UNA NOTA SIN DESPERDICIO…
O TODO ES UN DESPERDICIO EN ELLA…
NOS PARECIÓ POCO MENCIONAR LA NOTA DE MONS. SALABERRY SOBRE EL LATIN…
HABLÓ TANTO Y DIJO TANTAS BARBARIDADES…
UN TIPICO EXPONENTE DE LA MEDIOCRIDAD CLERICAL DEL POSTCONCILIO…

FOTO Y REPORTAJE: DIARIO EL POPULAR DE OLAVARRIA
“Que la gente sea feliz haciendo feliz al que camina a su lado” Monseñor Hugo Salaberry pasó por San José a celebrar el día. Dice que Benedicto XVI es “una mente clara” pero que Juan Pablo II “fue un genio”.
Dijo que a nadie se le ocurriría volver al latín en las misas. Y que nunca se le ocurrió a quién podría negarle la comunión.
Silvana Melo / EL POPULAR
Todavía no cumplió un año en el Obispado de Azul. Pero ya carga con una reputación con dos marcas claras: la impuntualidad y el contacto intenso con la gente que lo diferencia rotundamente de sus antecesores.
Es joven y despliega una seducción que, invariablemente, lo rodea de feligresía cuando se acaba la ceremonia. Aún no llegó a los 55 pero hay cosas que dice no haber pensado y, confiesa, ni siquiera le interesan. Lo aclaró ante al menos dos preguntas de este diario. No es conceptualmente lanzado y muestra pocas ganas de serlo.
Dice que su interés más visceral está en el prójimo. En que la gente sea feliz haciendo feliz al que esté a su lado.
Hugo Salaberry, después de treinta años en la Compañía de Jesús, llegó a obispo en la mitad del año pasado. Y fue tan fuerte el cambio que todos se sorprendieron al verlo caminar toda la diócesis en poco más de un mes. Desde adentro y desde afuera lo miraban con perplejidad. Busca no encasillarse entre los conservadores y los progresistas y decide no pensar las cosas que no desea afrontar.
Nació en San Andrés de Giles y su primer destino fue San Miguel, pleno Conurbano bonaerense. Guarda, dentro de esa sonrisa blanca y serena, la experiencia de los barrios y la pobreza. Anoche llegó para celebrar el intenso trabajo en la carpintería de José, donde todos los días se alimenta al Mesías. En la parroquia que lleva ese Santo se calzó el hábito blanco y se puso a trabajar. Después habría un vino con los curas. Ahí, en el medio, habló con este diario.
-Sigue, se lo ve, en ese intenso acercamiento con la gente que puso en práctica desde el primer día…
-Me agrada mucho. Además nos hace mucho bien la cercanía con la gente. Esto no es nuevo, siempre lo hice así, pero claro, ahora estoy en situación especial…
-Ahora se nota mucho…
-(Se ríe) Claro, ahora se ve.
-Benedicto XVI ha generado dos o tres definiciones fuertes, que parecen chocarse con la imprescindible necesidad de que la Iglesia se abra para frenar el derrame de fieles. El Papa habla de un regreso a la ortodoxia. Desde los textos de la misa en latín hasta cantos gregorianos en lugar de música popular. ¿Cómo vive usted estas aparentes contradicciones?
-En primer lugar, no sé si se puede volver al latín o al canto gregoriano. Lo que él hace es recomendar que no se pierda. Yo a esta altura sé latín para traducción y más o menos. Y lamentablemente se ha perdido porque nosotros teníamos una lengua globlalizada que es el latín y dejamos de usarla justo cuando el mundo se globalizó y ahora usamos el inglés… si nos entendíamos perfectamente en una lengua interna con chinos y japoneses, por decir las antípodas, o con alemanes, dejamos el latín y tenemos que recurrir al inglés. Yo coincido en no perder esa lengua. En cuanto a volver atrás, ninguna Nación dejaría atrás su lengua vernácula para las lecturas. Respecto del canto, ahora hay cantos preciosos con guitarras, folklóricos incluso. Pero el gregoriano es escuela de canto y tiene sustento teológico: los graves representan el pecado, lo bajo. Los agudos representan lo angelical, lo alto. Benedicto dice que no se pierda eso y en eso también coincido.
-Usted cree entonces que no se corre el peligro de la exclusión de mucha gente suspendiendo la coloquialidad, la cercanía que da la palabra, la música...
-Es que no se va a cambiar la lengua vernácula. Yo mismo no sabría dar ahora una misa en latín, la puedo leer, nada más. En cuando a la música, hay cantos extraordinarios actuales, son bíblicos textuales, a veces de origen semítico, a veces de origen popular, pero son bellísimos. Siendo una persona inteligente no creo que Benedicto apunte a excluir a nadie.
-¿Se piensa hoy, a la hora de la Comunión, en diferenciar a quienes estuvieron casados, se divorciaron y volvieron a casarse?
-La doctrina la conocen todos mejor que yo. Otra cosa es que se niegue la comunión.
-¿Es decir que la diferencia se hace en este tiempo?
-No sé. No conozco curas que nieguen la comunión.
-Bueno, si usted lo tiene delante y sabe, ¿qué hace?
-Sabés que no sé si me ha pasado… no lo sé. No podría asegurarlo. De todas maneras, es como si se acerca un chiquito que toma la comunión y no la ha tomado antes, se te acerca toda la cola y no sabés; pasó y bueno.
-¿En algún caso negaría la comunión? Si apareciera alguien responsable de crímenes horrendos ¿lo haría?
-(Silencio) No sé. Nunca había pensado eso. Nunca me ha ocurrido. Sí puedo contar algo que nos pasó una vez. Por lo mismo que te decía recién, que pasan en la cola y se te escurre alguno, vino una de estas personas (esto le ocurrió a un compañero, a otro jesuita) viste los borrachos nuestros que nos aman a nosotros, que se paran afuera y te llaman eh padre Hugo… se acercó uno. Tomó la forma en la mano, la besó y se la devolvió. Nos hizo reflexionar varios días, el hombre. Adoró la divinidad y la devolvió. Esas cosas que nunca van a aparecer en el derecho canónico aparecen en la realidad.
-¿Se ha planteado filosóficamente el hecho de negar la Comunión a alguien abyecto pero a la vez pensar en que cristianamente no se puede negar a nadie?
-(Silencio) Puede ser, pero no sabría decirte una respuesta. Quizá porque no me ha ocurrido.
-En este nuevo espacio de trascendencia, ¿continúa cerca de la gente con menos recursos?
-Tenemos barrios muy lindos nosotros. Quizás otras actividades hagan que uno vaya menos que antes. No es que tampoco frecuente otros ámbitos… a mí me gusta cuando nos reunimos con los curas porque hay algunos que tienen esa chispa, ese humor sacerdotal… enfermos sí he visitado, he frecuentado mucho. Estos barrios sí, si bien no he estado mucho, ha sido muy grato. Cuando fuimos para Reyes a Plaza Ubiñas, en Azul, que es un barrio hermosísimo, fui muy bien recibido. Pero tampoco si uno no va a trabajar me gusta ir con mucha frecuencia. Si vas a trabajar, en una misión, es otra cosa.
-Usted acuerda que serían necesarios preceptos más flexibles para sostener a la gente, para que tenga acceso a Dios a través de la vía que ofrecen ustedes. ¿No cree que se sigue expulsando mucho cuando hay ciertos pecados que son absolutamente inevitables y ante los que la Iglesia definitivamente perdió?
-Es posible. Es posible que sea un poco dura la homilética (N.de la R.: se refiere al contenido y las formas de los sermones), también. De todas maneras para el caso de los que canónicamente no están en condiciones de recibir la Eucaristía hay miles de recomendaciones para que trabajen dentro de la Iglesia, aunque no reciban la Eucaristía. Juan Pablo II dijo y dejó cosas preciosas sobre esto. Yo digo a veces para qué le recordamos a la gente que no puede recibir si ellos ya lo saben perfectamente.
-¿Se nota mucho el cambio entre Juan Pablo II y Benedicto?
-Sí hay diferencia de edad de uno a otro y evidentemente Juan Pablo fue un genio. Ahora Benedicto es una mente clara y trabajó mucho en el papado de Juan Pablo II. Pero claro, después de semejante figura… yo hablaba con jóvenes en Tandil el otro día: hay que ver lo que vas a hacer y si sos feliz haciendo lo que te toca. El siglo XX se explica, incluso las guerras mundiales, el holocausto armenio, el judío, con dos personas: Juan Pablo II y Teresa de Calcuta. Juan Pablo revisó todo lo que le dijeron que tenía que revisar, no ocultó nada. La sábana santa es falsa, a la NASA. Hay que pedir perdón por los pecados de las Cruzadas por cinco puntos. Pidió perdón por 15. Dijo: Galileo fue maltratado por la Iglesia, a estudiar. Los métodos anticonceptivos naturales no funcionan, a verlo. Después, los documentos como corresponde. Una persona común. La madre Teresa limpió colas toda su vida. Esos son los dos genios nuestros: no es que se necesiten cosas extraordinarias. Ver esto nos da esperanza a todos, nos da fuerza. No es lo que hacen, sino lo que le ponen a lo común.
-¿Debería pedir perdón Benedicto XVI por haber pertenecido a las juventudes hitlerianas como pecado de juventud?
-No sé, no sé si amerita… pero… me decís cosas que yo no las pensé, entonces no puedo responderlas así, sin pensar. Me tendría que poner a estudiar la época, por qué la juventud se movió, porque no fue sólo este hombre, toda la juventud se movió.
-¿Qué es lo que más le importa medularmente, lo que más lo conmueve?
-Que la gente sea feliz me interesa. No tontamente feliz, con cara de mojigata y que se ría. Que sea feliz. Y que lo sea haciendo feliz al que está al lado, al que camina con él. Sea quien sea y como sea. En el estado en que sea, hoy no está todo inmaculado y limpito, es lo que tenemos. Y con ése con el que camina pueda estar pleno. Digamos que me interesa el prójimo. Y hago depender la plenitud propia con la plenitud del que va al lado mío
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