ha sido hecho para Dios.

Pericle Fazzini

Ya se puede sentir lo grotesco de su arte con esta foto (arriba).

Pericle Fazzini
Crocifissione (=Crucifixion)
Pericle Fazzini
Crocifissione (1981) Típico crucifijo utilizado por Juan Pablo II
Pericle Fazzini
Disperazione (=Desesperación)
Pericle Fazzini
Aeneas and Dido
Pericle Fazzini
Farewell (=Adios, despedida)
Pericle Fazzini
Pericle Fazzini
Resurrezione (=Resurrección) (parte)
Pericle Fazzini
Birth of Christ (=
Nacimiento de Cristo)
Pericle Fazzini
Resurrezione
Pericle Fazzini

¿Está esto bien?
¿Es que no hay problema para poner estas obras en la casa de Dios?
¿La santidad de Jesucristo aparece en este arte?
Creo que no.

Novedades en Segovia tras ser destapado el encuentro masónico

Por In diebus illis

Por partes: Tanto como los Carmelitas, los masones (¡¡jajaja!! ellos lo titulan bueno, pos ya estalló…, estalló poco como vemos al final. Y aquí hay otro apunte masónico-gnóstico-pseudocristiano, que bonito es la libertad de perversión, proclamada por esta gentecilla) y otras páginas católicas hacen a la bitacora deInfocatólica.com, Fides et Ratio, inicio del incendio. Bueno pues nada para ellos la gloria, aquí se espera otra clase de recompensas. Así, pasamos a enumerar el concurso de los hechos:
Tras la investigación que la redacción de este cuaderno de bitácora, servidor de ustedes, en estrecha colaboración con la Agencia FARO de noticias, sobre la prevista convivencia y seminario de formación masónicos a celebrarse en el Convento de los Carmelitas Descalzos de Segovia, bajo la indulgente mirada del titular de la diócesis, fue recogida litaralmente por Radio Cristiandad y de la que se hizo eco Isaac García Expósito en su cuaderno de bitácora Fides et Ratio, en InfoCatatónica. Sospechamos que la línea editorial, sectaria donde las haya, decidió elimininar el enlace a este blog, desapareciendo en menos de 24 horas de su publicación en aquel portal. Así que (sospechamos igualmente) que el sr. Fernández de la Cigoña ignoró que las fuentes originales son In diebus illis y FARO.
El caso es que los carmelitas descalzos y el Obispo de Segovia han reaccionado a la publicidad de su abyecta colaboración con los enemigos de Cristo y de su Iglesia. Primero con una nota que el Vicario General de los carmelitas descalzos, Emilio José Martínez González, ha hecho pública por medio del cuaderno de bitácora Fides et Ratio (el cual por cierto aprovechando material de esta bitácora, no cita ya la fuente), al intentar escurrir el bulto se dicen cosas graves y se miente abiertamente. Cosas graves son, por ejemplo, que tanto dicho Vicario General como el titular de la diócesis de Segovia, afecten desconocer las condenas de la Iglesia contra la masonería, contra toda la masonería:
3. A la vista de las dudas surgidas en torno a la ortodoxia del “Directorio Escocés Nacional del Gran Priorato Rectificado de Hispania”, aunque en sus estatutos visibles en internet afirman profesar la fe cristiana, el Director del Centro verificara con ellos mismos y las autoridades religiosas competentes la naturaleza de dicha asociación. Ello no podrá ser antes del 4 de junio, fecha en la que dicho religioso regresará a Segovia tras atender a su hermano. De resultar esta asociación fuera de la comunión con la Iglesia Católica, el encuentro será, evidentemente y como no puede ser de otro modo, suspendido.

4. Hemos informado de todo ello a Su Excelencia el Sr. Obispo de Segovia, D. Ángel Rubio, con quién la comunidad mantiene excelentes relaciones, quien se ha preocupado por el caso.

(Por cierto, Padre Vicario General: un obispo no metropolitano es “Ilustrísima”, no “Excelencia”). Pues bien: si “la comunidad” de carmelitas descalzos de Segovia “mantiene excelentes relaciones” con el titular de la diócesis, tanto él como dicha comunidad como vuestra reverencia saben que el siguiente párrafo de vuestro comunicado contiene grave falsedad:

Ni la Orden, ni la Provincia de Castilla de Carmelitas Descalzos, a la que pertenece el convento de San Juan de la Cruz, ni la comunidad que custodia dicho convento alojarían un encuentro de asociaciones contrarias a la Iglesia Católica.

Dudamos de la veracidad de lo dicho por el Vicario y de lo dicho por el señor Obispo esta mañana en la COPE. A las 8 y media, prontito, el ordinario del lugar hizo pasar una nota, que fue leída por Daniel Muñoz Sastre, responsable de informativos y magazine de COPE Segovia. Textualmente que “personalmente investigaría el caso” tras el pulso que las bitácoras católicas echaron al señor Obispo alertando de tal suceso y la alarma que se generó. Y es que no era para menos, don Ángel y es que la salud espiritual de su grey está comprometida.

Porque encuentros, convivencias y actos masónicos, misas sacrílegas incluidas, se vienen celebrando varios años en el citado convento segoviano, con publicidad todas ellas. Al menos en los años 2005, 2007y 2009. Claro que el reverendo Padre Vicario General también atribuye al cuaderno de bitácora de InfoCatólica citado más arriba el haber destapado el asunto, cuando consta que en el Obispado de Segovia se recibió el despacho de FARO en que se citaba la verdadera fuente, esta humilde redacción.

Claro que similar calurosa acogida han tributado a los luciferinos hijos de la viuda los jesuitas de Manresa en 2008 y 2010, y el inefable abad benedictino de Montserrat, entre otros religiosos excatólicos. Y es que por nota oficiosa, estos pervertidores de la verdad y contaminadores de la doctrina católica según comentario que hicieron en la bitácora Fides et Ratio.

Y que dicen los masones:

Bueno, ellos en su página siguen promocionando el encuentro masónico. No lo han retirado. Una bitácora escándalosa publica lo siguiente. Persistiendo en sus errores y en sus mentiras, confundiendo a los ignorantes en el desconcierto actual que es la iglesia católica, haciendo estos pelagianos naturalistas su agosto:

[...]¡Que feo!

No hay que perderse los comentarios de los radicales que les siguen.

Que pena que estas personas se autonombren defensores del cristianismo o de la catolicidad. Ellos son los que dañan seriamente a la iglesia y hacen que los fieles normales se busquen otras iglesias. Estos son contra los que Cristo luchaba, fariseos de todos los tiempos.

Que feo! [sic]

Me siento muy dolido como cristiano y como católico.

P.D. Por cierto, todas esas disposiciones que cita Exposito como argumentos contra la masonería han quedado derogados por el canon 6 del Código de Derecho Canónico, redactado después del Concilio Vaticano II, por el anterior Papa Juan Pablo II, recientemente nombrado Beato.
Y es que estos contaminadores, no tienen un pelo de tonto. Hay que reconocer que no se esconden. Han querido hacer pública su ambigüedad, para condenar más almas al infierno y destruir a la Santa Iglesia. Se aprovechan de la nefanda situación eclesial. De la crísis constante y de la desorientación generada por la perversión de la doctrina por el modernismo y alimentada por escándalo que representan los nuevos sacramentos y el gobierno que están haciendo los obispos y el papa. Y como ya denunciabamos en nuestra anterior entrada, se cuelan como el humo de Satanás (ellos son el humo diabólico) que autodemole a la Iglesia.

Gracias a Dios, Uno y Trino, parece que la profanación no volverá a repetirse… por ahora. ¡Velemos y oremos! (Mc XIII, 33)

¡¡¡VIVA LA SANCTA RELIGIÓN Y LA SANCTA INQUISICIÓN!!!

MONSEÑOR JUAN STRAUBINGER: EL MISTERIO DEL MAL, DEL DOLOR Y DE LA MUERTE

EL MISTERIO DEL MAL, DEL DOLOR Y DE LA MUERTE

 Comentarios y Ensayos de Monseñor Juan Straubinger sobre el Libro de Job

 

Radio Cristiandad inicia una nueva Columna presentando los Comentarios y Ensayos del Doctor Juan Straubinger sobre el Libro de Job, y que fueran publicados con este atrayente título: El Misterio del Mal, del Dolor y de la Muerte.

Los temas tratados y la distinción del autor son títulos suficientes para penetrar en la lectura y meditación de este apasionante libro.

He aquí un pequeño resumen de la tabla de materias:

Un Libro Misterioso

El Libro de Job y el misterio del mas allá

Job, figura de Cristo

La Ley de Adán

Job, prototipo del hombre

Un cuadro Impresionante

Hacia la solución del enigma

El origen de los males

Los males y la divina Sabiduría

El castigo como medicina

Hay un castigo peor: no ser castigado

El sentido de las pruebas

Las pruebas de los Justos en el plan divino

La Esperanza, fundamento de la paciencia

¿Qué es el dolor?

El privilegio de los que sufren

El santo abandono

Alegría y Júbilo

Jesús lo explica todo

Jesús todo lo remedia

Cristo sufre en nosotros

PRIMERA ENTREGA:

PROEMIO

UN LIBRO MISTERIOSO

 El libro de Job es uno de los más misteriosos de la Biblia. San Jerónimo lo compara a una anguila que se nos escurre de la mano cuando ya creíamos tenerla asida. No es posible entender estos misterios sino con inteligencia sobrenatural.

 Para ello el mismo Dios nos da tres claves:

 a) Según el Prólogo, Job era justo (Job 1, 1 y 8) y sus pruebas no fueron un castigo, siendo Satanás, y no Dios, el gran promotor de sus dolores.

 b) En la teofanía final, el mismo Dios reprende a Job, no por su vida pasada —que ya sabemos era justa— sino porque en su diálogo con los amigos, que forma la trama del Libro, “envolvió (oscureció) las sentencias (de la verdad) con palabras sin inteligencia” (Job 38, 2).

 c) En el Epílogo (Job 42, 1 ss.), al restituirle con creces todas sus prosperidades, Dios nos hace saber expresamente que Job no pecó en sus disputas con los tres amigos, y que ellos sí pecaron.

 Sin estos datos, nuestra mente, harto inclinada a juzgar a Dios según la capacidad humana, pensaría muchas veces que Job era un blasfemo y que Elifaz, Baldad y Sofar, sus tres amigos farisaicos, eran modelos de cordura y de piedad.

EL LIBRO DE JOB

Y EL MISTERIO DEL MAS ALLÁ

Este difícil conflicto entre el paciente y sus amigos parece ha de ser planteado por Dios en pleno Antiguo Testamento, para sugerir a la meditación los misterios del más allá, que sólo habrían de revelarse en la “plenitud de los tiempos” (Gal. 4, 4), cuando Dios determinase hacer conocer aquellas cosas “que desde todos los siglos habían estado en el secreto” (Ef. 3, 9 s.; Col. 1, 26); y que las Antiguas Escrituras sólo presentaban envueltas en el arcano de los libros proféticos y sapienciales.

No hay duda de que Dios, según el Salmista, habrá de juzgar a los pueblos y a los impíos (Salmo 1, 5; 9, 8-9; 49, 3-4; 81, 8; 95,13; 109, 6; 142, 2), dando a cada uno según sus obras (S. 61, 13), y que su bondad, que es eterna, librará a los justos del Sheol (S. 15, 9-10; 16, 15; 48, 15-16, etc.). Pero, como observa Vigouroux, el Sheol, que suele traducirse por inferno, era simplemente un lugar obscuro y significaba lo mismo que el sepulcro, a donde iban todos los muertos, sin distinguirse en un principio entre buenos y malos, cosa que luego fue aclarándose progresivamente.

Lo que las Escrituras anunciaban muchas veces, y cuya necesidad todos admitían, dada la caída del hombre, era un Mesías, libertador de todos. “Es por esto —dice Vacant— que la cuestión de los destinos del individuo se confundía con la de la salvación del género humano y de la venida del Mesías. La muerte del cuerpo era la consecuencia del pecado, y por eso es que la resurrección de los cuerpos era mirada como la consecuencia de la liberación del alma” (Dict. de la Bible, I, 465)

De aquí la gran importancia del libro de Job dentro del cuadro del Antiguo Testamento.

No solamente en cuanto enuncia en forma indudable el dogma de la resurrección que nos ha de librar del sepulcro (Job, 13, 15-16; 14, 13; 19, 23-27), sino también en cuanto plantea en forma aguda, la necesidad de una vida futura, en la cual la justicia y la misericordia del Eterno Dios se realicen plenamente, ya que así no sucede en esta vida.

Esto nos lleva a meditar una consecuencia preciosa para nuestra vida espiritual y para avivar en nosotros la virtud de la Esperanza. Porque según vemos, aquellos judíos que aun no conocían el dogma de la inmortalidad del alma, se resignaban confiadamente a la muerte, aunque ésta significase para ellos una paralización de todo su ser, ya que sabían que un día todo su ser había de gozar de la resurrección que el Mesías debía traerles.

Nosotros, más afortunados, conocemos plenamente el dogma de la inmortalidad del alma, y sabemos, porque así lo definió el Concilio de Florencia, que ella, mediante el juicio particular, podrá, gracias a la bondad divina, gozar de la visión beatífica mientras el cuerpo permanece en la sepultura en espera de la resurrección en el último día. Pero esta consoladora verdad no debe en manera alguna hacernos olvidar ese gran dogma de la resurrección, ni mirar nuestra salvación como un problema individual que llega a su término el día de la muerte de cada uno, con total independencia del Cuerpo Místico de Cristo, que celebrará cuando El venga a las Bodas del Cordero (Apoc. 19, 6-9).

Por eso, “cuando comiencen a suceder estas cosas, abrid los ojos y alzad la cabeza, porque vuestra redención se acerca” (Luc. 21, 28).

Por su parte, S. Pablo nos revela que todas las creaturas suspiran con nosotros, aguardando con grande ansia ese día de la resurrección, que él llama de “la manifestación de los hijos de Dios”, y de “la redención de nuestro cuerpo” (Rom. 8,19 ss.). Y en otro pasaje, de donde está tomado el texto del frontispicio del Cementerio del Norte de Buenos Aires, que pone en boca de los difuntos las palabras: “Expectamus Dominum”: “Esperamos al Señor”, vuelve a consolarnos el Apóstol, diciendo: “Pero nuestra morada está en el cielo, de donde asimismo estamos aguardando al Salvador Jesucristo Señor nuestro, el cual transformará nuestro cuerpo, y le hará conforme al suyo glorioso, con la misma virtud eficaz con que puede también sujetar a su imperio todas las cosas” (Fil. 3, 20-21).

A LA LUZ DEL NUEVO TESTAMENTO

Con estas claves divinas nos será posible penetrar el misterio de Job, pero no ciertamente de un modo racional, sino con las luces que nos trajo el Verbo Encarnado, que viniendo a este mundo, iluminó a todo hombre (Juan 1,9); luces que solamente son prodigadas a los humildes o pobres de espíritu, por el Paráclito o Consolador que descendió en Pentecostés; es decir, vemos una vez más cómo, según la fórmula de S. Agustín, gracias al Nuevo Testamento se revelan los misterios del Antiguo.

No hay problema humano que no reciba luces del Evangelio. San Juan Crisóstomo, gran apóstol de la Sagrada Escritura, nos la muestra superior a todo ameno huerto de flores y frutos: “Delicioso es el verde prado, ameno el jardín; pero más lo es la lectura de la Sagrada Escritura, En aquéllos, flores que se marchitan; en ésta, pensamientos frescos y vivos. Allí, el soplo del céfiro; aquí, el hálito del Espíritu Santo. En los primeros cantan las cigarras; en los segundos, los profetas. La lozanía del huerto y la del prado dependen de la estación; la Escritura, así en verano como en otoño, siempre está verde y cargada de fruto.”

Estos frutos son muy especiales para los que sufren, pues Jesús vino precisamente a traer la “Buena Nueva” (Evangelio) a los pobres, a los tristes, a los oprimidos, a los cautivos y a los ciegos. Así definió Él mismo su misión (Luc. 4, 18 ss.; 7, 22) en palabras del Profeta que así lo anunciaba ocho siglos antes (Is. 61, 1 s.). A esto llamó Él mismo “anunciar el Reino de Dios” (Luc. 4, 43).

No puede, pues, sorprender que el Nuevo Testamento nos dé, sobre el misterio de Job y del dolor, luces que antes se ignoraban, así como nos hace también entender en los Salmos y en los Profetas cosas cuyo alcance ellos mismos ignoraban, puesto que Dios no les dictaba para ellos mismos, sino para otros.

San Pablo, hablando solamente de su propia misión en el Nuevo Testamento, nos dice que a él mismo le ha sido dado el anunciar las incomprensibles riquezas de Cristo y explicar a todos la economía del misterio que había estado escondido desde el principio en Dios que todo lo creó, a fin de que los principados y las potestades en los cielos conozcan hoy, a la vista de la Iglesia, la sabiduría multiforme de Dios según el designio eterno que Él ha realizado en Jesucristo Señor nuestro (cfr. Ef. 3, 8 ss.).

LA PERSONALIDAD DE JOB

 Job no es ni siquiera un hombre de la Antigua Alianza, pues pertenece a la época de los Patriarcas, anterior a Moisés y por tanto a la Ley. Tampoco forma parte del pueblo escogido de Israel, y sin embargo, practica el más perfecto monoteísmo y aun ejerce en su familia funciones sacerdotales (1, 5). Se muestra ejemplarmente caritativo con el prójimo (29, 12-17), y llega hasta proclamar —cosa admirable e inexplicable sin una revelación del plan divino— su firme esperanza en el Redentor que traerá la resurrección de los cuerpos (19, 25-27).

El Apóstol Santiago (5, 11), nos lo presenta como ejemplo de la paciencia que llega a feliz término. Y con todo, San Pablo no lo incluye en su gran lista de los antiguos héroes de la fe (Heb. 11).

La importancia del libro de Job se concentra principalmente en el problema del dolor y del mal en general.

Y puesto que no hay vida humana sin dolor, sino que al contrario todos nos vemos sitiados por ejércitos de males, por eso la figura del paciente Job ha llegado a ser como un símbolo del género humano; pero infinitamente más alto que él está en la Nueva Alianza, el “Ecce Homo”, el “Varón de Dolores” (Is. 53, 3), sumo Arquetipo del hombre con todos sus dolores y tormentos; único que resumió en su Humanidad santísima todas las miserias humanas, todas las penas y angustias, hasta el dolor y la vergüenza de la cruz (Filip. 2,8).

 JOB, FIGURA DE CRISTO

No cabe la menor duda de que Job es figura del Redentor, al cual se asemeja no solamente como justo y a la vez paciente, sino más todavía por la esperanza que pone en Aquel que le resucitará: “porque yo sé que vive mi Redentor, y que yo he de resucitar de la tierra en el último día, y de nuevo he de ser revestido de esta piel mía, y en mi carne veré a mi Dios; a quien he de ver yo mismo en persona y no por medio de otro, y a quien contemplarán los ojos míos” (19, 25-27).

La afirmación de los Santos Padres y Teólogos de que es figura de Jesucristo, arroja la primera luz sobre el porqué del caso de Job. De ahí que a este libro como al Salterio, se aplica la siguiente observación de un piadoso prelado: “En vano se pretendería agotar su profundidad; ellos son una verdadera extensión del Evangelio, porque en ellos David y Job, representando al Salvador, se nos muestran sufriendo, con un corazón semejante al de Jesús, en muchas vicisitudes que no pudieron ocurrirle a Él, como son por ejemplo la ingratitud de los hijos, los dolores y angustias de la enfermedad, etc.; lo cual completa nuestra enseñanza para que podamos unirnos a Cristo en todas las circunstancias de nuestra vida cotidiana.”

El sentido típico de la figura de Job resalta singularmente de la reprobación que él recibe de los que debieron ser sus amigos, y que presentándose como tales, no hicieron sino aumentar su dolor.

“Todos los que me miran hacen mofa de mí. Hablan con sus labios y menean la cabeza” (Salmo 21, 8). Tal dice David profetizando a Cristo. Esto nos enseña a sufrir una de las pruebas más dolorosas para el hombre: la incomprensión e ingratitud de los hombres, parientes y amigos.

Claro está que si el saber este sentido típico aumenta muchísimo el valor educativo de la figura de Job, ello es en cuanto nos lleva a levantar de él los ojos y fijarlos en la contemplación de Cristo. No ha de pretenderse, pues, que la asimilación de ambas figuras haya de ser completa. Siempre quedará, sobre todo, la diferencia esencialísima de que sólo Jesús tuvo y pudo tener méritos propios. Y sólo ellos pudieron tener valor de Redención.

JUICIO GENERAL

SOBRE LA CONDUCTA DE JOB

De todas maneras podemos, con los datos disponibles, sintetizar el juicio sobre la conducta de nuestro héroe. Dice S. Agustín que si se le preguntase acerca de la posibilidad de que un hombre pasase sin pecado por esta vida, él contestaría afirmativamente, mediante la gracia de Dios que no sólo nos muestra lo que hemos de hacer, sino también nos hace capaces de quererlo y de realizarlo (Filip. 2, 13). Pero, agrega, que exista realmente un tal hombre sin pecado, no lo creo (Ench. Patr. 1720).

Esta opinión de S. Agustín es perfectamente bíblica, pues ya Salomón enseña que “no hay hombre que no peque” (III Rey. 8, 46; II Par. 6, 36). Cfr. Prov. 20, 9; Ecl. 7, 21; Salmo 142, 2. Y S. Juan nos previene: “Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros” (I Juan 1, 8).

Frente a esta doctrina podemos decir terminantemente que Job era y había sido un justo, en primer lugar porque el mismo Dios así lo afirma desde el principio del Libro (1, 8) y también porque Job, lejos de atribuirse a sí mismo esa justicia, es el primero en decirle a Dios: “¿Quién podrá volver puro al que de impura simiente fue concebido? ¿Quién sino Tú solo?” (14, 4). Véase a este respecto otra bellísima actitud del Patriarca en 9, 15.

Esto, empero, que Job expresa ante la majestad de Aquel que solo es santo, no lo dice ante sus amigos calumniadores, empeñados en hacerle confesar infidelidades que él no había cometido. Porque en su conciencia el Espíritu Santo le da testimonio de su rectitud, como enseña S. Pablo (Rom. 9, 1; 2, 15; II. Cor. 1,12).

Quedamos, pues, en que nuestro Patriarca era, ante Dios, justo y lo era ya mediante esa fe que justifica en Cristo y que S. Agustín no vacila en atribuir a Job, diciendo: “Mente conspiciens Christi justitiam”; esto es: “Viendo en espíritu la justificación que nos viene de Cristo” (cfr. Rom. 3, 26).

LOS VALIENTES DE VENECIA

¿CUÁNTOS TRADIS SE HUBIERAN ANIMADO A COLGAR EL PASACALLE EN SUS CIUDADES?

Bento XVI não é bem vindo no Nordeste realmente Católico de Veneza.

Editorial Promissio

Veneza 2011

BENEDETTO NON E’ BEN ACCETTO PERCHE’ CONFERMA NELLA FALSA FEDE DEL CONCILIO

Veneza 2011

Contemporaneamente a visita de Bento XVI a Veneza uma delegação do Círculo Cultural Triveneto Christus Rex queria dizer com uma faixa que existe um Nordeste que em quanto católico não pode acolher de braços abertos a cabeça da “Igreja Conciliar” apóstata e modernista.

Papa em Veneza

Por mais de 30 minutos, os expoentes do Christus Rex expuseram a inscrição e realizaram dois vídeos enviados ao Gloria.TV e ao YouTube:

http://gloria.tv/?media=154069 Illustrazione iniziativa (Matteo Castagna, Portavoce del Circolo Christus Rex)

http://gloria.tv/?media=154087 Spiegazione iniziativa (Prof. Franco Damiani, Addetto Stampa del Circolo Christus Rex)

Video analoghi in versione Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=NWIi-2HpnUU - http://www.youtube.com/watch?v=DNTXsWcVgdc

A iniciativa despertou a curiosidade e também uma certa aprovação da parte de numerosas pessoas que passavam, de todas nacionalidades, sinal que a Tradição Católica ainda está viva na alma de muitas pessoas. Alguns pararam conosco para mostrar quanto seria escandaloso que a visita de Bento XVI fosse tida como uma “Kermesse midiática” que custou centenas de milhares de euros, se considerarmos que somente o palco (que mais parece um templo protestante…)  custou 500 mil euros. Bento XVI ratificou sua fé mundialista…

Bento XVI em Veneza 2011

Foto de extra.globo.com

Após o sucesso da ótima iniciativa, a intervenção da polícia pediu a remoção da faixa. Os expoentes do Círculo Christus Rex presentes foram identificados e puderam continuar tranquilamente a rezar ao Senhor pela conversão de Joseph Ratzinger e pelo fim da Crise na Igreja. São os efeitos do estado laico…

Bento XVI não é bem recebido em Veneza

Fonte: Agere Contra.

LA GNOSIS SEXUAL DE JUAN PABLO II

LA GNOSIS SEXUAL DE JUAN PABLO II

Publicado el 13 mayo, 2011 por moimunan

Tomado de La Questión  – Traducido por el autor del blog AMOR DE LA VERDAD

ES SUMAMENTE IMPORTANTE ESTE ARTÍCULO EN RELACIÓN CON LOS QUE HEMOS PUBLICADO SOBRE LA ESPECIALÍSIMA “TEOLOGÍA DEL CUERPO DE JUAN PABLO II”. AGRADECEMOS AL BLOG AMOR DE LA VERDAD, POR CEDERNOS ESTE MATERIAL

El acto sexual es el lenguaje auténtico de la persona

(Juan Pablo II, Ciudad del Vaticano, 22 de agosto de 1984)

Hay que situar  las posiciones doctrinales de Juan Pablo II, centradas en el valor y la “La dignidad del hombre,  en  el contexto de una atmósfera empapada de sueños ingenuos e ilusorios “de gozar de la vida libremente y sin restricciones” de la era caracterizada por el post-hippismo y el mesianismo político- incluso dentro del Templo de Dios donde también afectaropn los movimientos naturalísticos revolucionarios  “cuando estaba de moda llevar al límite los supuestos morales y teóricos citados- “

En  este marco de renovación doctrinal de la Iglesia están los 129 discursos pronunciados durante sus audiencias de los miércoles en el Aula Pablo VI, desde septiembre 1979 a noviembre 1984, que Juan Pablo II dedicó a lo que él llamó “la Teología del Cuerpo “, y George Weigel no duda  en calificar como  ” uno de los más audaces reconfiguraciones de la teología católica desde hace siglos [...] una especie de bomba de relojería teológica preparada para estallar a comienzos del S.XXI con  notables consecuencias”[1]. I.

Bomba teológica de relojería lista para estallar.

El término “bomba teológica de relojería” es  perfectamente acertado, en cuanto el líder de la Iglesia Católica entonces-  sea esto dicho con el respeto sin intención de atentar contra  el alto valor de su personalidad y su papel  político así como  contra el significado tradicional de algunas de sus posiciones- afirmó sin complejos en el corazón de San Pedro en Roma que:
la sexualidad es una vía privilegiada para comprender el misterio del ser íntimo de Dios a través del don absoluto de sí mismo insistiendo de manera demencial e impía en que el acto sexual  se inscribe en una verdadera relación de alianza  que constituye la imagen por excelencia de las relaciones que mantienen las tres Personas de la Trinidad divina. El Padre, el Amor dado, el Hijo, el Amor recibido, el Espíritu Santo, Amor transmitido.“
Juan Pablo II se aventuró incluso a sostener esto de manera delirante, en contradicción con todas las enseñanzas de la tradición ascética y mística,  sacralizando el sexo de un modo inimaginable en un pontífice.

Así dirá:

“El hombre se ha convertido en imagen y semejanza de Dios no sólo a través de su propia humanidad, sino también a través de la comunión personal que el hombre y la mujer forman desde el principio. “(Teología del Cuerpo, 11/14/1979).

Según Juan Pablo II que niega la caída y consecuencias del pecado original: “¡el acto sexual es el lenguaje auténtico de las personas”!

Por lo tanto, para quien bajo el auspicio de  de Karol Wojtyla hubiera explorado ampliamente estos temas sensibles, defendiendo lo que él llamó “el significado nupcial del cuerpo” [2],  añade ahora a sus problemáticas visiones una dimensión de cuasi infalibilidad  cuando en nombre de Juan Pablo II, sostuviera que la unión sexual  del cuerpo habla un idioma, ya que “el acto sexual es el lenguage auténtico de las personas” (Teología del Cuerpo agosto 22, 1984), finalidad que  resume su preocupación  permanente por demostrar que la “dignidad del hombre” es precisamente la “dignidad de su carne“,  viejos conceptos más que cuestionable, pero que ya habían empujado a Pablo VI a escribir la encíclica” Humanae Vitae “en donde afirmó : “El hombre y la mujer expresan por medio del  lenguaje de su cuerpo el diálogo, que (según el Génesis 2: 24,25), tiene su origen en el día de la creación. “

II. El error conciliar es de naturaleza filosófica.

El  error wojtyliano, que es también el error conciliar y el error de toda la Iglesia moderna en su conjunto, es principalmente de naturaleza filosófica, ya que es “el naturalismo teñido de sensualidad”  lo que inspira su ética sexual y humana. No hay que olvidar que Karol Wojtyla fue un pensador que pertenece a la familia intelectual de la “fenomenología ” [3]. Pero a diferencia de Edith Stein , que partiendo de la fenomenología acabará en el neo-tomismo,  él por desgracia  partiendo   del tomismo acabará incluyendo en él, el “punto de vista”  de la conciencia fenomenológica del hombre. Karol Wojtyla  tiene  por tanto claramente un horizonte filosófico fenomenológico, ya que después de la guerra, enviado  a la escuela de teología  del Angelicum de Roma, donde defendió en 1948 su tesis doctoral en teología,  reanudó sus estudios filosóficos hasta  1953 en la Universidad de Lublin (Polonia), donde presentó una tesis sobre la ética fenomenológica de Max Scheler, titulada “Valoración de la posibilidad de fundamentar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler“, desarrollada más tarde en su libro “Persona y  Acción“.

Karol Wojtyla defiende en la Universidad de Lovaina una tesis dedicada a la ética fenoménologica de Max Scheler

“Por su Encarnación el Hijo de Dios, de alguna manera se unió a todo hombre ” (Mgr. Karol Wojtyla)

III. La falacia radical de la cristología esotérica de  Karol Wotyla

Pero el error antropológico proveniente de una  concepción  fenomelógica errónea  que está en la base de las tesis de Karol Wotyla, consiste en una equivocada cristología cuya gravedad es extremadamente importante en cuanto a  sus consecuencias, ya que en su visión teológica, de la dualidad de naturalezas  de Jesucristo, Juan Pablo II, en virtud de   la “comunicación de idiomas“, llegó a trasladar los atributos de la naturaleza divina a la naturaleza humana de  Cristo, para considerarlos, luego,  como pertenecientes a Él con absoluta propiedad, y extenderlos después, en virtud de esta pertenencia, a todo hombre en cuanto hombre.

Esto objetivamente  lo relaciona con la concepción panteísta de la nueva era – como se sabe el joven Karol Wojtyla descubrió la teosofía de Rudolf Steiner en Wadowice, donde  pasó a frecuentar a  Mieczyslav Kotlarczyk , director teatral apasionado del ocultismo, que desarrollana una dramaturgia esotérica, con influencias tanto de la  lingüística de Otto Jespersen como de  la  tradición de cabalista  del judío Ismar Elbo. Wojtyla llegara a prologar  un libro  de Kotlarczyk y predicar en su funeral.

Cuando evoca este pèríodo de su vida, Juan pablo II escribe:

“Era  una misión, una vocación era el sacerdocio del arte. Los actores, como “sacerdotes del arte”, con una fuerza ilimitada para renovar el mundo, para rehacer la humanidad, para sanar la moral a través de la belleza predicada, transmitían los más altos valores de la metafísica. Tales eran los ideales  cantados por el “arcipreste” Kotlarczyk “(en” Pedro ¿me amas? “, P. 64).

Karol Wojtyla descubre la teosofía de Rudolph Steiner frecuentando a Mieczyslav Kotlarczyk, director teatral apasionado del ocultismo.

Juan Pablo II, ciertamente, muchas veces  tratará de ocultar la novedad de su pensamiento, citando sin descanso para darle un barniz de credibilidad a sus argumentos, una frase del párrafo 22 de la Constitución conciliar “Gaudium et spes” según la cual” el Hijo de Dios, se ha unido en cierto modo con todo hombre por su encarnación“. Pero lo que es menos conocido, y que, obviamente, se evita poner en evidencia es que esta frase se introdujo en el esquema conciliar a instancias del arzobispo Karol Wojtyla que la propuso él mismo, siendo arzobispo de Cracovia!  Así pues,  Juan Pablo II, al citar continuamente Gaudium et Spes 22, 2, se cita a sí mismo, ya que no se puede encontrar nada que pueda fundamentar su pensamiento, en la Sagrada Escritura o en los Santos padres de la Iglesia.! [4]

De la combinación de estos dos errores, el antropológico y el cristológico, se  desprende la siguiente idea de la  la doctrina de Juan Pablo II: ( de hecho él mismo ha podido decir en una alocución, citándose a sí mismo: “El Concilio Vaticano II ha recordado agudamente): “Por su Encarnación el Hijo de Dios,  de alguna manera se ha unido con cada hombre. ‘” [5].

Y así  nos encontramos una y otra vez esta herética e impía doctrina del “hombre-dios” que conduce a la deificación del hombre como tal, es decir, por el mero hecho de  ser  hombre ( el famoso “la dignidad de la carne”), y  de la naturalización de Dios, cuyos ecos se hacen sentir en las desviaciones terribles de la Iglesia de hoy. Están presentes aquí, como puede verse, todos los elementos para definir una herejía:

La apropiación y reinterpretación de la función y la persona de Cristo.

La traslación al hombre de los “idiomas” (atribuciones compartidas y comunicadas)  propios de la divinidad,  lo que conduce a una naturalización de lo sobrenatural y a la  sobrenaturalization de lo natural,  deriva herética de la tesis  que se aproxima al panteísmo  de los nicolaítas o  de los ubicuitarios que argumentaban que  Jesucristo estaba formalmente presente en todas partes y en todos los hombres por  comunicación de su esencia, por la sóla virtud de su naturaleza humana, tesis  que sin embargo, se encuentra en todos los textos y  en la literatura de las teorías wojtylianas..

IV. Verdad católica: Nuestro “reino no es de este mundo” y nuestra vocación es celestial

Recordamos  que el Reino de Dios, el reino de los cielos no es de este mundo . La “vocación“,  la “liberación” y  la “salvación” del cristiano no es de orden humano y temporal, sino que es de orden  religioso y trascendente: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20); “Por tanto, hermanos santos, que participais de la vocación celestial, pensad en el  el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra confesión, Jesús“(Hebreos 3:1).

Contrariamente a la creeencia de los judíos carnales la “salvación” del cristiano no es de orden temporal sino de orden religioso y transcendente.

Las comunicaciones del Señor a Israel como nación, estaban relacionadass con cosas  terrenas.. Si se mantenía  fiel y obediente, se le aseguraba grandeza, riqueza y el poder: “El SEÑOR tu Dios te da  una tierra buena, tierra de arroyos de agua, manantiales y de aguas profundas … una tierra de trigo y cebada, de vides, higueras … en donde no te faltará nada “(Deuteronomio 8, 7-9). Y si eran  infieles y desobedientes, la nación sería dispersada por toda la tierra (Deuteronomio 28, 64). Sin embargo, la Escritura hace mención de otro cuerpo, la Iglesia,que también tiene una relación especial con Dios y recibió promesas especiales de l. Pero es muy diferente de Israel:

-Para Israel  la obediencia  es una fuente de  grandeza y riquezas terrenas;

- La Iglesia, por medio de Cristo, está incorporada únicamente a las cosas espirituales y celestiales.

Conclusión

Así, a diferencia de las aspiraciones puramente carnales  judías, las “Bienaventuranzas” de la Nueva Alianza son enteramente del cielo. De hecho, las bendiciones prometidas a Israel fueron esencialmente terrestres.

Pero nosotros aunque estamos en esta tierra, como cristianos, estamos a la espera del Reino, no buscando reproducir nuestras actividades de aquí abajo en el cielo por una suerte de distorsión antropomórfica de lo divino,  o tratando en vano de imaginar lo que nuestras vidas serán “post mortem” con una  especulación llena  de ensoñaciones de este mundo, sino que, dejando la mente en reposo sobre este tema ,  debemos adoptar  las medidas necesarias para unirnos, en espera de que llegue el día, a nuestra verdadera patria celestial.

Jesús dijo a sus discípulos: “Voy a prepararos un lugar. Y si me voy … volveré y os tomaré conmigo para que donde yo estoy, vosotros también estéis “(Juan 14, 3).

El futuro  de los creyentes está  en el cielo y ellos  deben prepararse aquí en la tierra para ese destino.  Pretender que resucitarán en la tierra o vivirán en ella eternamente o en el cielo, en un ” cuerpo de carne y sangre “está en directa contradicción con la Escritura, y  es una mentira .

El pueblo de Israel sólo ha recibido promesas de  bendiciones en  un reino de la tierra, y nunca hay que confundir Israel e  Iglesia, no son intercambiables.  Dios cumplirá sus planes con respecto a  uno  y a otra, a la hora que lo decida. Con ello se puede decir con seguridad que la judaización de la Iglesia moderna, es decir, la adaptación de la iglesia a las promesas de la Escritura reservadas a Israel, ha hecho más  mal que todas las otras causas combinadas, en orden a  pervertir su misión y destruirla  espiritualmente.

Lea: Las “escandalosas bienaventuranzas” de la iglesia moderna.

Notas.

1. G. Weigel, Testigo de Esperanza, pp 336, 343.

2.  Hay una anécdota muy reveladora de la mentalidad de Karol Wojtyla unos pocos años antes de convertirse en el Papa Juan Pablo II. La versión polaca de su libro “Amor y Responsabilidad” incluye un apéndice titulado “Sexología y  moralidad.” Cuando llegó a publicar una traducción al francés fue el Padre de Lubac ,  el que había sido contactado para escribir el prefacio. Sin embargo, algunos consideraban que  sería prudente sugerir a la petición que el apéndice  se retirará de la edición francesa fundándose en que los temas desarrrollados eran tan reales que parecían rebajar la dignidad de los sacerdotes y obispos. Pero Karol Wojtyla se opuso ferozmente diciendo  que los pastores deben ser capaces de hablar a sus fieles con sencillez del deseo y satisfacción sexual , salvo que no estuvieran a la altura de las exigencias de su misión. Y si tanta era su  mojigatería como para ofenderse por ello, ¡peor para ellos!

3. El grupo polaco  al que estaba vinculado intelectualmente Karol Wojtyla, con Przywara y Ingarden, efue un mediador crucial de la historia de los fenomenólogos de Gotinga y de Max Scheler. Karol Wojtyla sería formado  en esta escuelaextremadamente  fecunda, germen de la filosofía contemporánea, puesto que en ella  se mezclan infuencias de  Brentano (el análisis de la intencionalidad de Kazimir Twardowsky) y Husserl, con  tradiciones escolásticas  de gran alcance, y  de la que que se encuentran rasgos hereditarios, incluso entre los lógicos como  el israelí Yoshua Bar-Hillel , de la Universidad de Jerusalén.

4. Así, en la encíclica “Redemptor hominis“, la referencia volverá cuatro veces. También hay que remarcar  que en el párrafo No. 13 la restricción “de alguna manera” ha desaparecido: – “Jesucristo, se ha unido con cada uno, por los siglos a través de este misterio de la Redención. ” El teólogo privado, Karol Wojtyla, de hecho confunde  la naturaleza y la gracia, la vida humana y la vida divina, estando involucrados   “de alguna manera”  los dos términos. como repite claramente en el párrafo 14 de la “Redemptor hominis”: “Cristo está de alguna manera unido al hombre, a todo hombre, sin excepción alguna, incluso si no es consciente de ello.”La ausencia de condiciones para la unión de todos con Cristo, lleva a  afirmar que se salvan todos,  sin distinción de religión. “El acontecimiento de la redención es el fundamento de la salvación para todos“, escribió Juan Pablo II en su encíclica “Redemptoris Missio“, citando en apoyo de esta reclamació su Encíclica “Redemptor Hominis”: “Porque todo el mundo  se ha incluido en el misterio de la redención, y Jesucristo se ha unido con cada uno, por los siglos a través de este misterio. “Sin duda, esta creencia ha gobernado todo el pontificado de Juan Pablo II, Carta Apostólica  Mane nobiscum “, de 7 de octubre de 2004,  en la que se establece el Año de la Eucaristía: “En Él, la Palabra hecha carne, no sólo revela el misterio de Dios, sino el misterio del hombre. Porque en Cristo la naturaleza humana fue asumida, no absorbida, y  por este hecho, la naturaleza humana ha sido elevada a una dignidad sin igual. “Por su encarnación del Hijo de Dios, se  ha unido en cierto modo con todo hombre “(GS 22, 2). “

5. No es sólo en la “Gaudium et Spes donde  Karol Wojtyla, el futuro Juan Pablo II, introdujo las teorías  de un naturalismo herético sobre la “comunicación de idiomas” entre el Verbo Encarnado, Dios hecho hombre y cada hombre, como si el hecho mismo de que Dios se hiciera hombre, el hombre deviniera Dios. En otra encíclica (Dominum et vivificantem, el 18 de mayo de 1986), Juan Pablo II dice que la supuesta morada del Espíritu Santo está “en el corazón de cada hombre.” El Espíritu Santo es dado a los hombres. Y por el exceso de este don increado, cada hombre recibe en su corazón el don creado especialmente por el cual los hombres se involucren en la naturaleza divina. Por lo tanto, la vida humana está impregnada de la vida divina “, escribió de manera increíble. Y hay algo sorprendente en esta propuesta como para decir que Dios “se ha acercado a cada hombre”, tomando carne en el seno de la Virgen María, es una cosa. Diciendo que “ de alguna manera se ha unido con cada hombre” es otra. Esta declaración, tomada de “Gaudium et Spes,” de hecho positivamente respira  la herejía simétrica a la nestoriana -pero en sentido conrario-  y cuyas consecuencias desastrosas son una clara evidencia. Nestorio negó cualquier “comunicación de idiomas”, o el intercambio entre el Hijo de Dios e Hijo de María, en sus propios atributos y operaciones, por lo que negó la maternidad divina de María. El Concilio de Éfeso en el 431 lo condenó, con la proclamación de la Virgen María, Madre de Dios. Puesto  que María dio a luz a Jesús de Nazaret, ella es la Madre de Dios, porque Jesús es el Hijo de Dios, Dios mismo. La nueva herejía, presentada en el Vaticano II por el  joven arzobispo  de Cracovia, Karol Wojtyla, consiste en afirmar, a diferencia de la antigua herejía,  una  abusiva “comunicación de idiomas” entre el Verbo encarnado, el Hijo de Dios hecho hombre, y todos los hombres, como si el mero hecho de que Dios se hiciera hombre, el hombre se hiciera Dios!