La Iglesia y el aborto

La Iglesia y el aborto

por José María Manrique

La posición magisterial y algunas contradicciones en la actuación de ciertas jerarquías en connivencia con el poder civil

Exposición de desgarros, dudas y propósitos

Para empezar, debo matizar que, en puridad, está mal empleado el vocablo Iglesia, puesto que, para los católicos, la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, en el cual se integra la Iglesia Militante y, dentro de ella, la Jerarquía Eclesiástica y el Clero en general, junto con los fieles. Por lo tanto, debería haber puesto Clero, pero comúnmente está aceptado el sustituir la parte por el todo, aunque quede bien sentado lo anterior. Como fiel, busco y trato de obedecer las enseñanzas del Clero, pero, desgraciadamente como en muchas otras cuestiones tras la desastrosa aplicación del Concilio Vaticano II, constato que, en el caso del aborto, muchas veces son mínimas, teóricas y, en no pocas ocasiones contradictorias, por no decir incluso abortistas. El Clero, y en especial su Jerarquía, tiene el grave deber de enseñar y corregir a sus fieles, además de predicar a todos el Reino de Dios.

Pues bien, como he dicho, constato que muchas veces no lo hace, no utiliza el púlpito con claridad, concreción y valentía, no castiga ni persigue el escándalo que dan fieles o consagrados en numerosas ocasiones, sean gobernantes, altas jerarquías o católicos de a pie; más adelante pondré alguno de los muchos casos que lo demuestran. Incluso, a través de elaboradas palabras, piden el voto para opciones políticas que son abortistas, sin advertir de la gravísima responsabilidad que con ello se contrae. Creo sinceramente que si la Jerarquía Católica hubiera castigado, o simplemente amenazado privada y/o públicamente, a los primeros dirigentes de los países mayoritariamente católicos con las penas canónicas asociadas al aborto, posiblemente aun estaríamos por ver al primero que se hubiera atrevido por afrontar el desgaste político que ello podría conllevar.

Es más, si en el Código de Derecho Canónico se especificara claramente que tanto los votantes a partidos políticos como los responsables de la legalización del aborto son pecadores públicos e incurren en excomunión, cosa que no está nada apartada de la doctrina tradicional católica, otra hubiera sido la suerte de millones de inocentes asesinados y de las naciones donde se les sacrifica. Todo lo anterior es, para mí, gravísima causa de escándalo. Pero, después de sopesar si mi reflexión y crítica (todo cristiano puede y debe hacer la “corrección fraterna”) iba a aportarme y a reportar a los demás más bien que mal, me he decidido a esta denuncia y a reclamar el derecho a que pública y claramente se corrija y enseñe según la doctrina católica en materia de aborto, incluso, o precisamente, llegando al no pequeño campo del voto católico. Se contribuye más al escándalo (y al mal), callando cómplicemente que denunciando a los que escandalizan.

Una noticia detonante

“Los obispos irlandeses fomentan el sí en el referendum sobre el Tratado de Lisboa. Los católicos irlandeses tienen el deber siempre de defender la vida de los no nacidos y de los más débiles, recuerdan los obispos del país, aclarando que pueden votar en conciencia «sí» o «no» al Tratado de Lisboa< … (y que) el Tratado de Lisboa no socava las protecciones legales existentes en Irlanda para los niños no nacidos ” [1] Esta trascendental noticia, y su consecuente derivada, “Irlanda acepta el Tratado de Lisboa, pero las garantías pro-vida concedidas continúan bajo sospecha” [2] , me han decidido a poner por escrito mis reflexiones, tanto para que cualquiera persona con autoridad y formación me corrija o amplíe, como para que sirva de base a la reflexión y, también, a la exigencia de coherencia y justicia a nuestras autoridades eclesiásticas. No en vano, en la católica Irlanda se había derrotado en consultas anteriores siempre el Tratado, fundamentalmente por la postura antiabortista de los irlandeses.

Porque queda fuera de toda duda que la Constitución Europea, propuesta por el Tratado de Lisboa, es de inspiración masónica, elude a Dios y las raíces cristianas de Europa, y es claramente abortista (entre otros crímenes), a lo que se añade de atentar gravemente contra la independencia y el propio ser de las naciones europeas. Siendo, además, la mayoría de sus normas de obligado cumplimiento en las naciones miembro, por lo que, en el caso del aborto, se impondrá por ley comunitaria al ordenamiento jurídico de cada nación, Irlanda incluida; para muchos analistas la naturaleza y el alcance de las desconocidas  “garantías” es muy incierto, y el “sí” conllevará que el país sea sometido a la presión de la Unión Europea para que liberalice sus leyes en materia de aborto y “matrimonio” homosexual, ya que el Tratado convertirá a la Carta de Derechos Fundamentales en un documento vinculante para todos los miembros de la Unión. (entre los 54 derechos inscritos en la Carta figuran el “derecho a la vida” y el “derecho al matrimonio”, subterfugios para imponer el aborto y el “matrimonio” homosexual). Es más, el Presidente de la Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea llegó a manifestar que “Gracias a las garantías concedidas a Irlanda —el derecho a la vida, la protección de la familia y el derecho de los padres a educar a sus hijos— estos derechos serán más resguardados en toda la Unión”.

¿Peca él de ingenuo?.  O, ¿no es cierto que, desgraciadamente, y más desde que la Iglesia renunció a la “confesionalidad del estado”, los criterios católicos son ignorados o combatidos en la antigua cristiandad?. Mucho me temo que, a no tardar, se vea que el optimismo vaticano no tenía sentido, pero entonces el mal ya no tendrá fácil vuelta atrás, y lo digo no solo porque poco después Estrasburgo legisló contra el crucifijo en las escuelas   [3] . En este contexto, ¿cómo puede entenderse la postura de la Conferencia Episcopal Irlandesa y el silencio/consentimiento de la Curia Romana?. ¿Falla el entendimiento del problema , el obligado magisterio u otras cosas?. Dramáticas preguntas que merecen ahondar en el problema del aborto.

El aborto en el Mundo

El primer país en legalizar esta práctica fue la República Federal de Suiza  en 1916. Siguió Checoslovaquia en 1925, la Unión Soviética en 1926 y el Imperio de Japón en 1929. Alemania lo hizo en 1933 y 1935, con una ley que, en sí misma, era una disposición racista que pretendía “la prevención de nacimientos con taras hereditarias (y) la transmisión de enfermedades hereditarias”; de la misma el PSOE copió, casi literalmente, el supuesto relativo a las  “graves dolencias físicas o psíquicas” y la expresión “Interrupción del Embarazo” (Schwangerschaftunterbrechung). Durante la República, Cataluña se convirtió en pionera, con la ley más progresista, en ese momento, de Europa; fue la Ley de Reforma Eugenésica del Aborto, aprobada por decreto en diciembre de 1936 y publicada en enero de 1937 en el Diario Oficial de la Generalitat; José Tarradellas, como “Conseller en Cap”, firmó el decreto. Islandia lo hizo en 1935, seguida de Suecia en 1938, Dinamarca en 1939 y finalmente Finlandia y Noruega en 1950 y 1960.

En 1967 se aprobó en Inglaterra, luego en Canadá (1969) y Estados Unidos (la mayoría de los estados en 1973). En 1973 existían 44 países en los cuales el aborto era legal, de los cuales 19 sólo lo permitían por razones médicas, 6 incluían además razones morales y 19 más por otros tipos de razones. En la República Popular China se aprobó en 1975 una ampliación, año de su legalización en Francia y Austria;  la República Federal Alemana siguió en 1976,  Nueva Zelanda en1977, Italia en 1978 y los Países Bajos en 1984. Por entonces los países de la Europa mediterránea (Italia, Portugal y España) e Irlanda, de más honda influencia católica, no tenían liberalizado ningún supuesto. En 1983 se aprobó el nuevo Código de Derecho Canónico. En 1985 lo hizo España, dando el testigo a Bélgica (1990), donde el rey Balduino hizo el artificio legal, que no católico ni moral, de abdicar por un día. Recientemente Colombia (en el año 2006) y Ciudad de México, junto con Portugal (2007) y otras naciones, han legalizado el aborto.

Como se puede apreciar, primero el comunismo y luego el protestantismo, entre otras “filosofías”, introdujeron y difundieron el parricidio legal. En los países que antes de la revolución francesa fueron católicos costó más la legalización, por los restos de catolicismo aun imperantes; de ahí que Francia, Austria y Alemania (RFA) no lo admitieran hasta mediados los años setenta del  siglo pasado. El salto cualitativo se dio con Austria y, sobre todo, Italia, países mayoritariamente católicos, al menos nominalmente, con el agravante de la peculiar relación y proximidad entre el Vaticano y el Estado Italiano. La legalización por Italia del aborto (con el consiguiente efecto dominó en otros países mayoritariamente católicos) se produjo en mayo de 1978 y en agosto del mismo año murió Pablo VI. Juan Pablo II rigió la Sede Vaticana entre septiembre de 1978 y abril de 2005; conviene fijar estos extremos. Igual cabe decir de España, pues sin duda ha arrastrado, al menos, a toda Hispanoamérica, Portugal incluida; en las naciones hispanas el aborto, quirúrgico y/o químico (caso de Chile) es legal, prácticamente, hoy en día, al estar despenalizados varios supuestos, excepto El Salvador y República Dominicana.

Al día de hoy, las cifras reales del aborto en el mundo son imposibles de confirmar   [4] . Los organismos internacionales estiman que cada año hasta 60 millones de niños son abortados quirúrgicamente, entre los clandestinos y  los “legales”, a los que hay que unir los producidos por métodos químicos (píldoras abortivas) o a consecuencia de dispositivos de control de la natalidad (DIU, etc), cuyo número aumenta imparablemente, y los producidos como consecuencia de los tratamientos de fertilidad y manipulación de embriones (“bebés medicina” y otras causas). Para valorar esa tragedia hay que tener en cuenta que 40 millones es el número aproximado de los muertos de la Segunda Guerra Mundial. El mecanismo de actuación del DIU es a través de alteraciones del endometrio (cara interna del útero), impidiendo que el embrión recién concebido pueda anidar en el útero. La RU-486 actúa impidiendo que la hormona progesterona desarrolle sus normales acciones fisiológicas; administrada antes de la implantación del embrión impide que el endometrio experimente los cambios necesarios para poder acogerle; administrada después de la implantación del embrión, bloquea la actividad secretora del endometrio e inicia la erosión endometrial, lo que produce el desprendimiento del embrión de la pared del útero  e induce a su expulsión. La Píldora del Día Después (PDD) contiene una sustancia similar a la progesterona en dosis altas que adelgazan el endometrio; funciona fundamentalmente evitando o retrasando la ovulación, dificultando la fecundación, e impidiendo el anidamiento del óvulo fecundado, es decir, abortando en el último caso [5] .

Volviendo a los quirúrgicos, hay estimaciones [6] que fijan en 961.000.000 los abortos cometidos entre 1.920 y 2.008 Los datos también indican que unas veinte mil mujeres pueden fallecer en el mundo por las consecuencias negativas que para la salud de la madre se derivan del aborto, por no hablar de los suicidios conexos; lo prueba la institución abortista más significativa del universo, la Federación Internacional de Planificación Familiar, quien afirma que: “la incidencia del trauma post-aborto para jóvenes de abortos quirúrgicos puede llegar a alcanzar hasta el 91% de los casos”; las jóvenes que abortan comienzan a padecer los síntomas post-aborto: zozobra, desesperación, delirios, desvelo, embriaguez, drogadicción, desesperanza, psicosis… y suicidio [7] . En España el suicidio es la primera causa de muerte en mujeres de 30 a 34 años; hay que tener en cuenta que en nuestra patria los suicidios causan ya más muertes que el tráfico; lógicamente, la oscuridad más absoluta rodea estos temas y es imposible precisar más. En la “Europa de los 27” se producen anualmente 1,3 millones de abortos quirúrgicos “legales” voluntarios, tantos como habitantes de Luxemburgo y Malta juntos.

España lidera la lista de países en los que más ha crecido el aborto, con un 126%  (49.578 en 1997 y 112.138 en 2007;  un aborto cada cinco minutos, un aborto cada cuatro nacimientos; el 97% en centros privados); le sigue Bélgica, con un lejano 36,12%. En España y en Europa el aborto ha pasado a ser la primera causa de defunción En España unos setenta mil. Uno de cada diez abortos de Europa se practica en España [8]

España ha perdido más de 2.000.000 jóvenes en 20 años gracias al aborto (quirúrgico y declarado), según el presidente del Instituto de Política Familiar (IPF), Eduardo Hertfelder. A ellos hay que añadir los no declarados [9] , para evitar tributar a hacienda: estimaciones no oficiales calculan en no menos de 400.000 los abortos, incluyendo extranjeras que vienen a este paraíso abortista.

Vuelvo a recordar que el silencioso y “eficacísimo” aborto químico  (la píldora poscoital tiene un 30% de fallos); desde que en España se introdujo la “píldora del día después” el número de dosis distribuidas en hospitales y farmacias aumentó de 160.000 en 2001, a 506.000 en 2005. Apenas si hay más datos públicos, pero otros indicios son que en Zaragoza han repartido 3.000 píldoras del día después en nueve meses, a partir de 2006, y que Cataluña ha distribuido, gratuitamente y sin receta (cosa que se exige para el antibiótico más vulgar), más de medio millón de píldoras del día después en cuatro años. También los centros del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid regalan la PDD, e incluso el Alcalde Gallardón la ha distribuido a menores sin el consentimiento de sus padres. ¿Estamos hablando de otro millón de abortos?.

Por último, trataré de aproximarme a los asesinatos que conlleva la reproducción asistida y prácticas conexas. En España se realizan 80.000 tratamientos de fertilidad al año y en cada uno de ellos el número de embriones que se producen, para tener seguridad en el proceso, varían pero pueden rondar entre un mínimo de los 3 por ciclo legales y la media docena. Por todo ello, el número de embriones almacenados en las clínicas ha debido ser elevadísimo. Como ejemplo, Ana Pastor, la ministra del Partido Popular (PP) que legalizó en 2.001 la utilización de embriones se ufanaba públicamente de haber “regalado” cientos de miles a la Junta de Andalucía: “dije Bernat Soria <<toma, ahí tienes 300.000 embriones para investigar>>” [10] .

Por todo ello, ¿de qué enorme genocidio estamos hablando?, ¿cuatro millones de abortos? España se ha convertido en un inmenso matadero, auténtico “holocausto” de inocentes, donde la ONU, la UNESCO, los EE. UU y gobiernos de izquierda, derecha y centro han diseñado una propaganda demagógica interesada que ha convencido a nuestra sociedad de la bondad del aborto [11] , tanto que una parte muy importante de los españoles quieren ampliar la ley del aborto (el tendencioso “Publiscopio” indicó que un 59,2% de población apoya reformar la normativa sobre interrupción voluntaria del embarazo) [12] . El aborto, la moral sexual hedonista y pervertida, y las suicidas políticas sociales, han convertido a la mayoría de los países del “Occidente Antes Cristiano”, en países “viejos” y sin viabilidad como tales, no siendo asumible como solución la inmigración, pues sobre no resolver el problema acarrea otros, entre los cuales no es el más pequeño el de la pérdida de identidad nacional. En Europa de los 31 la tasa de  es de 1’38, inferior a la mínima de viabilidad (2’11 hijos por familia para mantener una civilización/cultura en 25 años; mínimo 1’9). Pero hay que tener en cuenta que en 2.007 en Francia era de 1’8, en Inglaterra de 1’6, en Alemania de 1’3, en Italia de 1’2 y en España de 1,1 [13] . España será en 2050 el país más envejecido del mundo [14] , según la Fundación Cajas de Ahorros y la ONU.

Derecho canónico y declaraciones eclesiales

Por centrarnos en nuestro tiempo, el Corpus ó Codex Iuricis Canonici (CIC, 1917) [15] , promulgado por Benedicto XV en 1917, decía: Can. 2.350. par. 1. Procurantes abortum, matre non excepta, incurrunt, effectu secuto, in excommumcationem latae sententiae Ordinario reservatam. En el sínodo de 1967 los obispos buscaron la reducción de los casos de excomunión automática (latae sententiae), refuciéndose en el Código de 1983 a siete; el citado Código no da una definición de la excomunión. El Código de Derecho Canónico vigente data del 25 de enero de 1.983 y fue promulgado por el papa Juan Pablo II; el canon 1.398 define en el delito de aborto literalmente: “Qui abortum procurat, effectu secuto, in excommunicationem latae sententiae incurrit; Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión automática)”. Está claro que opinar de leyes sin ser experto es un riesgo, pero parece que, además de matices interpretativos, el procura/procurantes no excluye a mucha gente. “La excomunión afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación el delito no se hubiera producido” (Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, n. 62). Tomado de Ius Canonicum: La excomunión puede ser infligida ferendae sententiae o latae sententiae.

La excomunión ferendae sententiae obliga al reo desde que se le impone, mientras que la excomunión latae sententiae obliga desde que se comete el delito: si la pena se aplica ferendae sententiae, para que haya delito se requiere decreto del Obispo o sentencia judicial (cfr. canon 1341 y siguientes). Sin embargo, si la pena de excomunión se aplica latae sententiae, no es necesaria la declaración de la legítima autoridad para estar obligado a cumplir la pena (cfr. canon 1314). Se suele decir que el juicio lo hace el delincuente con su acto delictivo. El delito que lleva aneja la excomunión latae sententiae, por lo tanto, puede quedar en el fuero de la conciencia del delincuente. La legítima autoridad, sin embargo, puede considerar oportuno declarar la excomunión: por lo tanto, se debe distinguir entre excomuniones latae sententiae declaradas y no declaradas Lo que hay que definir, y no conozco si existe jurisprudencia canónica, es ¿qué es procurar?.

El Diccionario de la RAE define procurar como Hacer diligencias o esfuerzos para que suceda lo que se expresa;  no hay duda de que procuran todos aquellos responsables directos de una ley abortista, siendo los primeros culpables morales de todos y cada uno de los abortos que se ejecuten según esa ley; permítanme que siga trascribiendo lo siguiente de una conocida bitácora [16] , porque su autor (“Motu Propio”) me confirma que no es la interpretación restrictiva la más adecuada, aunque sea la más extendida: … parece claro que la “procura” se puede entender de aquel que se encarga de legislar a favor del aborto. Una ley abortista es la primera “procura” de cualquier aborto “legal”. Abortos que se harán efectivos porque es la ley la que garantiza el aborto, incluso facilitando medios, y hasta “obligando” por ley a que los medios se faciliten para que se aborte… ¿Quienes están incursos en la pena de excomunión latae sententiae por “procurar” abortos? Yo no dudaría en responder que todos aquellos responsables directos de una ley abortista, primeros responsable morales de todos y cada uno de los abortos que se “ejecuten” según esa ley. Es decir, que desde el presidente de gobierno al ministro, el parlamentario etc. (y puntos suspensivos…) todos habrán incurrido en la excommunio latae sententiae. Que a todos y cada uno de ellos les importará un pito, o no. Depende. ¿Alguien se lo advierte? ¿Algún Obispo? El Obispo, por ser Obispo, tiene el deber ministerial de enseñar, amonestar, sancionar. Es su oficio, es algo obligado en razón del triple munus docendi-regendi-santificandi (la misión de la Iglesia). Que no es sólo una doctrina que se estudia en Teología, que no es un adorno de la mitra, una perla del anillo o una floritura del báculo: Es el oficio episcopal, ni más ni menos. ¿Espera algún católico español que algún obispo hispano tenga ínfulas suficientes para advertir, amonestar, enseñar que los que legislan a favor del aborto y contra la vida están ipso facto excomulgados, privados de Sacramentos y en situación de la más extrema pena canónica?  ¿Para qué debieran hacer esta declaración los Obispos? ¿Para “amenazar” a los políticos, parlamentarios, ministros, etc. abortistas? Amenazar, no: Advertir, amonestar, instruir, informar. Claro que sí. Y para enseñar y advertir e instruir al Pueblo de Dios, que tiene derecho a ser informado por sus Pastores. Los pastores mudos son malos pastores. Ellos lo saben. No les gusta que se les diga, pero ellos lo saben. ¿Con qué grado de consciente responsabilidad? Tocante a esto, me temo que no se quieran, tampoco, aclarar. A estas alturas, con estas leyes y estos legisladores, esas “claridades” me parecen una necesidad: Una urgente necesidad. +Q.

Más adelante trataré de precisar más el contenido de “procurar” según algunos consagrados, pero no quiero dejar pasar la ocasión de incorporar otro aspecto relativo a los responsables del aborto. El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición), el arzobispo estadounidense Willian Joseph Levada, dijo el 10 de octubre de 2005, durante el Sínodo de los Obispos: “Es pecado votar a políticos que no combatan el aborto o ignoren doctrinas morales fundamentales” [17] . Y el patriarca de Venecia, cardenal Angelo Scola, designado por el Papa relator general de aquel mini concilio, añadió: “Existen católicos que no comprenden por qué es pecado sostener políticamente un candidato abiertamente favorable al aborto, entre otros actos graves contra la vida, la justicia y la paz. De esta actitud resulta evidente, entre otros aspectos, que está en crisis el sentido de la pertenencia a la Iglesia y que no es clara la distinción entre pecado venial y mortal… Algunos reciben la Comunión aún negando las enseñanzas de la Iglesia o sosteniendo públicamente opciones inmorales, como el aborto, sin pensar que están cometiendo un acto grave de deshonestidad personal y causando gran escándalo”.

También la Conferencia Episcopal de Uruguay hizo público un comunicado, en noviembre de 2008, en el que se decía que [18] : “…el fiel católico que promueva y/o vote a favor de la ley del aborto rompe el vínculo que lo une a Cristo en la Iglesia (y) mientras no cambie su posición queda impedido de acercarse a la comunión eucarística, esto quiere decir, mientras que no se arrepienta y confiese… esta decisión no es un invento de la Conferencia Episcopal Uruguaya, sino que así lo establece el Código de Derecho Canónico de la Iglesia”.

Recordando de nuevo que no siendo “canonista” es muy difícil afinar con autoridad en estos temas, en aras a una información cabal debo decir que hay quienes opinan que los políticos fomentadores del aborto “no pueden comulgar no por estar excomulgados latae sententiae, sino por ser pecadores públicos. Los incluidos en esta categoría deben retractarse de su pecado y dar muestras de contrición públicas antes de acceder a los sacramentos, a la vez que nada impide que se les declare la excomunión, no latae sententiae sino por imposición de la autoridad canónica”. Por otra parte, no es lo mismo excomulgar que ”negar la comunión”, ya que la excomunión impide acceder a todos los sacramentos y sólo puede levantarla un obispo. “Negar la comunión” se da cuando un personaje en situación pública de pecado, un “pecador público”, pretende comulgar en misa, en este caso el sacerdote puede  y, sinceramente, creo que debe negarle la comunión, y su obispo puede/debe ordenar a sus sacerdotes que se la nieguen.

Continúe leyendo esta nota:

Acerca de Radio Cristiandad

La Voz de la Tradición Católica, con la Verdad aunque duela.