EL ATELIER DE SAN JOSÉ: MEDITACIONES SOBRE LA DEVOCIÓN Y EL PATROCINIO DE SAN JOSÉ – 1º MEDITACIÓN

MEDITACIONES SOBRE LA DEVOCIÓN

Y EL PATROCINIO DE SAN JOSÉ

PRIMERA MEDITACIÓN

MOTIVOS DE LA DEVOCIÓN A SAN JOSÉ

Punto 1. El primer motivo de devoción a San José es ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo.

Siendo en efecto nuestro Divino Maestro el modelo por excelencia de todo fiel cristiano, nada más justo que los que llevamos impreso su carácter sagrado, nos esforcemos en conformar a la suya nuestra conducta. Él mismo nos ha mostrado ser esta su divina voluntad con estas palabras: “Os he dado ejemplo, para que vosotros también hagáis, así como yo he hecho” (Juan, XXIII, 15).

Ahora pues, aunque el Espíritu Santo nos ha ocultado los testimonios particulares de respeto y de veneración que diera Jesús a San José en los largos años de su vida familiar, nos ha dejado sin embargo revelado lo suficiente para formar de ellos el concepto más elevado. Consta, en efecto, del Sagrado Evangelio, que Jesús era tenido entre sus conciudadanos por hijo del artesano José, aprobándolo él mismo con su conducta. Consta además del mismo Sagrado Texto, que Jesús estaba sujeto (San Lucas, II. 51) a María y a José en su vivienda de Nazaret, desde los doce años de su edad hasta los treinta. Jesús, pues, honró en su vida mortal a San José, ya reconociéndole como Padre suyo Putativo, ya reverenciándole, obedeciéndole y amándole cual pudiera hacerlo el mejor de los hijos para con el mejor de los padres.

Considera ahora la sublimidad y grandeza del honor, de la veneración y del amor de Jesús hacia José, que se nos revelan en tales actos. Jesús, Hijo de Dios vivo, a quien se ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra, obedece sumiso a José durante largos años…. Jesús, cabeza de los Ángeles y de los hombres, respeta a José como si fuera su Padre…. Jesús, en fin, de quien los Ángeles y Santos tienen a grande honra el ser ministros y siervos fieles, honra, sirve y ama a José como si fuese su superior…. ¿Quién imaginará jamás una honra igual a ésta? ¿Cómo podremos, pues, dejar de honrar también nosotros y de venerar a este gloriosísimo Patriarca?

Mas ¿Qué honra podremos tributaros, oh Santo sin igual, que sea digna de Vos? ¡Ah! aceptad nuestros pobres obsequios, y ya que tan poco valen, alcanzadnos la gracia de que sean cada día más dignos y de que crezca siempre en nuestro corazón la devoción y el amor hacia Vos.

Punto 2. El segundo motivo de devoción a San José es el ejemplo de la Santísima Virgen María.

Entre los sueños misteriosos con que Dios reveló al antiguo Patriarca su futura grandeza, uno fue aquel en que vio cómo el sol y la luna le adoraban (Génesis, XXXVII, 9). Mas lo que fue para aquel antiguo Patriarca un sueño, he aquí que San José lo vio convertido en felicísima realidad en la sujeción y obediencia con que Jesús y María le honraron en su vida sobre la tierra.

Si Jesús, en efecto, verdadero Sol de justicia, honró a San José como a Padre, aunque putativo, María, esa mística luna, que recibe y comunica a la tierra la luz del Sol, o sea la gracia de Jesucristo, honró también a San José obedeciéndole, amándole y sirviéndole cual puede hacer la mejor de las esposas con el más digno de los esposos.

Ella además, no sólo le reconoce y ama como a Esposo suyo, sí que también como a Padre Nutricio de Jesús llamándole aún en público con este honrosísimo nombre. Y por aquí se puede conjeturar, si no comprender, cuál fue el amor, el respeto y la veneración con que la divina María distinguiría a su castísimo Esposo en todo el curso de su vida común y doméstica.

No, nunca ha habido en el mundo esposa alguna que más haya amado, ni mejor servido y obsequiado a su esposo, que María a José, aunque muy superior a él en dignidad y santidad. Así se porta movida del ejemplo de Jesús e impulsada por el sentimiento de su propio deber, no menos que por sus eminentísimas virtudes.

Cuando, pues, así ha honrado a San José la Madre de Dios y Madre nuestra, ¿no deberemos también hacer otro tanto los que queramos ser sus hijos?

Oh Patriarca santísimo, bien quisiéramos honraros y ser vuestros más fervientes devotos, pero…. ¡somos tan miserables!…. Alcanzadnos, pues, por María la gracia de saber honraros dignamente.

Punto 3. Otro de los motivos de devoción a San José es el ejemplo de nuestra Madre la Iglesia.

En el sueño en que el antiguo Patriarca José vio cómo le adoraban el sol y la luna, vio también como once estrellas le adoraban (Génesis, XXXVII. 9), lo cual, si para aquel hijo de Jacob significó el homenaje que un día habían de tributarle sus once hermanos, respecto de nuestro Santo Patriarca vino a presagiar cómo, después de Jesús y María, vendrían un día a inclinarse ante sus eminentísima dignidad, bien los once Apóstoles que siguieron fieles a Jesús, bien la universalidad de santos, o sea, la Iglesia Santa.

Cierto que durante muchos siglos no se dio en la Iglesia tan suntuoso culto a nuestro ínclito Patriarca, ocultándose en parte por justos motivos la brillantez de su gloria. Mas desde que plugo a la Providencia apartar los obstáculos que impedían dar a conocer al mundo las eminentísimas prerrogativas de San José, ¡cómo se ha visto felizmente realizado en él el sueño de las once estrellas, que adoraban al antiguo hijo de Jacob!

En realidad, de algunos siglos a esta parte la devoción a San José ha venido como a formar el carácter de los más grandes Santos. Así mismo muchos Sumos Pontífices, no sólo le han profesado cordialísima devoción, sí que también se han esmerado en ordenar a su favor nuevas demostraciones de culto público, con el fin de propagarla.

Estaba sin embargo reservado a la presente aciaga época el ver a San José sublimado por la Iglesia a un rango superior al de todos los demás Santos. A Él en efecto le ha sublimado el título de Patrono de la Iglesia Católica, con que con aplauso universal de los fieles y para fomentar en sus corazones la devoción y confianza hacia Él, le ha condecorado el inmortal Pío IX. Así ha creído el Papa deber honrar, después de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de María, al que fue Esposo Virgen de esta Madre Virgen.

¿Qué más, pues, se puede desear, o qué mejor ejemplo y estímulo proponer para decidirnos a abrazar de todo corazón la devoción a San José como la más útil para nosotros y la más grata a los ojos de Dios, después de la de Jesús y María?

¡Oh Santo privilegiado! Aquí nos tenéis postrados a vuestros pies; sed nuestro protector y hacednos dignos de ser vuestros más fervorosos devotos.

Acerca de Fabian Vazquez

La Voz de la Tradición Católica, con la Verdad aunque duela.