P. JUAN CARLOS CERIANI: SERMÓN PARA EL CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Sermones-CerianiCUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

La Iglesia cuenta ya las horas de espera; día y noche está vigilante; y sus Oficios toman una extraordinaria solemnidad a partir del 17 de diciembre.

En Vísperas exterioriza con majestad sus ansias de Esposa por medio de ardientes exclamaciones al Mesías, en las que le da todos los días un título magnífico tomado de los Profetas.

Hoy da el último golpe para conmover a sus hijos. Con ese fin nos transporta al desierto; nos muestra a San Juan Bautista, de cuya misión nos ha hablado ya el Domingo pasado.

La voz del austero Precursor traspasa el desierto y se ha hecho oír en las ciudades. Predica la penitencia, la necesidad de purificarse en espera del que va a venir.

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Este Domingo es llamado Rorate cæli a causa del Introito (Destilad, cielos, el rocío de arriba; nubes, lloved al Justo; ábrase la tierra y germine al Salvador); pero con más frecuencia se le da el nombre de Canite tuba, por las primeras palabras del primer Responsorio de Maitines y de la primera antífona de Laudes y Vísperas.

El Canite tuba está tomado del capítulo II del Profeta Joel:

Tocad la trompeta en Sion, dad la voz de alarma en mi santo monte. Tiemblen los moradores todos de la tierra, porque viene el día de Yahvé; ya está cerca. Día de oscuridad y de densas tinieblas, día de nubes y de sombras espesas. Como la aurora sobre las montañas, así se derrama un pueblo numeroso y fuerte, tal como nunca ha existido desde el principio, ni existirá después de él en el transcurso de las generaciones. Delante de él va fuego devorador, y en pos de él llama abrasadora. Delante de él la tierra es como un jardín de Edén, y detrás de él un desierto, una desolación. No hay quien pueda librarse de su poder. Su aspecto es como el aspecto de caballos, y como jinetes, así corren. Saltan sobre las cimas de las montañas con un estruendo semejante al de los carros; su ruido es como el crepitar de llamas de fuego que devoran la paja; como un pueblo fuerte, así se ordenan para batalla. A su presencia se estremecen las naciones y todas las caras se ponen pálidas. Corren como campeones, como hombres de guerra escalan el muro; marchan cada cual por su senda, sin desviarse de su camino. No se empujan unos a otros, cada uno sigue su rumbo; y aun cayendo sobre espadas no se hacen daño. Asaltan la ciudad, corren por el muro, escalan las casas, entran por las ventanas como el ladrón. Ante ellos tiembla la tierra, se conmueve el cielo; el sol y la luna se oscurecen, y las estrellas pierden su resplandor. Yahvé hace resonar su voz al frente de sus batallones, pues muy grande es su ejército, y fuertes son los que ejecutan sus órdenes. Porque grande es el día de Yahvé y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?

El Profeta Joel pinta la invasión de las langostas, o sea el enemigo invasor que viene del norte, su enorme masa, su orden y disciplina, el pánico de la gente, etc. Las imágenes de este capítulo fueron retomadas por Jesucristo al describir la destrucción de Jerusalén y el fin del siglo.

Según esto, y dado el carácter escatológico del Profeta Joel, algunos ven aquí a los pueblos que vienen para la gran batalla de Armagedón.

Comenta Fillion, diciendo: “Es el día del Señor. La descripción vuelve a retornar del tipo al antitipo, del espanto causado por las langostas, a los terrores que precederán al gran día de las venganzas de Yahvé. La transición tiene lugar suavemente, naturalmente, porque las imágenes empleadas por el escritor sagrado se ajustan todavía muy bien a la plaga de las langostas aunque van ahora más allá de ella”.

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COMENTARIO A LAS ANTÍFONAS “O”: DÍA 3

19 de Diciembre:

O Radix Jesse

¡Oh Retoño de la raíz de Jesé!, que te levantas enhiesto como una bandera, visible a todos los pueblos: ante ti enmudecen los reyes, a ti claman los pueblos infieles. Ven, no tardes más: sálvanos.

Cristo es el Rey, el Señor. El Dios fuerte es, al mismo tiempo, hombre. Es un descendiente de la casa de Jesé, de la casa de David, de la casa real de Judá.

La casa de David, del gran rey, ha perdido ya su trono. La antigua familia real se halla sin esplendor, se ha convertido en una rama marchita, rota.

Sin embargo, de su viejo tronco brotará un nuevo retoño: el Rey del mundo.

De Él dice Dios: Tú eres mi Hijo. Yo te doy en herencia todos los pueblos; te entrego en posesión todo el universo (Salmo. 2, 7).

Él será grande. Dios le dará el trono de su padre David; y reinará eternamente sobre la casa de Jacob; y su reino no tendrá fin (San Lucas 1, 32).

Contra toda oposición, y a despecho de todas las dificultades, Él fundará su Reino en el mundo: el reino de la verdad, de la justicia, de la gracia, de la santa Iglesia. Sigue leyendo

LAS GRANDES ANTÍFONAS “O” – DÍA 19

Desde el día 17 de Diciembre, la Iglesia hace siete llamamientos apremiantes al Niño Jesús, a quien todo el mundo espera con ansias en la próxima fiesta de Navidad, y los hace con las siguientes antífonas en la hora de Vísperas.

Empiezan todas con un título o nombre distinto, sacado de la Biblia y aplicado al Salvador. Los fieles pueden rezar las siete antífonas cada uno de los últimos siete días de adviento, desde el 17 al 23, y así hacer un septenario de preparación para Navidad.

DÍA 19:

O Radix Jesse

O Radix Jesse, qui stas in signum populorum,

super quem continebunt reges os suum,

quem Gentes deprecabuntur:

veni ad liberandum nos, jam noli tardare.

Oh Raíz de Jesé

Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos;

ante quien los reyes enmudecen,

y cuyo auxilio imploran las naciones:

ven a librarnos, no tardes más.

COMENTARIO A LAS ANTÍFONAS “O” – DIA 2

18 de Diciembre:

O Adonai

 

¡Oh Adonai!  (Dios fuerte), y Guía de la casa de Israel, que apareciste a Moisés en medio de una zarza ardiendo y le diste la Ley en el Monte Sinaí: ven, alárganos tu mano y sálvanos.

¡Oh Adonai! El Redentor que nosotros esperamos fue quien se apareció a Moisés en el desierto, en medio de una zarza ardiendo, y quien le comisionó para salvar a Israel de la esclavitud de Egipto, y quien le salvó de todas sus persecuciones.

Él fue quien le condujo con mano robusta a través del Mar Rojo; quien le dio la Ley en el Monte Sinaí; quien le guió por el desierto, vistiéndole, alimentándole y saciando su sed. Él fue, finalmente, quien le abrió las puertas de la Tierra de Promisión.

Él viene también ahora como Redentor, es el Salvador y el Guía de la Santa Iglesia.

¡Oh Adonai!, alárganos tu mano y sálvanos. El enemigo de la salvación, de las almas, de la Iglesia, levanta hoy orgulloso su cabeza; quiere aniquilar la fe en Dios, la fe en Cristo, la religión cristiana.

Los hombres vuelven la espalda y se alejan del verdadero Dios, buscando otros dioses, que ellos mismos se fabrican.

Del verdadero Dios, ni hablar siquiera. Todo lo que no sea Él, puede consentirse, todo puede aceptarse, incluso los ideales y las aspiraciones más ridículas. Sigue leyendo

LAS GRANDES ANTÍFONAS “O” – DÍA 18

Desde el día 17 de Diciembre, la Iglesia hace siete llamamientos apremiantes al Niño Jesús, a quien todo el mundo espera con ansias en la próxima fiesta de Navidad, y los hace con las siguientes antífonas en la hora de Vísperas.

Empiezan todas con un título o nombre distinto, sacado de la Biblia y aplicado al Salvador. Los fieles pueden rezar las siete antífonas cada uno de los últimos siete días de adviento, desde el 17 al 23, y así hacer un septenario de preparación para Navidad.

DÍA 18:

O Adonai

O Adonai, et Dux domus Israel,

qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti,

et ei in Sina legem dedisti:

veni ad redimendum nos in brachio extento

Oh, Señor

Oh, Adonai (Señor), Jefe de la casa de Israel,

que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley:

ven a librarnos con el poder de tu brazo.

COMENTARIO A LAS ANTÍFONAS “O” – DIA 1

17 de Diciembre:

O Sapientia

 

¡Oh Sabiduría!, que brotaste de los labios del Altísimo; que llegas de uno a otro confín y lo vas disponiendo todo con suavidad y energía: ven y enséñanos el camino de la prudencia.

¡Oh Sabiduría! El Salvador, a quien adoraremos en el pesebre siendo un pobre Niño, es la Sabiduría, procedente del Padre desde toda la eternidad.

La Sabiduría eterna, que viene a nosotros como Salvador, ha creado todo lo que existe: el universo, el cielo, la tierra, los Ángeles y los hombres, la materia y el espíritu.

Ella ha dado a todos los seres su naturaleza propia, sus leyes particulares, sus formas internas y externas, sus proporciones y su modo de ser individual.

Ella es quien ha establecido las leyes que regulan la admirable armonía de toda la creación.

Ella rige y gobierna, con suavidad, pero, al mismo tiempo, con energía, todo cuanto existe, desde el más pequeño átomo hasta las estrellas más gigantescas. Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: MONS. WILLIAMSON, OBSESIVAMENTE TENAZ

bishopwilliamsseminaryOBSESIVAMENTE TENAZ

UNA VEZ MÁS

 

Una vez más en su Eleison n° 387, Monseñor Williamson insiste obsesivamente en su erróneo punto de vista argumentando indebidamente para justificarlo, actitud con la cual no hace más que debilitar y confundir a los fieles que resisten a la Roma apóstata; más le valiera no hablar ni escribir, puesto que no hace más que aumentar la confusión en los pocos fieles que aún quedan.

Por lo visto Monseñor Williamson, por más que distinga no hace sino confundir, puesto que para distinguir hay que tener la luz de la inteligencia bien formada filosófica y teológicamente hablando. No es precisamente con literatura y música que esto se logra, aunque si ayuda, lo cual es diferente.

Si de distinciones necesarias se trata (como él pretende), la lengua latina es muy precisa y concisa, con la ventaja además de no verse modificada en su significación con el transcurso del tiempo, justamente por ser una lengua muerta. En latín no es lo mismo hic (este), que hoc (esto).

Y así, Santo Tomás al explicar la fórmula (forma) de la transubstanciación del pan, dice por qué se pone hoc (esto) y no hic (este), lo cual sería inválido, al no permanecer la sustancia del pan sino nada más sus accidentes (especies del pan), lo cual está expresado por el pronombre demostrativo hoc (esto), en cambio, si la sustancia del pan permaneciera (lo cual es herético) después de la transubstanciación cabría decir entonces hic (este), como pronombre demostrativo masculino, que hace referencia a la cosa (res), lo cual es del orden de la substancia y no únicamente de los accidentes, que es lo único que permanece del pan después de la consagración; luego poner en la fórmula de la consagración del pan, este (hic) en lugar de esto (hoc), invalida la consagración.

Por eso, decir en la traducción del Eleison al español (aunque esto en inglés no se percibe): “Este es mi cuerpo, es ciertamente válido”, es no tener ni idea de la teología sacramental y desconocer por completo a Santo Tomás, pues es justamente lo contrario, ya que esa fórmula sacramental es ciertamente inválida; aquí tenemos otro despiste más de Monseñor Williamson y no en cosa de poca monta. Dicho sea de paso, la gran mayoría de los misales en español para los fieles adolecen del mismo grave error por desconocimiento teológico.

De otra parte si vamos a la forma sacramental de la consagración del vino, es falso lo que afirma Monseñor Williamson al decir: “Este es el cáliz de mi sangre, es lo más probable que sea válido”, pues no se trata de si es más probable o menos probable, se trata de si es o no es, y ciertamente no son válidas esas solas palabras, si nos atenemos a lo que dice Santo Tomás y a la teología sacramental, pues no se trata de la sola sangre (de la conversión de la substancia del vino en la sangre de Cristo, como quien dice de la sangre que le circula por las venas) sino de la sangre derramada, por nosotros, en la Cruz, lo cual es muy distinto, es decir, no se trata solamente de la sangre como sustancia sino además de la sangre derramada, esto es, de la efusión de la sangre efectuada por la muerte de Nuestro Señor en la Cruz.

Como dice Santo Tomás de Aquino la forma sacramental de la consagración del vino debe significar el sacrificio de la Cruz, por la efusión de la sangre, la cual se operó cruentamente (físicamente) en la Cruz y se renueva incruentamente (sacramentalmente) sobre el altar por la efusión sacramental de la sangre. Sin Cruz no hay muerte, la cual se efectúa por la efusión de la sangre, luego sin efusión no hay muerte, por eso en la Santa Misa para que sea el verdadero sacrificio renovado sacramentalmente sobre el altar, tiene que haber efusión sacramental, sin la cual no hay muerte sacramental que es lo que se efectúa en la Santa Misa.
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