Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón de la Aurora

SANTA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Misa de la Aurora

Es un gran día, mis hermanos, día del Nacimiento de Nuestro Señor.

A pesar de ser para nosotros, en nuestro hemisferio, uno de los días más largos del año, me veo forzado a hablar más contenidamente…

No os asombréis de que abrevie mis palabras, cuando Dios Padre ha abreviado su Verbo…

Meditemos las palabras de los Padres de la Iglesia.

Veo en la Natividad un nuevo y admirable misterio:

* La voz de los Pastores resuena en mis oídos, no semejante a los acordes rurales de la flauta, sino al canto de los himnos celestiales.

* Los Ángeles cantan, los Arcángeles hacen oír sus acordes y los Querubines sus cánticos, los Serafines rinden gloria…

* Todos celebran esta fiesta, en la cual contemplan: Dios sobre la tierra, y el hombre en los Cielos; Aquél que es altísimo, reducido por su Encarnación; el que se anonada por la humildad, elevado por la misericordia.

Hoy Belén imita al cielo:

* Los astros de su firmamento son los Ángeles que entonan sus cánticos.

* Su sol es el Sol de justicia, que no puede circunscribirse.

Y no busquéis cómo eso ha podido realizarse, ya que cuando Dios quiere, el orden de la naturaleza debe ceder. Dios lo quiso, tuvo el poder, descendió, nos salvó. La voluntad de Dios se realiza en todas las cosas.

Hoy, El que es toma nacimiento, El que es pasa a ser lo que no era.

Siendo Dios, se convierte en hombre y no se despoja de su divinidad. Puesto que no es por la pérdida de su divinidad que Él se convierte en hombre, ni por adición de calidad que de hombre se convierte en Dios; sino que es el Verbo, y su naturaleza divina, siendo la misma debido a su inmutabilidad, se hizo carne.

Hoy, el que procede del Padre, nació de la Virgen de una manera inefable, inexplicable y maravillosa.

Engendrado del Padre antes de los siglos, de acuerdo con las leyes de su naturaleza divina; hoy ha nacido de una Virgen, fuera de las leyes de la humana naturaleza.

Su generación celestial es legítima, y su concepción terrestre no lo es menos. Es verdaderamente Dios engendrado de Dios; es en verdad hombre nacido de una Virgen.

En el Cielo, es el Hijo único de un solo Dios; sobre la tierra, es el Hijo unigénito de una Virgen sin par.

Así como sería impío buscarle una madre en su generación celestial, del mismo modo sería blasfemar buscarle un padre en su generación terrestre.

El Padre engendró sin dispersar su sustancia, y la Virgen concibió y dio a luz sin conocer la corrupción.

Dios no sufrió la división de su sustancia, ya que engendró como convenía a Dios; y la Virgen no conoció la corrupción cuando alumbraba, porque concibió por la operación del Espíritu Santo.

De ahí se sigue que la generación celestial del Verbo no puede ser explicada por palabras humanas, y que su llegada en el tiempo no puede ser el tema de nuestras investigaciones.

Sé que una Virgen ha alumbrado hoy, y creo que Dios engendró fuera del tiempo; pero he sabido que el método de esta generación debe ser honrado por el silencio, y no puede ser el objeto de una indiscreta curiosidad.

Ya que cuando se trata de Dios no hay que detenerse en la naturaleza de las cosas, sino creer en la omnipotencia del que obra.

Es una ley de la naturaleza que una mujer conciba después que haya contraído matrimonio; pero si una Virgen, sin conocer varón, concibe y da a luz permaneciendo Virgen, esto está por sobre la naturaleza.

Que se investigue lo que es conforme a la naturaleza, consiento; pero se debe honrar por el silencio lo que está por sobre la naturaleza, no porque sea necesario apartarse de tales temas, sino porque son inefables y dignos ser celebrados diferentemente que por las palabras.

Jesucristo nació de una Virgen, para que nazcamos del Espíritu Santo; el que fue engendrado del Padre antes de todos los siglos ha nacido hoy de María Virgen.

Su Madre le dio a luz, pero permaneció en el seno de su Padre. Ya que si Aquél que es eterno pasó a ser lo que no era, no dejó de ser lo que era.

No era hombre, y se hizo hombre, según esta palabra del Apóstol: Formado de mujer, se sometió a la ley, para redimir el que estaba bajo la ley.

Pero era Dios, y permaneció lo que era.

Su nacimiento según la carne fue útil para nosotros, sin perjudicarle a Él; ya que nos obtuvo la gracia de volver a ser hijos adoptivos de Dios, y sigue siendo Dios junto a su Padre.

Hoy, pues, Nuestro Señor Jesucristo ha nacido según la carne, pero no según la divinidad; ya que “Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Estaba al principio junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada”.

Corramos, pues, mis hermanos, corramos rápidamente al establo; no sólo los Ángeles nos esperan allí, sino que aguarda nuestra visita el Creador mismo de los Ángeles.

Dios Padre nos espera en Belén.

En cuanto al Hijo, ¿no sabes cuán ardientemente desea recoger los frutos de su Nacimiento, de la vida entera que pasó sobre la tierra, de su Cruz y muerte, del precio de su Preciosísima Sangre?

El Espíritu Santo nos espera también, ya que es la bondad y la caridad, que nos predestinó desde toda la eternidad.

En cuanto a la Santísima Virgen María y el Buen San José, también nos esperan para bendecirnos.

¡Pues, bien!, puesto que la Corte Celestial nos espera, corramos rápidamente, pero no corramos vanamente; corramos por nuestros deseos, corramos haciendo progresos en la virtud.

Seamos hombres de buena voluntad, y recemos según Jesús nos enseñó: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo”.

Acerca de Radio Cristiandad

La Voz de la Tradición Católica, con la Verdad aunque duela.

Un pensamiento en “Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón de la Aurora

  1. Padre ¡Qué sermón! Que maravilla, tan esperanzador, tan tierno y tan teológico!!
    Padre, Ud. sí que sabe guiar a sus ovejitas…rabañito pequeño que quiere permanecer fiel hasta el fin a la Verdad, en la catolicidad!!!
    Gracias Padre!!

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