PADRE CASTELLANI: LA EXÉGESIS ACTUAL

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LA EXÉGESIS ACTUAL

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Vamos a decir cuatro palabras sobre el estado actual de la exégesis de la Escritura. Olvidemos un momento las complicaciones de la política argentina para considerar una complicación más importante—e igualmente urgente. El problema actual más grave de la religión (tanto para católicos como para protestantes y judíos) es el “midrashismo”. El midrashismo es simplemente un escuela exegética que considera o tiende a considerar toda la Sagrada Escritura como fábulas o “mitos”. Un sacerdote me dijo anteayer: “Se espantaría Ud. Si viera los progresos que ha hecho esa escuela en la Argentina”. No me espantaría mucho porque he estado como sumergido en ese medio en Europa por mucho tiempo: cuando estuve en Lovaina preparando mi tesis en 1933 me encontré con el P. Alberto Hurtado S.J., joven chileno que estaba estudiando en Eegenhoven y estaba entusiasmado con un joven profesor de Escritura que aplicaba el “midrash” al Nuevo Testamento; en tal forma que, por ejemplo, los Tres Reyes Magos eran un cuento. Yo le dije riendo que si suprimían los magos de Belén, por el mismo precio podían suprimir también al Niño Jesús. Pero cuando ese mismo año estuve en Londres, me dí cuenta que el racionalismo bíblico no era cosa de risa: dominaba en la Iglesia Metodista y otras sectas menores; y comenzaba a penetrar aún en la exégesis católica y en la predicación.

Exégesis es interpretación. No hay que asustarse desa ciencia dura, erizada de ciencias auxiliares. Cualquier maestra que explique a los alumnos Fray Luis de León o siquiera el Martín Fierro (dudo que expliquen eso ahora) hace exégesis, es decir, busca el sentido del poema; lo que hay es que aplicamos esa palabra solamente a la Biblia, por tratarse de un libro—muchos libros—lejanos a nosotros y difíciles. Los fieles tienen que entender la Escritura bien y no mal; y los sacerdotes al rezar el Breviario cada día, tenemos que alabar a Dios con palabras que entendamos y no con palabras sin sentido, como las monjas de Santa Teresa que cuando cantaban el Breviario “decían pocas verdades”: las pobres probablemente rezaban mejor que yo; que tengo que leer libros tocados de “midrashismo”, y a veces encierran mucho talento (erudición almenos) y por tanto turban el ánimo. Como el Comentario al Apocalipsis del P. Alló o del P. Bonsirven.

“Midrash” es una palabra hebrea que significa fábula, o bien ornamento literario, o añadidura; y designa técnicamente las ilustraciones literarias que se hallan en la literatura hebrea (muy abundantes en la literatura rabínica o talmúdica) como por ejemplo narraciones que no tienen valor histórico ni literal sino solamente legendario o alegórico. ¿Hay “midrash” en los libros canónicos? Cierto que lo hay; pero esta siempre claramente indicado. Hay 7 géneros literarios diversos en la Biblia, de los cuales 4 son “midrash”: 1º) la fábula, de las cuales hay solamente 2 en la Escritura; 2º) lanovela histórica” que diríamos hoy, como el libro de Tobías y el libro de Ruth, un suceso real poetizado; 3º) meditaciones religiosas, como el libro de la Sabiduría, cuyas máximas se ponen en boca de Salomón se dirigen a todos los Reyes de la tierra, siendo así que no lo escribió Salomón; lo mismo que el Eclesiastés; y el libro de Job que es un gran poema teológico basado quizás en un hecho real; y finalmente, 4º) las parábolas, en las cuales Jesucristo indica explícitamente que son “semejanzas”: “Semejante es el Reino de los Cielos a…” Pero existen tres géneros que ciertamente no son “midrash”: los libros históricos a los cuales pertenecen los Evangelios; aunque sea una historia algo diferente de la actual; los libros rituales y legislativos, como el Deuteronomio; y los libros proféticos, que constituyen una masa imponente; en los cuales sin embargo también se encuentran alegorías; pero indicadas como alegorías.

Tomemos el caso más claro de Midrash, la visión de Ezequiel, con la cual el profeta es llamado a profetizar. Al final de la fiera visión, el profeta declara que es una “semejanza de la Gloria de Dios” (La Gloria de Dios para los hebreos era una persona que obraba en el mundo sin dejar de ser Dios, lo que nosotros llamaríamos el Hijo de Dios; lo mismo la Sabiduría de Dios del libro de la Sabiduría: no es un atributo o cualidad de Dios, es una persona).

Esta “semejanza de la Gloria de Dios” consiste en 4 animales y una rueda compuesta de cuatro ruedas que encimas están llenas de ojos; que ningún dibujante del mundo ha podido jamás representar bien; las cuatro ruedas llenas de ojos caminan con los cuatro animales, lo cuales tienen cuatro cabezas cada uno “como de hombre” y sin embargo, los dos de la derecha tienen rostro de hombre y de león, el de la izquierda rostro de buey, y arriba hay uno con rostro de águila; y todos tienen cuatro alas cada uno y debajo de las alas, manos; y además pezuñas de becerro. Les doy la descripción que está en el Profeta en literal crudo. Los hebreos prohibían leer esta descripción a los jóvenes hasta que tuvieran 30 años; lo mismo que el Cantar de los Cantares: y con razón; hoy día, conociendo más las leyes del estilo oral y sus repeticiones (tediosas para nosotros) sabemos no son cuatro cabezas cada una sino una cabeza, como lo entendió San Juan en el Apocalipsis; el cual hace a los cuatro animales figura de los cuatro Evangelistas. Y la rueda multiplicada por cuatro es simplemente un carro que transporta la gloria de dios. Los animales están tomados simplemente de las esculturas de los dioses (o “querubes”) asirios, enormes cuerpos de toro con caras de hombre o de águila y melena de león; y alas. Para los asirios esos eran espíritus—símbolo de espíritus; el Profeta los hace símbolo de ángeles—querubes o querubines en quienes se asienta Dios.

Esta visión está envuelta en fuego y fieros resplandores y centellas: es curioso que el profeta nombra la electricidad, “elektrós” (ελεκτρός) que significa el ámbar, del cual los antiguos sabían brotaban chispas electricas; el profeta ve un ámbar impregnado de fuego. Encima del carro, en medio de una especie de sol aparece Dios en figura de hombre, exhorta con gran severidad al profeta a profetizar sin miedo, y le tiende un libro que tiene que comerse, lleno de improperios, amenazas y ayes de dolor; el cual sin embargo al ser comido le sabe dulce como la miel; rasgo que también reprodujo San Juan Apokaleta.

Este es el “midrash” de Ezequiel; para la interpretación católica literal simbólica no tiene dificultades: es un símbolo del llamamiento divino a la vocación profética e incluso al martirio, lo cual produce (naturalmente) una gran conmoción mística en Ezequiel, como en todos los profetas; símbolo que está construido con los elementos sensibles conocidos en ese tiempo. Les diré otra interpretación nacida del disparaterío y el coheterío de nuestro tiempo: el escritor yanqui Arthur W. Orto, instructor de Astronáutica, escribe en la revista Analog Science Fact Fiction, número de marzo 1961, que lo que vio Ezequiel fue un helicóptero venido del planeta Marte; y eso son el carro y las cuatro ruedas; el fuego es la energía atómica; y los cuatro extravagantes animales son los tripulantes; y va aplicando rasgo por rasgo de la visión a los platos voladores. Esta digamos, es interpretación literal cruda; y es buen ejemplo del despatarro que ha introducido en la exégesis el principio protestante del “libre examen”; pues el autor es protestante ferviente: se cree exégeta.

Concuerda con lo que enseñó un profeta de Moscú, que Jesucristo fue un ser de otroa planeta que vino a adoctrinar a nosotros terrícolas; y después regresó de nuevo a su astro en un platito volador, lo cual sería su Resurrección y Ascensión a los cielos, anoser se haya quedado dando vueltas como un satélite, que parece más probable.

A estos dos habría que prohibirles leer la visión de Ezequiel hasta los 63 años.

Bien, quería decirles que hoy día hay solamente dos modos de exégesis; el literal simbólico y el midrashista o alegórico. Al literal adhiere la Iglesia Católica y la Iglesia Luterana (Kirkegor, de quien hablaré próximamente fue luterano) y una parte de los judíos ortodoxos, como Martín Buber. La exégesis católica no es un bloque y en ella ha habido abusos y errores, por supuesto: un exégeta de los cuatro primeros siglos como San Irineo es muy diferente de un exégeta del Renacimiento como Maldonado y más diferente aún de uno actual como Kirkegor o Frank-Duquesne; pero debajo de todas las idiosincracias y modas existe el hilo conductor irrompible de buscar el sentido literal, el cuan no puede ser más que uno: lo que quiso decir Jesucristo, lo que quiso decir Ezequiel. Frente a esta exégesis se yergue hoy ese gran desparramo del midrashismo. Sus dos extremos son la interpretación literal cruda (basada en “la dictación” que decíamos en la primera conferencia) la cual ya no es exégesis, pues consiste en tomar al pie de la letra todo cuanto dice la Biblia, no se necesitan muchos estudios o quebraderos de cabeza; como el obispo católico inglés Charles Walmesley que escribió en francés un comentario del Apokalipsis con el pseudónimo de “Pastorini” donde dice que el ejército de 200 millones de jinetes significa un ejército de demonios que permitirá Dios venga a la tierra en los últimos tiempos: de demonios y no de hombres, por las formas espantosas con que los describe San Juan (cabezas de león que arrojan fuego, humo y azufre, colas que también matas, cuerpos de metal) descripción que evidentemente describe simbólicamente los “carros de guerra”; o sea, lo que llamamos nosotros “unidades blindadas”. Es un símbolo; y mejor símbolo no se puede hacer de nuestros tanques de guerra.

El otro extremo de la exégesis heterodoxa lo constituye el “midrashismo total” que luego veremos; cual tampoco es exégesis, pues no interpreta la Escritura sino que la destruye simplemente, convirtiendo los Libros Sagrados en un montón de literatura; y mala literatura de yapa, literatura estrafalaria y de mal gusto, que al fin no se puede saber nunca lo que quiere decir. Se puede estudiar como se estudia la literatura en Finlandia, por ejemplo; y ni aun eso, porque la de Finlandia es actual, y esta es viejísima, “literatura de la Edad de Piedra” la llama Aldous Huxley.

¿Y qué nos importa a nosotros del “midrashismo total”? Hace poco recibí una carta del P. Juan Santos Gaynor residente en Roma donde me relata que, estando allí con el P. Hernán Benítez, conversaron con un sacerdote joven estudiante del “Instituto Bíblico”, y quedaron asombrados si no escandalizados del grado de “racionalismo” con que se trataba la Escritura en ese famoso Instituto, antaño baluarte de la ortodoxia e incluso del rigorismo. No me traslada lo que les dijo el estudiante; pero yo lo puedo suponer, lo sé de sobra.

Este “midrashismo total” es la parte más aguda de la herejía moderna, que podemos llamar “naturalismo religioso”, y el siglo pasado se llamó “modernismo”, pero ya ha rebalsado enteramente la condena de San Pío en su encíclica “Pascendi”. En cierto modo es peor que el ateísmo y la indiferencia, porque da un cauce al sentimiento religioso, que es natural al hombre. ¿Un cauce hacia dónde? Hacia la idolatría. ¿La idolatría de qué? La idolatría del Hombre: poco me importa que se concrete en la idolatría del Estado o Estatolatría, la idolatría de la Ciencia, o la idolatría del Progreso, o del Arte, o de la Belleza, o de la Fuerza, o de la Técnica. “Yo soy el Dios único. No adorarás la obra de tus manos” dice el segundo mandamiento. No crean es cosa nueva, pero ella cunde enormemente en el mundo actual, aquí también, en todas partes: ella es como el fondo común de todas la herejías. El ataque a la Escritura como palabra de Dios es eterno: en el siglo I, el filósofo Philón y el rabino Eliezer fueron los primeros midrashistas; poco después el pagano Celso, cuando el cristianismo ya se hacía visible en Roma, el pagano Ceso escribió un libro en que (entre otras cosas) trata de probar que los Evangelios son novelas; Discurso veraz contra los cristianos, siglo II; y de entonces acá, todas las herejías se han basado en interpretaciones caprichosas de la Escritura; y en el siglo XVI, el principio del “libre examen” protestante produjo el disloque; ni soñaron los primeros protestantes que sacando al Papa de su trono y poniendo en su lugar la Biblia, iniciaban la destrucción de la Biblia; Lutero enseñó que él interpretaba bien la Escritura, porque era doctor y sabía griego y hebreo—“el asno del Papa no”; y se enfureció contra Bucero y Swinglio porque interpretaron diferentemente que él las palabras de Cristo: “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”. Ahora hay en la teología protestante 16 interpretaciones diferentes desas sencillas palabras; a lo mejor hay más, puede 200; yo no lo sé: yo conozco 16.

Vivimos una época llena de confusión y atenazada por el temor; la inmensa maquinaria de la propaganda y de la difusión, servida por la técnica más maravillosa, no trabaja en pro de la Revelación, qué esperanza, ni siquiera en pro de la Razón; sino de la ligereza, de la distracción, de la confusión; el mundo se divierte, hasta demasiado, pero está recorrido por debajo de una sorda desesperanza. ¿Qué quieren que les diga? Navegamos en medio de la niebla y en medio de la tormenta; navegamos sin embargo hacia el Reino de Dios, así lo espero; por lo más oscuro amanece. La Providencia de Dios no puede abandonar al mundo que creó. ¿Qué se nos pide? Hacer cada uno en su lugar lo que pueda. No se nos pide que salvemos al mundo: eso pertenece a Dios. “Crede Deo”: confía en Dios.

Volviendo a nuestro “midrashismo”, del cual no hay que asustarse demasiado, pues como les digo, es muy viejo, les traduciré lo que dice sobre él la revista Time de Nueva York el 17 de marzo 1961:

La idea de que las Escrituras Cristianas son mitológicas más bien que históricas, aunque sostenida solamente por muchos teólogos protestantes, ha levantado (“has kicked up”) un torrente de controversia alrededor del descarado (“outspoken”, lengualarga) obispo Episcopaliano de San Francisco, Jaime A. Pile (cf. Time, 24 febrero). Su exabrupto tiene su correlativo en el catolicismo romano. El obispo Pike sugiere que incluso la antigua doctrina del Nacimiento Virginal de Cristo no es sino un modo mitológico de presentar la idea paradojal de un hombre divino, Hombre y Dios a la vez. Más cautos que eso, los adherentes católicos a la idea (es decir, católicos yanquis) evitan la palabra “mito”. Pero esta nueva visión de los Evangelios es altamente turbadora para los católicos “conservadores” (el Cardenal Ottaviani), y por otra parte, está tan difundida entre universitarios católicos, cofradías y seminaristas, que ha provocado una descarga por parte de un teólogo señero…

El objeto de la descarga es la teoría de que los primeros capítulos de Mateo y Lucas no deben considerarse históricos ni verídicos, sino lo que los judíos llaman un Midrash. Un “midrash” es una glosa de un pasaje bíblico, sea en término analítico-legales (Halacka-midrash), sea en términos dramáticolegendarios (Hágada-midrash). En aquesta categoría la teoría midrashista coloca la narración evangélica del nacimiento de Jesús—incluyendo la Anunciación del Ángel a María, la concepción milagrosa, el relato de los Magos y la huída a Egipto…

Repulsas a esta “nueva visión” de la Escritura surgen de más en más entre los católicos cultos. El jesuita Francis L. Filas, catedrático de Teología en… Chicago, escribe en The Priest: “Un choque de sorpresa ha ocurrido entre curas, monjas, universitarios y público en general ante afirmaciones tales como: 1º) El ángel Gabriel jamás hizo ningún anuncio a Nuestra Señora: la noticia de Lucas no es más que una pía meditación sobre la aparición del Verbo… que es el único hecho cierto en la narración evangélica…

¿Cómo lo saben, digo yo? Si los Evangelios son unos documentos tan extremadamente mentiroso, nada de cierto podemos sacar de ellos. Más lógico sería negar la existencia de Cristo, pero entonces le acaba la pitanza al obispo metodista.

2º El suceso de Navidad fue el nacimiento ante algunos testigos de un hombre que después se hizo famoso…

3º Es probable haya un poquito de historia en el segundo de Mateo; pero los pormenores, incluso la existencia de los magos, no se deben admitir: es una glosa piadosa acerca de la manifestación (posterior) de Jesús a los Gentiles.

El P. Filas concluye con una refutación bastante vacilante y tímida desde “método” (llamémosle así) aunque al final lo califica de “arrojar la exégesis a los perros” (thrown up for grabs). Efectivamente este método o falta de método hace saltar en pedazos los Evangelios.

Este método es la interpretación alegórica llevada a la demencia. Pensaba poner como segundo ejemplo un libro argentino titulado El Hombre, en que un cordobés, Estebas Sfoggia, interpreta los Novísimos (Muerte, Juicio, Infierno y Gloria) aplicándoles la alegoría y el “libre examen”. Es un creyente y ha leído mucho la Biblia; pero para su perdición.

Paso al tercer ejemplo, que es más importante. Voy a exponerles la exégesis alegórica de un trozo del Apokalipsis hecha por el P. Joseph de Bonsirven, jesuita francés de origen judío; y después la interpretación literal tradicional.

El libro de Bonsirven, Comentario del Apokalipsis ha salido en una colección muy acreditada, Verbum Salutis, con toda clase de aprobaciones, incluso del Rector del Instituto Bíblico, Ernesto Vogt. En la tapa del libro escribí después de leerlo: “Esto no es una disertación, es una diarrea”; y en la última página: “Pensar que por este bodrio inútil me han sacado ¡92 pesos!”.

Tomo una página cualquiera, la perícopa de las Siete Fialas (o frascos) de la ira de Dios, cap. 16. Evidentemente significan los castigos de Dios a los impíos.

Al sonido de la Séptima Tuba o Trompa, que también evidentemente significa la Parusía o el Advenimiento de Cristo, salen siete ángeles vestidos de vestes sacerdotales y reales, como el mismo Cristo; y uno de los Cuatro Animales (alusión a Ezequiel; “animales” significa “vivientes, seres vivos”), les da las siete Fialas del día de la Ira—expresión técnica de la Escritura que siempre significa el Último Juicio; y el Templo se llena de humo por la majestad de Dios (también Ezequiel) y nadie puede entrar en el Templo. Los ángeles vuelcan las copas sobre la tierra, primero cuatro, después dos, y después de una visión intermedia (la Guerra de los Continentes) la última Fiala, que significa el Advenimiento: siempre el último término del Septenario (hay 4 Septenarios en el Apokalipsis) significa patentemente la Segunda Venida de Cristo.

Las siete “plagas últimas” son:

 Primera:una llaga fiera y vergonzosa

 Segunda:el mar se vuelve sangre muerta

 Tercera:los ríos y las fuentes se vuelven sangre

 Cuarta:el sol aumenta su calor y atormenta a los hombres

 Quinta:la sede de la Bestia se inunda de tinieblas

 Sexta: se seca el río Éufrates; y sigue el gran ejército anticristiano: desde el Oriente para invadir el Occidente

 Séptima: la Parusía, precedida del hundimiento de Babilonia, la Ciudad prostituida.

Evidentemente estos no son sucesos que San Juan haya visto en su tiempo, como se esfuerza inútilmente en mostrar Bossuet; y después de él Alló y Bonsirven. O bien son delirios de un delirante, o bien son símbolos de sucesos futuros—esjatológicos, últimos: no hay escape.

Yo puse en verso las Siete Plagas en un libro mío: voy a leerlos con el fin de repetirles las siete plagas:

No eres feliz, mundo sin Dios. Creías

que sin Dios igual todo iría marchando

con más un haz de nuevas alegrías.

¡Oh pobre mundo de hoy! Estoy llorando

de ver que creés ser rico y sapiente

y fuerte y grande y abastado, cuando

Estás ciego, y robado y muy doliente

y pobre y triste y mísero y maltrecho

y descarriado desdichadamente

Siete copas de ira tu pertrecho

son, siete fialas, invisible rayo

con sangre de los mártires que has hecho.

Pasó ya el rocín rojo, el rocín bayo

y llega el rocín negro que es la muerte

y contra Dios no tienes pararrayo.

Vino la guerra y la posguerra inerte

viene el error, la crueldad tirana

y la persecución tres veces fuerte.

Que miente y mata y tienta sobrehumana

y si durase, ni los elegidos

podrían resistir su atarazana.

Mientras en trepe de atronantes ruidos

caen las copas de la ira sobre

los corazones pétreos y podridos.

Cayó la una copa y una podre

Nueva, una enfermedad fiera, encubierta

y vergonzosa rebalsó del odre

Volcó el segundo Ángel la retuerta

segunda copa sobre la mar viva

y la mar se hizo sangre, sangre muerta.

Volcó el tercero su putrefactura

tercera copa, y nuestra gran cultura

ríos de sangre fue, ponzoña activa.

Y el sol de nuestra ciencia calentura

se hizo a la cuarta; y a la quinta copa

la sede de la bestia se hizo oscura:

Faltó el Rey y el Legista en toda Europa

y mordía sus lenguas la que era

antaño de regir vidente tropa.

Y se secó el Gran Río, la frontera

móvil que la barbarie contenía

dejando paso al gran tropel de afuera.

Y esta es la Sexta copa; y todavía

la última, la Séptima, se aguarda

que es la consumación y la agonía.

En que se rompa la Ciudad Bastarda

en tres pedazos, y el capitalista

emporio, desde sus raíces arda.

La Urbe de rapiña y de conquista

que anuncia ya con sus tumeces grávidas

que su tiempo llegó; y está a la vista

La gran Águila del Evangelista

Y donde el cuerpo esté, vendrán las águilas…

Bueno, ¿cómo interpreta Bonsirven estos extraños símbolos?

Son simplemente una alegoría de los castidos de Dios a los malvados—en el curso de toda la Historia, empezando por las siete plagas de Egipto: es un drama que se prolonga todo a lo largo de la historia humana: primera plaga, ¿una úlcera dolorosa que hiere a los que llevan la marca de la Bestia y adoran su imagen? Esto me recuerda—dice Bonsirven—la sexta plaga de Egipto y la mordedura de las Langostas-Escorpiones de la Quinta Tuba. Nada más. Lo mismo hace con todas las otras Fialas, menos la Sexta: “me recuerdan tal cosa o tal otra”; no dice que hay que entender literalmente, sería demasiado crudo y raro; pero tampoco simbólicamente: son alegorías; pero no dice de qué cosas. La Sexta Fiala, que es la Guerra de los Continentes, indudablemente (aunque él lo duda) la misma guerra de la Sexta Trompeta—dice que puede ser la guerra de los Parthios contra los Romanos, o bien será quizás las invasiones de los pueblos “nórdicos” a Roma… ¿Cuál de los dos? No lo dice. ¡Y no es lo mismo! ¿Y el ejército de 200 millones? Es una exageración por supuesto, dice Bonsirven; una pequeña exageración del Profeta que resulta exagerador hasta el delirio (como lo tachó Renán) pues las incursiones de los Parthios a través del Éufrates eran de algunos centenares de jinetes a lo más. ¿Y las Tres Ranas? No se entiende nada lo que dice Bonsirven de las Tres Ranas. No se atreve a decir si son realmente diablos, o qué diablos son: se contenta con decir le recuerdan la segunda plaga de Egipto. ¿Y el gran día de Dios, el día de la ira grande de Dios Omnipotente? Bah, es una expresión bíblica corriente: y como todas las expresione bíblicas es dada como un hecho, pero no es un hecho, es “en su mayor parte alegoría”; o sea, es un midrash.

El capítulo no contiene absolutamente nada de seguro ni d fijo, puro puntos de interrogación o dudas; el intérprete—el pseudointérprete—resbala sobre los textos bíblicos, dejando al lector que interprete a su antojo, y sembrándole confusión en la mente, termina diciendo:

Este Septenario de Fialas es la última de estas visiones cíclicas (hay 4) y nos presenta una vista conjunta de los triunfos divinos, que comprenden a una mano el castigo de los enemigos, y a la otra, la felicidad de los elegidos… Por supuestos, todas son solamente, contemplaciones generales (pág. 259).

O sea, el Apokalipsis nos dice solamente que Dios castiga a los malvados y premia a los justos… ¡Lo sabíamos ya! No era necesario escribir otro libro; y un libro que en la exégesis de Bonsirven se convierte en una ensalada caótica de metáforas extravagantes que ni siquiera son coherentes entre sí, ni se puede saber lo que a punto fijo significan. Para eso inspiró Dios al Apóstol San Juan, al cual por otra lado llama Bonsirvén “un gran profeta” (pág. 18). ¡Un delirante! Tenía razón Renán entonces: un mitomaníaco.

Frente a esta exégesis alegórico racionalista y en el fondo descreída—porque elemina la profecía del profecta, y de rechazo invalida las profecías del Antiguo Testamento acerca de Cristo ¡que son para nosotros y para la Iglesia la prueba de la divinidad de Cristo!—está la exégesis literal—no literal crudo sino literal simbólico, como es obvio; pues no son lo mismo sino muy diferente alegoría y símbolo, como veremos. Yo puse una interpretación literal en Los Papeles de Benjamín Benavídes basada en los Santos Padres Antiguos y los grandes exégetas modernos. Brevemente, y solamente para que puedan comparar, y oigan las dos campanas:

Primera Fiala: el morbo “fiero y pésimo” como dice la Vulgata latina y en el texto griego es llamado “feroz y feo”, es decir, vergonzoso, es la sífilis. Expliqué esta interpretación en el libro Cristo ¿vuelve o no vuelve?

Segunda Fiala: volcada en el mar, el mar se vuelve sangre; evidentemente no cabe el literal crudo, pues se moriría la humanidad. Es de un símbolo ¿de qué? Del estropeo de las relaciones internacionales. Los mares son los que unen y ponen en contacto entre sí a las naciones; no las separan, como las montañas. Los contactos entre las naciones se han vuelto belicosos, guerreros, ensangrentados. Las cosas argentinas están ensangrentadas por las últimas dos guerras, batalla de las Malvinas, batalla de Montevideo o sea del Graf Spee.

Tercera Fiala: volcada en los ríos y fuentes los vuelve sangre, los envenena; es el envenenamiento de la cultura, de las fuentes culturales donde beben y deben beber los hombres para mantener sus instituciones, sus convivencias, sus gobiernos, su civilización, toda su vida: no cultura no es una cosa de lujo; la cultura es una cosa necesaria, lo opuesto a la barbarie. “Hoy día corromper y ser corrompido llaman cultura”—decía Tácito en el siglo III. ¿No se podría decir ahora algo así? Por lo menos lo que hace ahora la sedicente cultura es dispersar, frivolizar, confundir: y eso es una gran corrupción intelectual ; de donde resurte la corrupción moral.

Cuarta Fiala: volcada en el sol, el sol comenzó a atormentar a los hombres con calor y fuego: esto son los tormentos con que nos aflige la técnica (como la bomba atómica) pues en efecto toda la fuerza que maneja la técnica (calor, vapor, electricidad, energía nuclear) procede del sol, es energía solar transformada (incluso el uranio), y se puede simbolizar en el fuego; y la técnica actual ha acredido el fuego de que el hombre puede disponer en forma enorme; y gran parte del desasosiego y angustia del hombre actual viene déso. Sí pero la técnica también nos da los teléfonos. Bueno, también son un pequeño tormento.

Quinta Fiala: volcada en el sede de la Bestia la volvió tenebrosa; y se mordían la lengua de angustia los hombres; significa el entenebrecimiento de la política: todos los Santos Padres dicen que la sede de la Bestia (el sillón de Rivadavia) es el poder político. Me dirán que hoy día los políticos no se muerden las lenguas, las tienen demasiado sueltas… Esos son los politiqueros: los grandes políticos no saben qué hacer ni qué decir: se les ha entenebrecido el panorama: por ejemplo, Bruno Jacovella, que es un gran publicista, el mejor de la Argentina, no sabe qué salida hay para la Argentina. Dice Jaime Maritain que “los problemas actuales se han vuelto tan vastos y tremendos que los estadistas no saben resolverlos; más aun, no pueden ni abarcarlos”. Eso no está mal representado con “las tinieblas que han caído sobre el mundo” que dijo Pío XII en su alocución de Navidad de 1942.

Sexta Fiala: es la preparación de la Guerra de los Continentes: se seca el Río Éufrates para dar paso a los ejércitos; el cual era la barrera móvil entre el mundo asiático bárbaro y la civilidad romana. ¿No se ha retirado en nuestros días alguna gran barrera entre la civilización y la barbarie? El cinturón de pequeñas naciones que contenían las invasiones asiáticas, Polonia, Hungría, Austria y Turquía, ese cinturón ha sido aniquilado, como predijo Mirabeau al emperador de Prusia Federico Guillermo II; y Rusia y detrás China se yerguen amenazadoramente sobre la Europa dividida.

Salen de la boca del Dragón, de la Bestia y del Pseudoprofeta tres “espíritus sucios” a modo de ranas, a juntar con su cro-cro a los reyes de la tierra en el ejército anticristiano “para el día magno del Dios omnipotente”. Es la preparación de la Gran Guerra; en la Tuba Sexta esta Guerra inmensa está también indicada. ¿Se efectuará o será impedida? No lo sé; no lo dice el Profeta… Con tal no sea impedida por el Anticristo mismo.

Según todos los San Padres estas tres Ranas son tres herejías; y está indicado también en el texto; el cual no dice “tres demonios” sino tres “espíritus”; y espíritu significa también, ahora como entonces, el alma de una colectividad o movimiento, una mentalidad de que participan muchos, como “el espíritu de la Igleisa”, “el espíritu de la filosofía kantiana”, “el espíritu del peronismo”—el cual es bastante pobre de espíritu, “el espíritu del liberalismo y del comunismo”; el cual no es otro sino el naturalismo religioso.

Estras tres herejías son (para mí) el liberalismo, el comunismo y el modernismo o naturalismo teológico. ¿Me puedo equivocar? Ciertamente me puedo equivocar. Mis razones están en ese libro “Benavídez” (sic): la principal es que no se puede más allá en materia de herejía; y el “modernismo” es un complejo de las herejías antiguas y parece a mis ojos el caldo en que nacerá el Anticristo.

Los Santos Padres que en diversas épocas interpretaron este trozo, tomaban tres herejías de su tiempo y decían: “Son éstas”; San Agustín decía: son el pelagianismo, el donatismo y el arrianismo; el Cardenal Belarmino: son Lutero, Swinglio y Calvino; porque creían que aquellos que tenían enfrente o encima, eran las peor posibles imaginables; y lo mismo he hecho yo; pero a mí me parece que esta vez va de veras.

La Séptima Fiana designa claramente la Parusía; como cada uno de los finales de los 4 Septenarios; deso veremos más en la conferencia quinta.

Según esto ¿estamos próximos a los tiempos postreros? No necesariamente; yo no lo sé; puede que sí, puede que no. Estos males que he dicho existen hoy día; y los símbolos del Apokalipsis les calzan bastante bien; o ustedes dirán si no. Pero estos males pueden ser superados, o bien pueden durar mucho tiempo (aunque nunca 18 millones de años como dice el optimista de Bonsirvén) o puedo yo estar enteramente equivocado, como lo estuvo San Jerónimo cuando en el siglo IV viendo el saqueo y destrucción de Roma por los vándalos de Alarico, dijo: “Viene el fin del mundo”.

“De aquel día aquella hora nadie sabe el cuándo, ni siquiera el Hijo del Hombre, sino solamente el Padre, el de los cielos”.

Entonces ¿para qué nos está asustando usted de vicio? No hay que asustarse mucho: porque el Padre está en los cielos. Solamente les quise poner delante los dos métodos exegéticos (y no hay más que dos), la exégesis literal simbólica y la alegórica o midrash.

¿Y el Midrash? ¡El Midrash! El único provecho que tienen las cosas feas deste mundo es reírse dellas. El Profeta David en el Psalmo 103 se pone a alabar a Dios por todas las cosas de la Creación, incluso por los conejos, y de repente se acuerda del hipopótamo, y dice: “Y este monstruo que hiciste para reirse dél”. Hoy día hace 63 años que he nacido; si viniera un individuo y me dijera que no he nacido; que a mí me parece que he nacido, pero no he nacido; que soy un Midrash, este me parecería menos imbécil que el hombrecillo del siglo XX que a 2000 años de distancia se pone a decir que Cristo no nació, que el ángel Gabriel no se apareció, que la Virgen no fue virgen (como dice nuestro Borges), que no ho huyó a Egipto con el Niño, que Cristo no curó enfermos ni resucitó muertos. ¿Cómo lo puedes saber tú, hombrecillo?, como dice el P. Laburu. Entonces, si todo eso fue una impostura, los contemporáneos de los sucesos que los creyeron, y muchos dieron la vida por creerlo, fueron todos imbéciles; y los siguientes que entraron como un fermento en el Imperio Romano y lo transformaron, fueron todos imbéciles; y lo que siguieron, los que hicieron en Europa cosas admirables de humanidad, de sabiduría, de valor, de beneficencia y de belleza, fueron todos imbéciles, desde San Agustín hasta Napoleón, Pasteur o Beethoven; y todos los que ahora creemos, varios millones, la tercera parte de la humanidad, ¡imbéciles! ¿Y él no es imbécil? No: hay que inventar una palabra nueva signifique imbécil multiplicada por todo ese número de gente, imbécil oceánico, para poder calificarlo a “este monstruo que hiciste para que nos riamos dél”.

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