COMENTARIO A LAS ANTÍFONAS “O” – DIA 2

18 de Diciembre:

O Adonai

 

¡Oh Adonai!  (Dios fuerte), y Guía de la casa de Israel, que apareciste a Moisés en medio de una zarza ardiendo y le diste la Ley en el Monte Sinaí: ven, alárganos tu mano y sálvanos.

¡Oh Adonai! El Redentor que nosotros esperamos fue quien se apareció a Moisés en el desierto, en medio de una zarza ardiendo, y quien le comisionó para salvar a Israel de la esclavitud de Egipto, y quien le salvó de todas sus persecuciones.

Él fue quien le condujo con mano robusta a través del Mar Rojo; quien le dio la Ley en el Monte Sinaí; quien le guió por el desierto, vistiéndole, alimentándole y saciando su sed. Él fue, finalmente, quien le abrió las puertas de la Tierra de Promisión.

Él viene también ahora como Redentor, es el Salvador y el Guía de la Santa Iglesia.

¡Oh Adonai!, alárganos tu mano y sálvanos. El enemigo de la salvación, de las almas, de la Iglesia, levanta hoy orgulloso su cabeza; quiere aniquilar la fe en Dios, la fe en Cristo, la religión cristiana.

Los hombres vuelven la espalda y se alejan del verdadero Dios, buscando otros dioses, que ellos mismos se fabrican.

Del verdadero Dios, ni hablar siquiera. Todo lo que no sea Él, puede consentirse, todo puede aceptarse, incluso los ideales y las aspiraciones más ridículas. Sigue leyendo

LAS GRANDES ANTÍFONAS “O” – DÍA 18

Desde el día 17 de Diciembre, la Iglesia hace siete llamamientos apremiantes al Niño Jesús, a quien todo el mundo espera con ansias en la próxima fiesta de Navidad, y los hace con las siguientes antífonas en la hora de Vísperas.

Empiezan todas con un título o nombre distinto, sacado de la Biblia y aplicado al Salvador. Los fieles pueden rezar las siete antífonas cada uno de los últimos siete días de adviento, desde el 17 al 23, y así hacer un septenario de preparación para Navidad.

DÍA 18:

O Adonai

O Adonai, et Dux domus Israel,

qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti,

et ei in Sina legem dedisti:

veni ad redimendum nos in brachio extento

Oh, Señor

Oh, Adonai (Señor), Jefe de la casa de Israel,

que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley:

ven a librarnos con el poder de tu brazo.

COMENTARIO A LAS ANTÍFONAS “O” – DIA 1

17 de Diciembre:

O Sapientia

 

¡Oh Sabiduría!, que brotaste de los labios del Altísimo; que llegas de uno a otro confín y lo vas disponiendo todo con suavidad y energía: ven y enséñanos el camino de la prudencia.

¡Oh Sabiduría! El Salvador, a quien adoraremos en el pesebre siendo un pobre Niño, es la Sabiduría, procedente del Padre desde toda la eternidad.

La Sabiduría eterna, que viene a nosotros como Salvador, ha creado todo lo que existe: el universo, el cielo, la tierra, los Ángeles y los hombres, la materia y el espíritu.

Ella ha dado a todos los seres su naturaleza propia, sus leyes particulares, sus formas internas y externas, sus proporciones y su modo de ser individual.

Ella es quien ha establecido las leyes que regulan la admirable armonía de toda la creación.

Ella rige y gobierna, con suavidad, pero, al mismo tiempo, con energía, todo cuanto existe, desde el más pequeño átomo hasta las estrellas más gigantescas. Sigue leyendo

P. BASILIO MÉRAMO: MONS. WILLIAMSON, OBSESIVAMENTE TENAZ

bishopwilliamsseminaryOBSESIVAMENTE TENAZ

UNA VEZ MÁS

 

Una vez más en su Eleison n° 387, Monseñor Williamson insiste obsesivamente en su erróneo punto de vista argumentando indebidamente para justificarlo, actitud con la cual no hace más que debilitar y confundir a los fieles que resisten a la Roma apóstata; más le valiera no hablar ni escribir, puesto que no hace más que aumentar la confusión en los pocos fieles que aún quedan.

Por lo visto Monseñor Williamson, por más que distinga no hace sino confundir, puesto que para distinguir hay que tener la luz de la inteligencia bien formada filosófica y teológicamente hablando. No es precisamente con literatura y música que esto se logra, aunque si ayuda, lo cual es diferente.

Si de distinciones necesarias se trata (como él pretende), la lengua latina es muy precisa y concisa, con la ventaja además de no verse modificada en su significación con el transcurso del tiempo, justamente por ser una lengua muerta. En latín no es lo mismo hic (este), que hoc (esto).

Y así, Santo Tomás al explicar la fórmula (forma) de la transubstanciación del pan, dice por qué se pone hoc (esto) y no hic (este), lo cual sería inválido, al no permanecer la sustancia del pan sino nada más sus accidentes (especies del pan), lo cual está expresado por el pronombre demostrativo hoc (esto), en cambio, si la sustancia del pan permaneciera (lo cual es herético) después de la transubstanciación cabría decir entonces hic (este), como pronombre demostrativo masculino, que hace referencia a la cosa (res), lo cual es del orden de la substancia y no únicamente de los accidentes, que es lo único que permanece del pan después de la consagración; luego poner en la fórmula de la consagración del pan, este (hic) en lugar de esto (hoc), invalida la consagración.

Por eso, decir en la traducción del Eleison al español (aunque esto en inglés no se percibe): “Este es mi cuerpo, es ciertamente válido”, es no tener ni idea de la teología sacramental y desconocer por completo a Santo Tomás, pues es justamente lo contrario, ya que esa fórmula sacramental es ciertamente inválida; aquí tenemos otro despiste más de Monseñor Williamson y no en cosa de poca monta. Dicho sea de paso, la gran mayoría de los misales en español para los fieles adolecen del mismo grave error por desconocimiento teológico.

De otra parte si vamos a la forma sacramental de la consagración del vino, es falso lo que afirma Monseñor Williamson al decir: “Este es el cáliz de mi sangre, es lo más probable que sea válido”, pues no se trata de si es más probable o menos probable, se trata de si es o no es, y ciertamente no son válidas esas solas palabras, si nos atenemos a lo que dice Santo Tomás y a la teología sacramental, pues no se trata de la sola sangre (de la conversión de la substancia del vino en la sangre de Cristo, como quien dice de la sangre que le circula por las venas) sino de la sangre derramada, por nosotros, en la Cruz, lo cual es muy distinto, es decir, no se trata solamente de la sangre como sustancia sino además de la sangre derramada, esto es, de la efusión de la sangre efectuada por la muerte de Nuestro Señor en la Cruz.

Como dice Santo Tomás de Aquino la forma sacramental de la consagración del vino debe significar el sacrificio de la Cruz, por la efusión de la sangre, la cual se operó cruentamente (físicamente) en la Cruz y se renueva incruentamente (sacramentalmente) sobre el altar por la efusión sacramental de la sangre. Sin Cruz no hay muerte, la cual se efectúa por la efusión de la sangre, luego sin efusión no hay muerte, por eso en la Santa Misa para que sea el verdadero sacrificio renovado sacramentalmente sobre el altar, tiene que haber efusión sacramental, sin la cual no hay muerte sacramental que es lo que se efectúa en la Santa Misa.
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LAS GRANDES ANTÍFONAS “O” – DÍA 17

Desde el día 17 de Diciembre, la Iglesia hace siete llamamientos apremiantes al Niño Jesús, a quien todo el mundo espera con ansias en la próxima fiesta de Navidad, y los hace con las siguientes antífonas en la hora de Vísperas.

Empiezan todas con un título o nombre distinto, sacado de la Biblia y aplicado al Salvador. Los fieles pueden rezar las siete antífonas cada uno de los últimos siete días de adviento, desde el 17 al 23, y así hacer un septenario de preparación para Navidad.

DÍA 17:

O Sapientia

O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti,

attingens a fine usque ad finem,

fortiter suaviterque disponens omnia:

veni ad docendum nos viam prudentiae.

Oh Sabiduría

Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo,

abarcando del uno al otro confín,

y ordenándolo todo con firmeza y suavidad:

ven y muéstranos el camino de la salvación.

MEDITACIONES DE ADVIENTO DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO: MEDITACIÓN XVII

MEDITACION XVII

San Alfonso María de Ligorio

AFFLICCIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS EN EL SENO DE MARÍA

Hostiam et oblationem noluisti; corpus autem aptasti
mihi.

Sacrificio y ofrenda no quisiste; pero me diste un
cuerpo a propósito.


ECCE HOMO, BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO.

Considera la grande amargura de que debía sentirse afligido y oprimido el corazón del Niño Jesús en el seno de María en aquel primer instante en que el Padre le propuso la serie de desprecios, trabajos y agonías que había de sufrir en su vida para libertar a los hombres de sus miserias: Cada mañana me despierta el oído…; no me he rebelado…; mi espalda ofrecí a los que golpeaban. Así hablo Jesús por boca del profeta. Cada mañana me despierta el oído, es decir, desde el primer momento de mi concepción, mi Padre me dio a sentir su voluntad, que yo viviese vida de penas y fuese, finalmente, sacrificado en una cruz; no me he rebelado; mi espalda ofrecí a los que golpeaban. Y yo lo acepté todo por vuestra salvación, ¡oh almas!, y desde entonces entregue mi cuerpo a los azotes, clavos y muerte, Pondera que cuanto padeció Jesucristo en su vida y en su pasión, todo le fue puesto ante los ojos desde el seno de su Madre y El todo lo abrazo con amor; pero, al consentir en esta aceptación y vencer la natural repugnancia de los sentidos ¡Oh Dios, cuanta angustia y opresión no tuvo que sufrir el inocente corazón de Jesús! Sobrado conocía lo que primeramente había de padecer, al estar encerrado nueve meses en aquella cárcel obscura del seno de María; los padecimientos y oprobios del nacimiento en una fría gruta, establo de animales; los treinta años de servidumbre en el taller de un artesano; el considerar que había de ser tratado por los hombres como ignorante, esclavo, seductor y reo de la muerte más infame y dolorosa que se daba a los malvados.

Todo lo acepto nuestro amable Redentor en todo momento, y en todos los momentos en que lo aceptaba, padecía reunidas todas las penas y abatimientos que había después de padecer hasta su muerte. El mismo conocimiento de su dignidad divina contribuía a que sintiese mas las injurias que recibiría de los hombres: Presente tengo siempre mi ignominia. Continuamente tuvo ante los ojos su vergüenza, especialmente la confusión que le acarrearía verse un día desnudo, azotado, colgado de tres garfios de hierro, rindiendo así la vida entre vituperios y maldiciones de quienes se beneficiaban de su muerte: Hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y ¿para qué? Para salvarnos a nosotros, míseros e ingratos pecadores.

Afectos y súplicas

Amado Redentor mío, ¡cuánto os costo, desde que entrasteis en el mundo, sacarme del abismo en que mis pecados me habían sumergido! Para librarme de la esclavitud del demonio, al cual yo mismo me vendí voluntariamente, aceptasteis ser tratado como el peor de los esclavos; y yo, que esto sabia, tuve la osadía de amargar tantas veces vuestro amabilísimo Corazón, que tanto me amó. Más, puesto que vos, inocente, aceptasteis, Dios mío, vida y muerte tan penosas, yo acepto por vuestro amor, Jesús mío, todas las penas que me vengan de vuestras manos. Las acepto y abrazo porque proceden de aquellas manos traspasadas un día para librarme del infierno, tantas veces merecido por mí. Vuestro amor, ¡Oh Redentor mío!, al ofreceros a padecer tanto por mí, me obliga a aceptar por vos cualquier pena y desprecio. Dadme, Señor, por vuestros meritos, vuestro santo amor, que me torne dulces y amables todos los dolores y todas las ignominias. Os amo sobre todas las cosas, os amo con todo el corazón, os amo más que a mí mismo. Vos en vuestra vida me disteis tantas y tan grandes pruebas de afecto, y yo, ingrato, que viví tantos años en el mundo, ¿qué prueba de amor os he dado? Haced, pues, ¡Oh Dios mío!, que en los años que me restaren de vida os de alguna prueba de mi amor. No me atrevería en el día del juicio a comparecer ante vos, tan pobre como soy ahora y sin hacer nada por amor vuestro; pero ¿qué puedo hacer sin vuestra gracia? Sólo rogaros que me socorráis, y aun esta mi suplica es gracia es gracia vuestra. Jesús mío, socorredme por los meritos de vuestras penas y de la sangre que derramasteis por mí.

María Santísima, encomendadme a vuestro Hijo, ya que por mi amor lo llevasteis. Mirad que soy una de aquellas ovejuelas por las que murió vuestro Hijo.

NOVENA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO REDENTOR

NOVENA DE LA NATIVIDAD

DE NUESTRO REDENTOR


Se recomienda durante la novena confesarse, y si es posible comulgar con fervor todos los días o al menos el último.

Para comenzar hoy. Se repite cada día.

En el nombre del Padre… Rezar a continuación las siguientes oraciones durante nueve días consecutivos:

I. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi salvación y la de todo el mundo, el misterio del Nacimiento de nuestro divino Redentor. Gloria, Pater y Ave.

II. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, los sufrimientos de la Virgen santísima y de san José en aquel largo y penoso viaje de Nazaret a Belén, y las angustias de su corazón por no encontrar lugar donde ponerse a cubierto cuando estaba para nacer el Salvador del mundo. Gloria, Pater y Ave.

III. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, el pesebre donde nació Jesús, el duro heno que le sirvió de cama, el frío que sufrió, los pañales en que fue envuelto, las lágrimas que derramó y sus tiernos gemidos. Gloria, Pater y Ave.

IV. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, el dolor que sufrió el divino niño Jesús en su tierno cuerpecito, cuando se sujetó a la cruel circuncisión; os ofrezco aquella preciosísima sangre, que entonces derramó por primera vez para la salvación de todo el género humano. Gloria, Pater y Ave.

V. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a mayor honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, la humildad, la mortificación, la paciencia la caridad, y todas las virtudes del niño Jesús, y os doy gracias, os amo y os bendigo infinitamente por este inefable misterio de la Encarnación del Verbo divino. Gloria, Pater y Ave.

Gloria a Dios en las alturas
Y en la tierra al hombre paz.
Así los Angeles cantan
de Belén en el portal.

A Belén venid, Pastores,
Que ha nacido vuestro Rey;
Envuelto en pobres pañales
Sobre paja le veréis.

Temblando de frío llora
En el pesebre mi Dios,
Porque el mundo está muy frío,
Que él viene a darle calor.

Del portal por las grietas
Ve a lo lejos una cruz;
Por eso temblando llora
El pobre Niño Jesús.

La Virgen le tiene en brazos
y a ratitos San José;
De ellos quiero ser esclavo
Y ayudárselo a tener.