POESÍAS: ANDRÉS CARBALLO REAL: SONETO A CRISTO REY

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Soneto a Cristo Rey.

Siguiendo paso a paso tu sendero,

¡Cuán patente se ve tu realeza!

En un pesebre naces, ¡Qué pobreza!

Te acoges a un humilde carpintero.

Más tarde te contemplo prisionero

de la perfidia humana. Con certeza

pueden poner el INRI en tu cabeza

al expirar por mí en el madero.

No te creo más Rey de haber nacido

en los mejores tronos y ensalzado.

Así te creo más: pobre y abatido.

Sufriendo en una cruz por mí, clavado.

Así te creo más, Jesús querido,

Rey de reyes, Señor de lo creado.

Andrés Carballo Real.

POESÍAS: ANDRÉS CARBALLO REAL – Christus vincet, Christus regnabit, Christus imperabit.‏

Christus vincet, Christus regnabit, Christus imperabit.‏

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Cristo ha muerto, dijeron los judíos
y creyeron que habían terminado
con el que Rey se había nominado
y anatematizaba a los impíos.

O
¡Cristo ha muerto! gritos de desafíos
dará continuamente el desalmado,
deseando que la muerte haya triunfado,
para así proseguir sus desvaríos.

O
Mas el Ángel tocará la trompeta
y dirá: ¡No está aquí! ¡Resucitó.
A quien creíais muerto, reina vivo.

O
Cristo vendrá otra vez. ¡Verdad escueta!
Pues Aquel quien a la muerte venció,
ésta no puede hacerlo su cautivo.

O

Andrés Carballo Real.

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DE LA VIGILIA PASCUAL – AUDIO ORIGINAL 19-ABR-2014

meramo

Compartimos con nuestros lectores el Sermón de la Vigilia Pascual – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

Los sonidos de fondo son de la pirotecnia en Bogotá…

Para escuchar:


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P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN – AUDIO ORIGINAL 20-ABR-2014

meramo

Compartimos con nuestros lectores el Sermón del Domingo de Pascua de Resurreción – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

Para escuchar:


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SANTAS PASCUAS DE RESURRECCIÓN

 

10174928_282544811921730_9182583876101158994_nLo increible aconteció… Lo inesperado sucedió…
¡Y volverá a suceder!
Lo veremos volver, en Gloria y Majestad a fundar Su Reino Milenario, dando cumplimiento a toda la Sagrada Escritura.
Reinará sobre la Casa de Jacob y su Reino no tendrá fin, como el Arcangel San Gabriel le dijo a Su Madre Bendita…
Y vendrá a nosotros Su Reino, como pedimos cada vez que rezamos el Padrenuestro…
Todo volverá al orden, con todos sus enemigos bajo Sus pies y el mundo conocerá el Día del Señor, que será el Reino de el Corazón Inmaculado de su Madre también. Ambos son una sola cosa…
Bienaventurados los que puedan verlo!!!
Guardemos la esperanza… Ven pronto!!!
Felices Pascuas de Resurrección a todos los que esperan su Reino…

ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL P. JUAN CARLOS CERIANI

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ESTE LUNES 21 Y MARTES 22 ARRIBAMOS AL FINAL DE LA SERIE DE LOS ESPECIALES SOBRE EL VERBO ENCARNADO…

EL TEMA A DESARROLLAR SERÁ LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR Y SU TRIUNFO GLORIOSO, PREPARANDO SU RETORNO EN GLORIA Y MAJESTAD…

DESDE LAS 10 AM AMBOS DÍAS… REPITE A LAS 17, 21 Y 03 CADA DÍA.

SÍGANOS EN http://www.radiocristiandad.com.ar

JORGE DORÉ: POESÍAS: TÚ – AMADO NERVO

Estimados amigos:  Dejo a un lado mi pluma e inclino mi cabeza en señal de respeto por uno de los gigantes de la poesía, Amado Nervo, y ruego a Fabián que publique este bellísimo poema religioso del inspiradísimo mexicano, que perpetuamente decora un rincón en la pared de mi cuarto.

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 Amado Nervo

Señor, Señor, Tú antes, Tú después, Tú en la inmensa
hondura del vacío y en la hondura interior.
Tú en la aurora que canta y en la noche que piensa;
Tú en la flor de los cardos y en los cardos sin flor.

Tú en el cenit a un tiempo y en el nadir; Tú en todas
las transfiguraciones y en todo el padecer;
Tú en la capilla fúnebre, Tú en la noche de bodas;
¡Tú en el beso primero, y en el beso postrer!

Tú en los ojos azules y en los ojos oscuros;
Tú en la frivolidad quinceañera y también
en las grandes ternezas de los años maduros;
Tú en la más negra sima, Tú en el más alto edén.

Si la ciencia engreída no te ve, yo te veo;
si sus labios te niegan, yo te proclamaré.
Por cada hombre que duda, mi alma grita: “Yo creo”
¡y con cada fe muerta, se agiganta mi fe!

P. CERIANI: DOMINGO DE PASCUA

DOMINGO DE PASCUA

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Pasado el sábado, María Magdalena, María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Se decían unas otras: ¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro? Y levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: No temáis. Buscáis a Jesús de Nazaret crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que os precederá en Galilea; allí le veréis, como os lo dijo.

Pascua es la fiesta de las fiestas, el punto central y la cumbre de todo el año litúrgico.

Lo que hemos celebrado desde Adviento hasta aquí, mira y se orienta hacia la Pascua; lo que habremos de celebrar en las semanas restantes del año eclesiástico, deriva del misterio pascual y de él cobra sentido y fuerza.

La Resurrección del Señor es el coronamiento y el fin, no ya sólo de la Encarnación, sino también de la Pasión. La Encarnación y la Pasión solas no hubieran bastado, pues, para salvarnos.

“Murió por nuestros pecados”, así clama el Apóstol San Pablo. Es decir: para destruir en nosotros la muerte del pecado. Pero esto no basta. Nosotros necesitamos vivir, vivir plena, inmortalmente.

Para darnos esta vida, resucitó Cristo. Así lo declara el Apóstol: “Resucitó por nuestra justificación”, para que poseyésemos la vida, aquella vida perfecta y eterna que Jesús nos alcanzó con su muerte y que brilló por vez primera en Él mismo el día de su Resurrección.

Con la nueva vida, que nos da la Pascua, poseemos desde ahora la vida eterna, la permanente e inagotable vida del Cielo. Así lo manifiesta la oración del Domingo de Pascua: “Oh Dios, que, vencida la muerte por tu Hijo Unigénito, nos has abierto hoy las puertas de la vida eterna.”

La liturgia del Tiempo Pascual no se cansa de recalcar este hecho y esta convicción, o sea, que, con la celebración de la Pascua, nosotros tocamos la verdad de la vida eterna, de la gloria celestial.

El espíritu del tiempo pascual es un espíritu de alegría, de júbilo triunfal. Llevamos en nosotros la vida resucitada e inmortal, levantada por encima del mundo, del pecado y de la muerte; llevamos la fuerza del Resucitado, con la cual también nosotros venceremos a todos los poderes de las tinieblas y de la muerte.

Es un espíritu de viva esperanza, de firme convicción: si Cristo ha resucitado, también nosotros resucitaremos indefectiblemente, aun en cuanto al cuerpo, para gozar de la vida eterna y bienaventurada.

Es un espíritu de inquebrantable fe: Dios, el Padre, ha resucitado a Jesús de entre los muertos. Con ello el Padre ha impreso su divino sello en la doctrina, en la vida, en los actos y dolores de Jesús y los ha autenticado como buenos, santos y divinos. Lo que Jesús enseñó y realizó, lo que nos propuso como modelo en su vida sobre la tierra, es una cosa divinamente perfecta, grande, santa. Siguiendo a Jesús no nos engañaremos.

Pero la Pascua nos sitúa también ante una gran tarea. Ahora vivimos una nueva vida, la vida del hombre resucitado. “Luego, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas que son de arriba, en donde está Cristo, sentado a la diestra de Dios. Saboread las cosas de arriba, no las que están sobre la tierra. Pues vosotros estáis muertos (al mundo y al pecado, a lo temporal y caduco), y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”.

Esto mismo nos recuerda la liturgia del tiempo pascual, recalcando todos los días con machacona insistencia, en la Colecta de la Misa, aquellas palabras del Apóstol: “Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no morirá más; porque, habiendo muerto, murió de una vez para siempre al pecado; mas, porque vive, vive para Dios”.

+++

El tiempo que va desde Pascua hasta Pentecostés no es otra cosa que una continuación y prolongación de la fiesta de Pascua. Forma con este día una sola e ininterrumpida fiesta pascual. No hace más que descubrirnos nuevos matices y modalidades del básico pensamiento pascual, o sea, el pensamiento de la resurrección de la humanidad en Cristo, el pensamiento de nuestra participación en la nueva y resucitada vida que Cristo nos mereció y alcanzó con su muerte.

“Yo vivo, y vosotros también viviréis.” En íntima conexión con ésto aparece también el tiempo que va desde Pentecostés hasta el Adviento. Su misión consiste en desarrollar y acrecentar la vida que hemos recibido en Pascua. A lo largo de todas las semanas después de Pentecostés corre el mismo pensamiento pascual: Cristo vive, nosotros vivimos en Él, y Él en nosotros. Él prolonga a través de nosotros, sus miembros, su vida inmortal y elevada por encima del mundo, del pecado y de la muerte, y nosotros participamos, convivimos su misma vida. Ahora, sobre todo en el alma. Más tarde tendrá también lugar nuestra resurrección según la carne, a la cual sucederá la eterna y bienaventurada Pascua de la vida celeste, tanto para nuestra alma como para nuestro cuerpo.
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P. CERIANI: VIGILIA PASCUAL

VIGILIA PASCUAL

The Resurrection

Durante el Sábado Santo, la Iglesia conmemora el misterioso reposo del Cuerpo de Jesús en el sepulcro. Recordamos, al mismo tiempo, su descenso a los infiernos y espera tranquilamente, con María, la Madre de Dios, la hora de su resurrección gloriosa.

José de Arimatea y Nicodemo prepararon todo lo necesario para el sepelio. Con gran respeto depositaron el Cuerpo de Jesús en el sepulcro. Allí descansará de todos los trabajos y dolores que le ha costado su obra de redención, bien amarga en verdad.

Jesús descansa en un sepulcro ajeno. Él no estaba sujeto a la muerte, como lo estamos nosotros. No tenía pecado, y la muerte es el castigo del pecado. Sin embargo, se sometió a ella voluntariamente por amor nuestro. Por eso, no posee sepulcro propio. Porque nadie debía enterrarse, ni antes, ni después, en este mismo sepulcro, así como nadie entró, antes ni después de Él, en el seno de la Santísima Virgen, dice San Agustín.

La claridad del triunfo comienza ya a despuntar por todas partes.

Para los judíos, Jesús no es más que un cadáver. Sin embargo, se cuidan todavía de cerrarlo muy bien en su sepulcro, sellando después la entrada. Además, solicitan y obtienen de Pilato unos cuantos soldados para custodiar la tumba. De este modo, ellos mismos serán, sin pensarlo, e incluso contra su propia voluntad, los mejores testigos de la verdad de la Resurrección del Señor en la mañana de Pascua.

El alma de Jesús baja a los infiernos. Allí están las almas de los Santos y Justos muertos antes de la Redención. Están privados de la visión de Dios y de la celeste bienaventuranza, porque el Cielo está cerrado. Esperan ansiosamente la hora de su redención y de su eterna liberación.

A ellos baja el alma del Señor, inmediatamente después de su muerte. Y anuncia, a los que le aguardan, la grata nueva: se ha consumado el sacrificio de la reconciliación, ya está realizada la obra de la Redención, la deuda de la humanidad ha sido cancelada, va a abrirse el Cielo en seguida.

¡Sábado Santo! Con el descenso a los infiernos y el descanso en el sepulcro, llega para Jesús la hora de su exaltación.

Hasta aquí, su vida no ha sido más que un continuo acto de abatimiento, de anonadamiento, cuyo punto culminante aparece en su dolorosa muerte de Cruz.

El descenso a los infiernos es el primer paso hacia la nueva vida de exaltación, de glorificación de Jesús, como Rey y Señor universal. Ya está cumplida la gran obra.

Han concluido las humillaciones, los tormentos y las angustias de la muerte. Comienza una nueva vida. El tan profundamente humillado, el rechazado y despreciado por su pueblo, es ahora constituido por el Padre Rey y Señor del universo.

También es Rey y Señor en su humanidad. Ante Él doblan su rodilla todos los seres que hay en los cielos, en la tierra y en los infiernos, y todos tienen que reconocer y confesar que Cristo es el Señor; a Él se le ha dado toda potestad sobre el cielo y la tierra.

Narra San Juan en su visión de Patmos: Digno es el Cordero, que ha sido muerto, de recibir el poder, y el reino, y la fuerza, y el honor, y la alabanza y la bendición. Y oí cantar a todas las criaturas, que hay en el cielo y en la tierra y en los infiernos y en el mar: Bendición y honor y gloria y potestad al que se sienta en el trono, y al Cordero, por los siglos de los siglos.

Asistamos, hoy, con alegres corazones a la exaltación del Salvador, de Nuestro Señor. Él inaugura hoy su dominación como Rey. Nosotros acatémosle: Tu solus Dominus… Tu solus Altissimus…

Dentro de cuarenta días tomará solemne posesión de su trono, ante los ojos admirados de los cielos y de la tierra.

Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, hasta la muerte de cruz. Por eso, Dios lo ha exaltado y le ha dado un nombre que es sobre todo nombre.

+++

La Liturgia confiesa, admirada y emocionada, la íntima trabazón que reina entre las maravillosas obras de Dios. Ve en Cristo la realización de todo lo prefigurado en el Antiguo Testamento.

La Iglesia canta en el Exsultet:

“De nada nos hubiera servido el haber nacido, si no hubiéramos sido después redimidos. ¡Oh, qué admirable ha sido con nosotros la efusión de tu bondad! ¡Oh, qué inapreciable la muestra de tu amor! ¡Para redimir al esclavo, entregaste al Hijo! ¡Oh pecado de Adán, verdaderamente necesario, que ha sido borrado con la muerte de Cristo! ¡Oh culpa feliz, que mereció tener un tal y tan grande Redentor!”

O felix culpa… A la luz del Cirio Pascual, de la Resurrección del Señor, encontramos la respuesta al gran problema que tortura y fatiga constantemente la inquisitiva inteligencia del hombre: ¿Por qué consiente Dios el mal?

Si Él quisiera, bien podría impedirlo y hacerlo imposible. El mal, aunque sea un acto libre y personal del hombre, está siempre bajo el poder de la Providencia de Dios. Él podría, pues, impedirlo.

¿Por qué no lo impide? ¿Por qué lo consiente?

Respuesta: para que, por la victoria contra el pecado y el mal, brille más claramente el poder de Dios.

Para que nosotros nos convenzamos, todavía más, del mucho amor que Él nos tiene. Para manifestar su sabiduría de modo más perfecto aún que lo hizo cuando creó el mundo. Para manifestar, en nosotros, de un modo particular una cualidad de su divina Esencia: la misericordia.
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POESÍAS: A LA CRUZ

A LA CRUZ

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Antonio Almendros Aguilar

O

Muere Jesús del Gólgota en la cumbre

con amor perdonando al que le hería;

siente deshecho el corazón María

del dolor en la inmensa pesadumbre.

O

Se aleja con pavor la muchedumbre,

cumplida ya la santa profecía:

tiembla la tierra; el iluminar del día,

cegando a tanto horror, pierde su lumbre.

O

Se abren las tumbas, se desgarra el velo,

y a impulsos del amor, grande y fecundo,

parece estar la cruz, signo de duelo,

O

cerrando, augusta, con el pie el profundo,

con la excelsa cabeza abriendo el cielo

y con los brazos abarcando el mundo.

O

POESÍAS: DESPEDIDA DE CRISTO DE SU SANTÍSIMA MADRE

DESPEDIDA DE CRISTO DE SU SANTÍSIMA MADRE

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Villancico

Mosén Juan Tallante

(Siglo XV)

O

Si me parto, Madre mía,

voyme a Dios;

luego volveré yo a vos.

O

Pártome todo llagado,

oprimido y denostado:

tornaré glorificado

en día dos;

luego volveré yo a vos.

O

Llevo los de la prisión

que libré por mi pasión,

que reciban bendición

allí con nos;

luego volveré yo a vos.

O

A los cuajes redimí

con los tragos que bebí:

no fueron de benjuí

ni d’agua ros;

luego volveré yo a vos.

O

Mas d’una tal amargura,

cual designa en escriptura

por ejemplo y por figura

San Ambrós;

luego volveré yo a vos.

O

POESÍAS: SONETO A CRISTO CRUCIFICADO

SONETO A CRISTO CRUCIFICADO

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O

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

O

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.

O

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

O

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

P. CERIANI: SOLEDAD DE NUESTRA SEÑORA

SOLEDAD DE NUESTRA SEÑORA

La piedad cristiana ha dedicado de manera especial esta noche al recuerdo del dolor incomparable que experimentó María al pie de la Cruz de su Hijo divino.

En esta noche, es sólo a María, compasiva a los pies de la Cruz, que la Iglesia quiere honrar.

Para comprender bien el objeto y el tema de nuestra meditación, y para rendir esta noche a la Madre de Dios el honor que le es debido, hay que recordar que Dios quiso, en los designios de su sabiduría soberana, asociar a María en la obra de la salvación de la humanidad.

En la obra de nuestra salvación, reconocemos tres intervenciones de María, tres circunstancias en las que fue llamada a unir su acción a la de Dios mismo.

La primera, en la Encarnación del Verbo, que vino a tomar carne en su vientre purísimo después que Ella diese su asentimiento solemne por el Fiat que salva al mundo.

La segunda, en el Sacrificio que Jesucristo llevó a cabo en Calvario, donde asiste para participar en el holocausto expiatorio.

La tercera, el día de Pentecostés, donde recibió el Espíritu Santo como Señora del Cenáculo y Reina de los Apóstoles.

Hoy tenemos que meditar la participación de María en el misterio de la Pasión de Jesús; contemplar el dolor que tuvo que soportar junto a la Cruz; los nuevos títulos que ha adquirido para nuestra gratitud filial.

+++

Al atardecer del Viernes Santo, la Iglesia posa su mirada, llena de compasión, sobre María, la Madre Dolorosa.

Lo que predijo el anciano Simeón en el Templo se ha cumplido: Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción Tu misma alma será traspasada por una espada, para que se manifiesten los pensamientos de muchos corazones.

Estaba de pie, junto a la Cruz de Jesús, su Madre…

María no pudo hacer otra cosa, no pudo dejar solo a Jesús en su vía dolorosa.

Antes de la Encarnación, sabía por las profecías, y le fue confirmado desde la hora en que Jesús fue presentado en el Templo, que su Hijo había de morir algún día en sacrificio expiatorio por los pecados del mundo, y que Ella había de asociarse a Él, y había de participar en su mismo sacrificio.

Desde aquella mañana en el Templo, María no ha apartado ni un solo instante de su alma el cuadro previsto por el anciano Simeón. Continuamente estuvo viendo en espíritu las manos de su Hijo cargadas de cadenas y traspasadas por crueles clavos. Continuamente lo estaba viendo asediado por sus enemigos, escarnecido, crucificado. ¡Un perpetuo martirio!
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POESÍAS: ¿QUÉ TENGO YO, QUE MI AMISTAD PROCURAS?

CORONA DE cRISTO¿QUÉ TENGO YO, QUE MI AMISTAD PROCURAS?

Lope de Vega

O

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno oscuras?

O

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

O

¡Cuántas veces el ángel me decía:

«Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía»!

O

¡Y cuántas, hermosura soberana,

«Mañana le abriremos», respondía,

para lo mismo responder mañana!

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DEL VIERNES SANTO – AUDIO ORIGINAL 18-ABR-2014

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Compartimos con nuestros lectores el Sermón del Viernes Santo – 2014 – del querido P. Basilio Méramo.

Para escuchar:


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POESÍAS: AL BUEN LADRÓN

AL BUEN LADRÓN

Francisco de Quevedo y Villegas

OJesus crucificado

iOh vista del ladrón bien desvelado,

pues estando en castigo tan severo,

vio reino en el suplicio y el madero,

y el Rey en cuerpo herido y justiciado.

O

Pide que de él se acuerde el coronado

de espinas, luego que Pastor Cordero

entre en su reino, y deja el compañero

por seguir al que robo no ha pensado.

O

A su memoria se llegó que infiere

con Dios su valimiento, porque veía

que por ella perdona a quien le hiere.

O

Sólo que de él se acuerde le pedía

cuando en su reino celestial se viere,

y ofrecióselo Cristo el mismo día.

POESÍAS: A VOS CORRIENDO VOY

A VOS CORRIENDO VOY

Don Juan Manuel García de Tejada

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A vos corriendo voy, brazos sagrados,

En la Cruz sacrosanta descubiertos,

Que para recibirme estáis abiertos,

Y para castigarme estáis clavados.

O

A vos, ojos divinos eclipsados,

De tanta sangre y lágrimas cubiertos,

Que para perdonarme estáis despiertos,

Y por no confundirme estáis cerrados.

O

A vos, clavados pies, para no huirme;

A vos, cabeza baja, por llamarme;

A vos, sangre vertida, para ungirme;

O

A vos, costado abierto, quiero unirme;

A vos, clavos preciosos, quiero atarme;

Con ligadura dulce, estable y firme.

POESÍAS: DELANTE DE LA CRUZ

DELANTE DE LA CRUZ

Rafael Sánchez Mazas

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Delante de la Cruz, los ojos míos

Quédenseme, Señor, así mirando,

Y sin ellos quererlo, estén llorando,

Porque pecaron mucho y están fríos.

O

Y estos labios que dicen mis desvíos,

Quédenseme, Señor, así cantando,

Y sin ellos quererlo, estén rezando,

Porque pecaron mucho y son impíos.

O

Y así con la mirada en Vos prendida,

Y así con la palabra prisionera,

Como la carne a vuestra Cruz asida

Quédeseme, Señor, el alma entera:

O

Y así clavada en vuestra Cruz mi vida,

Señor, así, cuando queráis me muera.

POESÍAS: CAMINO DEL CALVARIO

CAMINO DEL CALVARIO

Tirso de Molina (Fray Gabriel Téllez)

Mercedario (1571-1848)

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Dulce Señor, enamorado mío,

¿adónde vais con esa cruz pesada?

Volved el rostro a una alma lastimada

de que os pusiese tal su desvarío.

O

De sangre y llanto entre los dos un río

formemos hoy; y si a la vuestra agrada,

partamos el dolor y la jornada,

que de morir por Vos, en Vos confío.

O

¡Ay, divino Señor del alma mía!

No permitáis que otro nuevo esposo

me reconozca suya en este día;

O

bajad de vuestros cielos amoroso,

y si merece quien con vos porfía,

dadme estos brazos, soberano Esposo.